El progreso futuro de la Humanidad. III

Annie Besant


Sabemos que en torno de cada individuo hay un aura, visible a los adiestrados ojos del yogui, que denota el desarrollo de la mente, la índole del carácter y el estado de adelanto del alma residente en aquel cuerpo, con todas sus características y cualidades. Cada individuo lleva en su alrededor este registro de su condición como prueba evidente del grado de evolución en que se halla, y que revela los pensamientos y el carácter a una vista ejercitada con tanta facilidad como la vida física percibe los rasgos fisonómicos, pero con mayor exactitud por lo que se refiere al carácter del hombre.

Ahora bien; cuando nace un niño, al pasar por las primeras fases de crecimiento, tiene su aura la particularidad de entrañar los resultados kármicos del pasado, aunque la mayor parte de las congénitas cualidades mentales y morales están latentes y no en plena actualización. El aura del niño es relativamente pura; sus colores son nítidos y diáfanos, no pesados, sucios y espesos como en el adulto. En el aura infantil residen los gérmenes de las inclinaciones, unas buenas y otras malas, que más tarde manifestará. La vista ejercitada que distinga estas características podrá estimular las buenas y reprimir las malas rodeando al niño de favorables influencias. El agricultor que necesita una planta sana y robusta siembra la semilla en buen terreno, la riega y procura que le dé el sol. Según el cultivo, así será lozano o desmedrado el crecimiento de la planta. Análogamente sucede en la educación del niño. Cuando nace ya lleva en sí los gérmenes de iracundia y de ardiente y pasional temperamento, pongamos por caso.

Si los que le rodean estuviesen dotados de conocimiento y sabiduría, acertarían en el método de educación. No consentirían que jamás oyese aquel niño ni una palabra colérica ni viese una acción pasional. Todos cuantos familiarmente le trataran habrían de ser de apacible, amoroso y dominado carácter, sin nunca excitar el germen latente con las coléricas vibraciones de los adultos que lo vitalizarían provocando su crecimiento y fructificación. Así es preciso rodear al niño de influencias estimulantes de todo lo bueno, noble y puro. Si de esta suerte se procediera con todos los niños, la humanidad adelantaría con velocidad de carrerista, mientras que ahora va a paso de lisiado. La ignorancia nubla la mente de los hombres, que no saben cómo educar a la niñez. Fracasan todos los métodos; pero no habrá fracaso cuando aumente el conocimiento del hombre y los maestros eduquen a los niños según el aura de cada cual y no a ciegas como hoy día. Entonces los educarán con pleno conocimiento y no por ignorancia.

Esta necesidad de la verdadera educación explica por qué en antiguos tiempos se confiaba la dirección de todo niño a un preceptor religioso o gurú, cuya disciplinada mente influía en la del educando con auxilio de una intuición más profunda que la de los hombres vulgares. El gurú solía ser varón sabio y vidente que acertaba a estimular en el educando las buenas cualidades y reprimir las malas. Pero como ya no hay verdaderos gurús o preceptores sinceramente religiosos, la humanidad ha perdido esta gran ventaja, aunque la recobrará cuando el conocimiento se divulgue entre las gentes y un mayor estado de desarrollo facilite la noble educación de la infancia. En todas las modalidades de conocimiento cambiarán los métodos. El médico no se verá en la precisión de diagnosticar una enfermedad por los síntomas, ni por razonamiento, sino por videncia.

Algunos individuos diagnostican ya por medio de las facultades clarividentes cuya vista penetra a través de la materia física sin que la eclipse la densidad del cuerpo, y ven la enfermedad y descubren exactamente las lesiones de los órganos internos, dando después al médico los informes convenientes para recetar con perfecto conocimiento de la dolencia. Imaginad cuán diferente sería la medicina si los médicos tuviesen esta clarividencia que hoy es facultad de unos cuantos individuos, y por ella pudieran diagnosticar con seguridad y recetar con absoluta precisión según lo que hubiesen visto. Cosa parecida sucederá en química, porque cuando los químicos posean vista astral, harán muchísimo más de lo que ahora hacen, y en vez de combinar los cuerpos y computar sus proporciones y equivalencias por conjetura, sin tener completa seguridad acerca del resultado del experimento, procederán por visión exacta de las fuerzas y agentes químicos, apresurando el adelanto de la ciencia y previniendo muchísimos accidentes.

En el número de Noviembre de 1895 de la revista Lucifer, apareció un artículo que insinúa el modo de realizarse el progreso de la ciencia. Allí se dice que cuando el hombre haya hecho utilizable su vehículo astral, se ensancharán considerablemente los límites del conocimiento. En cuanto a la sicología, tenemos que cuando los hombres puedan comunicarse unos con otros por medio del pensamiento, en vez de emplear los lentos métodos de la pluma y la imprenta, volarán las ideas de cerebro a cerebro sin necesidad de los tardos procedimientos que usamos hoy día. Por lo referente al mundo físico, esta generalizada transmisión del pensamiento significará que la separación es ya cosa del pasado, pues ni montes ni mares podrán apartar al hombre de sus amigos y parientes.

Significará que cuando el hombre domine el plano astral de la naturaleza podrá comunicarse con los demás hombres mente a mente, doquiera resida o por doquiera viaje, pues para la mente no hay limitaciones de tiempo y espacio como las hay en el mundo físico. Cuando el hombre perfeccione su vehículo astral podrá relacionarse continuamente con quienes ame, y la separación habrá perdido su dolor, como la muerte perderá también su poder de separar. Considerad la vida de los individuos y de las naciones tal como es hoy día y veréis que la muerte y la separación son las dos amargas tristezas que afligen a la humanidad. Ambas perderán su poder de herir cuando el hombre dé este gran paso hacia adelante. Ambas perderán su poder de separar cuando el hombre llegue a este superior nivel. Todo cuanto sólo poseen hoy los discípulos será entonces compartido por la mayoría de la humanidad. ¡Y cuán mucho más hermosa será la vida terrena del hombre cuando barridas estas influencias ya no le conturben!

Lo mismo cabe afirmar de la filosofía con su entonces más agudo conocimiento de las posibilidades de la materia y su más intensa intuición de las realidades de la vida. Asimismo sucederá con la escritura de la historia, cuando los historiadores tengan su fuente en las crónicas akásicas y no escriban parcialmente para halagar las pasiones de un partido político, apoyar alguna falsa teoría sobre el progreso humano o robustecer alguna hipótesis de científica Imaginación. Toda la historia está en los imperecederos e indestructibles archivos del akasa. Ningún hecho o suceso pretérito de la humanidad deja de estar allí anotado. No hay acontecimiento de la historia humana que no esté allí escrito por los ojos capaces de ver.

Tiempo vendrá en que toda la historia se escriba de acuerdo con los documentos akásicos en vez de escribirla ignorantemente como ahora; y cuando los hombres necesiten conocer el pasado escudriñarán los perdurables archivos y de ellos inferirán las provechosas lecciones de pasadas experiencias para estimular el rápido desenvolvimiento de la humanidad. Respecto a lo que será el arte cuando estos nuevos poderes lleguen a manos del hombre, sólo son capaces de comprenderlo los pocos que de ellos se valen ahora. Nuevas formas de indecible belleza y nuevos colores de inimaginable esplendor desconocidos en el mundo físico, y que son imposibles de describir porque el color escapa a toda descripción verbal, tomarán existencia en la sutil materia del plano astral. Formas y colores enriquecerán la región del arte con maravillosas posibilidades de los sentidos sutiles.

¿Y qué diremos de la voluntad y del poder? Entonces se restaurará en la tierra la divina monarquía y los hombres ocuparán en la sociedad el lugar correspondiente a su grado de evolución, y no por compadrazgo o conjetura de sus méritos, como sucede hoy día. Todos los hombres conocerán lo que cada cual es y lo que los demás son, porque en el aura estarán visiblemente impresas sus cualidades mentales y morales, y por lo tanto, la posición social que cada uno merezca ocupar. Entonces se destinará a los jóvenes a la profesión mejor adecuada a sus aptitudes y facultades con seguridad de éxito, y no habrá el descontento de hoy día, porque el descontento dimana de las facultades malogradas y del sentimiento de injusticia que invade la mente de los hombres al ver que poseen aptitudes sin ocasión de emplearlas y facultades a que no pueden dar aplicación.

Si estos tales tuvieran verdadero conocimiento, comprenderían que las circunstancias en que se ven son kármicas; pero ahora tratamos de las masas y no de los individuos razonables. El descontento será imposible cuando cada hombre esté en el lugar para el que le capaciten sus notorias facultades, y así quedará nuevamente la sociedad bien ordenada. También entonces sabremos tratar mejor a los tipos inferiores de la humanidad. No castigaremos, sino que corregiremos a los criminales. No los mataremos; los educaremos, porque nuestros ojos verán el preciso punto en que es necesario el auxilio, y habrá sabiduría en reformar en vez de cólera en infligir castigo. No solamente cambiará la sociedad merced a esta influencia en la naturaleza de los hombres, sino que igualmente variará de aspecto el reino animal por el plasmante poder del hombre. Ya no será el tirano y opresor como ahora, sino el educador y maestro del mundo animal.

Cumplirá su destino de ser el auxiliador del bruto y no su opresor abusivo como tan grandemente lo es hoy día. Todas las formas de crueldad irán desapareciendo poco a poco y la sangre de los animales no manchará la tierra como con tanta abundancia la mancha ahora. Los animales ya no huirán con horror y espanto del hombre mirándole como enemigo en vez de reconocerle por amigo, porque caminaremos hacia una edad de oro en que todos los seres vivientes sentirán amor sin sombra de odio. Todo cuanto expongo parece un cuento de hadas, pero es la realidad de la próxima etapa de la humana evolución, el resultado de la conquista del plano astral. ¿Qué sucederá cuando el hombre se eleve a todavía superior nivel y ocupe en plena y despierta conciencia el plano mental? Sólo puedo poner un par de ejemplos que os muestren el triunfo de la explayada conciencia.

En aquellos remontísimos días, un orador causará en el auditorio muy diferente efecto que causan los de hoy día, pues en vez de escuchar los oyentes palabras de articulados sones que conducen por el oído a la mente tan sólo una parte y aún imperfecta del pensamiento, percibirían en toda su integridad el pensamiento del orador, que brotará ante sus ojos en bellísimas formas de radiantes colores y armoniosos sonidos, como si el orador entonara un himno que hinchiera la sala de perfectos acordes, formas y matices. Así serán los oradores del porvenir cuando el hombre domine el tercer plano de conciencia y de vida. ¿Diréis acaso que sueño? Pues os responderé que aún hoy mismo hay quienes actúan en el plano mental y lo perciben y lo ven y lo conocen, porque atravesaron el velo que ciega a la mayoría de la humanidad y le oculta las posibilidades de la vida superior.

Porque así como un hombre puede ver desde lo alto de una torre todo el paisaje circundante y percibir formas, sonidos y colores en todos los puntos del panorama; pero si baja de la torre sólo descubrirá la porción de paisaje que alcance a ver desde un ventanuco abierto en los bajos de la escalera, así en el plano mental le afluye al hombre el conocimiento de todas partes, no por conducto de los actuales sentidos del cuerpo físico, sino por medio de un sólo sentido capaz de percibir cuantas vibraciones le hieran. Pero cuando el hombre desciende de la torre mental a los bajos del cuerpo físico, sólo puede ver lo que del mundo exterior le permitan percibir los ventanucos de ojos, oídos y narices abiertos en la pared del cuerpo físico. Únicamente cuando nos elevamos más allá de este cuerpo, hasta llegar a lo alto de la torre mental, podemos contemplar el mundo circundante con todas sus maravillosas glorias y hermosuras.

También entonces será la vida mucho más intensa. Los más vigorosos pensamientos científicos llegan del plano mental a través del astral. Las poderosas Inteligencias que hoy día auxilian al hombre en el mundo físico vienen del plano mental enviadas por Quienes en él actúan conscientemente. Los discípulos de los Maestros, los que transpusieron el portal de la iniciación, trabajan allí en conciencia vigilica para ayudar al hombre y realzar el nivel de la humanidad. Pueden actuar los discípulos en el mundo físico; pero trabajan mucho más y con mayor eficacia en el plano mental. Allí intensifican sus actividades y prestan sus más amplios servicios. Cuando la mayoría de los hombres lleguen al plano mental, ¡cuán numerosos serán los obreros y cuán nutrida la hueste de auxiliadores! Hoy día sólo actúan unos cuantos centenares para auxiliar a millones de gentes, y la tarea ha de ser forzosamente incompleta a causa del exiguo número de operarios.

Pero cuando la masa general de la humanidad alcance el plano de la mente, se apresurará en grado extraordinario la evolución de los tipos inferiores. Progresará entonces la raza humana con una rapidez que no cabe ahora imaginar. Todavía más allá se extiende otro plano que también el hombre ha de conquistar. Es el plano búdico, la esfera llamada turiya, donde prevalece la unidad y el hombre se reconoce en unidad con todos los seres del universo manifestado. Antes de que termine el actual manvantara, ocupará el hombre colectivo la región búdica, hoy día sólo accesible conscientemente a los que están en la última etapa del sendero del discipulado. La séptima raza de la humanidad actuará en el plano búdico, donde la amplísima conciencia no consentirá separación divisoria entre los hombres. Cada cual reconocerá su unidad con los demás, y sentirá, pensará y conocerá como ellos sientan, piensan y conozcan.

La Conciencia humana será entonces lo bastante amplia para abarcar millones de conciencias y la confraternidad se habrá realizado en toda su plenitud. En el plano búdico se ve la esencia de las cosas y no sólo sus aspectos exteriores. Se ven las realidades que entrañan los fenómenos. Se reconoce la existencia del único Yo residente en todas las cosas. El odio será por jamás imposible para el hombre consciente. Aún más allá, se extiende otro plano inefable al que los sabios llaman nirvánico, sin lograr describirlo, aunque lo intentaron, porque a tanto no llega el lenguaje humano, y de cuyos esfuerzos para darlo a comprender sólo han resultado errores y tergiversaciones. Alcanza allí la conciencia un estado inimaginable por lo sublime, porque abarca el universo entero y así le parece inconsciencia a la limitada mente concreta del hombre físico.

Pero valga decir que la consciente vida de los Seres del plano nirvánico es tan excelsa y sublime, que con ella comparada resulta la nuestra como la del mineral por las limitaciones que la sujetan, las tinieblas que la ciegan y la incapacidad de sus métodos de actuación. La vida en el plano nirvánico supera a cuanto pueda soñar el hombre terreno, y su actividad transciende todas las posibilidades de nuestro pensamiento. Es vida una, y sin embargo se derrama en manifestadas actividades, como la manifiesta luz del Logos cuyos rayos alumbran el universo entero. Es la meta final del hombre en este manvantara. Llegará a ella cuando la séptima raza haya terminado su carrera, y las primicias de nuestra humanidad que ya la han alcanzado, verán en su alrededor innumerables multitudes que entonces la alcanzarán para gozar por toda una eternidad de la vida del Logos perfectamente reflejada en quienes crecieron a su imagen y semejanza, hasta que un nuevo universo nazca a la manifestada actividad.

Los seres unidos al Logos del pasado universo constituirán el Logos que construya el nuevo universo donde evolucione una nueva humanidad. ¡Tal es el porvenir que nos aguarda! ¡Tal la gloria que se nos ha de revelar!


(1) No discuto la cuestión filosófica acerca de lo real y lo ilusorio. Trato del Universo fenoménico y empleo las palabras en su acepción ordinaria y corriente en la conversación.




Annie Besant - Extracto de EL SENDERO DEL DISCIPULADO

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