El cuerpo astral. 1 de 3

Annie Besant


Hemos estudiado el cuerpo físico del hombre en sus partes invisible y visible, y comprendemos ya cómo el hombre, en su conciencia en estado de "vigilia", viviendo en el mundo físico, sólo puede demostrar aquella parte de sus conocimientos y poderes que le es posible expresar, por conducto del cuerpo físico. Conforme sea la perfección e imperfección de su desarrollo, así será la perfección o imperfección de su expresión en el plano físico; le limita mientras funciona en el mundo inferior, formando un verdadero círculo infranqueable a su alrededor. Lo que no puede pasar por él, no puede manifestarse en la tierra, y de aquí su importancia para el hombre que evoluciona. Del mismo modo, cuando el hombre funciona sin su cuerpo físico en otra región del Universo, el plano astral o mundo astral, sólo puede expresar en él la parte de sus conocimientos y facultades, aquella parte de sí mismo, en una palabra, que su cuerpo astral le permita manifestar. Es a la vez su vehículo y su limitación.

El hombre es más que sus cuerpos; tiene en sí mucho que no puede manifestar ni el plano físico ni en el astral; pero todo lo que puede expresar puede considerarse como el hombre mismo en aquella región determinada del Universo. Lo que puede mostrar aquí abajo, está limitado por el cuerpo físico, y lo que puede mostrar en el mundo astral, está limitado por el cuerpo astral; y así veremos, a medida que nos elevemos en nuestro estudio a mundos superiores, que el hombre puede manifestar más y más de sí mismo, a medida que se desarrolla en su evolución y que perfecciona vehículos de conciencia más y más elevados.

Conviene recordar al lector, toda vez que vamos a entrar en terreno compartivamente virgen y desconocido para la mayoría, que no pretendemos, en modo alguno, expresar conocimientos infalibles a un poder perfecto de observación. Pueden cometerse errores de observación y deducción en los planos superiores al físico lo mismo que en éste, y tal posibilidad no debe olvidarse. A medida que aumenta el conocimiento y se prolonga la práctica, mayor exactitud se alcanza, y los errores cesarán gradualmente. Pero como quien esto escribe es sólo un estudiante, puede cometer algunas equivocaciones de poca monta que necesiten rectificación más adelante. Pueden los errores deslizarse en los detalles, pero no tocarán los principios generales ni viciarán las principales conclusiones.

El primer término, debe entenderse bien lo que significan las palabras plano astral o mundo astral. El mundo astral es una región definida de universo que rodea y penetra el mundo físico, pero que es imperceptible a la observación ordinaria, por estar constituido por una clase distinta de materia. Si se toma un átomo físico de fa última clase y se descompone, se desvanece en lo que concierne el mundo físico; pero se ve que está compuesto de numerosas partículas de la materia astral más grosera: la materia sólida del mundo astral.

Hemos visto siete estados de materia física: sólido, líquido, gaseoso y cuatro etéreos, bajo los cuales se hallan clasificadas las innumerables combinaciones que constituyen el mundo físico. Del mismo modo tenemos siete estados subalternos de materia astral que comprenden los físicos, y bajo ellos pueden clasificarse las innumerables combinaciones que igualmente constituyen el mundo astral. Todos los átomos físicos tiene su envoltura astral, formando así la materia astral, lo que pudiera llamarse la matriz de la física, estando ésta embebida en la astral.

La materia astral sirve de vehículo a Jiva, la Vida Una que todo lo anima, y por conducto de la materia astral, las corrientes de Jiva rodean, sostienen y alimentan cada partícula de materia física, dando lugar estas corrientes de Jiva, no sólo a lo que generalmente se llama fuerzas vitales, sino también a todas las energías eléctricas, magnéticas, químicas y otras, y a la atracción, cohesión, repulsión y semejantes, todas las cuales son diferenciaciones de la Vida Una, en la que los universos nadan ,como los peces en el mar. Del plano astral, que así compenetra al físico, Jiva pasa al éter de este último, el cual se convierte así en el vehículo de todas estas fuerzas, respecto a los estados inferiores de la materia física, en donde observamos sus funciones.

Si imaginásemos al mundo físico desapareciendo de la existencia sin que tenga lugar ningún otro cambio, tendríamos todavía una copia perfecta del mismo en la materia astral; y si pensamos además que todos estamos dotados de facultades astrales activas, el hombre permanecería en un principio inconsciente de la diferencia en lo que le rodease; la gente que "muere" y que despierta en la región inferior del mundo astral, se encuentra a menudo en ese estado, y se cree que continúa viviendo en el mundo físico. Como la mayoría de entre nosotros no ha desarrollado aún la visión astral, es necesario insistir en esta realidad relativa del plano astral, como parte del universo fenomenal, y verlo con los ojos mentales, ya que no con los astrales. Es tan real como el físico, y de hecho, estando menos alejado de la Realidad Una, es más real aún; sus fenómenos se hallan a la vista de la observación competente, lo mismo que los del plano físico.

Del mismo modo que un ciego no puede ver los objetos físicos, y que muchas cosas no pueden observarse sin la ayuda de instrumentos, como el microscopio, el espectroscopio, etc., asimismo sucede en el plano astral. La gente ciega astral no puede ver los objetos astrales, y muchas cosas se escapan a la visión astral ordinaria o clarividencia. Pero en el presente estado de evolución, muchas gentes pueden desarrollar los sentidos astrales, y los están desarrollando, hasta cierto punto. Estas personas están indudablemente sujetas a cometer muchos errores, como sucede con los niños cuando principian a hacer uso de los sentidos físicos; pero estos errores son corregidos por una experiencia mayor, y después de cierto tiempo pueden oír y ver con tanta exactitud como en el plano físico.

No es conveniente forzar este desarrollo por medios artificiales, pues hasta que no se ha adquirido cierta fuerza espiritual deben contentarse con el mundo físico; pues el comenzar a ver y oír en el mundo astral, puede causar desórdenes y hasta no poca alarma. Pero se aproxima el tiempo en que ha de alcanzarse este estado, en que la realidad relativa de la parte astral del mundo invisible se haga patente a la ciencia que despierta.

Para esto es necesario, no sólo tener un cuerpo astral, como todos tenemos, sino tenerlo completamente organizado y en estado de obrar, estando la conciencia acostumbrada a actuar en él, y no tan sólo a obrar por su medio en el cuerpo físico. Todo el mundo está constantemente obrando por medio del cuerpo astral, pero son relativamente pocos los que obran en él separados del cuerpo físico. Sin la acción general por medio del cuerpo astral, no habría relación entre el mundo externo y la mente del hombre; no habría conexión entre las impresiones recibidas por los sentidos físicos y su percepción por la mente. La impresión se convierte en una sensación en el cuerpo astral, y entonces es percibida por la mente.

El cuerpo astral en el cual residen los centros de sensación, es llamado generalmente el hombre astral, como si al cuerpo físico lo llamáramos el hombre físico; pero por supuesto sólo es un vehículo, una funda, como lo llamarían los vedantinos, en la que el hombre funciona, y por cuyo medio alcanza y es alcanzado por el cuerpo físico, el vehículo más grosero.

El cuerpo astral está formado de los siete estados de la materia astral, y puede contener materiales más groseros o más finos sacados de cada uno de aquellos estados. Es fácil describir a un hombre en un cuerpo astral bien formado; podemos imaginario abandonando el cuerpo físico y apareciendo en uno más sutil, una copia luminosa de aquél, visible en su propia semejanza para el clarividente, bien que invisible a la vista ordinaria. He dicho "un cuerpo astral bien formado", porque una persona no desarrollada presenta en su cuerpo astral una apariencia incipiente. Sus contornos son indefinidos, sus materiales son toscos y mal coordinados, y si se le saca del cuerpo es una mera nube flotando e informe, que desde luego se comprende que es impropia para obrar como vehículo independiente, es indudablemente más bien un fragmento de materia astral que un cuerpo astral organizado, una masa de protoplasma astral, de tipo ameboideo.

Un cuerpo astral bien formado, significa que el hombre ha alcanzado un nivel verdaderamente elevado de cultura intelectual o desarrollo espiritual, de modo que la apariencia del cuerpo astral implica el progreso realizado por su dueño, por lo definido de los contornos, por la luminosidad de sus componentes y por lo perfecto de su organización; puede juzgarse del estado de evolución alcanzado por el Ego que lo usa.

Respecto del modo de mejorarlo, asunto que a todos interesa, debe tenerse presente que el progreso del cuerpo astral depende por una parte de la purificación del cuerpo físico, y por otra de la purificación y desarrollo de la mente. El cuerpo astral es particularmente sensible a las impresiones del pensamiento, pues la materia astral responde más rápidamente que la física a todos los impulsos del mundo mental.

Por ejemplo, si observamos el mundo astral, lo vemos lleno de formas que cambian constantemente; allí percibimos las "formas de pensamiento", formas compuestas de esencia elemental animadas por un pensamiento, y vemos también grandes masas de esta esencia elemental de la cual surgen constantemente formas, dentro de la cual vuelven a desaparecer; observando con cuidado podremos ver cómo las corrientes de pensamiento penetran en esta materia astral, cómo los pensamientos potentes se revisten de ella y persisten como entidades durante mucho tiempo, mientras que los pensamientos débiles se revisten fugazmente y se desvanecen luego, de modo que en todo mundo astral los cambios se suceden incesantemente bajo los impulsos del pensamiento. El cuerpo astral del hombre estando hecho de materia astral participa de esta facilidad para responder a los impulsos del pensamiento y responde en vibraciones a todos los pensamientos que le tocan, ya vengan de afuera de las mentes de otros hombres, o de adentro de la mente de su dueño.

Estudiaremos este cuerpo astral bajo estos impulsos internos y externos. Vemos que compenetra el cuerpo físico o que se extiende a su alrededor en todas direcciones, como una nube de colores. Los colores varían según la naturaleza del hombre, con su naturaleza interior, animal y pasional, llamándose la parte fuera del cuerpo físico el aura kámica, como perteneciente al cuerpo de kama o de deseos, llamado comúnmente el cuerpo astral del hombre. Pues el cuerpo astral es el vehículo de la conciencia kámica del hombre, el asiento de todas las pasiones y deseos animales, el centro de los sentidos, como ya se ha dicho, en donde todas las sensaciones se originan. Cambia continuamente de color a medida que vibra bajo los impulsos del pensamiento; si un hombre se irrita, aparecen resplandores rojos; si siente amor, muéstranse rosaencarnados.

Si los pensamientos del hombre son elevados y nobles, exigen una materia astral más sutil para responder a ellos, y esto se puede percibir en el cuerpo astral por la carencia en él de las partículas más densas y groseras de cada subplano, que se hallan reemplazadas por las clases más raras y delicadas. El cuerpo astral de un hombre cuyos pensamientos son inferiores y animales, es grosero, basto, denso y de color oscuro, generalmente tan denso que los contornos del cuerpo físico casi se pierden en él; al paso que el de un hombre desarrollado es refinado, brillante, luminoso y de color claro: una cosa verdaderamente hermosa. En estos casos las pasiones inferiores han sido dominadas, y la acción selectiva de la mente ha refinado la materia astral. Así, pues, al pensar noblemente, purificamos el cuerpo astral, aún sin trabajar conscientemente en pro de este objeto.

Y téngase presente que este trabajo interno ejerce una influencia potente en los pensamientos que se atraen de afuera al cuerpo astral; un cuerpo cuyo dueño le hace responder habitualmente a pensamientos malos, actúa como un imán respecto de las formas de pensamientos similares próximas, mientras que un cuerpo astral puro actúa sobre esos pensamientos con una energía repelente, y atrae a sí formas de pensamiento compuestas de materia afín a la suya.



Extracto de EL HOMBRE Y SUS CUERPOS
ANNIE BESANT

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