El progreso futuro de la Humanidad. II

Annie Besant


EL VENIDERO DESENVOLVIMIENTO DEL HOMBRE


Llegamos ahora a la evolución de la raza a que pertenecemos; más para proseguir nuestro estudio conviene recordar que el Logos de nuestro sistema se manifiesta en trino aspecto. Sabéis que en las principales religiones la Trimurti o Trinidad representa a Dios manifestado, y también sabéis (por lo menos los más pensadores y filosóficos), que las tres personas de la Trinidad son la trina manifestación del único Dios, los tres aspectos de la única Esencia inmanifestada, sólo cognoscible cuando se manifiesta existentemente en el universo. En el Trino Logos se descubren los aspectos de Poder, Sabiduría y Amor. Pues bien; todas las actividades humanas llevan la característica del trino Logos y pueden relacionarse con uno u otro de los tres aspectos de poder, sabiduría y amor, de suerte que las actividades de toda nación, estirpe o individuo se agrupan bajo dichos tres aspectos.

Expongo esta clasificación porque en un tema tan complejo como el que estamos considerando, servirá a modo de armario con diversos cajoncillos donde ir colocando las diferentes partes del tema para vuestro ulterior estudio y consideración. Recordemos que los tres son uno y que, por lo tanto, se interpenetran pues la división en tres se refiere al aspecto fenoménico y no a la esencia; pero como estamos en el mundo de los fenómenos, y la separación es fenoménica, podemos considerar a los tres distintamente, sin que nos confundamos por ello con tal de tener presente su fundamental unidad. Tomemos la trina división y subdividamos cada uno de sus elementos.

En el Amor descubriremos aquellas actividades del ánimo que naturalmente se relacionan por una parte con la religión y por otra con la filantropía, tomando ambas palabras en su más amplio significado, es decir, que por religión entendemos el servicio tributado a los seres que están sobre nosotros, y por filantropía el servicio prestado a los que están alrededor y debajo de nosotros. Así, en el Amor incluimos el conjunto de las humanas actividades que tributan homenaje y servicio a Quienes están más allá de nosotros en la evolución, y prestan ayuda compasiva y auxilian a los que nos rodean y a quienes están más atrasados que nosotros. Si clasificamos a los seres en dioses y hombres, tendremos que a la religión incumbe el directo servicio a los dioses, mientras que la filantropía se contrae al servicio prestado en el plano físico a los hombres. En la Sabiduría se comprenden todas las actividades de la mente humana, tanto altas como bajas, que podemos dividir en científicas, filosóficas y artísticas.

Estos son los tres dilatados campos de las actividades de la mente comprendidas en la Sabiduría; pero no vaya a creerse que el conocimiento sea de por sí Sabiduría, sino el material de que por espiritual alquimia dimana la Sabiduría, porque el conocimiento espiritualmente transmutado se convierte en Sabiduría, y por lo mismo agrupamos bajo el título de Sabiduría el conjunto de las actividades del conocimiento. En el Poder comprendemos todas las actividades relacionadas con el gobierno humano, con el ejercicio de las funciones administrativas y ejecutivas, la constitución de las nacionalidades y municipios, con todo aquello en donde se ejerce el poder. También entran en esta división las creadoras facultades que por derecho de nacimiento le corresponden al hombre como brote de la Divinidad, y que, sin embargo, tan pocos comprenden y menos aún ejercitan conscientemente, a pesar de ser poderosos medios de evolución y adelanto.

Todos los esfuerzos de los divinos Instructores del pasado y del presente se dirigen a poner estos vastísimos campos de actividad bajo el inteligente cultivo del hombre, de suerte que con acierto labrados aseguren su evolución. Todos los esfuerzos de los Maestros se encaminan a dirigir las actividades humanas de suerte que sean de amor, sabiduría o poder y se encaucen derechamente en beneficio de la general evolución de la humanidad. A este fin se han fundado las principales religiones, se dictaron los códigos de moral y se estimuló con enérgicos impulsos el desarrollo intelectual de las gentes. A este mismo fin, en nuestros días, se han restaurado las antiguas verdades con el nombre helénico de Teosofía, que equivale a Sabiduría divina, y no es más que un nuevo restablecimiento de la antigua verdad, logrado por el esfuerzo de los Maestros que dirigen las actividades de la vida humana.

Hoy día es doblemente necesaria la restauración de las antiguas verdades, porque si echáis una ojeada sobre el mundo, parece como si el hombre hubiese llegado al límite de su poder en todas sus modalidades de actuación. Es ya dueño del plano físico, y tanto se ha ocupado y tan grande ha sido su interés por los fenómenos físicos, que no percibe las realidades de los planos superiores. Si observamos las actividades de la vida humana, veremos que en punto a religión, el materialismo la combate por un lado y la superstición la socava por otro. Contra la religión se asestan dos puñales: el del escepticismo incrédulo y el de la superstición crédula. Ambos son dañinos para el progreso humano en esta particular actividad. Si de la religión volvemos la vista hacia la filantropía en el mundo moderno, vemos que la miseria está demasiado extendida y es en exceso intensa para que los hombres se debatan contra ella.

Donde la moderna civilización se muestra más pujante y esplendente, allí vemos los más acerbos sufrimientos y las más horribles miserias capaces de aplastar la vida humana. Al ver estas miserias, no sólo nos convencemos de que la filantropía es impotente para remediarlas, sino que engendran resentimientos, rencores y odios de clase con amenaza de anárquicas revoluciones. Así la civilización se estremece en sus cimientos y los hombres no saben cómo afrontar el peligro, porque han perdido el espíritu de amor. En los tres campos de la Sabiduría no son menores las dificultades. La ciencia parece haber consumido todos sus recursos materiales. Sus aparatos de observación y análisis son tan maravillosamente delicados, que no cabe imaginar mayor perfeccionamiento. Sus balanzas de precisión son tan finas, que aprecian las milésimas de miligramo; y sin embargo, dicen los científicos que todavía hay substancias imponderables en tan delicadas balanzas.

La ciencia está agotando sus recursos en cuanto con sus métodos de investigación se relaciona, y a su pesar se ve compelida por misteriosas y sutiles fuerzas que se negaba a reconocer. Si entramos en el laboratorio del químico y en el gabinete del físico, echaremos de ver que actúan allí fuerzas imposibles de sujetar a peso ni medida. La realidad de estas fuerzas confunde al científico, pues contrarían todos los métodos clásicos y difieren de todo cuanto él se figura conocer de la naturaleza. En filosofía advertimos la lucha entre el materialismo ya desacreditado y el idealismo que no acierta a asentarse sobre firmes e inconmovibles cimientos. En el arte echamos de ver la propensión a la extravagancia, la aridez y esterilidad, sin nada nuevo ni original, sino tan sólo torpes remedos de las antiguas escuelas. Ha perdido el arte su potencia creadora y si nos detenemos a mirar la tercera actividad, la del Poder, ¿qué vemos en el mundo moderno? Las naciones tantean una tras otra diversidad de regímenes políticos.

Perdieron los divinos gobernantes que un tiempo las condujeron por caminos de paz, prosperidad y dicha, y ahora intentan compensar la pérdida de los reyes divinos entronizando al policéfalo monarca llamado Pueblo. En vez de la divina monarquía de poderosos iniciados, han instaurado los regímenes de autonomía y democracia, como si multiplicando la ignorancia por un factor de millones de unidades, hubiese de dar por producto el conocimiento. Echaréis de ver que en cuanto con el poder creador se relaciona, se ha perdido el verdadero conocimiento, y quien de él hablara sería víctima del ridículo, porque las gentes desconocen la divinidad de su herencia. ¿Qué nos enseña todo esto? Que la humanidad colectivamente considerada se dispone a dar otro paso adelante. Nos enseña que hemos llegado a uno de aquellos períodos de transición cuando, gastado ya lo viejo, debe abrir sitio a un nuevo crecimiento y desarrollo.

Entre tanta turbulencia y desasosiego, entre tanta angustia y perplejidad, laten en el seno de la raza humana las semillas de su próximo avance que restituirán a los tres órdenes de actividad su antigua eficacia mediante un nuevo desarrollo por retrazados caminos de progreso. Porque, si bien la evolución no puede retroceder sobre sus pasos para reproducir atávicamente las formas ancestrales, se mueve en línea espiral que regenera en superior nivel lo que de mejor contuvo el inmediato inferior. La humanidad camina hoy por esta espiral y da la vuelta a una espira, para restaurar con nuevos poderes y más amplias posibilidades lo que bajo diferente forma existió en el pasado. Consideremos el Amor. Cuando la humanidad de su próximo paso hacia adelante (ya se notan acá y allá señales de que va a darlo) y haya perfeccionado su vehículo físico, comenzará la tarea de perfeccionar su segundo vehículo de conciencia con el que ha de actuar libremente en el plano astral.

Transcurridos millares de años, la humanidad habrá ya perfeccionado dicho segundo vehículo y la mayoría de las gentes serán capaces de actuar con él en el plano astral tan fácil y cómodamente como hoy actúan con el cuerpo físico en el plano físico. No tendrá esta facultad todo el linaje humano, porque los hombres no son iguales, según pretende absurdamente la moderna democracia; pero la inmensa mayoría podrá valerse del cuerpo astral para actuar conscientemente en el plano de este nombre, sin dejar por ello su actuación en el físico, y así progresará la humanidad. ¿Qué alteraciones producirá este nuevo paso? En religión, tendrá la humanidad desplegado ante su abierta vista el plano astral, donde algunos de los más poderosos Seres se manifiestan en forma humana para auxiliar e instruir a los hombres. Entonces verán las gentes a las Entidades cuya existencia les declaró por fe la religión y las conocerán como ahora conocen o se figuran que conocen a los seres que en cuerpo físico los rodean.

Conocerán a los habitantes del hoy invisible mundo. De esta suerte, la mayoría de la humanidad compartirá con los actualmente más adelantados el directo conocimiento y la absoluta seguridad del mundo astral, que tan pocos conocen hoy, y se desvanecerá para siempre el escepticismo, porque nadie podrá negar la existencia del mundo ahora invisible, cuando despierto y consciente vea a los seres que en él habitan, como no puede negar la de sus parientes y amigos en el plano físico(1). Al dar la humanidad el nuevo paso, la religión cambiará de carácter hasta el punto de que todos los hombres conocerán cuanto conocieron y proclamaron los videntes y profetas, porque será materia de su diario conocimiento y experiencia, resultando con ello el escepticismo tan imposible como hoy lo es en las verdades científicas positivamente comprobadas. La superstición sufrirá la misma suerte que el escepticismo, porque vive en tinieblas y se nutre de la ignorancia.

Vive y florece y es una maldición para las naciones, porque hay quienes se valen de la tergiversada y contrahecha tradición del conocimiento, sin su vívida realidad, para esclavizar a sus prójimos, cuya ignorancia los somete al dominio de quienes pretenden poseer las llaves del conocimiento, aunque estas llaves estén enmohecidas y no sirvan para dar vuelta a la cerradura. Más, no obstante el terror que a los ignorantes se les infunde para apartarlos del verdadero conocimiento, la superstición es imposible cuando se abren los ojos del hombre. No podéis imaginar el cúmulo de errores que de la superstición derivan en el plano astral. Es indecible la miseria y el terror que sufren muchas almas al dejar el cuerpo físico y entrar en un mundo desconocido y repleto para ellas de todos los imaginarios terrores de que la superstición dominada por el falso conocimiento lo pobló.

Sobre todo así ocurre en Occidente, donde tan divulgada está la idea del infierno eterno y se les enseña a las gentes que después de la muerte no hay adelanto ni progreso, y que a los pecadores se les sumerge en un lago de fuego y azufre por toda eternidad, sin esperanza de remedio ni salvación. No es posible imaginar el efecto que estas arraigadas supersticiones producen en el mundo astral a quienes allí pasan dominados por ellas. Creídos de que todo cuanto les enseñaron sus ignorantes maestros es verdad o puede serlo, se figuran que van a ser víctimas de semejantes horrores, y con muchas dificultades tropiezan los auxiliadores del plano astral para ir disipando poco a poco el terror de aquellas pobres almas y darles a entender que la ley es la misma por doquiera y no cabe malicia ni malignidad en las potestades directoras del universo. Así tenemos que el escepticismo y la superstición serán imposibles.

Habrá otras dificultades, problemas y enigmas; pero los dos gemelos enemigos del hombre, el escepticismo y la superstición, quedarán extirpados sin posibilidad de rebrote cuando aquel día llegue para la humanidad. También será muy grande el adelanto en el aspecto del amor que llamamos filantropía, pues desde el plano astral se puede hacer en favor de la humanidad mucho más que desde el plano físico, porque las actividades físicas tienen más hojarasca que fruto. Veis a un gobernante dictando leyes, decretos y reglamentos sin descanso, y las gentes se admiran de lo intenso de su labor y esperan que ha de ser muy provechoso su trabajo. Pero en extremo mezquinos y desabridos son los frutos en comparación de la oculta labor silente y tranquila que sin esfuerzos físicos ni meneo de lengua efectúa la actuación de la mente en el sutil medio que influye en los pensamientos de los hombres con mayor eficacia que en sus cuerpos.

Cuando la humanidad ascienda a este superior plano, dicha influencia se derramará mucho más copiosamente que hoy día, y la miseria, el crimen y el vicio se combatirán influyendo en las mentes de los hombres para purificarlas y elevarlas, realzándolas de esta suerte sobre las circunstancias que ahora las asedian. Habéis de advertir que cuando engendráis un pensamiento rencoroso, impuro sórdido o vengativo, lo mandáis a las gentes del mundo como una fuerza viva, un agente activo que planea sobre las masas humanas y se lo asimila el más débil y receptivo, el menos desarrollado, de suerte que estos pensamientos de individuos al parecer respetables, esparcen las semillas del crimen entre las gentes de inferior clase social, cuyos delitos nutren en gran parte el mal karma de quienes con sus pensamientos los estimularon. Esto no lo conocen como debieran la generalidad de las gentes ni lo creen cual habrían de creerlo.

Todo hombre poseído de sentimientos de venganza envía al plano astral una fuerza destructora, y cuando alguna débil personalidad se interpone con un mal karma en adversidad de circunstancias, pasiones indómitas e impulsos irreductibles, se acumulan en él los siniestros pensamientos de gentes de representación social, y si llega a excitarlo alguna injuria o a descomponerlo algún agravio, arriesgan dichos pensamientos a inducirle al asesinato; pero aunque él haya blandido el arma homicida en sus manos físicas, el golpe recibió su impulso de los pensamientos engendrados por quienes sintieron mortífera venganza, por más que no aparezcan en plástica forma. No se extinguirán los crímenes de la plebe social hasta que se purifiquen las mentes de las clases superiores cuya educación las obliga a comprender la naturaleza de las cosas.

Cuando todo esto se vea y conozca y el mundo astral se abra a la vista de los hombres, dispondrá la humanidad de otra valiosa fuerza que la auxilie y la realce, porque nadie negará entonces el poder del pensamiento y todos apreciarán su responsabilidad por los pensamientos que engendren, y emitirán amorosas y auxiliadoras influencias en vez de las siniestras que con tanta frecuencia emiten hoy. También entonces se convencerán las gentes de la posibilidad de recibir directa ayuda de los mundos superiores, como actualmente se recibe, pues los descubrimientos de los científicos suelen tener su origen en la influencia que la mente del descubridor recibe del mundo mental. Cuando un científico, como, por ejemplo, sir Guillermo Crookes, descubre la génesis de los átomos, una de las más delicadas generalizaciones de la ciencia moderna, ¿creéis que procede de abajo arriba para llegar a tan alto?

Por el contrario, las nuevas ideas provienen de arriba y no de abajo, porque los Maestros influyen en las mentes de quienes poseen alguna aptitud utilizable, y desde el mundo mental a través del astral, donde los pensamientos son formas vivientes y activas, influyen en algunos individuos con objeto de apresurar el progreso del mundo y facilitar el adelanto de la humanidad. Esta influencia no es más frecuente hoy día, porque hasta que el hombre no mejore su naturaleza moral, no conviene que conozca demasiado las invisibles fuerzas actuantes tras el velo, pues abusaría de ellas en vez de aprovecharlas, y las emplearía para oprimir a las gentes con egoístas propósitos en vez de aplicarlas al bien de la humanidad. Por esta razón no se divulga más rápidamente dicho conocimiento ni recibe la ciencia más poderoso auxilio. Como dice un Maestro, la ciencia ha de emplearse en servicio de la humanidad para obtener mayor ayuda de los Auxiliadores y Salvadores de la raza humana.

Más rápido aún será el progreso en otros sentidos cuando llegue el día que vislumbramos. En educación supongo que nadie negará cuán mayor provecho obtendrían los educandos si los educadores supieran estimular directamente las buenas cualidades y sofocar las siniestras.



Annie Besant - Extracto de EL SENDERO DEL DISCIPULADO

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