El playstation del niño Jesús.

Carmelo Urso


Dicen que cuando el alumno está preparado aparece el Maestro.

Es cierto.

Mi Maestro se llama Juan Rodrigo. Mide un metro con veintitrés centímetros. Es que apenas tiene seis años... Se trata de mi hijo mayor.

El otro día me ofrendó esta lección de Amor y fidelidad que comparto con ustedes.

En mi país –Venezuela- el dador oficial de regalos en la temporada navideña no es San Nicolás (o Santa, como le dicen en Norteamérica) ni los Tres Reyes Magos, sino el mismísimo Niño Jesús en persona.

Hace dos años, el Niño Dios tuvo la amabilidad de regalarle a mi hijo Juan Rodrigo un Playstation 2 .

En realidad (y espero que mantengan el secreto), su papá le compró el Playstation 2 a un muy apreciado colega. Aunque de segunda mano, el aparato estaba prácticamente sin uso, con su caja y accesorios originales.

–Lo que pasa es que compré el Play 2 y la computadora personal (PC) al mismo tiempo –me explicó mi amigo, el dibujante y productor audiovisual venezolano Alejandro Hernández-. Me aficioné a los juegos de PC y me olvidé del Play 2. Así que el aparato está nuevo.

De tal suerte –y en nombre del Niño Jesús- adquirí la consola a la tercera parte del valor que tenía en las tiendas.

El Play 2 alegró la Vida de mi hijo Juan Rodrigo durante dos años. Sin embargo, el mes pasado tuvo una falla grave y lo mandé reparar.


Un sábado, mi hijo y yo fuimos a recoger el aparato refaccionado en un taller del Bulevar de Sabana Grande. Enseguida, el técnico me advirtió:

–Amigo, le voy a hacer una sugerencia. Este viejo modelo de Play 2 da muchos problemas con el lector óptico. Tengo clientes que me lo han traído a reparar tres y cuatro veces. Yo le recomendaría que lo vendiera y comprara uno nuevo. Así no tendrá más inconvenientes.

Le planteé la situación a Juan Rodrigo: “Hijo, lo vendemos y ese dinero sirve para comprar el nuevo Play”.

Mi hijo respondió:

–Papá no puedes vender ese Play.

–¿Y por qué no, Juan Rodrigo?

–Papá, ¿no entiendes? Ese Play es especial. ¡Me lo regaló el Niño Jesús!

–Hijo, ¿y si se vuelve a echar a perder?

–No importa que esté echado a perder. Siempre querré tenerlo. Porque cuando lo veo, siempre me acuerdo del Niño Jesús, que me quiere mucho.

De la emoción, se me hizo un nudo en la garganta.

Meses después, la predicción del técnico se hizo realidad: el viejo Play 2 volvió a fallar. Así que tuve que comprarle una nueva consola a mi amado hijo.

Los dos Play siguen en la casa. Juan Rodrigo está feliz con ambos.

Él sabe que uno se lo dio su papá terrenal y el otro su papá celestial.

Y no le importa si uno funciona y el otro no.

Pues lo importante –y mi hijo mayor lo sabe- es que ambos representan expresiones máximas de Amor.




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2 Comentarios de lectores

07/09/2010

Que buena experiencia, admirable ;)

Lisandro G desde Argentina

02/09/2010

BUENO ESTA VEZ PARA VARIAR ME TENDRE QUE INSPIRAR COMO POETA, Y LES DIRE QUE EL NIÑITO JESUS SIEMPRE HA ESTADO EN NUESTRO CORAZON Y A EL NO LE IMPORTARON CREENCIAS RELIGIOSAS NI POLITICAS, NO MAS NOS ADVIRTIO NO MAS HITLER.

Herrera Delgado Adriana Yolanda desde Mexico