Enfermedad y sanación.

Emmanuel


Puede llegar a reunirse tanto en ese momento de silencio, de introspección, que la enfermedad se apodera de vosotras, queridas almas, siempre motivadas desde el exterior.

Tales momentos pueden ser útiles para la alquimia que comporta el hecho de tomar la arcilla de lo físico e insuflar en él el espíritu que lo convertirá en oro.

La enfermedad es una enseñanza, un mensaje enviado por el alma.

Cuando se aprende bien la lección, la enfermedad resulta algo sin importancia.

La enfermedad es la confusión de un alma determinada que se manifiesta de manera física, para que la conciencia la vea.

Cualquier parte de una enfermedad eres tú.

Escuchad a vuestro cuerpo.

¿Qué es lo que dice?

Sed dicha parte de vuestro cuerpo.

Una vez percibida la voz de las zonas recalcitrantes, la mente madura puede decir: «Descubramos Otro medio.»

En ese instante lográis literalmente abarcar esa energía interior vuestra que estaba fuera de órbita (poco importa que fuera mental, física o emocional), y podéis empezar a descargar su energía mediante el simple gesto de aceptarla.

La transformación da comienzo.

El dolor os habla cuando estáis preparados para aprender de él.

El dolor emocional dice una cosa, el dolor físico, otra.

Incluso su localización corporal es elocuente.

En la vida no hay nada casual.

Me doy cuenta de lo duro que resulta prestar atención cuando a uno le duele algo, pero la verdad es la verdad.

Vivís en un mundo sano y bien ordenado.

Haced de ello vuestro santo y seña.

La enfermedad existe en primer lugar en el reino no físico de las carencias espirituales, de la confusión emocional o de la aberración mental.

Nunca es algo principalmente físico.

El cuerpo reacciona y vibra para llamar la atención Constituye una manifestación externa de un trastorno interior.

Cuando el cuerpo se encoge ante la embestida del trauma, se está negando la energía a una determinada parte del cuerpo.

De ese modo se dispone el escenario para que se produzca una manifestación física que, en vuestra realidad, resulta una disfunción del cuerpo.

Las enfermedades se clasifican según sus manifestaciones sintomáticas, pero sus causas son completamente distintas.

Puede darse la misma enfermedad en dos entidades diferentes por dos razones también diferentes.

Es el modo en que cada cuerpo expresa su descripción de la desunión.


- ¿Hay enfermedades kármicas?

Lo kármico y la tensión son lo mismo.

Es el programa que vuestra alma ha designado para seguir en esta vida a la hora de entrar en las zonas conflictivas.

Todo ello podemos denominarlo kármico; sin embargo, esta palabra contiene en su interior más engaño que claridad.

La curación puede producirse de manera instantánea siempre que se dé el reconocimiento de la verdad de aquello que causó la enfermedad.

De forma que la enfermedad es, sin excepción, la somatización de lo que la conciencia no quiso admitir.

La conciencia anímica, lo mismo que la fuerza vital, fluye por el cuerpo físico; las zonas del cuerpo que se resisten a la fuerza vital pueden desarrollar en un momento de la vida ciertas disfunciones que dependen de las carencias del alma.

Toda negación se expresa, en definitiva, a través del físico, y esa es una de las razones por las que las personas van vestidas con sus cuerpos físicos.

De ese modo no tienen más remedio que enfrentarse con aquello a lo que son reacios a enfrentarse en los niveles mental y emocional.

Vuestro cuerpo enfermo no es vuestro enemigo, sino un amigo fiel. Vuestra alma lo ha programado para reaccionar de esaforma precisamente en ese preciso instante. Escuchad su mensaje.


- ¿Podría ser el SIDA una plaga enviada por Dios?

Pero, queridos míos, qué idea tan terrible, pensar que Dios pueda enviar una plaga!

¿Cómo cabe esperar una curación de semejante desastre, si nos desviamos del camino y echamos la culpa del mismo a una deidad?

No, no! Los que reconocéis la autonomía de vuestra vida, sabéis perfectamente que no es ésa la causa.

Ningún Dios compasivo y amante infligiría nunca a nadie, a ningún individuo, grupo o comunidad, el castigo de enfermedad alguna, ni siquiera el resfriado más corriente!

Si creéis que merecéis un castigo, debéis preguntaros qué cosa está equivocada en vuestra vida.

¿Se trata de un complejo de culpa?

Cuando adoptáis una postura y creéis que merece el castigo de Dios, ya está dicho todo!

La enfermedad no tiene nada que ver.


- ¿Por qué unos cuerpos son saludables y otros, en cambio, enfermos o lisiados?

Debéis asumir que nadie es culpable por tener un cuerpo sano.

Todo tiene su razón de ser.

Sabed que en el pasado se os comunicaron las vicisitudes inherentes a todo cuerpo físicamente retorcido o negado.

¿Teméis acaso que no se hayan repartido equitativamente las cosas en el universo de Dios?

Algunas personas eligen sus factores genéticos del mismo modo que, al comprar una casa, unos la prefieren orientada hacia el sur y otros con un lago detrás.

Decidieron habitar una forma física que comporta el potencial necesario para desarrollar una determinada enfermedad, como válvula de escape.

Está previsto que reaccionen de esa manera cuando en un momento de su vida ciertos elementos encajen y dejan de preocuparse de si siguen o no adelante.


- ¿Controlan los locos concientemente su locura?

No.

Espiritualmente controlan su locura.

Pero decir que uno controla su propia locura constituye una afirmación de lo más cruel.

Hay también una escuela de pensamiento, (bastante acertada) según la cual la locura constituye una sabia decisión tomada en determinadas circunstancias o a consecuencia de ciertos traumas, a los cuales sencillamente el ser humano no está bien preparado para aguantar.

Efectivamente, la locura supone una sanación.

El alma, que constituye el punto clave de toda la cuestión, lo sabe, pero ha contraído un compromiso con el crecimiento a lo largo de la vida humana, y ese compromiso a menudo no va en su propo beneficio, sino que supone una contribución a la experiencia educativa de los demás.

Si pudiéramos lavar la palabra «cáncer», tenderla al sol para que se secara y ponérnosla blanca y reluciente, os prometo que habría menos cáncer y menos muertes causadas por él.

Las almas elegirían otros medios.

La cuestión del cáncer la cuestión del miedo —el cáncer trae un mensaje de miedo— tan corriente en vuestro mundo.

Por eso la enfermedad debe ser tratada pura y llanamente como miedo.

Cuando se cure el cáncer, aparecerá cualquier otra cosa.

Las personas deben vérselas con el miedo, pues éste constituye una de las mayores negaciones de la realidad de Dios.


Extracto de El libro de Emmanuel
Transmitido por Pat Rodegast

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