Cada persona elige.

Francesco


Cada persona elige cómo escribir el Libro de su Vida, hasta cuando eliges no escribir nada estás escribiendo, porque cada espacio, cada hoja en blanco, es un agujero negro en el alma.
Nada es bueno que quede sin concluir, sin final.
Todo está para que lo completes, si no en algún momento de tu vida querrás hacerlo y ya esa hoja se habrá puesto amarilla y vieja.


—¡Ey!, Maestro —gritó otra Alma sabia—. ¿Qué haces con esos libros viejos?

—Leo las páginas de los libros de algunos seres humanos.

—¿Sabes que no tenemos permitido hacerlo?

—Yo pedí permiso y lo obtuve sin ningún tipo de objeción.

—¿Por qué los estás mirando? ¿Hay algo especial que quieras saber? Nunca te he visto tomarte ese trabajo antes, debe haber algo que te inquieta.

—Hace un tiempo llegó aquí un Alma con la cual nos encariñamos muchísimo. Ya sabes que amamos a todas las personas pero a ésta se la eligió para que no pase por la Ley del Olvido y sin embargo ahora está peor que un Alma nueva.

—Déjame recordar… Ah, ya sé, era el hombre que había vivido con demasiados miedos en su vida y que al mandarlo a tener otra vida él eligió trabajar el desamor.

—Sí, es de esa persona de quien me estoy ocupando. Y tú, ¿cómo sabes de quién se trata?

—Porque yo lo acompañé a pasar por los rayos de luces antes de nacer.

—Entonces, ¿tú estás seguro de que no hubo falla en el sistema del Paraíso?

—Sabes que todo aquí es perfecto.

—Sabes, estoy dudando de las perfecciones, los humanos son una partecita de Dios y son perfectos pero hacen todo lo contrario de esa perfección.

—Cómo puedes decir semejante cosa, cómo dudas de la perfección de Dios, es que él los hizo libres y al ser libres de elegir a veces se equivocan.

—Libres, ¿de qué?

—¡Maestro, qué te sucede! Ya sé, me dirás que la vida de las personas es insegura, que crean enfermedades y guerras, pero eso es parte de su libertad.

—Sí, pero si fueran perfectos eso no les pasaría.

—Quieres que tengan la perfección que tenemos aquí, la belleza absoluta y el aburrimiento absoluto.

—Ahora eres tú el que está hablando mal de su hermosa virtud. Cómo puedes hablar así del Paraíso, tú que manejas el tiempo allí abajo, que tienes el poder de acomodar los planetas en el nacimiento de cada persona.

—Dime Maestro. ¿Tú crees que hago bien mi trabajo?

—Claro que sí. ¿Tienes dudas?

—Quizás la vida deba ser así.

—No estoy de acuerdo, tú tendrías que entender que ellos deben aprender. Ésa es la verdadera Misión, hagan lo que hagan todo es aprendizaje y aquí son todos bienvenidos y amados.

—¿Pero tú crees que realmente aprenden?

—Sí, capitalizan sus experiencias, claro que aprenderán verdaderamente a vivir. Si no, observa los países en los que no tienen problemas, ellos tienen la mayor cantidad de mortalidad por suicidios.

—Qué tal si me haces un favor.

—¿Qué deseas?

—¿Puedes pedir el registro de la vida de Rosario?

—¿Quién es Rosario?

—¿Recuerdas que en la estadía de Francesco hubo otra almita luminosa que lo había acompañado en su primer viaje astral, cuando él quiso ir a visitar a su familia en un sueño?

Rosario le enseñó el camino, ellos tuvieron una vibración muy fuerte, ella lo esperó para nacer juntos, luego de esperarlo y esperarlo, ella decidió nacer. Lo hizo unos minutos antes que él, aunque los minutos de aquí, no es el mismo tiempo que allí abajo.

—¿Y para qué quieres saber de su vida? —preguntó el Maestro.

—Para lo mismo que tú quieres saber de Agustín.

—Te lo buscaré más tarde, ahora déjame solo.

—Bien, dame el libro de Rosario cuando puedas, yo le tomé mucho afecto y quisiera saber cómo va su vida, hace tiempo que no recibimos ningún pedido de ella.

—Pero puedes seguir su energía, sabes distinguirla de las otras, y así averiguar tú mismo.

—No puedo hacerlo, porque su vibración no está llegando, al no pedir nada aquí su frecuencia no llega. Sabes que ellos son como una antena y nosotros los receptores.

—¿Por qué no le preguntas a Dios?

—Porque no lo quiero molestar.

—Si sabes que a él nada lo molesta.

—Es que quiero hacerlo por mí mismo.

—Entonces te pediré un favor.

—Pide el libro que deseo y luego me comentas.

—Me parece una buena idea, ¿crees que me lo darán? Tengo poco tiempo aquí como para pedirlo.

—Tú eres el Maestro del Tiempo, sabes que aquí no somos libres, además… —el Maestro hizo un silencio—. Además, tú tienes más poderes que yo.

—Eso crees, mira, parece que mis poderes se están yendo, así como el viento se lleva hasta las rocas de las montañas, si tuviera poder para hacerle entender a las personas que lo que hacen con su tiempo es mas importante de lo que piensan y sin embargo lo pierden y ni siquiera disfrutan lo suficiente, cuando les sobra ese tiempo lo malgastan.

—Eso también será parte de sus aprendizajes, no tengas tanta negatividad hacia las personas. Ellas son perfectas, ellas son como Dios.

Tú eres el Maestro del Tiempo, el que les enseña a las almas a transitar por el Cielo, pero aquí es como hacerlo en lo teórico, lo práctico lo viven ellos en la Tierra.

Y yo creo que vivir allí abajo debe ser una experiencia maravillosa, tienen tanto por hacer, tanta incertidumbre, que la vida resulta ser una caja de sorpresas. No es como aquí que todo es tan tranquilo, que la paz vibra en todo lugar y momento.

Ahora observa, descorre esa nube rosada y mira cómo viven los seres humanos, entre todas las vidas de otros planetas, ¡Ésta es la más interesante!

El Maestro que escuchaba la conversación se quedó pensando por un momento.

—¿En qué te quedaste pensando? —le preguntó el Maestro del Tiempo mientras sostenía la nube con su mano.

—Me gusta lo que dices y yo siento que es así, ellos tienen una vida rica en experiencias, en afectos y conocimientos, pero cuando estas almas llegan temerosas, algunas fascinadas por haber traspasado el umbral de esta dimensión, ellas se quejan de lo que pasaron en sus vidas. Y no ven la vida como un mar de emociones e incertidumbres que los fascinan, al contrario, le temen y eso es tan normal para ellos.

Quizás algún día aprendan y a ese día no le falte mucho tiempo por llegar, —y el Maestro metió la mano en su túnica y le convidó al espíritu amigo un manojo de maníes confitados—. Buscaré el libro de Rosario mañana. Ahora iré a hamacarme en las nubes doradas, ¡son tan cálidas y bonitas, no me las quiero perder!

—No te las pierdas, que dentro de una mínima fracción de tiempo, ellas se irán a transformarse en arco iris. Sabes, hace mucho que el viento no lo forma en el Cielo. A los niños les encanta verlo.

—Hace mucho que no sale a mostrarse, ese símbolo de paz divino que Dios le dejó a Noé.

—¿De qué símbolo hablas?

—¿Acaso no sabes? ¿No recuerdas que cuando fue el diluvio universal nuestro amado Dios le pidió a Noé que se llevara una especie de cada animal, y que para mostrarle que a partir de ese momento iba a reinar la paz entre el Cielo y la Tierra, le mandaría un arco iris?

—Ignoraba esa historia. Pero sí, recuerdo a Noé.

—Tendrías que estudiar más de las religiones de los Maestros. ¡Ja, ja, ja!


Extracto de "Francesco decide volver a nacer de Yohana Garcia"

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