Visita al hijo.

Francesco


Bueno, Francesco, hoy te has aburrido demasiado conmigo.

¿Qué te parece si damos una vuelta por algunas nubes? Hasta podríamos visitar a tu familia.

—Me parece estupendo, pero quien me enseñó a hacerlo no está en este momento conmigo, y no me animo si ella no está. Puede salirme mal.

—Que te salga mal depende de tus ganas y de tu voluntad; no es necesario que otro te acompañe. Siempre hay alguna primera vez en la vida para todo; si te equivocas aprenderás y lo volverás a intentar, hasta que lo logres.

—¿No es necesario que pida permiso a algún maestro?. Antes, cuando los quería visitar, tuve que esperar cierto tiempo para hacerlo.

—Eres libre. Si bien aquí arriba hay un orden establecido, tú puedes ir de visita como si vivieras abajo y salieras a visitar amigos.

—Bueno, ¿vamos en las nubes rosas o en las celestes?

—Elige tú; a mí me gusta disfrutar de todas.

—¿Sabes que a mi me encanta viajar por el Cielo? ¡Es tan placentero que no se puede describir con palabras!

—Cuando sientes placer, no lo puedes describir más que con sensaciones, colores, olores, porque esas sensaciones son las que quedaron como recuerdos en tu interior.

—Quisiera entrar en casa y ver a mi familia, saber si se encuentran bien. Si supiera cómo se sienten estaría más tranquilo; quisiera saber si, al yo entrar en sus sueños, los ayudé.

—¿Sabes lo que pasó cuando te soñaron?

—Cuéntame, por favor.

—Volvieron a tener fe, volvieron a sentir que podían creer en ellos mismos; aprendieron que uniéndose les sería todo más fácil, que las cosas no suceden porque sí solamente.

¿Quieres saber cómo van sus problemas?

—Sí, por supuesto.

—Te acuerdas que la casa tenía una deuda y que ellos no querían venderla, porque seguían apegados a tus recuerdos.

No pedían ayuda ni consejo, no buscaban apoyarse ni en amigos ni en familiares; el hecho de haberte perdido y que las cosas no mejoraban los estaba llenando cada vez más de resentimientos hacía los que los rodeaban, y de incapacidad para comunicarse. No se querían mostrar vulnerables a los demás; su orgullo los mantenía detenidos en sus propias cuevas.

Entre otras cosas, también le dijiste a tu hija que cambiara de carrera, y así lo hizo.

Un día su perro enfermó gravemente; parecía que en pocas horas moriría. Ella estuvo desesperada, apoyando a la veterinaria que se estaba ocupando de atender a Pancho, y se dio cuenta que su verdadera misión era curar animales, porque los amaba y sentía un gran placer ayudándolos a sobrevivir.

Pancho pasó el mal trance, no casual, y tu hija, gracias a su perro, encontró el verdadero camino.

Vendieron la casa, a pesar de sus apegos; ahora tienen una más chica y, además, acogedora. Todavía no se han mudado; la semana que viene lo harán.

—Si se mudan, ¿cómo los podré encontrar cuando quiera visitarlos a través de algún sueño?

—Es fácil, los encontrarás por su energía y por su vibración, que es única, como lo son las huellas digitales. Es cuestión que abras bien tus antenitas. Los encontrarás como sea, así se fueran a vivir a la mitad del desierto.

Mientras estaban hablando, se regocijaban sintiendo el aire del Cielo que les refrescaba el alma.

El maestro le hizo una seña.

—Mira, allí está tu casa; si bajamos un poco más veremos a Pancho durmiendo. Si quieres, seguiremos bajando.

—Sí, ¡bajemos, rápido, bajemos!

—Pero hazlo con cuidado; los animales nos pueden ver y son perceptivos. Si lo despertamos, ante el más pequeño ruido que hagamos, ladraría tanto que despertaría a todo el barrio.

—Sí, pasó lo mismo la vez pasada. ¿Entras conmigo?

—No, yo te espero aquí.

Francesco entró solo y recorrió la casa, y sin ese calor característico del hogar.

Parecía que toda la familia ya se había despedido de ella.

Todo estaba lleno de canastos de mudanza, pero todavía faltaban algunos portarretratos.

Supongo que todavía están tristes por mi partida.

Ojalá que mi amigo Tiempo los ayude a que todo esto pase con rapidez, que cuando recuerden tengan pensamientos de amor, sin dolor ni lágrimas ni tristezas.

¡Ahí está mi hijo! ¡Está enorme! ¿Seguirá creciendo después de los veinte? ¡Parece que sí! Entraré en este terremoto inquieto y desafiante, en este muchachito tan introvertido. A veces resulta difícil saber lo que piensa, porque habla poco. Es más fácil saber lo que siente, porque su mirada refleja sus sentimientos.

Espero no haberle dejado demasiadas responsabilidades para desempeñar el papel del hombre protector de su familia.

Entraré antes que despiertes; allá voy...

Pasado un cierto tiempo, Francesco salió del cuerpo de su hijo y se dio cuenta que lo había hecho muy bien.

Pero había algo especial en ese chico, una mezcla de alegría y de tristeza, de compañía y de soledad.

Su luz era muy clara, muy brillante; eso era indicador de la buena energía de sus sentimientos, pero parecía muy contradictorio lo que había podido interpretar en el alma de su hijo.

Francesco salió al patio donde se encontraba jugando su amigo, Tiempo, con Pancho.

—¿Y cómo te fue?

—Me fue bien, eso creo.

—Se te ve un poco pensativo. ¿Puedes decirme qué es lo que te preocupa?

—Sí, claro, quizás puedas ayudarme. Tuve un encuentro hermoso; estoy orgulloso de mi hijo. Tenía una muy buena vibración, pero había una mezcla de sentimientos y sensaciones tan contradictorias, que no te sabría explicar con palabras lo que él estaba sintiendo dentro de su alma.

—Te escucho y puedo entender algo de lo que me estás contando, pero no creo que yo sea la persona indicada para sacarte de las dudas. Quizás cuando lleguemos al Cielo encuentres a algún maestro que pueda darte respuesta en relación con esos sentimientos de tu hijo.

—Todavía tengo que preguntar tanto, que no me iré del Cielo hasta obtener todas las respuestas. Después de todo, no sé si podré volver a vivir esta experiencia, ¿no te parece?

—¿Y qué te queda por saber?

—¿Puedo preguntarte?

—Sí, claro. Si puedo, te contestaré.

—¿Tú has visto a Dios?

—¡Sí, por supuesto!

—¿Y cómo fue ese encuentro?

—No te lo puedo describir con palabras; cuando lo tengas delante, va a ser porque estás preparado para el final del gran principio.

—¿Qué es lo que quieres decir?

—Lo sabrás a su debido momento. Cuando tengas delante al Dios contemplativo y piadoso te darás cuenta de que, cuando estabas vivo, lo tuviste muchas veces a tu lado, lo sentiste y lo escuchaste.

No lo has visto en presencia. No se hizo visible a tus ojos y sí se hizo sentir en tus sentimientos.

—¿Y qué es "el final del gran principio" del cual hablas?

—Ya lo sabrás. No te adelanto nada pues no te servirá saberlo; te lo dejo a la imaginación, pero ten cuidado, ya que el que es imaginativo es, a la vez, creativo y también corre el riesgo de ser destructivo, al crear imágenes futuras. Así que sería conveniente que elijas imaginarte algo bueno sobre tus dudas.

Piensa en positivo siempre; es la única forma que obtengas lo que quieres tener. Uno es lo que piensa, y a la vez manda al cosmos ese pensamiento; si lo sabes pedir, llegará sólito el resultado que esperabas.

Si has tenido a lo largo de tu vida situaciones maravillosas, éstas vivirán eternamente en el rincón de tu alma. Si has vivido situaciones negativas que formaron cicatrices en tu corazón, no te preocupes, porque las situaciones maravillosas pueden, con su esplendor, borrar las marcas del dolor. Agradece todo lo que has tenido y tómalo como un regalo de Dios o como un premio a tus buenas acciones.

Y lo que no has querido que te pasara y realmente te pasó, recuérdalo como un acto de aprendizaje, una enseñanza para crecer. Sí vuelves a repetir los mismos errores no culpes a nadie, simplemente no has aprendido la lección y tienes que volver a pasar la prueba. La vida está llena de lecciones, errores, aprendizajes y reaprendizajes; cuando la lección se aprendió la llamamos "experiencia". Esa palabra que suena a sabiduría y a tener que haber pasado por algún momento de sufrimiento o de fracaso.

¿Por qué será —te vuelvo a repetir— que las personas recuerdan las experiencias dolorosas y tristes, y no reviven como experiencia los triunfos? ¿Te fue mal? Te sirvió de experiencia. ¿Te fue bien? Has tenido suerte.

Las personas son seres maravillosos y nobles, con gran capacidad de amar con todos los sentidos. Pueden crear, cada vez con mayor perfección, una mayor calidad de vida; saben hacer máquinas perfectas, naves espaciales y hasta crear vida donde las posibilidades casi son nulas; pero no saben diferenciar quiénes los aman de verdad, ni quiénes las pueden ayudar a abrir las puertas de su vida.

¿Por qué piensan siempre lo peor? Pareciera que esa percepción que tienen les sirve solamente para ver lo malo.

—Tienes razón, muchas veces me imaginé cosas terribles, que me angustiaron, me hicieron daño y ni siquiera logré algo positivo. Cuando deseé algo con toda el alma, y puse mi mente y mi cuerpo para lograrlo, lo pude hacer realidad; mi pedido vino sólito.

Muchas veces estuve a punto de desistir de ese deseo, porque el tiempo pasaba y los resultados no aparecían, pero cuando estaba a punto de bajar los brazos todo se resolvía.

—Lo peor que puedes hacer es bajar los brazos, porque te has derrotado solo. Quizá las circunstancias no sean las apropiadas, pero no te desanimes, porque sí te rindes, fracasas y no sabrás si faltaban sólo unas horas para que se cumpliera tu sueño.

Nunca sabes si tu felicidad está a la vuelta de la esquina y tú das la vuelta a unos pasos antes de llegar.

—¡Todos son lindos aquí!

—Y cuando vivías, ¿no eran todos lindos?

—No, algunos eran tristes.

Hay que aprender a vivir en días nublados, a atravesar tormentas, nubarrones, vientos, porque después de todo siempre sale el sol.

Días de sol, días de sombra; eso es lo que tenemos que pasar las personas que elegimos vivir.

—Bien, amigo filósofo, dame un tiempo para volverme a encontrar contigo y seguiremos hablando más adelante.

—Me voy feliz, Francesco. Fue un placer acompañarte; ahora descansa, que yo tengo que seguir mi camino.

—Gracias por todo.

—No, gracias a ti. Buenas noches.

—Buenas noches, maestro.





Extracto de "Francesco Una vida entre el Cielo y la Tierra de Yohana Garcia"

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3 Comentarios de lectores

31/01/2012

REALMENTE HERMOSO NOS DEMUESTRA QUE TODO ESTA EN NOSOTROS MISMOS EL PODER DE ALCANZAR TODO LO QUE SE QUIERE SIEMPRE CON POSITIVIDAD

NIDIA LUCIA desde Estados Unidos

09/01/2012

Excelente me gustaría acceder al libro. No alcanza con leerlo una vez. Es para tenerlo siempre a mano.

ADRIANA desde Uruguay

23/12/2011

INFINITAS GRACIAS POR ESTOS BELLOS MENSAJES A MI PERSONALMENTE ME LLEGAN A LO PROFUNDO DE MI SER, LLENANDOME DE ALEGRIA DE UNA NUEVA VISION, DE UNA COMPRENSION QUE ES QUITAR EL VELO Y MIRAR CON GOZO LA VIDA.GRACIAS

Beatriz desde Ecuador