Continúa el desarrollo de la misión de Jesús. Parte 2

Jesús ~ Jeshua


CAPÍTULO IX

Continúa el desarrollo de la misión de Jesús. Parte 2



La revelación es un honor que Dios concede a sus hijos y se manifiesta por la inspiración del Espíritu en el Espíritu; se hace ostensible por el acrecentamiento del deseo y de la voluntad; se impone mediante las misiones encargadas a los Espíritus. La revelación constituye una parte de la ley de amor que se desarrolla en medio de las humanidades. Debe añadirse que la revelación no puede ir más allá de la comprensión de su intermediario y ella proporciona la luz necesaria según las necesidades de la época en que ella tiene lugar. La manifestación del Espíritu puro es generosa, pero permanece dentro de los límites trazados por la sabiduría y santidad de su misión. No asocia jamás la promesa de los bienes temporales con la promesa de las gracias merecidas con el adelantamiento del Espíritu; no contesta a las preguntas dictadas por la curiosidad inconsulta, por eso se aleja de los intérpretes indignos y son poco frecuentes sus manifestaciones.

Es justamente por la escasez de estas manifestaciones que yo insisto en la efectividad de mi luz. La participación de Jesús en las alegrías infinitas le confiere el derecho de hablar más divinamente que cuando hablaba como hijo de la Tierra; mas, en estas páginas, en que Jesús evoca las expansiones de su naturaleza humana, tiene que expresarse en la forma en que lo hacen los hombres ante los hombres, demostrando sus alianzas de familia, su vanidad de hijo rebelde, sus debilidades de Espíritu, sus ilusiones del corazón, como si aún se encontrara en el mundo de los humanos.

El poder de mi voz se asocia hoy con la emanación de mis recuerdos de hombre. No os preocupéis de la distancia que nos separa, hermanos míos; destruid vuestras erróneas creencias; levantad una barrera infranqueable entre Jesús hombre, su madre mujer y las fábulas que han desnaturalizado la personalidad de Dios.

En el transcurso de mi vida terrenal me hice de discípulos y de amigos, derramando palabras de paz y censurando, con la conciencia de un Espíritu iluminado, la vanidad y la hipocresía de esa sociedad potente y fastuosa, que predominaba, encendiendo en los cerebros la llama del deseo hacia los goces espirituales, practicando la caridad del corazón para con todos los dolientes, levantando la voz en defensa de todos los débiles, acercándome a todas las miserias, descendiendo a todas las vergüenzas, inspirando a los pecadores el arrepentimiento. ¿Por qué no habría de conseguir yo ahora discípulos y amigos mediante la emanación de mi espiritualidad? Mis palabras del tiempo pasado se vieron adulteradas o mal comprendidas-, mis palabras de hoy se honrarán porque reciben la luz divina. Mis palabras de antes tuvieron que desmenuzarse al chocar en contra de la ignorancia; mis palabras de hoy traen en pos de sí el testimonio de un Dios.

Procedamos, hermanos míos, a una revista fácil y rápida de mis hábitos, de mis fatigas, de mis entretenimientos, de mis expansiones fraternales, y honrémonos mutuamente, vosotros mediante una justa atención y yo con mis confidencias y con mi libre trabajo de Espíritu.

Durante una vida humana no pueden llevarse a cabo trabajos inmensos, mas la marcha en el sentido del progreso puede reanimarse bajo un soplo regenerador. En el período de la decadencia de un mundo el pensamiento reformador surge de improviso, como el vasto horizonte que, al partirse las nubes, se ofrece repentinamente ante nuestra vista. La actuación humana de Jesús había preparado el horizonte que hoy, bajo su manifestación Divina, pone de manifiesto ante las miradas de la humanidad terrestre, y su voz, en la plenitud hoy de su potencia, hará desaparecer todas las sombras que oscurecieron su alianza con Dios y con los hombres. - ¡Alianza con Dios! - Sí, porque Jesús tenía que emancipar las órdenes de Dios. - Alianza con los hombres! - Sí, porque Jesús venía a hablarles de amor, de fraternidad, de paz, de justicia, y el amor, la fraternidad, la paz y la justicia dan origen a la sabiduría, a la fuerza, a la ciencia de las alegrías futuras y de los favores de Dios.

Jesús ahora demuestra a la posteridad su naturaleza humana dándole al mismo tiempo pruebas de su existencia de Espíritu. Repitamos, pues, las palabras pronunciadas por Jesús hombre, mas agreguémosles las nociones del Espíritu de Dios para que os penetréis bien de la elevada misión que Jesús vino a empezar como hombre y que el mismo Jesús viene ahora a continuar como Espíritu.

Jerusalén me atraía, no obstante las pocas probabilidades de éxito que ofrecía a mis tentativas de proselitismo. Yo buscaba presentarles bajo alegres colores a mis discípulos el viaje hacia ella, conociendo bien la repulsión y el terror que su idea les provocaba. Pedro manifestó a gritos, como acostumbraba, su desagrado cuando se le habló de volver a Jerusalén. Los dos hijos del Zebedeo derramaron lágrimas sinceras, suplicándome que desistiera de tal propósito. Los dos Santiagos, hermano y tío de Jesús, le hicieron el completo sacrificio de su voluntad. Todos los demás me dieron seguridades de su fidelidad y devoción instándome a permanecer en medio de un pueblo en donde había encontrado tanta docilidad y tanto amor. Cansado de esta oposición, pero resuelto a vencerla, dejé que se calmaran estas primeras emociones de mis Apóstoles y no les volví a hablar de Jerusalén.

Mas en nuestras conversaciones, como en mis prédicas, yo daba las medidas de las preocupaciones de mi Espíritu, sublevándome en contra de la debilidad de los que prefieren el reposo a la lucha, el éxito fácil a los trabajos del pensamiento y a las fatigas corporales.

"La luz, gritaba yo, debe esparcírsele con profusión".

"Avergonzaos vosotros que la mantenéis debajo del celemín, hombres pusilánimes, hombres de poca fe".

"La largueza de los dones divinos os llena de alegrías, mas cuando se hace necesario demostrar la verdad con el trabajo y la gracia mediante sacrificios, vosotros permanecéis en medio de la holgazanería y del egoísmo".

"El cultivador que da con una tierra estéril, lleva sus esperanzas hacia otra tierra más productiva; pues bien, yo soy el cultivador y la tierra estéril sois vosotros".

El nivel de mis conocimientos no era alcanzado por las multitudes; mas seguíanme algunos discípulos más clarividentes en las casas en donde yo y mis Apóstoles encontrábamos albergue, ya sea en la misma Caparnaún, ya sea en la campaña de los alrededores. En medio de este círculo de íntimos yo hacía las confidencias de mis tristezas humanas y de mis esperanzas divinas. Cuanto más próxima me parecía mi muerte, mayores eran las advertencias que ella me sugería.

Mi obra perecería, yo lo sabía, si después de muerto, Dios no me permitiera colaborar aún en ella como Espíritu.

Mi fe y mi confianza arrastraban la fe y la confianza de los que me escuchaban y me abandonaba a las visiones serenas y dulces, tanto como a la dolorosa perspectiva de la ignominia y del martirio. Yo imprimía en el alma de esos oyentes mis ideales y mis propósitos como esos estigmas de fuego, que no pueden desaparecer, e imprimía en sus Espíritus la imagen de mis miradas, que eran siempre tiernas, de mi sonrisa, casi inmutable, de mis modales y de mi delicadeza al consolarlos y al demostrarles mis afectos. Veía en ellos el pueblo del porvenir y soñaba en el despertar del mundo, en el éxito de mi misión, el triunfo de mi doctrina, a pesar de las tonterías de mis amigos y de la mala fe de mis enemigos.

Los hombres, cuya creencia en la divinidad de mi persona fomentaba mi discípulo predilecto Juan, eran mis mismos amigos, poco avisados, que darían lugar más tarde a la fundación de un culto idolatra, con el misterio de la Trinidad, de la Encarnación y de la Redención.

Hermanos míos, convertíos en los verdaderos adoradores de Dios interpretando con sabiduría las leyes de la naturaleza. Honrad el camino de vuestro Espíritu; amontonad pruebas de la grandeza de Dios y rechazad todo lo que sea contrario a esta grandeza.

Yo no discuto con vosotros respecto de mi identidad, pero empleo todas las potencias de mi Espíritu para quebrantar la falsa e irrisoria denominación (1) que la liga a mi nombre de hombre. Venid, hermanos míos, a la casa en que Jesús, mientras esperaba la comida de la noche, está sentado en medio de hombres ávidos de escucharlo aún, después del día pasado en seguirlo y de escucharlo, sea en las Sinagogas, sea en los centros más populosos de los lugares recorridos.. La conversación gira siempre alrededor de las prédicas recientes. Jesús había pronunciado las siguientes palabras después de la parábola del hijo pródigo:

"La reconciliación de un pecador con Dios produce mayor alegría en el Cielo que la perseverancia de diez justos".

(1) Se refiere sus dudas a la denominación de Jesús Dios.

Ahora Jesús desarrolla su pensamiento. La naturaleza humana, según los dogmas de la ley judaica, está llamada a una recompensa estacionaria en el cielo, o a una condena eterna en el infierno. Pero Jesús, de acuerdo con el sentimiento humano que ve en Dios, la omnipotencia unida a la suprema bondad, determina contradicciones a sus mismas palabras para afirmar su fe delante de sus discípulos y combatir el principio consagrado en otra parte de la ley. Pero Jesús de acuerdo con la alta inteligencia de Dios, abandona la letra dogmática en las bajas regiones y expande su Espíritu hacia el contacto de los Espíritus fácilmente iluminados por él.

"El hijo pródigo, dice, es el pecador llevado al arrepentimiento, es el hombre enfermo vuelto a sus fuerzas y a la salud. Me expliqué para hacer comprender las delicias de la reconciliación, mas escuchad el verdadero sentido de mis palabras".

"El destino del hombre lo llama a numerosos trabajos y su libertad se opera lentamente por medio de las alianzas de su Espíritu y de la expansión de sus facultades".

"En la vida carnal ese destino y esa libertad aparecen ahora débiles, pero volverán corporalmente más fuertes y desembarazados de los terrores imaginarios del Espíritu. La esperase ve a menudo alargada por la pereza y la emancipación por el amor sensual".

"La Justicia Divina deja al hombre el libre empleo de sus fuerzas pero si él abusa de ello para empobrecer su alma, le hace sufrir el peso del fardo de sus miserias y de sus dolores, después de habérselo soliviado por un momento".

"En un estado más avanzado del Espíritu humano hay Espíritus que pueden permanecer inactivos, debido a alianzas perniciosas o a debilidades morales en el cumplimiento de una elevada tarea. He ahí los justos de que quise hablar".

"En medio de la degradante humillación de la naturaleza humana, un espíritu puede volverse repentinamente heroico en la justipreciación de los dones de Dios. He ahí el hijo pródigo".

"Ha merecido bien de Dios el que se levanta con coraje; el que desarraiga el árbol viejo y lo echa al fuego; el que lava su puesto para que nada se note en él del pasado; el que desde el fondo del abismo sale a la luz del Sol en el pleno dominio de su voluntad y mediante sus esfuerzos".

"El Festín, el Cielo, es la festiva acogida que se le hace al pecador arrepentido a su llegada entre los Espíritus del Señor. El árbol desarraigado es el pecado, el puesto lavado es el corazón que estaba manchado; el abismo es la muerte del alma, como la luz es su resurrección".

En la abundancia de los consuelos dados a manos llenas a los afligidos, Jesús había dicho: "Felices los pobres de Espíritu, porque el reino de mi Padre les pertenece". Vuelvo sobre de esta expresión para hacer resaltar su alcance.

"Los pobres de Espíritu son los que huyen del poder y de la dominación de los goces mundanos y del reposo egoísta en la posesión de los bienes de la Tierra".

"La pobreza de Espíritu proporciona el sentimiento de la humildad para empequeñecerse delante de los hombres, elevándose espiritualmente, para despreciar todas las demencias del orgullo y de la presunción. ¡Felices, pues, grita aún Jesús, los pobres de Espíritu! ¡Felices también los que comprenden y practican la palabra de Dios! - ¿Quién de vosotros, amigos míos, no querrá contarse entre los pobres de Espíritu, desde que la modestia y la fuerza en el sacrificio los coloca por encima de los demás hombres?"

Jesús define después una palabra lanzada por él en un momento de indignación. La muchedumbre se había abierto y un hombre del pueblo se aproximó a Jesús y le dijo:

"Maestro: ¿Has pagado tú los décimos al César? - Si los has pagado, ¿por qué lo has hecho desde que no reconoces más autoridad que la de Dios? - Si no los has pagado, ¿por qué prohíbes la rebelión, si das el ejemplo de ellas?"

Jesús comprendió que tenía que vérselas con uno de esos hombres groseros y malos, cuyo deseo era el empujarlo a manifestaciones contrarias al gobierno establecido. Mas conservó la calma exterior, a pesar de su indignación que bullía en su interior, y contestó:

"Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".

Los discípulos se sonríen al recuerdo del gesto y acento del maestro, tomado así tan desprevenido; en seguida la palabra de Jesús se vuelve grave y saca de esta contestación motivo de enseñanzas llenas de moralidad.

"Hagamos depender nuestra felicidad, dijo, del cumplimiento de nuestros deberes, cualesquiera sean las cargas que resulten de ellos".

"Marchemos sin preocuparnos de los defectos de los demás, a fin de librarnos de nuestras imperfecciones, hacia la libertad de nuestra alma".

"La debilidad de los hombres los arrastra a juzgar las intenciones de los otros y se apoyan en la posibilidad del fraude para cometer ellos el fraude; y hablan de injusticia mientras hacen desbordar la injusticia de sus corazones y de sus labios. Hay quien ve una paja en el ojo de su vecino y no ve una viga en el suyo; otros se quejan del egoísmo y del abandono mientras cierran el alma a los lamentos de los infelices, a la desesperación de los náufragos, a la vergüenza del arrepentimiento de los pecadores".

"Yo os lo digo, amigos míos, la probidad honra al Espíritu, así como la delicadeza en los juicios honra al corazón".

"Pagad vuestras deudas, sed fieles a vuestros compromisos, tanto con los justos como con los injustos; con los débiles y con los desheredados, lo mismo que con los fuertes y los poderosos; no condenéis, no digáis jamás Raca a vuestro hermano, y confirmad vuestra fe adorando a Dios con la plegaria, plegaria de pensamientos, de palabra y de acción".

"El pensamiento debe ser el guía de la palabra y de la acción, el fruto de la resolución; rogad juntos y separadamente, mas hacedlo sin ostentación".

"La plegaria del orgulloso se asemeja a la del hipócrita. El hipócrita se encuentra siempre en los primeros lugares en la Sinagoga, para que los demás perciban su frente inclinada y sus mejillas pálidas, para que se diga que ha ayunado y que ora con fervor".

"El orgulloso se arrodilla delante de Dios, pero su Espíritu está lleno de planes para conseguir deslumbrar a los demás, y pide la gracia exponiendo los derechos que tiene para la gracia".

"Señor, dice él, la dulzura de mi conducta y lo elevado de mis designios merecen que tú les prestes tu sanción y tu apoyo. No he prevaricado en las leyes de mis padres; nada he sustraído de la herencia paterna en detrimento de mis hermanos; he educado mi familia en el temor y en la justicia y empleo mis bienes en aliviar a los pobres. Soy fuerte y poderoso, pero concedo mi protección a los débiles, me siento inclinado hacia los honores, pero me humillo delante de ti".

"Os lo digo, amigos míos, la oración de estos hombres es rechazada. Dios acoge en cambio la plegaria del pecador que honra su arrepentimiento con la humildad de su presencia y con la sencillez de sus palabras".

"Dios mío, dice él, yo te adoro en todos tus decretos y te pido el perdón de mis culpas".

"Haz sentir el peso de tu mano sobre tu siervo, mas déjale la esperanza de poder ablandar tu Justicia y de merecer tu misericordia".

"Os lo digo, amigos míos, este hombre gozará de su reconciliación con Dios, sacando luz de su misma fe y arrepentimiento".

"La plegaria en acción es el trabajo y la conformidad, es la limosna y el sacrificio por el amor de Dios, es la penitencia y la expiación para remediar el daño hecho a sí mismo y al prójimo con el pecado".

"Haced a los demás lo que quisierais que se os hiciera a vosotros mismos y encaminad las almas hacia Dios con la edificación de vuestra vida".

Honradme porque yo no me encontraré siempre en medio de vosotros, mas acordaos de estas palabras: yo volveré y estableceré mi ley y todos los hombres creerán en mí y no habrá más que una sola grey y un solo pastor porque Dios no me ha mandado para un solo tiempo sino para los siglos futuros.

Yo soy aquel que fué, que es y que será y digo:

Feliz el hombre que renacerá con nuevas fuerzas, puesto que habrá sembrado para recoger.

"El hombre vuelve a nacer hasta tanto no consiga libertarse de la esclavitud de la materia, por la abundancia de los deseos espirituales. Creed y seréis fuertes para las luchas del Espíritu con la materia".

Hermanos míos, las predicaciones de Jesús provocan dudas por las contradicciones que encuentra en ellas el observador y él se convierte en un personaje oscuro, cuyos actos participan de lo humano y de lo divino al mismo tiempo.

Deseo establecer mi personalidad sobre la Tierra de manera de no dejar la menor debilidad de Espíritu referente a mi doctrina y a mi naturaleza. Voy a dar el resumen sucinto de mis enseñanzas para libertar mi persona de esa falsa luz en medio de la que la mantienen los idólatras y los mal intencionados. Escuchadlo, pues, todavía a Jesús y esta vez séalos sobre la montaña, como cuando, solo con Pedro, Juan y Mateo, explicó las manifestaciones de los Espíritus de la Tierra, mediante la atracción del alma y del poder de la voluntad.

En esas breves enseñanzas Jesús les indicó a sus Apóstoles el medio de establecer correspondencia con los Espíritus libres de la envoltura corporal (2) y los inició en la felicidad de experimentar el contacto divino, adorando el fuego de la vida y pidiéndole la libertad, más allá de los horizontes humanos.


(2)Ese debió ser el origen de las prácticas medianímicas a que se entregaban en común los Cristianos primitivos, según datos conocidos y de acuerdo también con comunicaciones auténticas, que nos refieren que los fieles de la primitiva Iglesia se reunían en los templos para orar y evocar en común, teniéndose muy en boga la Psicografía,, como sucede en nuestros centros. — O. R.

Los invita como a un banquete fraternal con los Espíritus que vivieron en la Tierra y que le dirigen ahora una mirada de conmiseración.

"Elías, Elías, grita él, yo te llamo y espero la prueba de tu presencia".

"Honor a ti, Elías y que Dios nos permita comunicarnos aquí contigo, en esta soledad para efectuar la alianza de nuestros Espíritus y de la emanación de nuestros deseos".

Durante el éxtasis en que cayó mi alma, parecía que rayos de luz me rodearan y me confundieran con el tinte de fuego de las nubes doradas y purpúreas que se cernían sobre nuestras cabezas y la alegría que inundaba mi semblante se comunicó a los Apóstoles, que exclamaron:

"¡Elías está entre nosotros, el Señor nos lo ha mandado, sea bendecido su santo nombre!"

Al decir esto cayeron de rodillas, con la cara hacia el suela dominados por una mezcla de miedo y de adoración, de cuyo estado los saqué con estas palabras:

"Levantaos amigos míos y honrad la gracia como los Espíritus fuertes".

"La Justicia de Dios os ha elevado por encima de los demás hombres para daros la virtud de instruirlos y de consolarlos; nada digáis por ahora respecto de lo que habéis visto; pocos os creerán y muchos os burlarán y os insultarán; mas hacedles comprender a todos que el fervor atrae la gracia y que la fe levanta la voluntad".

Jesús se dispuso en seguida para el Sermón de la Montaña en medio de una compacta muchedumbre.

Él se sentó y sus discípulos, sentados como él, lo defendían en contra de los manifestantes demasiados entusiastas.

Las mujeres y los niños buscaron los primeros puestos y la palabra del Maestro los autoriza a tomarlos.

Los hombres de pie dominaban el centro de la asamblea, de manera que las palabras tenían que llegar a todos y que el orden se demostraba como en una casa ordenada, que se preparara para recibir huéspedes muy esperados.

La tarde era deliciosa; los semblantes se veían iluminados por los últimos rayos resplandecientes; los pechos se ensancharon con las primeras brisas de la noche y las emanaciones de la florida naturaleza aumentaban los atractivos de aquella reunión.

Jesús estaba sonriente, sus miradas reposaban sobre miradas amigas; su palabra empezó ensayándose en introducir entre los oyentes ideas de consuelo y de esperanzas, recorriendo con el pensamiento el vasto campo de los favores divinos y de los deberes del hombre.

"Amaos los unos a los otros y mi Padre os amará". "Pedid a Dios lo que os haga falta y no dejéis jamás entibiar vuestra confianza".

"Aproximaos al que sufre y no le digáis que merece sus sufrimientos, procurad en cambio de aliviarlo. La verdadera caridad no mira hacia el pasado, fijándose tan sólo en el presente".

"Cerrad vuestra alma a la tristeza y por grande que sea el rigor de vuestros enemigos, pensad en la recompensa que se os ha prometido si fuereis pacientes y misericordiosos".

"La Tierra es un lugar de destierro para los que tienen derecho a una posición mejor; la Tierra es un lugar de purificación para la mayor parte; mas todos deben ayudarse para conocer el patrocinio de la fraternidad y el principio del amor universal".

"La libertad de muchos tiene lugar mediante el amor; el egoísta será castigado, y mucho se le perdonará al que mucho habrá amado".

"Honrad la virtud, desenmascarad el vicio; mas perdonad a los que os hayan ofendido, para que a vosotros también se os perdone en la vida futura".

"No envidiéis el puesto de honor. Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros en la casa de mi Padre; quien quiera que se ensalce será humillado y tan sólo el humilde se verá glorificado".

"Id a la casa del pobre y abrazadlo como a vuestro hermano. Desdeñad las distinciones de las riquezas y mostraos superiores a la mala fortuna".

Empequeñeceos para hacer sobresalir a los demás, pero no imitéis a los hipócritas, que buscan los elogios con las apariencias de la modestia.

"Felices los que lloran a causa de las injusticias de los hombres, porque la Justicia de Dios los hará resplandecer".

"Felices de los que tienen el deseo de la vida eterna, porque ella los iluminará desde ahora. Felices los que tienen hambre y sed, porque ellos serán saciados".

"Felices los que comprenden y practican la palabra de Dios"

"Aprended, amigos míos, a soportar la adversidad con coraje. Dios es la fuente de las alegrías del alma y el alma se eleva con las privaciones de los bienes temporales, buscando los dones de Dios con el desprendimiento de las ambiciones terrestres. Facilitad los dones de Dios con el desprendimiento de las ambiciones y orad con un corazón devorado por los deseos espirituales. Vuestro Padre que está en los Cielos se encuentra también entre vosotros, escucha vuestra oración y acogerá vuestro pedido si él está de acuerdo con lo que debéis a Dios y a los hombres".

"Yo os lo digo, ni siquiera un cabello cae de vuestras cabezas sin la voluntad del Padre Celeste, y la Divina Providencia que alimenta las avecillas, jamás os abandonará, si tenéis fe y amor".

"Os lo vuelvo a decir. El poder de Dios se manifiesta en las cosas más pequeñas, como en las más grandes, y su mirada penetra vuestro pensamiento en el mismo momento que recorre la inmensidad de la Creación".

"La palabra de Dios será desparramada sobre toda la Tierra. Los que la busquen la encontrarán, porque la Tierra está destinada a progresar por medio de la palabra de Dios, a la que todos tienen derecho".

"Id pues, mis fieles, dirigíos a la yerba en flor. Paced mis corderos. La yerba volverá a florecer eternamente, por cuanto la ley de Dios dice que el Espíritu es inmortal".

"La presente generación será la luz para la que le siga"

"Los hombres de este tiempo verán el Reino de Dios, porque el hombre tiene que renacer y la Tierra debe recibir aún la semilla de la palabra de Dios".

"Honrad mis demostraciones, llevando a la práctica lo que os digo y no preguntándome cosas que vosotros no podéis comprender".

"Permaneced prendidos con firmeza de estos dos mandamientos: El amor hacia Dios, el amor hacia los hombres. En ello se encuentra toda la ley y todos los profetas."

Hermanos míos, la doctrina de Jesús es hoy la misma que predicó en la montaña.

Todos los que no ponen en práctica el amor y la fraternidad, no son discípulos del Mesías.

Acostumbraos a comprender la extensión y la aplicación de la fe, del amor, de la solidaridad, de la justicia y de la dulzura, para que la gracia de las emanaciones espirituales descienda sobre vosotros.

Hombres de todas las religiones humanas, de todos los pueblos, de todas las clases, vosotros sois todos hijos de una sola patria y la leche de un mismo seno debe amamantaros a todos.

Hombres de todas las religiones, de todos los pueblos, de todas las clases, vosotros sois todos hermanos, y los más ricos en bienes temporales, los más sanos de cuerpo y de Espíritu, los más iluminados deben albergar a los pobres, curar a los enfermos, sostener a los débiles, instruir a los ignorantes.

Iniciaos los unos a los otros en los conocimientos de la igualdad primitiva y de la igualdad futura, que proporciona al Espíritu el sentimiento de humildad y la conciencia respecto de sus propias fuerzas para sufrir los efectos de una desigualdad pasajera y para no enorgullecerse de un encumbramiento también pasajero.

Adorad a Dios en Espíritu y en verdad. Pedid y se os dará; llamad y se os abrirá.

Luchad en contra de las emanaciones groseras. Libertad vuestra alma de las pasiones humanas y aguardad el porvenir: él está lleno de promesas.

Entregad a la ciencia de Dios la aplicación de vuestros Espíritus. Aprended la palabra de vida y enjugad las lágrimas con esa palabra. Desprendeos de todo rigor y aún de la frialdad en vuestras demostraciones, aproximándoos a todo infortunio, cualquiera sea su origen y atraed hacia vosotros tanto la confianza del delincuente cuanto la curiosidad del malvado y la gratitud del afligido.

Calmad los clamores de vuestra conciencia con la reparación del fraude y de la injuria. Esperad el perdón de Dios purificándoos con el arrepentimiento.

Elevaos marchando por el sendero de la virtud, vosotros que habéis desechado los hábitos del hombre viejo, aproximaos a la luz, vosotros que habéis comprendido la vaciedad que el Espíritu encuentra en medio de los errores. Aliáos conmigo vosotros que sentís que soy yo quien os habla aquí. Marchemos hacia la gloria de haber fundado la Religión Universal sobre la Tierra y de haber hecho penetrar en el Espíritu humano el desprecio hacia la muerte corporal, con la esperanza divina de los bienes eternos.

Honremos, hermanos míos, el fin de este discurso con una invocación de nuestros Espíritus al Espíritu Creador y detengámonos en el recogimiento y en la adoración de nuestras almas.

Dios nos bendecirá juntos, si os eleváis a las alturas de la gracia (3) y si prestáis fe a mis palabras, Dios os dará fuerzas si oráis con fervor y si practicáis el amor.

¡Dios del Universo!, Padre nuestro misericordioso y todopoderoso, haz descender la luz de tus miradas sobre tus hijos. Haz descender sobre sus Espíritus la gloria, la grandeza, las perfecciones de tu naturaleza; para que ellos se inclinen ante tus decretos y que gocen de la esperanza en medio de las pruebas y de los dolores humanos. A todos proporciónales la tranquilidad y el perdón. Prodígales a todos la abundancia de los consuelos. ¡Que tu Justicia ilumine de más en más el don de las alianzas fraternas y que tu misericordia baje a socorrer a los desviados!

(3)No puede caber la menor duda respecto de la diferencia fundamental que existe entre el significado que Jesús atribuye a la palabra gracia y ¡a que se le da en la llamada doctrina de la gracia.
La gracia para Jesús significa una posición elevada del Espirita, conquistada por sus propios méritos en las leyes de Dios. -O.R.

¡Avergoncémonos de la idolatría! — ¡Nosotros queremos adorar un solo Dios.

Avergoncémonos del egoísmo. Nosotros queremos sacrificarnos cada uno para todos y todos para con el deber!

¡Avergoncémonos de nuestro apego a los bienes perecederos! — Queremos vivir en el cumplimiento de la justicia y amontonando tesoros para la vida futura. ¡Avergoncémonos del ocio! — Nosotros queremos amamos, ayudarnos y respetar las obras de Dios.

¡Hagámonos fuertes en contra de los instintos de la animalidad! Vivamos sobriamente en el seno de las riquezas de Dios y honradamente en el amor dictado por la naturaleza material.

¡Sublevémonos en contra de la servidumbre del pensamiento y de la esclavitud del Espíritu! Queremos luchar en favor de la emancipación y del progreso, en favor de la alianza universal de los pueblos y de la marcha de la humanidad hacia Dios.

¡Haz, pues, oh Señor, que el poder de tus Espíritus de luz baje hacia nosotros!




Extracto de Vida de Jesús dictada por el mismo.

104 lecturas

Comentario de lectores

Ninguno para este artículo