Jesús define brevemente el origen y desarrollo del Espíritu.

Jesús ~ Jeshua


CAPITULO VIII

Jesús define brevemente el origen y desarrollo del Espíritu. Su ascensión hacia Dios por el progreso. Viernes Santo. Jamás Jesús pretendió pasar por Dios.


DEFINAMOS HOY hermanos míos, la gracia inherente a la naturaleza humana y ascendamos los escalones que llevan al conocimiento de la creación del hombre. Parto de un principio y digo, que el libre albedrío y el sentimiento de la responsabilidad de las acciones le son dados al hombre en el estado natural y primitivo. Digo, que el alma humana los desarrolla a medida que su luz intelectual se hace más viva, y añado, que esta luz intelectual es propia del Espíritu.

El Espíritu es una creación de Dios, de la que él alma fué la promotora y la materia su expresión.

El Espíritu adquiere cada vez mayor lucidez para desarrollar su principio espiritual y amortiguar sus primitivas tendencias, enteramente animales.

El Espíritu del hombre nuevo no puede concebir las alegrías espirituales, pero se mantiene, en sus relaciones materiales, ajeno a toda demostración de ferocidad, cuando trae de su precedente habitación instintos dulces y en armonía con el estado social que abraza.

El Espíritu del hombre nuevo se hace delincuente cuando trae de su precedente habitación el deseo de las demencias atroces y el gusto por las luchas furiosas.

El hombre nuevo debe su fácil desarrollo o su embrutecimiento prolongado a la intervención de los Espíritus de que está rodeado y el progreso del mundo se encuentra obstaculizado por el bajo nivel moral de todos. La Tierra le debe a su Creador el justo tributo de su propio progreso y la Tierra en cambio demora siempre este progreso como si le fuera dificultoso el descubrir la meta y el origen, como si ella desconfiara del porvenir y quisiera ignorar el pasado.

Todos los hombres se han ocupado del destino del hombre, mas todos echaron una sombría mirada de desaliento sobre el origen del hombre. Yo voy a daros algunas nociones respecto de dicho origen, aun cuando estas nociones hubieran de ser acogidas con el escepticismo propio de la época, cuyo triste resultado moral yo deploro. La creación, hermanos míos, no se encuentra tan por encima de la fuerza de vuestra inteligencia que no se pueda explicárosla con un razonamiento humano. Me ofrezco por lo tanto a vosotros, como un filósofo de la Tierra, como un Espíritu, cuyas investigaciones se vieron coronadas por el éxito y llamo con ello vuestra atención. Volveré a tomar después mi nombre y mi título, ahora no soy sino un amigo vuestro, que viene a comunicaros las impresiones recibidas por él en regiones más favorables para la educación moral e intelectual de los hombres.

Me presento como un profesor de bellezas desconocidas y tomo la palabra con el deseo de iluminaros. Estudio desde hace siglos, adoro el poder divino y alimento con su luz la linterna que yo poseo.

Hermanos míos, para que el cuadro de la creación sea comprensible para vosotros es necesario admitir como punto de partida: el alma, como facultad sensitiva; el Espíritu, como facultad pensante; la materia, como facultad demostrativa, en el mundo en que habitáis.

El alma, como dependencia del principio vital universal; el Espíritu, como creación de este principio vital; la materia, como expresión de la sensibilidad y de la inteligencia.

Mis desarrollos respecto del Espíritu formarán el tema de este capítulo. Es necesario por consiguiente establecer una base para la demostración y determinar las funciones del Espíritu, completamente distintas de las del alma.

El alma es el principio del movimiento y de las sensaciones. El alma es el soplo divino que se desliza y se reanima por la fuerza de la materia, que se alimenta de las fuerzas de la naturaleza carnal y que concluye por su debilitamiento.

El Espíritu es una dependencia del alma y de la materia; al principio se caracteriza por el recuerdo, que establece la personalidad, convirtiéndose en una criatura inteligente, por el continuo desarrollo de su naturaleza, desarrollo inherente a la transformación y emancipación de sus demostraciones exteriores y de sus deseos íntimos.

En las razas de Espíritus inferiores la memoria está circunscripta a hábitos naturales y a combinaciones pueriles. En las razas más elevadas la memoria se convierte en la fuente del progreso, dirigiendo su luz sobre las faltas cometidas en el pasado. En las regiones enteramente espirituales la memoria saca del pasado enseñanzas preciosas para comprender y hacer comprender el porvenir. El Espíritu se convierte en un iluminado con respecto a los designios de Dios y se eleva sin descanso hacia las verdades eternas, cuyas profundidades ya ha medido.

En las primeras manifestaciones de su personalidad, el Espíritu procede como los niños en los mundos carnales; camina con temor y dirige miradas de sorpresa sobre todo lo que aún no llega a concebir; armoniza sonidos cuyo significado nadie comprende sino los Espíritus de su orden; huye de la luz, que le inspira temor y se acerca a la llama, que lo divierte; presta poquísima atención a las enseñanzas de su vida y no le atraen más que los goces presentes; nada prepara y muy poco recuerda.

Durante el completo ejercicio de sus fuerzas, el Espíritu se vuelve malo por cálculo, de malo que era por el ocio o por los desordenados deseos de sus instintos materiales. En medio de la luz de sus deberes, el Espíritu se convierte en delincuente, olvidándolos para satisfacer pasiones cuya perniciosa influencia él conoce, y desde esta degradación moral el Espíritu cae en la turbación de la muerte para despertarse entre las angustias de la duda y en las tinieblas del error. Cuando el Espíritu humano cae entre los goces bestiales, aunque sin delinquir pero ingrato hacia Dios, pierde la pureza de su alma. Engolfado en divagaciones enfermizas, el Espíritu humano pierde a menudo de vista el verdadero objetivo de la vida carnal y su ciencia, tan estimada de los hombres, no le proporciona la paz del corazón y la salud del alma. ¿Qué es el alma si no la parte sensible del Ser, el derecho de sentir y de aspirar, la capacidad de gozar y de sufrir?

El espíritu del animal que os sigue como primero después de vosotros, hombres nuevos, es incapaz sin duda de arbitrar mejoras y fantasías de comodidades, ¿pero quién le impedirá a su alma de concebir el dolor, de llorar la separación, de alegrarse por la maternidad y de entregarse a las expansiones del amor?

El Espíritu de ese hombre nuevo, oh hombres ancianos, se encuentra ciertamente desprovisto de las facultades adquiridas por vosotros en el ejercicio de los dones de Dios; pero su alma no tiene ninguna diferencia con la vuestra, cuando son iguales las fuerzas morales. Me explicaré: Si vuestro Espíritu, en el ejercicio de los dones de Dios, es decir, en el camino de los goces y de los conocimientos adquiridos, dejó vuestra naturaleza humana llena de vicios, puesto que se inclinó al mal el libre ejercicio de vuestras facultades, el alma se resiente de este embrutecimiento y permanece inerte en la sensación de las alegrías que le son inherentes y como desheredada por el distribuidor de estas alegrías. El Espíritu concibe las buenas acciones y el alma se felicita por ello. El Espíritu descubre la verdadera fortaleza y la verdadera justicia, fortaleciéndose el alma por el impulso que con ello se le da. El Espíritu honra la ley de los mundos y destierra de su naturaleza brutal el gusto por las infracciones de esa le
y y el alma le presta la sensibilidad de su esencia para armonizar los preceptos de la ley con el sentimiento del beneficio y el horror hacia la crueldad. Si el Espíritu titubea en seguir la luz del mejoramiento, el alma sufre y llora. El alma eleva la voz en el silencio, en la soledad y esta voz se llama: la conciencia.

El alma es la conciencia del Espíritu, el alma es la elevada expresión de la moral, colocada en el Ser como semilla de porvenir.

El alma en los anímales destructores parece asfixiada por la ferocidad del espíritu, mas en cuanto el espíritu mejora, el alma Toma la fisonomía que le es propia, es decir, que domina los instintos groseros, hasta donde le permite el desarrollo de su inteligencia. - Ella se anuncia por medio de la potencia de las emociones tiernas y por la manifestación de saciedad de los placeres corrompidos. - El alma se adueña de la situación cuando las facultades del Espíritu (1) pierden su prestigio sobre la materia, mas en este caso la marcha humana se debilita y la derrota se hace completa a causa de la ruptura de la trinidad, el alma, el cerebro y el cuerpo. - El Espíritu no ofrece entonces más que demostraciones y la dilatación de los órganos, de los que precisa por no tenerlos más, los sonidos del pensamiento se desvían como los sonidos de una voz escuchada por oídos afectados de sordera.

El pensamiento es la labor del Espíritu, el Espíritu piensa siempre. - El Espíritu marcha hacia adelante por el ensanchamiento de su pensar. - El Espíritu no pierde su equilibrio en la locura sino que la debilidad de su instrumento hace imperfectas o nulas sus manifestaciones. - El Espíritu se agita durante la fiebre porque su organismo se encuentra enfermo. El Espíritu pierde su poder de iniciativa en la vejez por el desgastamiento de su medio de manifestación. El Espíritu también durante la locura ilumina con sus relámpagos, pero pronto se cansa de la lucha y esta lucha determina el fin de la vida corporal. El Espíritu no se descubre en la infancia porque el cerebro no tiene el desarrollo conveniente, del mismo modo que en la vejez el sentimiento de la animalidad domina la naturaleza humana; pero a medida que se adquieren fuerzas, el Espíritu (2) se evidencia al través de la niebla que lo envuelve demostrando su carácter y sus aptitudes.

El Espíritu no ha permanecido inactivo después de su última etapa en un mundo carnal, mas el estado de sopor producido por una nueva emigración le quita la sensación de su poder, y ahí como en otra parte la memoria se debilita en el sentido del mantenimiento de los decretos de Dios.

La memoria del niño y la memoria del hombre recogen del pasado tan sólo las tendencias y los gustos, de los que la presente existencia ofrece la prueba innegable. La memoria del niño se manifiesta en sus inclinaciones, la memoria del hombre unas veces ilumina con la luz del genio su nueva carrera y otras evidencias facultades pueriles o alumbra su ruta con la luz siniestra de delitos vergonzosos o inmundas orgías del Espíritu.

(1)Entiende decir sin duda la razón, por cuanto el desequilibrio entre ella y el sentimiento trae lo que en seguida dice: el estancamiento del progreso humano por falta de armonía entre el corazón y el cerebro, es decir, entre el sentimiento y la inteligencia y el medio de su realización en el mundo, que es el cuerpo.

(2) Si bien observamos, de todo lo dicho se deduce que el principio volitivo, sensitivo y pensante tiene su asiento y su punto de partida en el alma, pero es el Espíritu el que nos lo manifiesta.

Ello quedaría aclarado con la doctrina otras veces manifestada por el Maestro, de que el Espíritu es la personalidad, Constituída del alma y del periespíritu.

Si en un momento dado aparecen resplandores de la memoria del Espíritu en el cerebro humano, el Ser se encuentra elevada en un éxtasis de poesía en medio de visiones da lejanas armonías; si son otros los reflejos de esa memoria que relampaguea en el cerebro, el hombre puede convertirse en un innovador.

El poder de la memoria lleva consigo la luz que alumbra el sendero humano y la sensación del Ser en el vasto horizonte de los descubrimientos, es un recuerdo confuso de los anteriores esfuerzos de cada uno. El hombre se siente empujado hacia el progreso por la memoria y nada queda perdido para él a pesar de las interrupciones momentáneas de sus fuerzas intelectuales. Las privaciones de la inteligencia no llevan consigo el anulamiento dé sus esfuerzos y el reposo del Espíritu nada les quita a su penetración y a su actividad futura.

El sentimiento de las luces intelectuales resulta del adelantamiento del Espíritu. La tendencia moral hacia las bellezas de la naturaleza demuestra la sensibilidad del alma y esta sensibilidad se encuentra casi siempre asociada con el progreso del Espíritu.

La lucha de los instintos carnales con el principio espiritual que anima al Espíritu adelantado es el trabajo impuesto a este Espíritu. El testimonio de su victoria le asegura un aumento de facultades morales e intelectuales para su nueva peregrinación.

El fracaso repentino de! principio espiritual en la lucha, sumerge el Espíritu en el estupor, en el reposo humillante, en el debilitamiento de las aspiraciones divinas, en el remordimiento y en el abatimiento del alma.

No quiero seguir en su expiación a los Espíritus que han desmerecido de sí mismos porque el argumento de mi exposición es ajeno a la descripción de los tormentos inherentes a toda culpa correspondiéndole tan sólo tratar de las gracias derramadas sobre el Espíritu del hombre que ha permanecido firme en medio de la luz alcanzada en sus anteriores existencias. Me tomo la tarea de probar la elevada enseñanza de la llamada con propiedad gracia, de la gracia otorgada a la naturaleza humana de conocer su origen y su destino, mediante el aprendizaje de sus deberes y en virtud de las manifestaciones de la verdad.

En la naturaleza humana, he dicho, existen Seres nuevos y Seres renovados.

Espíritus salidos recién del embrutecimiento material, sin otro reflejo de luz que lo guíe más que el instinto del alma, que dominando al Espíritu, se encuentra a su vez dominada por la materia. Espíritus que han pasado por esperanzas de vida, por sufrimiento de degradaciones, por abatimientos, por alegrías, por relámpagos, por caídas, por éxtasis de felicidad, por tristezas, por glorias, por martirios. Espíritus cuyos sufrimientos fueron hijos de sus excesos y a los que el horror de la muerte los ha arrojado en medio del terror y del arrepentimiento, Espíritus que están llamados a sostener a sus hermanos y a ascender las gradas del poder espiritual. Espíritus fuertes por el desarrollo de su inteligencia. Espíritus dispuestos al bien por el desarrollo de sus facultades, preparados para la felicidad por su sentimiento de justicia y dominados por el deseo de las investigaciones.

Baso mi definición sobre la dependencia de las fuerzas intelectuales de la naturaleza espiritual y digo: que la medida de la inteligencia es proporcional a la extensión de los conocimientos adquiridos por el Espíritu, en los desarrollos alcanzados en las sucesivas existencias temporales y de alianzas productivas, en sí camino ascendente de las facultades del alma y en la actividad del elemento divino. La ciencia humana ha llegado a demostrar la influencia efectiva de las funciones del cerebro sobre las manifestaciones intelectuales, pero este hecho, material para los ojos de los humanos, guarda dependencia con el organismo espiritual, por cuanto el cerebro no es más que el espejo del Espíritu y el Espíritu se ve colocado en un medio que le es favorable para cumplir los decretos de Dios y llenar los fines de su creación.

Todos los Espíritus deben descubrir el poder de Dios y la dependencia de su propia naturaleza. Todos los Espíritus deben estudiar el origen y el objeto de la existencia, pero deben al mismo tiempo dominar el instinto natural de la materia para convertir este descubrimiento y este dominio en el pedestal de su grandeza espiritual. Todos los Espíritus humanos, aunque tuvieran que permanecer siglos en la ignorancia, no saldrán de esta ignorancia sino cuando sus tendencias carnales (1) hayan sido finalmente anuladas, mediante esfuerzos de paciencia y pruebas de pureza en presencia de la elevada esperanza de los bienes fastuosos de la espiritualidad.

Hermanos míos, en el mundo en que habitáis, las influencias del círculo de vuestras alianzas y la ceguera del Espíritu no le permiten al pensamiento elevarse hasta los deliciosos goces de la espiritualidad. El no es capaz de desprenderse de los objetos materiales y pocas veces le es dado meditar sobre la potencia de Dios, sintiéndose en seguida desviado por las aparentes contradicciones recogidas en el mismo seno de la naturaleza terrestre; mas la fuerza de la gracia está ahí, la luz de Dios hiende las tinieblas, la voluntad del Espíritu despedaza el yugo que lo aprisiona. Entonces el Espíritu humano, pobre aún, pero resuelto a conquistar su engrandecimiento, rasga el velo que le esconde la adorable figura de Dios.

¡Oh, divina naturaleza del alma! ¡Arroja tus lazos y tus dulzuras sobre el camino del hombre, en medio de las tribulaciones materiales y concede los dones de la ciencia a los que te reconocen como elemento de vida y de felicidad! ¡Sé la alegría de los creyentes y provoca entre ellos las ideas de reformas, refina sus gustos, ensancha sus pensamientos y procúrales honores de alta moralidad! - Haz que baje entre las sombras de las pasiones la tranquila claridad, calma la fiebre de las pasiones, destruye las causas del delito, aplicando a todos los males el bálsamo de la palabra celeste! - ¡Conviértete en el consuelo de los justos, pero da también aviso a los pecadores y haz la luz en la noche de sus Espíritus! -

¡Bella y santa poesía del alma! - ¡Domina las humillaciones de la materia carnal y conviértete en la fuente de los mejoramientos del Espíritu humano! - Hermanos míos, la dependencia del Espíritu humano, de la naturaleza espiritual del alma es la base del pensamiento eterno de Dios para convertir las criaturas en el objeto de su amor. - El principio de la Religión Universal descansa sobre esta base, que os demuestra el hombre en su porvenir, libertado del yugo de los vicios de la naturaleza carnal y resplandeciente de los atributos del alma, cuya naturaleza es divina.

(1)Estas tendencias, siempre que no sean viciosas, son inherentes a la naturaleza animal del hombre y aseguran la persistencia de la especie, puesto que es todavía un instinto, apenas depurado, el que preside a la formación de la familia por la atracción sexual inconsciente. Si la teoría del amor libre es una teoría, más que inmoral, bestial, la constitución de la familia es más una necesidad social que una virtud. Así también es sólo nuestro atraso el que nos hace considerar el amor materno como el más sublime de los sentimientos mientras es tan sólo hijo de la relación carnal que media entre los padres y los hijos. Ese amor sería verdaderamente sublime si la mujer madre lo manifiesta hacia niños que no fueran sus hijos, como suele suceder. En cuanto a las tendencias carnales son inherentes al grado de evolución en que nos encontramos. Un grado superior tal vez dé por resultado el no precisar más de la reencarnación, por cuanto el periespíritu carecería de la materialidad suficiente para poderse relacionar con el plano físico. — O. R.

Alejo de mi pensamiento el recuerdo del embrutecimiento del hombre y demuestro a sus miradas el desarrollo futuro de su naturaleza espiritual, colocando como principio el indicado resultado de los esfuerzos del Ser y de la multiplicidad de conocimientos adquiridos. Mas debo deducir de todo lo dicho que los esfuerzos del trabajo y la multiplicidad de las luces determinan el adelanto del Espíritu y describen el círculo de sus atribuciones en el eterno pensamiento divino. Aparto de mi naturaleza el cuadro de los humillantes errores del Espíritu humano, pero aspiro a su regeneración y esta aspiración llegará a ser una realidad. - Aparto la vista de los hábitos monstruosos, de los negocios deshonrosos, de las prepotencias, de los delitos, de los horrores, de las corrupciones y veo en el fondo del cielo de mi alma, desarrollados, cambios, elevaciones, honores y fuerzas para conquistar el poder espiritual.

En retardo para con su naturaleza espiritual, los hombres se convierten en fratricidas e impíos; vueltos a la felicidad que proporciona la memoria del alma, comprenderán el destino de sus Espíritus y la justicia del fardo que constituyen las pruebas de la vida corporal. Sabrán armonizar las potencias del impulso carnal, con la solidez de las reglas del orden superior y recogerán el dulce fruto de la oración, cuándo esta oración sea dirigida al Creador del Universo, cuyas obras serán respetadas y observadas sus leyes.

Todos colaborarán en los propósitos divinos cuando se entreguen al trabajo reconociéndolo como la causa del acrecentamiento de la fuerza y de la inteligencia, que nos aproximan a Dios. - Los hombres se encuentran alejados de Dios. - Los Espíritus de la Tierra son inferiores como familias y como individualidades. La elevada expresión de la inteligencia divina los encuentra fríos y escépticos, el desarrollo de su órgano auditivo no está en relación con las armonías de la gracia, de cuyos dones están rodeados, y la pureza del elemento espiritual los hace parecer larvas que se arrastran por encima de las carnes putrefactas de un cadáver. Mas, lo hemos dicho ya, la gracia de la fuerza está ahí... la luz de Dios penetra al través de las tinieblas, la voluntad del Espíritu despedaza el yugo que lo aprisiona, y por lo tanto el Espíritu humano, pobre aún, pero resuelto a engrandecerse, rasga el velo que le esconde la adorable figura de Dios.

El fin de los Espíritus es el de progresar y poco importa la naturaleza de los obstáculos que los rodea. ¿Qué pueden importarle las ambiciones mezquinas de su demora momentánea en la vida material? La desproporción de los alcances intelectuales con relación a la idea de la verdadera justicia y de las elevadas gracias, que por todas partes los rodean, ha de desaparecer por efecto de la voluntad y se ha de evidenciar la naturaleza espiritual cuando se borre la materialidad bajo el imperio de mayores progresos y de alianzas más nobles en manifestaciones del alma.

Los Espíritus de la Tierra se encuentran alejados de Dios a causa de la inferioridad de su naturaleza, que los somete a leyes monstruosas de impiedad y a costumbres de bárbaros goces. Pero Espíritus de más elevada naturaleza vienen a emancipar el pensamiento y a ensanchar el criterio de los Espíritus de la Tierra y a menudo les son concedidas fuerzas de luces especiales que les permiten, mediante apoyos de naturaleza intermediaria, poderse sostener en medio de estos Espíritus atrasados, en medio del ambiente oscuro y de sufrimientos de la humanidad.

Pobres Espíritus terrestres! Humillaos ante la ciencia de los delegados de Dios, para abreviar el camino hacia vuestra espiritualidad. Permaneced a la espectativa de los bienes futuros, caminando de una manera activa y consciente en medio de las pasiones y de los males de la humanidad, para reprimir las tendencias perniciosas de vuestra naturaleza y para aliviar a los más miserables entre vosotros. Aprended a daros cuenta del objeto de vuestra existencia y proseguid el trabajo de vuestra regeneración, a pesar de la presión que el Espíritu debe soportar por efecto de la lucha y del alejamiento de los hombres entregados a los goces y al orgullo. Buscad ayuda y consuelos en la fuente de la Divinidad y aligerad el fardo de los dolores propios de la naturaleza corporal con el empleo de las fuerzas de la naturaleza espiritual.

Sí, hermanos míos, es realmente Jesús quien os habla, mas la alegría intelectual derivada de las manifestaciones de su Espíritu no puede ser concedida sino a los que han empezado la tarea de su purificación, el trabajo de su desmaterialización, a los que han entrado ya por el camino de las reformas de su propia naturaleza animal y por el de las luchas en contra de sí mismo, en contra de todas las pasiones desorganizadoras del alma, en contra de todos los vicios que hacen descender al Espíritu al nivel de los brutos, en contra de la ambición de los bienes terrestres, en contra de la facultad pensante que traza tan solo culpables ficciones, malas doctrinas, delirios de imaginación dignos de lástima, falsos estudios filosóficos, tristes soluciones, despreciables negaciones de la existencia de Dios.

Descubrid vuestros destinos, hermanos míos, en la manifestación espiritual.

Practicad excursiones en medio de la luz y libertad vuestras almas de los lazos que las oprimen. Permaneced defensores del libre pensamiento, Oh, vosotros que deseáis la emancipación del Espíritu!, pero haced participar en la discusión el gran nombre de Dios e inclinaos ante los testimonios de su poder y de su amor. Acumulad tesoros de ciencia, pero recordad que sin la debida participación del Espíritu no existen verdaderos triunfos para el hombre y abandonad el tonto orgullo y el insolente desprecio de las naturalezas inferiores por lo que saben y por lo que no saben, por no alcanzarlo a concebir.

Influid en favor de la educación general de las masas y emplead vuestras facultades para el bien general. - Buscad creyentes para la Religión Universal, haciéndoos sus Apóstoles. – Ella quiere la fraternidad entre los hombres y la devoción para con Dios, busca el elemento divino en su pureza y la paz en el mundo, relaciona el amor de la familia con el amor entre todos los Espíritus, se aproxima a la habitación humilde lo mismo que a la fastuosa morada, y explica el porqué del rigor de las pruebas al lado de la abundancia de los dones; el por qué de la grandeza de las ideas al lado de la desnudez del Espíritu, del camino de los honores al lado del estancamiento de las facultades, de la posesión de grandes inteligencias al lado del desarrollo puramente vegetativo del hombre en sus fases de crecimiento y dé pausa. Humillad la naturaleza carnal en lo que ella tiene de bestial.

Destruid la vergüenza en el matrimonio reemplazándola por la sinceridad y la delicadeza del amor.

Huid de la gloria adornada de sangre, de las alegrías compradas con el precio de la deshonra, de los humos de la embriaguez y de las tentaciones de la carne.

Haced que bajen hacia vosotros las fuerzas de la Patria Celeste, pidiéndolas con él fervor de un alma llena de esperanza y Orad, como oran los ángeles, sin mezcla de debilidad y con la abnegación de las grandes almas.

Llevad en el cumplimiento de las leyes humanas la fuerza demostrativa del Espíritu, que lucha en contra de la sensibilidad del alma, pero dejad que el alma hable para endulzar la suerte del condenado. Id a la casa del pobre para dar pruebas de fraternidad. Castigad el asesinato pero jamás matéis al asesino: el derecho de muerte sólo a Dios pertenece.

Haced descansar la ley humana sobre la ley divina y levantad al culpable después de la expiación para inducirlo hacia el camino de la rehabilitación y de la libertad.

Despojad al hombre anciano de todas sus vejeces rejuveneciéndolo en todo sentido y escribid sobre su rejuvenecimiento esta máxima religiosa humanitaria y fundamental:

Dios para todos y cada hombre para sus hermanos.

Decid a todos los Espíritus que la gracia se adquiere por el buen empleo de todas las facultades y poned en obra para la regeneración social la penosa pero gloriosa actividad de los nobles Hijos de Dios, de los inteligentes y de los fuertes, mandados en auxilio de los ignorantes y de los débiles.

Entonces, hermanos míos, Jesús no os parecerá más tan lejos de vosotros y las manifestaciones de su Espíritu arraigarán las convicciones en los vuestros, así como la dulce piedad de su alma atraerá los entusiasmos de vuestros corazones. Me despido de vosotros, hermanos míos, hasta vernos en el noveno capítulo de esta historia.




Extracto de Vida de Jesús dictada por el mismo.

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