El dormir, los sueños y la consciencia. II

Seth


21.20 LUNES

(Seth nos transmitió cinco páginas de datos personales para Jane y para mí, antes del material que sigue. Continuó con el dictado del capítulo ocho de su libro después de una pausa a las 22.10.)

(Divertido:) Dictado.

(–Muy bien.)

Es bien conocido que en el estado de sueño hay fluctuaciones de consciencia y lucidez. Algunos períodos de actividad de los sueños "reemplazan" verdaderamente algunos estados de vigilia. Pero también existen fluctuaciones en la consciencia normal cuando se está despierto, ritmos de intensa actividad de consciencia seguidos de períodos mucho menos activos.

Algunos estados de vigilia son, por supuesto, muy parecidos a los estados de sueño. A veces uno se funde con el otro y así el ritmo pasa desapercibido. Estas gradaciones de consciencia están acompañadas de cambios en el organismo físico. En los períodos más indolentes de la consciencia despierta hay una falta de concentración, un mayor o menor aislamiento de los estímulos, un aumento de accidentes y, por lo general, un descenso del ritmo corporal.

(22.28.) Debido a vuestra costumbre de dormir durante un período largo de tiempo, seguido de un largo período despiertos, no podéis beneficiaros de estos ritmos de la consciencia. Los puntos máximos se suavizan hasta cierto punto, e incluso pasan desapercibidos. Los contrastes agudos y la eficacia natural de la consciencia despierta se utilizan muy raramente.

Bien. Os doy este material ahora, porque os ayudará a comprender y usar vuestras capacidades presentes. Le estáis exigiendo demasiado a vuestra consciencia normal de la vigilia, ya que suavizáis sus altibajos de actividad y a veces le pedís que vaya adelante a toda marcha cuando está en un período de baja actividad, con lo que os negáis a vosotros mismos esa posibilidad de gran movilidad que posee.

(22.33.) Las sugerencias que os he dado anteriormente en este capítulo sobre vuestros hábitos de dormir traerán consigo el uso natural de esos ritmos. Podréis experimentar más frecuentemente el apogeo de la consciencia, con lo que aumentará la concentración, se verán los problemas con mayor claridad, y se utilizará mejor la capacidad de aprender.

(Con anterioridad, durante el día, yo había comentado con Jane que el adverbio «mucho» estaba apareciendo en el texto del material con bastante frecuencia. En ese momento Seth–Jane se inclinó hacia adelante y sonrió burlonamente.)

Iba a decir: «y se utilizará mucho mejor.»

(–Sí.) Ese largo período que tiene la consciencia en estado de vigilia sin períodos de descanso desarrolla sustancias químicas en la sangre que luego se eliminan durante el sueño. Pero, mientras permanecen en el cuerpo, le producen indolencia y bajan el nivel de concentración consciente. En consecuencia, el período largo de sueño al que estáis acostumbrados resulta necesario. Entonces se entra en un círculo vicioso. Esto fuerza a la sobreestimulación durante la noche, aumenta el trabajo del cuerpo, y lo obliga a realizar constantemente durante largos períodos purificaciones físicas que podrían realizarse perfectamente en períodos de descanso más breves. El ego se siente amenazado por la larga «ausencia» que debe soportar, se vuelve receloso del sueño, y pone barreras a los sueños. Gran parte de todo este proceso es muy artificial.

(22.42.) El resultado es una aparente dualidad y la desconfianza de una parte del ser hacia la otra. Durante este proceso se pierde mucho material creativo de gran valor práctico. Los procedimientos mencionados permitirían un mayor acceso a esa información, y el “yo” despierto se sentiría más descansado. El simbolismo de los sueños aparecería con más claridad, en lugar de perderse, como ahora, en las muchas horas dedicadas al sueño.

La fuerza muscular resultaría beneficiada. La sangre haría una limpieza más eficaz que cuando el cuerpo permanece postrado durante tanto tiempo. Y, sobre todo, habría –si me lo permitís– mucha mejor comunicación entre las capas subjetivas del ser, una mayor sensación de seguridad y, particularmente en los niños, aparecerían más tempranamente signos de habilidades creativas.

Ahora podéis tomar un descanso o terminar la sesión, como prefiráis.

(–Nos tomaremos un descanso. De 22. 50 a 23. 04.)

Una consciencia clara, ordenada, brillante y poderosa necesita períodos frecuentes de descanso si quiere mantener su eficacia e "interpretar correctamente la realidad". De lo contrario distorsiona todo lo que percibe.

Las curas de sueño o de descanso –períodos muy extensos de sueño– resultan de ayuda como terapia en algunos casos, no porque el dormir durante un largo período sea beneficioso, sino porque la persona ha creado tantas toxinas que necesita dormir durante esos largos períodos. Los procesos de aprendizaje resultan claramente obstaculizados con vuestros hábitos cotidianos, ya que hay ciertos períodos en los que la consciencia está sintonizada con el aprendizaje, y en cambio vosotros forzáis el aprendizaje durante períodos mínimos no reconocidos. Las capacidades psíquicas y creativas resultan postergadas a causa de esta división artificial, lo cual trae consigo dualidades que afectan todas vuestras actividades.

En algunos casos, literalmente os forzáis a dormir cuando vuestra consciencia podría estar en un punto de máximo rendimiento. Esto sucede, casualmente, en el período anterior al alba. Por el contrario, en ciertos momentos de la tarde la consciencia baja y necesita un descanso que le es negado.

Si los estados de consciencia despierta se examinasen como se examinan actualmente los estados de sueño, advertiríais que hay un rango de actividad mucho mayor de lo que podríais suponer. Ciertos estados de transición se pasan totalmente por alto. Podría decirse que la consciencia realmente parpadea y varía su intensidad; no es, por ejemplo, un rayo de luz continua.

Ahora terminaré el dictado. Mis más cariñosos saludos a ambos.

(–Lo mismo para, ti, Seth. Gracias.)

(23.15. Cuando Jane salió del trance quedó sorprendida del rápido final de la sesión.)



SESIÓN 533, 1 DE JUNIO DE 1970
Extracto de LA ETERNA VALIDEZ DEL ALMA - HABLA SETH por JANE ROBERTS

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