La experiencia de la muerte. III

Seth


21.24 MIÉRCOLES

(John Barclay, un empresario en viaje de negocios, estuvo presente en la sesión. Trajo una cinta magnetofónica como había prometido. En ella había resumido los datos que Seth le había dado sobre su vida profesional a lo largo de un período de varios años, y las razones por las que ésta había funcionado o no. Los resultados eran buenos.)

(Como suele hacer a menudo cuando hay testigos presentes, Jane empezó a transmitir con ritmo rápido y animado. Tenía los ojos completamente abiertos, muy oscuros, y la voz más fuerte de lo normal. Parecía como si sacara energía extra de John y la pusiera a trabajar enseguida.)

Buenas noches.

(John y yo. –Buenas noches, Seth.)

Buenas noches al amigo presente. Espero que me disculpes si sigo con el dictado de mi libro. Tengo que aprovecharlo (señalándome) cuando puedo conseguirlo, si quiero terminar mi libro.

(De muy buen humor:) Estamos escribiendo una larga historia. Continuemos con el dictado, pues.

Uno de los alumnos de Ruburt se preguntaba si había algún tipo de organización en las experiencias inmediatas a la muerte. Debido a que ésta es una pregunta que muchos se plantearán, la voy a tratar aquí.

Antes que nada, después de lo que he dicho hasta ahora, debería ser obvio que no hay una sola realidad después de la muerte, sino que cada experiencia es distinta. Aún así, estas experiencias individuales ocurren en determinadas dimensiones. Por ejemplo, hay un estado inicial para aquellos que continúan muy enfocados en la realidad física y para aquellos que necesitan un período de recuperación y descanso. En ese nivel habría hospitales y casas de retiro para los pacientes que aún no se han dado cuenta de que no hay absolutamente nada de malo en ellos.

En algunos casos el concepto de enfermedad está tan asumido, que sus días en la Tierra se han basado en este centro psicológico. Proyectan las condiciones de la enfermedad sobre el nuevo cuerpo al igual que lo hacían con el viejo. A estas personas se les aplican diversas clases de tratamientos de naturaleza psíquica, y se les dice que la naturaleza de sus creencias es la que ocasiona esas condiciones a su cuerpo.

(21.32.) Muchos individuos no necesitan pasar por ese período en particular. Huelga decir que los hospitales y centros de aprendizaje no son físicos; de hecho, a menudo se mantienen gracias al conjunto de guías que llevan a cabo los planes necesarios. Podéis llamar a esto alucinación colectiva, si así os lo parece; pero, para aquellos que se encuentran en esa realidad, los acontecimientos son bastantes reales.

También hay centros de aprendizaje. En ellos se explica la naturaleza de la realidad según la capacidad individual para entenderla y percibirla. Con algunos habrá que usar las parábolas conocidas, al menos inicialmente, y luego se los irá apartando gradualmente de ellas. En esos centros hay ciertas clases en las que la instrucción se da en provecho de aquellos que escogen volver al entorno físico.

En otras palabras, se les enseñan métodos que les permiten traducir las emociones y los pensamientos a la realidad física. No existe el retraso que forzosamente se produce en el sistema tridimensional entre el inicio de tales pensamientos y su materialización.

Todo esto ocurre más o menos a un nivel, aunque debéis comprender que aquí estoy simplificando el asunto hasta cierto punto. Por ejemplo, hay individuos que no tienen que someterse a esos períodos, pues, debido al desarrollo y progreso en vidas pasadas, están listos para empezar programas más ambiciosos.

Bien. Ya he mencionado ese desarrollo otras veces. Algunos de mis lectores que no son conscientes de poseer habilidades psíquicas podrían pensar que necesitarán un período largo y prolongado de aprendizaje después de la muerte. Permitidme que me apresure a deciros que tal capacidad no tiene que ser necesariamente consciente, y que gran parte de ella se desarrolla en los sueños, cuando sencillamente no sois conscientes de ello.

Ahora os sugiero un descanso y después continuaremos.

(–Espero que así sea– dije bromeando.)

Siempre lo hago. No os podréis librar de mí fácilmente.

(–De acuerdo.– De 21.42 a 21.58.) Bien. Puede que después de la muerte os neguéis a creer que estáis muertos, y continuéis enfocando vuestra energía emocional en aquellos que conocíais en vida.

Si estabais obsesionados con un proyecto particular, por ejemplo, podríais querer intentar finalizarlo. Siempre hay guías para ayudaros a entender vuestra situación, pero puede ocurrir que estéis tan absortos que no les prestéis atención.

En este capítulo no hablaré de los fantasmas, porque prefiero hacerlo separadamente. Bastará con decir que una excesiva concentración emocional en la realidad física puede frenar el desarrollo posterior.

Por supuesto, cuando la consciencia deja el cuerpo y está alejada durante cierto tiempo, la conexión se rompe, mientras que en las experiencias fuera del cuerpo la conexión se mantiene. Es posible que un individuo que ha muerto malinterprete totalmente la experiencia e intente reentrar en el cadáver. Esto puede suceder en el caso de que la personalidad se haya identificado casi exclusivamente con la imagen física.

Aunque no es muy frecuente, en ciertas circunstancias esos individuos intentarán reactivar los mecanismos físicos y se aterrorizarán aún más al descubrir en qué condiciones está el cuerpo. Otros han llorado sobre su cadáver después de que se hubieran ido los dolientes, sin darse cuenta de que están completamente enteros aún cuando el cuerpo haya estado enfermo o con los órganos dañados sin remedio.

Son como un perro cuidando su hueso. Aquellos que no hayan identificado por completo su consciencia con el cuerpo encontrarán que les es más fácil dejarlo. Los que hayan odiado su cuerpo descubrirán justo después de la muerte, aunque os parezca raro, que están muy apegados a él.

(22.07.) Todas estas circunstancias pueden ocurrir o no dependiendo del individuo de que se trate. Sin embargo, inmediatamente después de abandonar el cuerpo físico, os encontraréis dentro de otro, el cual tiene la misma forma que utilizáis cuando viajáis en las proyecciones fuera del cuerpo (y permitidme recordar de nuevo a mis lectores que cada uno de vosotros deja su cuerpo durante algún tiempo cada noche cuando duerme).

Esta forma parecerá física, aunque por lo general no podrá ser vista por aquellos que aún continúan en el cuerpo físico. Puede hacer cualquier cosa de las que vosotros hacéis ahora en los sueños: volar, pasar a través de objetos sólidos, y moverse según vuestros deseos para elevaros, digamos, de un lugar a otro a medida que pensáis en ellos.

Si a alguien le intriga saber qué puede estar haciendo, digamos, una tía que vive lejos, se encontrará allí. Sin embargo, "como norma" no podréis manipular objetos físicos. No podréis coger una lámpara o tirar un plato. Ese cuerpo es vuestro instantáneamente, pero no es la única forma que tendréis. A propósito: esa imagen no es nueva; ahora existe entretejida con vuestro cuerpo físico, pero vosotros no lo percibís. Después de la muerte, será el único cuerpo del que seréis conscientes durante algún tiempo.

(Pausa a las 22.15.) Más adelante y en muchos otros niveles, acabaréis por aprender a tomar conscientemente las distintas formas que escojáis. En cierta manera, podríamos decir que eso lo hacéis ahora, cuando convertís vuestra experiencia psicológica –vuestros pensamientos y emociones– bastante fielmente, aunque de un modo inconsciente, en objetos físicos. Podría suceder que, si después de la muerte os imagináis a vosotros mismos como niños, adquirierais de repente la forma del niño que fuisteis. Por tanto, durante cierto período de tiempo podéis manipular esa forma para que tome cualquier apariencia de las que tuvo cuando estaba conectada a vuestra forma física, en la vida física inmediatamente anterior. Podríais haber muerto a los ochenta años y después de la muerte imaginaros con la juventud y vitalidad que teníais a los veinte años, y encontrar que vuestra forma cambia para corresponder a esa imagen interna.

La mayoría de los individuos escogen después de la muerte una imagen más madura que normalmente corresponde al punto más alto de las capacidades físicas, sin tener en cuenta la edad en que se alcanzó ese punto. Otros, en cambio, escogen adoptar la forma que tenían en el momento justo en que alcanzaron el máximo desarrollo mental o emocional, sin tener en cuenta la belleza o edad que caracterizaba esa forma. ¿Me seguís?

(–Sí.)

Sea cual sea la forma que escojáis, os encontraréis cómodos con ella y normalmente la usaréis cuando queráis comunicaros con alguien que habéis conocido; aunque, para esas comunicaciones con los vivos, también podéis adoptar la forma que teníais cuando conocíais al individuo con el que queréis contactar.

Ahora podéis tomaros un descanso y yo contactaré de nuevo con vosotros.

(Jane, como Seth, apuntó a John Barclay, que estaba sentado a mi lado en el sofá. John había asistido esa tarde a una reunión de negocios en la que se había servido champaña, y ahora estaba somnoliento...)

Ahora está en estado de sueño.

(–Así parece.)

(John dijo sonriendo: –Sólo trataba de seguirte, Seth. Ve despacio.)

(De las 22.25 a las 22.37. Finalmente Seth interrumpió la larga conversación que Jane, John y yo teníamos durante el descanso.)

Bien. ¿Puedo continuar con el dictado?

Estos entornos de después de la muerte no necesariamente existen en otros planetas. No ocupan espacio alguno, así que la pregunta de dónde pasa todo eso básicamente no tiene ningún significado.

Tal pregunta obedece a vuestra errónea interpretación de la naturaleza de la realidad. De hecho, no es un lugar ni tiene una ubicación específica. Esos entornos existen en medio del mundo físico que conocéis, sin que los percibáis. Vuestros mecanismos de percepción simplemente no os permiten sintonizar sus frecuencias, ya que reaccionáis a un campo altamente específico aunque limitado. Como dije antes, otras realidades coexisten con la que os es propia; lo único que ocurre es que, en la muerte, os despojáis de la parafernalia física, sintonizáis otros campos y reaccionáis a otros presupuestos.

(22.43.) Desde ese otro punto de vista, podéis percibir la realidad física hasta cierto punto, pero hay campos de energía que la separan. Todos vuestros conceptos del espacio están tan distorsionados que resulta extremadamente difícil dar una explicación verdadera. Dadnos un momento. (Pausa.)

Por ejemplo, como vuestros mecanismos perceptivos dicen que los objetos son sólidos, insisten también en que el espacio existe. Bien. Lo que vuestros sentidos os dicen sobre la naturaleza de la materia es totalmente erróneo, y lo que os dicen sobre el espacio está igualmente equivocado, equivocado en cuanto a la realidad básica, pero bastante acertado por supuesto con respecto a los conceptos tridimensionales. (Con sentido del humor:)

En las experiencias fuera del cuerpo que tenéis cuando estáis vivos, os tropezáis con muchos problemas referidos al espacio, que luego encontraréis después de la muerte. La verdadera naturaleza del tiempo y del espacio resulta más evidente en esos episodios. Por ejemplo, después de la muerte no se necesita tiempo para poder ir a través del espacio. El espacio no existe como distancia: eso es una ilusión. Existen barreras, pero son barreras mentales o psíquicas. Así, hay intensidades de experiencia que en vuestra realidad son interpretadas como distancia en kilómetros.

Después de la muerte podéis encontraros en un centro de aprendizaje. "Teóricamente", ese centro podría estar en medio de vuestro actual salón, en el espacio físico, pero la distancia que habría entre vosotros y los miembros de vuestra familia que aún vivieran –que quizá estarían sentados pensando en vosotros o leyendo el periódico– no tendría nada que ver con el espacio tal y como lo conocéis vosotros. Estaríais más separados de ellos que si estuvierais, digamos, en la Luna.

Tal vez podríais dejar de enfocar vuestra atención en el centro y ver toda la habitación y sus habitantes; pero, aún así, esta distancia, que no tiene nada que ver con los kilómetros, seguiría existiendo entre vosotros.

(22.55.) Fin del dictado. Me temo que he mandado a dormir al amigo que está ahí. (Jane, como Seth, señaló a John. Éste rió.)

(John: –Siento haberte dado esa impresión, Seth.)

Fue una impresión real.

(John: –Esta noche me merezco una regañina.)

Bien. ¿Tienes alguna pregunta?

(John: –Sólo generales. Nada específico...– John y Seth se enredaron en una breve conversación, y la sesión terminó a las 23.04.)

(Mis notas originales de esta sesión incluían la larga transmisión de Seth en la clase de percepción extrasensorial de Jane de la pasada noche del 23 de junio de 1970. Seth también se refirió a la organización en esa sesión, pero a la organización tanto de nuestra realidad como la de otras. Como esa sesión contesta a preguntas que Jane y yo nos hemos hecho a menudo, la hemos incluido casi por completo en el apéndice de este libro.)



SESIÓN 537, 24 DE JUNIO DE 1970
Extracto de LA ETERNA VALIDEZ DEL ALMA - HABLA SETH por JANE ROBERTS

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