Los átomos también llevan su carga de conciencia...

Seth


SESIÓN DE UNA CLASE DE PERCEPCIÓN EXTRASENSORIAL: MARTES, 12 DE ENERO DE 1971

(La primera parte de la sesión estuvo dedicada a un miembro de la clase y a su renuencia a mirar más profundamente en su interior.)

Ella personifica en clase los sentimientos relativos al ser interno que todos vosotros tenéis hasta cierto punto. Ella muestra sus sentimientos de una manera exagerada para que vosotros los veáis, así que cuando ella habla no sólo lo hace en su nombre, sino en el de todos los que están en esta habitación, incluido Ruburt.

(A uno de los alumnos:) Tú, desde luego, has estado desempeñando un útil servicio a la clase, pero espero que esto cambie. Porque, cuando empieces a mirar en tu interior, serás un buen ejemplo para los otros, y así lo harás.

(Durante el descanso, Jane leyó extractos de un material relativo al gnosticismo. A esto siguió una discusión sobre los datos que Seth había comunicado en la clase de la semana anterior sobre la naturaleza pulsátil de los átomos y las moléculas. Esto, a su vez, nos condujo a considerar los posibles orígenes de los llamados fenómenos de los platillos volantes.)

Una pequeña nota: en cierto sentido estas pulsaciones representan lo que sucede en algunos de vuestros incidentes con los platillos volantes, pues vosotros no tenéis un vehículo semejante al que creéis percibir. Estoy refiriéndome solo a ciertos casos, cuando tenéis visitantes de otras realidades.

En realidad lo que sucede es que hay un intento de intercambiar unas realidades de camuflaje. Los seres que entran en vuestro plano no pueden aparecer dentro de él como ellos mismos; como su estructura atómica no es igual a la vuestra, tiene que haber distorsiones para que el contacto sea posible. Por tanto, recibís ciertos datos de los sentidos, e intentáis comprender lo que está pasando; pero los datos de los sentidos, es decir, el acontecimiento ya está distorsionado hasta cierto punto. Los vehículos físicos que se perciben con frecuencia constituyen vuestra interpretación del acontecimiento que está ocurriendo en realidad.

Nuestro amigo de ahí detrás (Paul W.) podría muy bien aparecer como un ovni en otro aspecto de la realidad y asustar a sus habitantes. Os olvidáis de que la conciencia es el único vehículo verdadero. Ninguna parte de vuestra conciencia está aprisionada en vuestro interior, sino que se materializa en un aspecto o el otro. Uso la palabra «materializa» porque tiene sentido para vosotros, pero es un poco confusa porque presupone una aparición en la materia, pese a que como sabéis, todas las realidades son no físicas.

Teóricamente es posible, por ejemplo, que uno de vosotros disperse su conciencia y se vuelva parte de cualquier objeto de esta habitación; o desmenuzarse, dispersarse en el espacio, sin dejar su sentido de la identidad. Esto no es práctico en vuestros términos, y no obstante muchos de vosotros lo hacéis para obtener beneficios cuando dormís. Debido a sus características propias, la conciencia lleva la carga de la percepción. Éste es el tipo de conciencia que estáis acostumbrados a concebir. No podéis imaginarla sin percepción; y, no obstante la conciencia puede ser vital y estar viva, sin tener lo que vosotros concebís como percepción. La última parte de esta última frase es importante.

(A Art O.:) Bien, mi querido amigo científico del fondo: los átomos y las moléculas, por muy diminutos que puedan parecerte, llevan también su carga de conciencia y responsabilidad. Y, sin embargo, hay una parte de la conciencia que puede percibir alegremente de un modo que no viene dictado por su naturaleza; gracias a un aspecto creativo de su ser, puede percibir juguetonamente, sin responsabilidad. Por así decirlo, hasta el mismo aire que está a vuestro alrededor canta con su propia y alegre conciencia. Él no conoce ese tipo de carga de la conciencia que a menudo os oprime. (Hablando para todos:) Tenéis tanto miedo a la muerte, hablando en vuestros términos, que no os atrevéis a desconectar la conciencia ni un segundo ya que teméis que si lo hacéis, no haya luego nadie allí para volver a conectarla.

(Art O.: -¿Está la totalidad de la entidad implicada en esta dispersión de la conciencia, o sólo la parte de ella que conocemos?)

De esa manera se forman las galaxias. Es la manera en que se expande el universo, y es la manera en que se forman las entidades. Bien, ésa es tu respuesta. Reflexiona en ello durante un rato.

Estoy contento, porque esta noche estáis pensando, todos vosotros, y eso es lo que quiero que hagáis. Las ideas no tienen realidad a no ser que las hagáis propias. Haceos partidarios o enemigos de ellas. Discutidlas o amadlas, pero usadlas y experimentadlas, no sólo con vuestro intelecto: también con vuestros sentimientos.

(Bert C. Habló de relacionarse con uno mismo y con los demás.)

Hasta que no seas sincero contigo mismo y te vuelvas consciente de ti mismo, no podrás relacionarte sinceramente con los demás, ya que proyectarás en ellos tus miedos y prejuicios propios. No puedes permitirte ayudarlos porque tienes demasiadas inseguridades en tu interior. Bien, vosotros dais forma a la realidad física que conocéis, individualmente y en forma conjunta. Para poder cambiar vuestro mundo, debéis cambiar vuestros pensamientos. Debéis ser conscientes de que lo que os decís a vosotros mismos es verdad en cada momento del día, pues ésa es la realidad que proyectáis hacia afuera.

(Bert C: -Suena como una tarea para toda la vida conseguir sólo la mitad de eso. ¿No podemos empezar antes a relacionarnos con los demás?)

Claro que sí. Además, existe la telepatía. Los demás son conscientes en gran medida de lo que estás pensando y sintiendo.

(Bert C: -¿De mis verdaderos sentimientos, a pesar de lo que yo pueda proyectar conscientemente?)

Los verdaderos sentimientos no son necesariamente los sentimientos violentos o agresivos. Son también los sentimientos de amor y aceptación que están enterrados bajo tus miedos, y aquellos que sientes terror de expresar en la realidad física.

(Bert C: —Creo que lo he entendido; todos estos diferentes niveles de conciencia se expresan, no sólo conscientemente por mí, sino también telepáticamente.)

Así es. Cuando proyectas tus ideas hacia afuera, a menudo te comportas como si no fueran tuyas, como si pertenecieran a otro. Por consiguiente, te corresponde a ti entender lo que son tus ideas y tus sentimientos, y no asustarte de ellos.

(Jim H. Contó que había encontrado a un hombre durmiendo en su trabajo. Jim explicó su opinión y sus sentimientos respecto al incidente, y quería saber cómo podía cambiarlos.)

Puedes cambiarlos, desde luego, pero no niegues la parte tuya que habría querido retorcerle el pescuezo. Te asustó tanto ese pensamiento que inmediatamente lo inhibiste. Considerémoslo un momento. Te aterroriza la idea de que el mal es más poderoso que el bien, de que un pensamiento tuyo súbito y violento pudiera ser más importante y poderoso que la vitalidad del bien. Al menos eras consciente de ese pensamiento. Bien, veamos lo que pasó luego; en tus términos progresaste hasta un punto en que ya no eras consciente del sentimiento...

(Jim H.: -No se puede pensar automáticamente cosas buenas sobre este tipo, y reprimir los pensamientos negativos sin ser consciente de lo que se ha sentido.)

Por supuesto, por eso tus músculos se tensaron y tu producción de adrenalina aumentó. Tú habrías querido matarlo, pero en lugar de ello dijiste: «Bendito sea Dios, mi querido amigo. Que vivas una vida larga y feliz.»

Nuestro querido amigo conocía telepáticamente todo lo que estabas sintiendo. Tú estabas fuera de contacto con tus sentimientos. En este punto de tu progresión espiritual, sólo imaginaste que le habías deseado el bien. Los músculos de tu cuerpo ya estaban contraídos porque no admitiste tus verdaderos sentimientos.

Bien, tres semanas más tarde tenemos otro encuentro. Nuestro pobre e ignorante trabajador se vuelve a quedar dormido en su tarea. Nuestro buen ministro pasa por allí. Ve al perezoso en el suelo echando una cabezada y piensa: «Me encantaría darte una patada donde tú sabes.» Pero luego se dice: «Oh, no, no debo pensar algo tan poco caritativo. La violencia es mala.»

Así que, sin admitir ante sí mismo lo que siente y escondiendo cualquier reconocimiento de agresión, se agacha y dice: «Buen hombre, que vivas una vida larga y saludable. Que Dios te bendiga.» Le da unos golpecitos en la espalda y piensa: «Cada día me estoy volviendo más espiritual.»

Entretanto, sus músculos se han contraído diez veces porque no pudieron entrar en actividad, ya que se negó el pensamiento que había tras ellos. Nuestro pobre hombre es de nuevo subconscientemente consciente de la intención, pero sólo hasta cierto punto.

Tres meses más tarde has tenido un día realmente malo. Estás enfadado con la vida en general, y vuelves a encontrar a nuestro amigo otra vez en el suelo; esta vez a lo mejor se ha dormido en medio de una tarea algo más importante, que necesitabas ver acabada. (Jocoso:) Nada más lejos de mi intención que acusarte de un acto tal, ni siquiera en la imaginación, pero esta vez estás fuera de ti. Otra vez te corresponde negar tus verdaderos sentimientos para ser espiritual -aunque no es verdadera espiritualidad- y vuelves a decir: «Dios te bendiga, vete en paz.»

Esta vez la válvula de seguridad psíquica ha aguantado demasiado. Lo mejor que podría haber pasado habría sido que explotases y le dieras una patada. Lo peor que podría haber pasado habría sido que otra vez refrenaras el reconocimiento de los sentimientos reprimidos, una agresión perfectamente natural que está ahora lista para explotar; así que proyectas fuera una forma de pensamiento desproporcionada con respecto a los acontecimientos que han tenido lugar. La forma de pensamiento causa a tu amigo un daño grave; y todo esto ocurre porque tenías miedo de que tu pensamiento agresivo aislado fuera más poderoso que la vitalidad que reside en cada uno de vosotros.

(Jim H.: -Al principio, antes de que la situación se hubiera agravado por la frustración y las cargas emocionales, ¿hubieras recomendado una acción como decir: «Vamos, esto está mal. Probablemente yo también he hecho alguna vez algo así, pero esto me fastidia realmente. Tienes que ponerte de pie y empezar a trabajar»? ¿Habría evitado esas cargas siendo sincero con él?)

Sí. Lo más importante, sin embargo, es reconocer el sentimiento como legítimo, con su propio reino de existencia; admitir que es una parte tuya. Luego puedes escoger cómo quieres tratar con ella. No tienes que convertir a los demás en el blanco de tu ira; la ira es sólo un método de comunicación.

(Jim H.: —No quiero convertir en blanco de mi ira a ninguno de nosotros. Primero, no quiero darle una patada. Segundo, tampoco quiero hacerme daño a mí mismo.)

Al principio no estabas lo suficientemente enfadado con él para darle una patada. El pensamiento existía, pero no era lo bastante fuerte para provocar la reacción física, aun cuando lo hubieras admitido completamente. ¿Me sigues?

(Jim H.: -Sí. Quiero aprender a manejar ese tipo de sentimientos sin tener que intentar reprimirlos.)

Antes que nada tendrías que haber admitido que los sentimientos existen como parte de ti mismo, a nivel del ego. Cuando niegas tus sentimientos estás menos vivo, en vuestros términos. Y luego, tanto como sea posible, debes comunicar verbalmente tus sentimientos de la manera que escojas. Usa la ira como método de comunicación. Con frecuencia te conducirá a resultados que no habías imaginado, resultados benéficos.

Estoy seguro de que comprendes que he hecho con tu caso lo mismo que he hecho con otros, así que, por favor, no te ofendas. No quiero que ninguno de vosotros use estas ideas como vendajes superficiales para vuestras psiques heridas, para deciros que no sois tan malos como yo creo. Puede que tengáis cierta inclinación en la dirección que he indicado, pero les pasa igual a todos los presentes en la habitación, incluyendo a Ruburt.

(Jim H.: -¿ Cómo definirías «malo» en ese contexto?)

Yo no defino «malo». Cuando uso el término es de acuerdo con vuestra propia definición. Vosotros tenéis la idea de que lo bueno es suave y lo malo es violento. Esto es debido a que, en vuestra mente, violencia y destrucción son la misma cosa. Con esta analogía, la voz suave es una voz benigna y la voz fuerte es una voz maligna, y un deseo fuerte es un mal deseo y un deseo débil es un buen deseo. Os da miedo proyectar vuestras ideas o deseos hacia afuera, pues en el fondo de la mente pensáis que lo que es poderoso es diabólico.

Al contrario, yo os digo que este universo es un buen universo que conoce su propia vitalidad. Esa vitalidad está en vuestro interior, y podéis fomentarla libremente. Vuestra propia naturaleza es una buena naturaleza y podéis confiar en ella. Porque algo sea difícil no quiere decir que sea bueno.

(Jim H.: -La primera noche que estuve aquí dijiste: «Te volveremos a ver por aquí.» Fuiste bastante contundente. A menudo me he preguntado cómo es que estabas tan seguro.)

Porque yo sabía por qué habías venido aquí, y sabía que tu mujer también iba a venir. No estoy diciendo que no existe el libre albedrío. Me limito a hacer una declaración dentro de este mundo de probabilidades.

(Jim H.: -Para mí eso implica un conocimiento previo de nuestras vidas.)

Desde luego que sí, en vuestros términos, pero ese conocimiento también está disponible para vosotros. Bien, no podemos tratar un tema completamente en una sola noche, mucho menos cientos de temas. No obstante, haciendo referencia a un comentario que hiciste antes: en casi todas tus vidas has estado muy implicado en lo que podríamos llamar tareas religiosas. Tus otras vidas estaban religiosamente implicadas en las tareas opuestas, en vuestros términos, pero ya hablaremos de eso más tarde. El alma bendita vuelta del revés es un lugar de placeres, digámoslo así.

Siempre has estado relacionado con cuestiones relativas al bien y al mal, y tuviste dos existencias en dos civilizaciones, en Egipto. En una de ellas tu amigo aquí presente (Bert C.) estaba también implicado. Es demasiado tarde para meternos en esa encarnación esta noche, y además ninguno de vosotros está preparado todavía para beneficiarse de ello. No se trata de contaros una historia fascinante para que os divirtáis, pero os ayudará cuando podáis comprenderla.

Me interesa mucho más la reacción de todos vosotros al material que Ruburt leyó esta noche (sobre el gnosticismo). Bien, si os parece que un miembro de la clase está monopolizando la sesión, recordad lo que he dicho otras veces: las preguntas a las que uno da voz, son las preguntas sin voz de muchos otros.

A muchos de vosotros os ha parecido que habéis estado marcados por el mal desde el nacimiento. (A Jim H.:) En una de tus vidas pasadas no sólo creíste esto al pie de la letra, sino que también lo enseñabas.

Como diría Ruburt, tu compañera aquí presente (la mujer de Jim, Jean) no estaba de acuerdo para nada con tus ideas de esa vida. Sin embargo, en aquel tiempo ella era varón y tú eras mujer y además sacerdotisa. Y también lo era tu amigo (Bert C). Como varón en esa vida, ella tuvo un efecto de expansión sobre tu personalidad, pero tú estabas muy entregada al ritual y creías en los actos mágicos y en la idea de que la existencia en sí misma era mala y equivocada. En realidad eras miembro de la secta que ahora se llama gnóstica.

(El gnosticismo era un sistema religioso y filosófico que reunía rasgos del platonismo, el orientalismo, el cristianismo y el dualismo. Floreció en los tiempos pre-cristianos y posteriormente tomó distintas formas. En todas ellas su doctrina central mantenía que el conocimiento —la gnosis— era el medio de salvación de la tiranía de la materia, más que la filosofía o la fe.)

(Jim H.: —¿Es por eso por lo que reacciono tan intensamente contra el gnosticismo ahora, porque he estado más allá de ese punto?)

No sólo eso, sino también porque sientes en ti cierta simpatía hacia esas creencias. Mientras te estás liberando, reconoces en el interior de tu psique una inclinación en esa dirección, así que atacas cada vez que oyes esas ideas, sin darte cuenta de que te estás atacando a ti mismo.

(Kathy B.: -¿Por eso yo reacciono de manera similar a esta literatura gnóstica?)

En aquel tiempo tú eras varón y amigo de él. Bien, casi todos los que vienen a estas clases han estado en un tiempo u otro metidos en ese tipo de empeños. Todos vosotros habéis tomado parte en otras clases, aunque no necesariamente conmigo. Debido a vuestro gran interés, ciertos aspectos os afectarán profundamente a muchos de vosotros. La asociación no sólo opera en una vida, sino también entre vidas, hablando en vuestros términos.

(A Art O.:) Incluso nuestro dios africano podría recordar sus vidas pasadas si se lo permitiera.

(Art O.: -¿Es esa vida la razón de que me guste tanto la música africana ahora?)

Es una de las razones. La otra tiene que ver con otra vida en la que tenías gran disposición hacia la música.

Ahora os voy a desear a todos vosotros que paséis una buena noche.

(A Mary M.:) No obstante, tengo un mensaje para nuestra amiga de allí, y es bastante sencillo. Cuando no sepas qué hacer, relájate y dite a ti misma que otras partes de tu ser sí lo saben; ellas tomarán el mando. Concédete a ti misma algo de descanso. Recuérdate que, en muchos aspectos, eres una persona con mucho éxito tal como eres. El éxito no implica necesariamente tener un gran intelecto, una gran posición, o ser rico; tiene que ver con la integridad interna. Recuerda eso.

Mis más cariñosos saludos para todos.



Extracto de Habla Seth II
La eterna validez del alma a través de Jane Roberts

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