Concepto de Ley de Jerarquía. II

V.B. Anglada


Existe también una ley en el universo, en donde vivimos, nos movemos y tenemos el ser, que dice que cuando existe en un momento cumbre de la ascensión a los cielos, que incluso el cuerpo de luz ha creado un peso en la conciencia y, entonces el cuerpo causal es destruido también por el poder del fuego del espíritu, entonces quedamos siempre que al perder peso, al perder gravedad, ascendemos, y si cada día ascendemos un poco estamos preparando el camino de Kundalini. ¿Se dan cuenta de la analogía? Kundalini es la fuerza de la naturaleza que está reprimida por el peso de los tres vehículos del hombre, los vehículos conocidos: el intelecto, cargado de razonamientos, el cuerpo emocional, cargado de deseos y de emociones, y el cuerpo físico cargado de sus toxinas, démosle este nombre. Todos tenemos algunas toxinas, que crean las enfermedades. Al perder peso —fíjense bien en la idea— específico de toxinas, nuestro cuerpo etérico, el doble etérico o el cuerpo bioplásmico, se hace puro y radiante, y entonces es posible que, vía un cuerpo emocional, llegado a un punto en que realmente está perdiendo peso, o en la mente cuyas ideas están dejando progresivamente paso al silencio místico, se convierte en un punto en donde la fuerza superior, ya no solamente del alma en su propio plano, del Ego en su cuerpo causal, sino de la Mónada o del Espíritu más elevado en contacto con la Divinidad, hemos establecido ya el puente místico de unión que nos conecta de lo más hondo hacia lo más elevado. Y entonces estamos revelando en pleno ejercicio, o en plena actividad jerárquica, las palabras de Madame Blavatsky de que el espíritu es materia descendida en su más opaco o baja densidad de su naturaleza y siendo la materia o el espíritu creador la materia sensibilizada en extremo, en que por su sutilidad se confunde con el aura del propio Dios. Esto es lo que estamos tratando de hacer, porque si una conversación esotérica es para hablar del Reino de Dios simplemente, sin preocuparnos ni poco ni mucho del contenido social que representa la persona que con pleno sentido de valores está tratando de corresponder a sus hermanos, a su prójimo, estaremos viviendo una vida real, una vida objetiva, no es que no tengamos que tener aspiraciones, si es precisamente la aspiración la que nos conduce desde lo más hondo de la materia hacia lo más sutil del espíritu, sino simplemente darnos cuenta que para el discípulo —y ustedes pueden considerarse discípulos, por cuanto en todo ser humano existe el discípulo, el ser que está invocando algo superior—, se darán cuenta de la virtud que encierra el vivir de acuerdo con esta realidad, y siendo buenos ciudadanos nos daremos cuenta de improviso, el día menos pensado, de que el Maestro nos ha admitido en Su Ashrama. Es algo que realmente podemos llevar todos a la vida psicológica, no ya simplemente a la vida de los sueños y los espejismos. Dejad ya de pensar en términos de sueño y vivid la objetividad de un momento presente, inmediato, siendo conscientes del valor de un buen carácter, de una buena estabilidad del ánimo, de la sonrisa en un momento determinado, una palabra amorosa a una persona que lo necesite, si no hacemos esto, el esoterismo como ciencia que tiene que llevarnos a la iluminación carecerá absolutamente de sentido y entonces llegaremos a darnos cuenta de que en vez de interpretar una función auténticamente jerárquica, estamos viviendo una vida en ejercicio de funciones jerárquicas, lo cual puede ser negativo... (pequeña interrupción de sonido) ... ansias del ser y, en este momento cumbre en que al perder gravedad nos vamos elevando, igual que cuando ascendemos a una elevada montaña, nos damos cuenta de lo que necesita la sociedad, de la misma manera que nos damos cuenta dentro de una función jerárquica qué es exactamente lo que necesitan aquellas personas que nos rodean. Ustedes tienen la palabra.
Leonor.- Ya, empezaré yo. Pues lo que podríamos hacer, si parece oportuno, es establecer si hay un baremo diferente entre la persona que tiene conocimientos esotéricos y la que no lo tiene, para juzgar lo que es la verdadera ciudadanía, lo que es ser buen padre, buen hijo, buen esposo, etc., porque frente a las leyes que tenemos que vivir, puede ser que a veces se obre de alguna manera que parece que no se está de acuerdo, por esto tendremos que hacer otro baremo porque el que nos da la sociedad muchas veces no justifica la actitud frente a la vida, pero puede ser que sea justo o puede ser que no lo sea. Para ser un buen ciudadano frente a los valores actuales puede ser que sea así una cosa, como por ejemplo, dejarse esclavizar, entonces, en sentido esotérico, ¿cómo se puede ser buen ciudadano y no competir con nada ni con nadie o hacer frente a la sociedad desde tu vida o buscar...?

Vicente.-... conversando con un grupo de personas a las que considero plenamente apercibidas de lo que es una función jerárquica o una jerarquía en función; en segundo lugar, debo confesar honradamente, que soy bastante escéptico, singularmente en el campo del esoterismo, de aquello que llamamos valores netamente honestos o que sea una interpretación consciente de una vida de abnegación y de sacrificio; y, en tercer lugar, debo decir que si una persona no está plenamente conforme con el contexto social en donde está viviendo, puede al menos dejar de criticar este ambiente en el que está inmerso y trabajar en forma creativa, operando conscientemente, con plenitud de funciones, dentro del “círculo- no- se- pasa” de sus posibilidades, no podemos decir a una persona cuyo intelecto está en formación, que no es todavía plenamente autoconsciente de su personalidad psicológica, de lo que significa una función social.

Estamos tratando con personas realmente interesadas en descubrir un sentido superior de la vida, personas que se dan cuenta de que el ejercicio de este poder creador no puede estar sujeto a la presión de las circunstancias, sino que debido a este proceso creador que se está desarrollando en su corazón y en su mente, está abriendo una brecha en este círculo inmediato, porque, dense cuenta, que al aumentar la extensión de este círculo personal en donde estamos viviendo, estamos abarcando más y más del contexto social, quiere significar que, midiendo nuestro esfuerzo en términos de luz, estamos iluminando ciertos sectores de la vida social que nos rodea. No obstante, hay que reconocer también, que encontraremos constantemente la oposición, el desprecio a veces, la crítica y la maledicencia, porque por Ley de Jerarquía la presión de lo menor actúa sobre lo mayor, de la misma manera que lo mayor está influyendo en lo menor, y cuando hablamos de la raza y de los hombres en su conjunto, no nos estamos refiriendo a una idea vaga y nebulosa sino que estamos objetivando un centro de Dios en la Tierra, la Jerarquía, la Humanidad en su conjunto como raza de los hombres, puede ser considerado esotéricamente como un centro dentro del cuerpo de Dios que es el universo. Si somos conscientes de esta definición nos daremos cuenta también que el Dios de un universo, al parecer que tiene a su alcance el cosmos —nos referimos concretamente a nuestro universo—, está sujeto también a la presión de lo mayor, significa que de la misma manera que un ser humano tiene un “círculo- no- se- pasa” dentro del cual ha de tratar de ser lo más consciente posible, el Dios al que nosotros podemos concebir por ser el que ha creado este universo, está sujeto también a aquello que llamamos técnicamente karma, pues se nos dice, y hasta cierto punto se ve claro, precisamente por la ley o por el principio de analogía hermética, que en donde exista una objetividad hay fricción y hay lucha. Solamente en el silencio —de ahí el valor del misticismo— existe paz e integridad y, por tanto, una función psicológica completa, esto también quiere decir que, de la misma manera que estamos afectando con nuestra acción el medio ambiente hurgando en los destinos kármicos de la vida individual, estamos también incluso inmersos en lo menor (tratando) de ayudar, de cooperar con lo mayor.

De ahí que el destino del discípulo no es solamente aprender constantemente del Maestro sino convertirse en Su agente creador en el mundo de los hombres, elevando el razonamiento, de la misma manera que —ustedes pueden tomarlo como una idea de discusión para ustedes mismos—, el sistema solar constituido por el sol y por los planetas conocidos, constituyen solamente un aspecto muy pequeño de una entidad superior cósmica, que trata de manifestar Su vida psicológica a través del Dios de nuestro universo. Y ahora por progresión analógica, asciendan por esta escalera de Jacob y pónganse en contacto con el Cosmos. Si tienen el corazón bien establecido en el silencio y la mente está funcionando en un nivel de lógica, no tienen que tener temor alguno en lanzarse a lo lejos, porque cuanto más lejana es la meta de nuestras percepciones, más ancho y dilatado será el “círculo- no- se- pasa” de nuestra función social, será más radiante nuestra aura, tendremos más carisma y nuestra palabra tendrá la virtud del Verbo, aquel Verbo que convence sin atar y que atrae aun sin convencer. Ahí está la verdadera raíz psicológica del ser humano, tal como lo vemos actualmente, que va progresando rápidamente a través de la técnica y a través del espíritu místico, hacia aquellas soberbias alturas planeadas por una Divinidad a la cual no conocemos pero que intuitivamente sabemos que existe, y a medida que ascendemos por esta escala de valores vamos siendo mejores en todos los aspectos y somos realmente buenos discípulos, buenos ciudadanos. Y, también, que en esta progresión absoluta de valores que va de lo más bajo a lo más elevado, y dándole al término discípulo ya no solo un carácter específico como se le asigna en esoterismo, sino un significado típicamente universal, debemos considerarnos automáticamente discípulos en funciones. Dense cuenta también, que cuando se habla de Cristo y de sus discípulos, se nos sitúa a Cristo en el centro de la congregación mística y los doce apóstoles cada cual con una función específica, no es sino la representación objetiva de las doce constelaciones, por tanto, todo se va desarrollando según un proceso realmente lógico y descriptivo. No somos personas sujetas a espejismos ni a superficialidades, estamos simplemente elaborando por medio del proceso hermético de la analogía, que “igual es abajo que arriba, igual es arriba que abajo” y, partiendo de aquí la búsqueda de la verdad se hace fácil, entendiendo que no basta que sepamos mucho acerca de los Discípulos, de los Maestros y de la Jerarquía en sus diferentes niveles, entendiendo por jerarquía el poder que tiene el hombre de superar un estado y de cumplir una función social, dándonos cuenta, también, (de) la idea apuntada anteriormente, que ha de constituir el centro y el norte de la vida humana, y es que no se llega solamente a Dios por la oración ni por el culto, sino que lo que se exige realmente del discípulo, de este discípulo que está en latencia en todos nosotros, no es sino de ser un buen ciudadano.

Interlocutor.- Entonces yo llego a comprender que la correcta evolución es nuestra acción jerárquica en la sociedad en que nos desenvolvemos, entonces esto es lo más correcto para la evolución, más que el sistema de trabajo, o sea, ¿me ha comprendido lo que quiero decir? [Sí, sí.] ¿Una más correcta jerarquía nuestra en el medio ambiente es lo más correcto para la evolución del ser?
Vicente.- Vamos a ahondar un poco más en esto. No es que sea lo más correcto la acción social frente a los ciudadanos que nos rodean, a nuestro prójimo, sino que todo cuanto podamos incorporar, vía el Antakarana luminoso de la conciencia de los planos sutiles de la naturaleza, será un peligro si no somos buenos ciudadanos. Insisto en el hecho —y esto se ha convertido no en una necesidad sino en una moda—, el yoga y la meditación, ahora se nos habla de yoga y de meditación como un sistema que es la panacea; esto es bueno —como todo es bueno en la naturaleza, bien interpretado y bien establecido— si después somos capaces de incorporar el fruto de las meditaciones a nuestro contexto psicológico. De no ser así, se convierte en un lazo, en una jaula que nos cierra el paso hacia conceptos superiores. La meditación, fíjense bien, que cuando digo que hay que apuntar la mente hacia la meta más lejana les estoy hablando técnicamente de meditación, por lo tanto, no niego la meditación, al contrario, la meditación, la invocación, la concentración y la contemplación, son estados que vamos adquiriendo en tanto nuestra vida se está sumergiendo en los mares de lo cósmico a través del éter, y así van siendo conquistadas las dimensiones. Pero una escapada fugaz, sin control, a una nueva dimensión entraña peligro, es por esto que no insisto demasiado en la meditación; pero la línea más segura, la que nunca puede reportar desarreglos psicológicos o psíquicos o físicos en el hombre, es el camino directo de la acción cotidiana, porque meditar es objetivamente vivir, cuando no vivimos plenamente nos falta algo y queremos llenar ese algo, ese vacío, con el sustituto de la meditación, en tanto que si estamos trabajando correctamente estamos meditando. Entendemos por meditación la atención en todos los momentos de nuestra vida hacia los demás; tratar de salir de nosotros mismos, habida cuenta que si todo el proceso de la meditación tiene por objeto despersonalizar a la personalidad, técnicamente de hacerle perder gravedad, es lógico que podamos hacerlo directamente en el ejercicio de nuestra actividad cotidiana, y esto está al alcance de todos y no se precisa como para ciertas técnicas de meditación o de yoga capacidades especiales.


Conferencia de Vicente Beltrán Anglada
En Barcelona, 10 de Mayo de 1975
Digitalizada por el Grupo de Transcripción de Conferencias (G.T.C.) 25 de Diciembre de 2006

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