El Maestro y la universalidad de la obra.

V.B. Anglada


Hay que centrar la atención principal en el Maestro que es Centro, Guía y mentor del Ashrama. En orden a ciertas reglas de carácter hermético no es posible comunicar la identidad del Maestro del Ashrama ni sus ocupaciones habituales en el mundo. Puedo decir, sin embargo ya que tengo Su consentimiento, que posee un cuerpo físico europeo y que viaja mucho por el Viejo continente. Sus funciones específicas dentro de la Logia tampoco puedo revelarlas; pertenecen a estados de conciencia y a “‘dimensiones inasequibles a la percepción corriente normal”.

El Maestro, si hay capacidad para liberarse del tinte de misterio al que nos tienen habituados los tratados esotéricos de viejo estilo, adopta el carácter asequible de un Amigo en quien realmente se puede confiar. Desciende a nosotros, sabe de todas y cada una de las reacciones de nuestro ánimo y nos conoce mejor que lo que podemos conocernos nosotros mismos. Esto equivale a decir que Él es plenamente consciente de nuestro entendimiento y de nuestras posibilidades; sabe, por tanto, cuál es la enseñanza más idónea y necesaria a nuestros particulares estados de conciencia y a nuestra misión en el mundo. Existe también una maravillosa relación kármica de la que nosotros vamos siendo cada vez más conscientes, un karma no sólo de relación de vidas anteriores, sino también un karma universal de Rayo y de servicio que involucra la actividad en el Ashrama de ciertas Vidas cuya trascendencia no puede ser medida en palabras humanas.

Circunscribiéndonos a lo más concreto y asequible, aunque siempre de acuerdo al principio esotérico, debo señalar que de la vida de un discípulo en encarnación física emana una estela de luz etérica coloreada por las cualidades de recta intención y servicio que es “inmediatamente visible”, por Aquél que kármicamente “debe” prepararle para el camino iniciático. Las palabras de “Luz en el Sendero”: “Cuando el discípulo está preparado, entonces aparece el Maestro” pueden ser aplicadas aquí.

Ahondando un poco en este principio de relación espiritual kármica mediante el cual el Maestro reconoce al discípulo y lo va aproximando paulatinamente a Su vida y al Aula de Sabiduría del Ashrama, se puede añadir que del fondo invocativo de un discípulo surge un día el desesperado grito de redención y que este grito, que es la nota típica de Su rayo egoico presentido y anhelado por la personalidad, se convierte precisamente en aquella luz cuyo rastro puede ser seguido a través de vidas y muertes por Aquel que para el discípulo es verdadera “luz y esperanza de Gloria”.

Recuerdo perfectamente mi primer contacto consciente con el Maestro; este recuerdo vivirá eternamente dentro de mi corazón. Sus palabras se grabaron a Fuego y desde entonces se perfectamente cuál es mi misión en la vida, así como mi profunda responsabilidad respecto a Él, a la ley del Ashrama y a mis compañeros de grupo.


Mi hermano R... y los compañeros de grupo

Mi primer contacto con el Maestro vino precedido por otros muchos contactos cada vez más conscientes y fuera del cuerpo físico, con el hermano R... el Iniciado hindú al cual ya he hecho referencia en otras ocasiones. Mucho podría decir respecto de R... pero hay que ser muy circunspecto en las declaraciones, dado que cualquier indiscreción lo haría fácilmente reconocible y gran parte de la labor que realiza en su país podría ser alterada y quizás sumida en el fracaso. Puedo indicar, sin embargo, que R... ocupa en el Ashrama el puesto de más responsabilidad después del Maestro. Cuando Éste por diversas circunstancias no puede asistir a las reuniones es R... quien ocupa Su puesto. Su verbo es sencillo aunque indescriptiblemente profundo.

El hermano R... preparó mi mente y corazón para el inefable contacto con el Maestro. Esta preparación duró bastantes años y tuve que luchar durante este largo período con durísimas circunstancias de orden kármico. Las más potentes fueron finalmente vencidas y mi mente superior pudo entonces rasgar muchos de los velos que oscurecían mi visión espiritual. Fue también R... quien apresuró con su inestimable intercesión el desarrollo de ciertas facultades espirituales en latencia que fueron extraordinariamente útiles para descubrir la índole particular de mi misión, la cualidad específica de los Rayos dentro de los cuales debería trabajar en el futuro y las personas con las cuales debería asociarme para el cumplimiento de mi especial campo de servicio.

Vienen después los discípulos, que al igual que yo, siguen entrenamiento espiritual en el Ashrama. El afecto que a todos nos une no puede ser medido con los términos corrientes a nuestro alcance ya que rebasa la medida del entendimiento normal. No existe entre nosotros diferencia alguna con respecto a la intención básica y fundamental, lo único que existe son cualidades específicas de orden personal que en el Ashrama empiezan a florecer “para mayor gloria de Dios”.

Estas cualidades o atributos de Rayo, no comportan reacciones en su interrelación, tal como ocurre con las agitadas relaciones de las cualidades humanas regidas todavía por “la gran herejía de la separatividad”, sino un armonioso equilibrio. Las distintas cualidades son el colorido distintivo del Ashrama, en relación con los demás de la Jerarquía. Visto con ojos espirituales, más allá y por encima de la percepción humana corriente, al Ashrama aparece como una flor de doce pétalos con un luminoso y radiante botón de luz intensamente azulada en el centro, y que proyecta este color sobre cada uno de los pétalos prestando al conjunto un colorido de singular e indescriptible belleza. Se trata de una típica expresión de Rayos y de sus cualidades específicas, la Vida central pura y radiante es la del Maestro, simbolizando los “doce pétalos de distinto color” la cualidad de vibración de las vidas personales de los miembros del Ashrama. Aquí puede aplicarse en toda su profundidad la ley hermética de analogía.


V.B.Anglada

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