Igual es arriba que abajo, igual es abajo que arriba.

V.B. Anglada


Ahora bien, el "elemental físico" empezó a crearse en las primeras subrazas de la primera Raza y constituye actualmente un Poder extremadamente dinámico, particularmente tiranizante, que se ocupa de la conservación del organismo físico, de las complicadas funciones orgánicas y de la absorción incesante del Prana o sustancia vital. Hay, no obstante, una falta apreciable de ajuste entre este "elemental físico" y el alma humana. Esto produce desarreglos, fallos y desequilibrios y su resultado físico es la enfermedad en todos sus aspectos. Mencionamos esta circunstancia sólo como un indicio de cuál ha de ser la participación del Hatha Yoga en la evolución del proceso de coordinación, equilibrio y perfecta coordinación entre el Alma superior y su servidor en el plano físico, el "elemental físico" y la importancia que le asignamos al término "control".

Control implica, ante todo, una comprensión plena de que cada uno de los elementos "dévicos" que constituyen nuestro cuerpo físico, es decir, aquello que esotéricamente definimos como "vidas menores", participan de nuestra propia vida y conciencia y responden sintónica y automáticamente a todas nuestras modificaciones de conciencia, es decir, a nuestros humores y estados de ánimo, sean buenos, sean malos. Podemos llegar así fácilmente a la comprensión de que la relación entre nuestro conjunto celular y nosotros mismos, como Entidades psicológicas centrales, es idéntica a la del Logos Solar con respecto a nosotros.

"Si somos hechos a imagen y semejanza de la Divinidad", tal como afirman todas las grandes filosofías y religiones, el inmenso conglomerado de átomos, células, órganos, glándulas y centros etéricos que constituyen nuestro cuerpo físico, están hechos también "a nuestra imagen y semejanza", como una respuesta sintónica a nuestro estado evolutivo y, en su totalidad, constituyen nuestro universo físico inmerso en el Universo mayor y cualificando el éter con una especie particular de aura o campo magnético que define perfectamente lo que somos, lo que sentimos y lo que pensamos. Como irán apreciando, la analogía, clave de la sabiduría, es perfecta en todos sus detalles. Nuestro conjunto celular, es decir, nuestro “elemental físico" está como inmerso dentro del universo físico que ha ido creando a través del tiempo y viene condicionado o al menos debería ser condicionado, por nuestra voluntad, de la misma manera que nosotros somos condicionados por la Voluntad de Dios.

Siendo todavía más concretos, podemos afirmar que cada uno de los elementos físicos que integran nuestro cuerpo puede decir con respecto a nosotros, aquello que nosotros decimos con respecto al Dios de nuestro Universo: "En El vivo, en El me muevo y en El tengo el ser". Tan completo es así el círculo menor dentro del cual vive, se mueve y tiene el ser el más humilde electrón dentro de no importa qué tipo de átomo que entra en la composición de un cuerpo físico, como el más elevado círculo cósmico abarcando en su interior, en su "círculo-no-se-pasa", una serie infinita de Universos Solares.

Se darán cuenta también, dentro de este sistema de relaciones que estamos tratando de descubrir y evidenciar, de que cuando hablamos de "control", o de "poder" en relación con el cuerpo físico, y por lo tanto en relación con Hatha Yoga, estamos refiriéndonos asimismo a todos y a cada uno de los cuerpos a través de los cuales nos manifestamos como almas, es decir, el vehículo emocional y el cuerpo mental y, en una más elevada esfera, a aquellos sutilísimos vehículos todavía en estructuración que llamamos cuerpo causal, cuerpo búdico, cuerpo átmico, etc., para llegar a la conclusión de que en el ejercicio del "poder" y obligados por las Leyes del karma, estamos tratando constantemente de revelar la Gloria de Dios, la cual debe reflejarse en la más humilde célula de nuestro cuerpo físico.

Así, cuando esotéricamente hablamos de "gloria", nos estamos refiriendo a aquel proceso de "radioactividad" o de "brillo mayor" en un sistema de relaciones físicas, dentro de la cual cada átomo se libera de su carga de energía inferior, o sustancia puramente física y sujeta por lo tanto a la gravedad de la tierra, para asumir la función mayor del proceso redentor mediante el cual la "sustancia redimida", al perder peso o gravedad, asciende por la escala de valores vitales de la existencia hasta situarse en el plano de luz, en el corazón del átomo. Todo átomo liberado o redimido de sustancia material, dentro del proceso selectivo de la Naturaleza, pasa a formar parte entonces del proceso místico de liberación individual y cuando hablamos de la primera iniciación, con respecto a este proceso, queremos significar que una considerable parte de nuestro conjunto atómico físico ha sido liberada, redimida y convertida en luz.

Lo mismo ocurre con los cuerpos emocional y mental, a través de los sistemas de unión del Bakti Yoga y Raja Yoga. Una considerable cantidad de elementos dévicos, o átomos vivos, introducidos en dichos cuerpos permiten los Misterios del Bautismo y de la Transfiguración, entendiendo con ello la gran liberación de luz que se va realizando a través de aquellos cuerpos y que constituyen la base para la segunda y tercera iniciaciones, esotéricamente comprendidas. Si siguen atentamente esta idea se darán cuenta de la profunda relación que existe entre el Yoga, la clave de la Redención, la Iniciación esotérica y los Misterios del Cristianismo sobre los cuales, y de manera sutil, nos vamos refiriendo en el curso de nuestro estudio.

Extiendan ahora su visión sobre las áreas universales en donde viven, se mueven y tienen el ser los componentes atómicos de nuestros vehículos superiores búdico, átmico y monádico y tendrán un acabado esquema del proceso de luz que conduce a la liberación total de nuestra vida como seres humanos y a la participación total de nuestro ser en la obra de redención que verifica la Divinidad con respecto a todo lo creado. Así, aplicando constantemente la analogía, lo más complicado y difícil se nos hace fácil y sencillo de comprender en torno de las grandes cuestiones involucradas en la Vida de la Deidad Solar, así como el verdadero sentido de aquellas palabras tantas veces repetidas de que "somos hechos a su imagen y semejanza".

Lo grande y lo pequeño se complementan perfectamente constituyendo un sólido e indestructible bloque de sustancia, en eterno proceso de redención y una sola y única conciencia que labora desde el principio de los tiempos para liberar esta sustancia de la gravitación o peso del karma o del destino.

Todo en el Universo es, por lo tanto, una expresión de Vida, de Conciencia y de Forma, misteriosamente vinculadas entre sí por unos alientos mayores consustanciales con el éter del espacio que permiten la cohesión, la interdependencia y finalmente el proceso de iluminación o de redención. Nos referimos aquí, ya muy concretamente, a la vida de los Devas, a los misteriosos señores de la creación, eternos constructores de todo cuanto existe en el Universo y reveladores de todos los Arquetipos programados por la Divinidad durante el proceso de la evolución de Su indescriptible Esquema Solar.


V.B.Anglada

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