La intención suprema del Logos de manifestarse.

V.B. Anglada


LAS BASES CIENTÍFICAS DEL UNIVERSO DE ACUERDO CON LA ACTIVIDAD ANGÉLICA

Dividiremos este amplísimo tema en 8 puntos.

1. La intención suprema del Logos de manifestarse
2. La cualidad de la vida psicológica del Logos
3. El grado de experiencia universal de un Logos
4. La elección del campo de expresiones logoicas
5. La afinidad psicológica del Logos con determinados Arcángeles constructores
6. La consideración de los agentes constructores del Sistema Solar
7. Movilización de los elementos angélicos
8. La calidad del Espacio y del Éter Primordial

Habrá otras muchas e interesantes razones a investigar todavía con respecto a esta gigantesca movilización de fuerzas y energías de carácter cósmico.

Hay que tener en cuenta, en todo caso, que se trata de extraer consecuencias psicológicas de este proceso analítico más que de adquirir simples informaciones y conocimientos de orden intelectual. Lo que intentamos realizar mediante este Tratado acerca de los Ángeles es desarrollar la intuición de los aspirantes espirituales descubriéndoles las zonas ocultas de este maravilloso Universo en que vivimos, nos movemos y tenemos el ser, que hasta aquí no habían entrado quizás a formar parte de sus elementos de estudio esotérico. Y, dentro de lo que podríamos denominar "corriente iniciática", a la cual deberemos hacer forzosamente referencia, hay que recordar siempre que una de las mejores cualidades del discípulo espiritual es la OSADÍA, es decir, la firme voluntad de conquistar por la audacia y por la fe invicta del corazón el secreto cósmico de la Vida infinita de los Dioses inmortales.


1. LA INTENCIÓN SUPREMA DEL LOGOS DE MANIFESTARSE

La INTENCIÓN es el móvil primero de la Creación. Existe un sentido de valores muy amplio en esta declaración y no hay que intentar descubrir su secreto de inmediato. Podemos decir, sin embargo, que la Necesidad de expresión de cualquier Entidad psicológica humana, planetaria o solar, obedece a razones kármicas de la más elevada trascendencia. Hay un Poder soberano que incita a la acción basado en esta necesidad expresiva de cualquier tipo de karma, asignándole al karma un sentido muy especial, muy nuevo podríamos decir, con respecto a las formulaciones esotéricas del pasado, el de Entidad o Individualidad Psicológica. Esta idea puede originar en el aspirante medio unas ciertas crisis de valores y aún en algunos investigadores de reconocida solvencia espiritual, determinadas confusiones en el orden mental pues, aparentemente, contradice toda la enseñanza esotérica recibida hasta aquí.

Podemos afirmar, no obstante, que la consideración profunda y analítica de dicha idea puede deparar quizás el reconocimiento exacto de lo que hay que entender como INTENCIÓN, al referirla a estas elevadas zonas de alta frecuencia espiritual en donde se gesta la vida de los Universos.

Observándolo bien, si queremos presentar la Vida logoica desde el ángulo de vista angélico, muy distinto en su apreciación al de los seres humanos en orden a las ideas que pensamos exponer en este Tratado, forzosamente nos veremos obligados a utilizar expresiones esotéricas muy diferentes a las que estamos habituados. Sin embargo, al analizar el trazado de las mismas, iremos apreciando que todo está básicamente ordenado de acuerdo con la misma LEY, variando únicamente el sentido de orientación o de enfoque, es decir, de perspectiva. Habrá que recurrir pues muy frecuentemente al principio hermético de la analogía para no sentirnos desvinculados del proceso de las ideas que iremos exponiendo, las cuales están relacionadas con los Ángeles y con el género de visión que Ellos utilizan, muy distinto al nuestro, para poder glosar un conjunto de valores de carácter universal en relación con los conceptos habituales de Creación y de Intención creadora.

Así, cuando hablamos de Intención al referirnos a la estructuración de un Universo, tenemos en cuenta la visión dévica que es, en definitiva, la que debe informarnos acerca del Gran Secreto Alquímico que produce y determina cualquier posible manifestación universal. La Intencionalidad de Dios, o el carácter permanente de Su deseo de manifestarse por efecto de la presión kármica que constituye el aspecto positivo y dinámico de Su naturaleza creadora, dinamiza los éteres del Espacio, los vuelve incandescentes y los hace moldeables para la actividad de los Ángeles, desde los poderosísimos MAHADEVAS que son el aspecto inmediato y ejecutor de la Intención Divina hasta los diminutos elementales de la Naturaleza, que en los más apartados e ignotos confines de un Plano construyen los soportes más densos que corresponden a la sustancialidad etérica de aquel Plano.

Hemos dicho "sustancialidad etérica" o el aspecto material del Universo y quisiéramos recordar al respecto lo dicho por Mdme. BLAVATSKY en "LA DOCTRINA SECRETA" de que Espíritu y Materia son esencialmente la misma cosa, que el Espíritu es Materia de la más sutil, elevada y cualificada vibración y que Materia es el Espíritu descendido a su aspecto más objetivo, pesado o gravitatorio. Así, pues, utilizamos el término "sustancialidad etérica" en el sentido esotérico de materialidad, admitiendo que la sutilidad o la densidad de un Plano dependerán siempre del grado en que el Espíritu predomine sobre la Materia o el de la Materia sobre el Espíritu en aquel Plano. Esta idea deberemos tenerla muy presente cuando tratemos de examinar críticamente la actividad del Señor RAJA, MAHADEVA o ARCÁNGEL que se expresa ya sea a través del Plano Monádico, de indescriptible sutilidad, o por medio del Plano Físico, cuya Materia es mucho más densa y ponderable.

La INTENCIONALIDAD de Dios es la misma en ambos casos, ya que son parte de su misma Voluntad, pero la forma de actualizarla y la índole de los materiales utilizados en la construcción del Plano diferirá sensiblemente por sus grados de sutilidad, entendiendo científicamente por "sutilidad" ciertas modificaciones de dicha Voluntad en orden a la creación del Universo. En nuestro Sistema Solar, como esotéricamente es sabido, son SIETE estos niveles o Planos de Conciencia de la Divinidad creadora, SIETE los Grandes Arcángeles o Mahadevas que ejecutan Su Voluntad y SIETE, en definitiva, las grandes Corrientes de Energías, denominadas técnicamente RAYOS, que surgiendo del inmaculado Centro de Vida de Su Corazón, vitalizan e integran la totalidad del Universo.

Los Siete Grandes Arcángeles son aspectos esenciales o modificaciones de la Conciencia Logoica durante el proceso de concepción, gestación, nacimiento, crecimiento o desarrollo y ulterior culminación del Sistema Solar, siendo Su elevada misión llenar el Universo de todas las formas posibles de existencia, a fin de que cada una de las partículas atómicas de conciencia que en su conjunto constituyen la Gran Conciencia Solar, puedan tener a su disposición el necesario y requerido vehículo para expresarse. Lógicamente será siempre la calidad de vida o de conciencia revelada por medio de cada una de aquellas partículas atómicas, dentro de las cuales puede ser incluida la vida humana, lo que determinará dentro de la Conciencia Solar, su ubicación en uno u otro de aquellos Siete Planos anteriormente reseñados.

Aparentemente el proceso nos aparece muy simple a partir del principio de Creación y siguiendo la idea esotérica de participación angélica en el proceso creador de las Formas, que le da un carácter definido a los Planos de la Naturaleza y a esta simplificación contribuyen poderosamente estudios esotéricos efectuados con anterioridad acerca de los Planos del Sistema Solar, los cuales son características psicológicas del propio Logos. No añadiremos ni quitaremos nada, por lo tanto, en lo que respecta a la enumeración o clasificación de dichos Planos, los cuales, como se sabe, son los siguientes:


1. PLANO ÁDICO (De la Intención Divina)
2. PLANO MONÁDICO (De las Jerarquías Creadoras)
3. PLANO ÁTMICO (De la Voluntad Espiritual)
4. PLANO BÚDICO (De la Unidad Universal)
5. PLANO MENTAL (De la Conciencia de la Vida)
6. PLANO ASTRAL (De la Sensibilidad a la Vida)
7. PLANO FÍSICO (De las Múltiples Sensaciones de la Vida).


Lo que fundamentalmente nos interesa saber en orden a nuestro estudio, es la constitución especial de cada uno de estos Planos y el determinismo que guía la misteriosa actividad angélica, que surgiendo de la Intención de Dios y tras infinitas modificaciones de la sustancia primordial que llamamos Éter, produce el Universo manifestado. Hay que tener en cuenta, en todo caso, algo que parecen haber olvidado los modernos investigadores esotéricos y es que el Espacio es sustancia viviente regida por una Entidad Psicológica y que el Logos solar, a través de los grandes Arcángeles, utiliza dicha sustancia para crear Su Universo.

Hasta aquí habíamos aceptado esotéricamente como válida la idea de que los éteres del Espacio poseían un dinamismo que les era propio, pero a partir de este momento y a fin de comprender mejor la actividad de las Vidas angélicas, habremos de dotar al éter no sólo de dinamismo natural y consustancial, sino también de inteligencia y voluntad, características de una elevada y potentísima Entidad Psicológica que trasciende por completo nuestra más elevada imaginación. Esta idea, aparentemente revolucionaria para algunos, es, según la visión esotérica de nuestra Era, la única que puede darnos una explicación lógica del sentido del karma y de la manifestación cíclica de los universos. El Espacio, como Entidad, viene así impregnado de karma, siendo el karma el ambiente natural, o social -si podemos expresarnos así- de los Dioses creadores.

En el destino creador de cualquier Logos ha de existir lógicamente, si nos atenemos a la analogía, una especie de predestinación astrológica que le incita a "elegir" Su lugar, o su situación exacta en el Espacio y a adquirir por efecto de ello un tipo definido de Personalidad o de Entidad Psicológica, con ciertas cualidades de vida y un tipo específico de conciencia de acuerdo con Sus necesidades expresivas o kármicas. El karma proveniente del pasado de cualquier Logos solar y el karma o destino de la Entidad Espacio deben establecer un centro de equilibrio y armonía. Cuando la "presión" de ambos aspectos kármicos llega a un punto de elevadísima integración o fusión se crea el ÉTER, la sustancia angélica base de la concepción universal.

Podemos decir también que el Espacio se ha hecho moldeable a una Voluntad psicológica con necesidades inminentes de expresión y que a partir de este momento los Grandes Constructores del Cosmos, los Grandes Arcángeles o Mahadevas, aliados estrechamente a los Señores del Karma, pueden iniciar su Obra de Construcción.

Comprendemos que estas ideas aparecerán ante el concepto intelectual como algo realmente extraño, misterioso e inaudito y casi sin puntos de concreción posibles, pero debemos recordar al respecto cuanto dijimos anteriormente acerca de "la visión angélica" sobre el proceso creador del Universo, muy distinta en cada caso a la que corresponde a nuestra percepción humana. Sólo en una elevada medida de integración espiritual y utilizando la intuición superior nos será posible comprender la visión angélica. Para el Ángel todo es Vida y para el hombre todo es Forma; sin embargo y paradójicamente, el Ángel debe ser consciente de la Forma ya que debe operar sobre ella y el hombre debe adquirir una perfecta conciencia de la Vida para liberarse de la Forma. De ahí la necesidad de que entre ambas corrientes de evolución, la dévica o angélica y la humana, se establezca un lazo espiritual de unión y comprensión, de conciencia y de fraternidad.

Si esto llega un día a realizarse -y tal es realmente el programa logoico de la Evolución- nuestra humanidad terrestre llegará a sentir tan profundamente la Vida, con sus maravillosos e inenarrables secretos, que las más elevadas concepciones filosóficas de nuestro mundo y los más grandes milagros conocidos, vendrán a ser como los débiles e incipientes balbuceos de un recién nacido. El conocimiento que actualmente es sólo patrimonio de las mentes iluminadas de la Humanidad, o de los grandes Iniciados, deberá formar parte en un futuro más o menos lejano del concepto mental, casi podríamos decir general, del hombre medio de nuestros días. Pero, deberán abrirse todavía muchas puertas internas para poder llegar a esta casi general comprensión del proceso creador.

Una parte principal del propósito de este Tratado Esotérico sobre los Ángeles es "esclarecer la visión mística" y dotar de intuición espiritual a las mentes intelectualizadas de un gran sector de la humanidad, a fin de que los éteres del Plano Mental se dinamicen con el Fuego de una Realidad nueva, más de acuerdo con las necesidades de estos nuevos tiempos.


Vicente Beltrán Anglada

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