Los ángeles y las iniciaciones. ¿Qué es la iniciación?

V.B. Anglada


La respuesta rigurosamente técnica que acude inmediatamente a nuestra razón al formular esta pregunta es la siguiente: "Revelar el secreto de SHAMBALLA". SHAMBALLA es el centro espiritual más elevado e incluyente de nuestro planeta. Es la morada de SANAT KUMARA, Regente oculto de nuestro mundo y la más alta autoridad espiritual reconocida. SHAMBALLA, es la base de la Fraternidad que guía los destinos planetarios y es tal su naturaleza que trasciende todos los conceptos, ideas y teorías que acerca de la misma haya fabricado la mente humana. Bastará concluir estos argumentos con la afirmación esotérica de que la Iniciación es un proceso mediante el cual el ser humano puede convertirse conscientemente en una Entidad divina por haber captado plenamente el principio de fraternidad y haber decidido vivirla y realizarla en el mundo.

Existe así un vasto plan de relaciones basadas en el principio de fraternidad que va realizándose mediante la continuidad de un proceso de vida que se efectúa en todas y cada una de las criaturas vivientes, ya sea un simple átomo, una planta, un animal, un ser humano o un esplendente Arcángel. La Iniciación, refiriéndola concretamente al ser humano, es el paso que va de la simple aspiración devocional a la firme e inalterable resolución espiritual. El deseo ha de transformarse en voluntad antes de que el hombre se convierta en un firme candidato a la Iniciación. Hablando en sentido oculto podríamos decir que los devas acuosos del deseo han dejado de tener preponderancia en el cuerpo emocional del discípulo, siendo progresivamente reemplazados por cierta categoría de AGNISHWATTAS, o Ángeles ígneos del plano mental.

Estos Ángeles son los que ultiman la construcción del cuerpo mental del aspirante o candidato a los Misterios y utilizando la energía de resolución generada por los esfuerzos que éste realiza van introduciendo en dicho vehículo los elementos ígneos que acelerarán el desarrollo de los centros etéricos o chacras superiores y proporcionarán aquel necesario cambio de ritmo en la estructura química de sus componentes que precede a las dos primeras Iniciaciones; la primera para obtener autoridad sobre los átomos químicos del cuerpo físico, la segunda para adquirir un efectivo control sobre los devas del deseo que constituyen en su totalidad el vehículo emocional. Todo ello ha sido posible por la actividad potentemente ígnea desarrollada por la resolución espiritual del candidato pues, tal como reza un antiguo axioma esotérico: "El Fuego es el único agente transmutador en la vida de la Naturaleza", una verdad altamente científica que conocían y aplicaban los verdaderos sabios alquimistas del pasado.

Podemos decir asimismo que el Fuego es el agente misterioso de la Iniciación, pues los devas ígneos de la mente invocados por el fuego de la resolución del discípulo se introducen progresivamente en sus chacras etéricos, se mezclan creadoramente con los fuegos latentes de los devas del deseo que allí actúan y finalmente los desplazan al exterior siguiendo el principio evolutivo de "cambio de ritmo". La renovación de los ritmos es incesante en el Universo y en el caso de la Iniciación actúa a tal potentísima intensidad vibratoria que los devas inferiores que entran en la composición del cuerpo etérico no pueden seguir el impetuoso ritmo impuesto y son desplazados hacia afuera de los centros o chacras diluyéndose en el éter del espacio, entrañando esta dilución el secreto de la Redención espiritual de la Materia o de la sustancia.

El principio de ritmo de la Naturaleza al que debe ajustarse enteramente el candidato a la Iniciación es un proceso totalmente angélico, siendo la polaridad que lo representa una expresión de los ciclos evolutivos planetarios misteriosamente conectados con los movimientos de rotación y de traslación. Estos, a su vez, son impulsos magnéticos o angélicos generados por los movimientos de contracción y dilatación del gran Corazón solar.

La vida angélica lo llena todo. No hay vacío alguno en el Cosmos y lo que técnicamente llamamos Espacio no es más que una misteriosa forma de vida dotada de entidad y sensibilidad angélica a la que no han logrado acceder todavía los más ingeniosos y sofisticados aparatos científicos. Cuando hablamos esotéricamente de la Iniciación hacemos referencia a ciertas maravillosas y desconocidas zonas del Espacio en las que deberá penetrarse audazmente para descubrir en sus infinitamente sutiles repliegues las causas ocultas de cualquier expresión de vida en la Naturaleza y de las cuales las leyes soberanas de la gravitación universal y del principio mágico de la electricidad se hallan en sus más hondas raíces.

De ahí el por qué la Iniciación es considerada un proceso oculto mediante el cual la conciencia humana puede polarizarse en ciertas zonas del Espacio corrientemente impenetrables a los profanos por constituir "lugares secretos" en donde se realiza la alta Alquimia de la Vida organizada de la Naturaleza y siendo los Ángeles en sus distintas jerarquías "los celosos guardianes de aquellos misterios". Tal como hemos venido explicando en otras partes de este Tratado, los "espacios intermoleculares" de la Naturaleza, del planeta o del Universo encubren los grandes secretos de la Divinidad, siendo los Ángeles los moradores de tales espacios. La evolución espiritual de los Ángeles será reconocida en todo caso por la calidad de los espacios intermoleculares, reducidos a su más ínfima expresión cuando se trata de los espacios concebibles en el interior de un átomo químico de hidrógeno o elevados a su enésima potencia cuando los referimos a la vida estructural de las Constelaciones o de las más dilatadas Galaxias.

Los espacios o vacíos intermoleculares existen por doquier y hasta donde nuestra mente es capaz de comprenderlo constituyen la morada de los Ángeles. Siendo la Iniciación, técnicamente hablando, el descubrimiento y conquista de espacios intermoleculares cada vez más elevados y sutiles determinando expansión de conciencia, podemos afirmar que el proceso iniciático tiene carácter universal y no se circunscribe únicamente a la evolución del Reino humano. Lo que sí cabe decir es que en el ser humano la iniciación adquiere carácter de identidad y de conciencia. Esto quiere significar que los contactos con las jerarquías angélicas que misteriosamente velan los espacios intermoleculares que separan entre sí a los planos y subplanos de la Naturaleza son conscientes e implican nuevas ideas o conceptos acerca de las leyes de fraternidad a las que anteriormente hicimos referencia.

En los reinos subhumanos la Iniciación procede de estímulos grupales y delimita perfectamente las fronteras o espacios intermoleculares que separan a unos de otros. Determinadas jerarquías angélicas cuidan del orden y del estímulo grupal que caracteriza a cada reino subhumano y puede decirse que las especies evolucionan siguiendo las directrices trazadas por sus Ángeles regentes. En cada reino hay jerarquías angélicas especializadas que cuidan del proceso de la evolución y fomentan poderosamente los incipientes impulsos espirituales de las unidades de vida y de conciencia hacia lo alto, definiendo las razones de ser de cada familia o de cada especie e introduciendo en las almas-grupo el necesario tipo de sensibilidad que precisan para acceder constante e invariablemente a nuevas y cada vez más refinadas formas.

Así el paso de las unidades de vida de un Reino de la Naturaleza a las zonas intermoleculares de otro Reino o la polarización de ciertas especies definidas dentro de un Reino a otras de carácter superior dentro del mismo Reino, son pequeñas iniciaciones que concurren en el misterio de la evolución. Si bien se han hecho esotéricamente muchas referencias a la gran Iniciación grupal que trajo a la existencia al Reino humano o aquellas otras iniciaciones de carácter individual que introducen progresivamente en el quinto Reino, el de las Almas liberadas, muy poco se ha hablado todavía acerca de las pequeñas iniciaciones que incesantemente tienen lugar en la vida de la Naturaleza y convierten determinados grupos de elementos minerales en vidas vegetales o ciertas cualificadas vidas vegetales en mariposas e insectos.

Analizando la vida oculta de los Ángeles podemos precisar dichas iniciaciones con sus humildes aunque sagradas ceremonias en las que la potencia ígnea de SHAMBALLA se halla presente y en las que, a igual que en las grandes ceremonias mágicas de las Iniciaciones planetarias, cada humilde e insignificante unidad de vida "se halla en presencia del Iniciador Único del planeta y ve brillar también ante sí Su radiante Estrella". De ahí que cuando en los viejos escritos de la Logia se lee que "...ni una hoja cae del árbol ni un pájaro hace su nido sin que se halle presente el amoroso estímulo de SANAT KUMARA", se nos hace una cálida referencia a la total presencia divina en todos y cada uno de los tan aparentemente insignificantes actos de la amante y pródiga Naturaleza.

La Iniciación viene regida de esta manera por los sagrados impulsos del Gran Regente Planetario atrayendo hacia sí a toda forma de vida y cualificando con incomprensible amor a toda unidad de conciencia y los Ángeles, cada cual siguiendo ciertos definidos y marcados designios, velan constantemente para que la vida del Señor del Mundo llegue a lo más profundo de la Naturaleza, purificando formas y enalteciendo voluntades de vida. Las jerarquías angélicas, constituyendo una verdadera "Escalera de Jacob" ascienden así de las más ocultas y profundas entrañas de la vida planetaria, allí donde la conciencia divina se halla encerrada en la tosca forma de una piedra, hasta las más elevadas y sublimes alturas espirituales en donde la Vida del Logos planetario se expresa en toda su infinita majestad.

La cadena iniciática se extiende así al infinito enlazando a las especies y a los Reinos y constituyendo una espiral de luz sin culminación posible, pero dentro de la cual cada alma, cualquiera que sea su condición o estirpe espiritual, hallará siempre el punto aquél, segregado del misterio de las edades, en que se hallará en presencia del Señor del Mundo representado por la correspondiente jerarquía angélica y a través de la misma verá irradiar su radiante Estrella. Igual es arriba que abajo, igual es abajo que arriba. Tal es la Ley.


Vicente Beltrán Anglada

104 lecturas

Comentario de lectores

Ninguno para este artículo