Los Egregores: Primera Parte (1/1)

V.B. Anglada


Vicente: El tema es completamente nuevo, no me atrevo a decir inédito; se ha hablado mucho de lo que vamos a discutir hoy, el tema tiene como base la idea de los egregores.

Los egregores son acumulaciones de sustancia psíquica creada por la humanidad por sus correctos o incorrectos métodos de vida; es decir, el hombre es esencialmente un creador, que está creando en múltiples direcciones, y en varios niveles de actividad, teniendo en cuenta que el hombre posee un cuerpo físico, un vehículo etérico, un cuerpo emocional o psíquico, una mente razonadora y otros tres cuerpos que desconocemos por su propia sutilidad. Por lo tanto, todo cuanto veamos a través de los egregores es una pequeña parte de las construcciones o estructuraciones humanas en los mundos invisibles, aquello que no vemos.

Porque ¿qué representa para nosotros un ambiente social o la civilización o la cultura de los pueblos? Aparentemente es muy abstracto ¿verdad?, pero esta abstracción tiene una base plena y completamente objetiva.

Si la persona piensa correctamente creará acumulaciones de sustancia emocional, mental, etérica o física densa de alta vibración; si la persona tiende por sus métodos erróneos de vida a actuar, pensar, sentir, erróneamente, contra la ley natural, como técnicamente se dice, veremos que por el contrario está afeando el ambiente.

Cuando entramos en cualquier lugar y decimos que hay mal ambiente o buen ambiente ¿por qué lo decimos? Aparte de que pueda haber una pequeña disquisición de tipo psicológico o que la persona sea extremadamente sensible, pero todos nosotros, estoy seguro, nos hemos encontrado con ambientes que nos han parecido aceptables y otros rechazables. Entonces, ¿por qué existe este freno, esta barrera desconocida?, ¿no puede existir algo objetivo que cause este ambiente?, y si existe esta cosa ¿qué será o cuál será la naturaleza de esta cosa?

Bien, aquí tenemos algunos de los elementales creados por el hombre, formas psíquicas condensadas por un sistema muy laborioso de reacción del espacio. ¿Qué entendemos por reacción del espacio? El espacio, se nos dice esotéricamente, es una entidad y, naturalmente, cuando decimos que el espacio es una entidad, estamos diciendo algo que quizá pueda parecer chocante, quizá será hasta un poco difícil de comprender, pero si se acepta que hay una potencia mental que puede ponerse en contacto con otra persona, que recibe estas impresiones, si vemos el caso de Uri Geller que también solamente con su voluntad puede hacer muchas cosas que hemos visto, incluso a través de la televisión, cuando una persona normal en carne y hueso, que se denomina el Maestro Saint Germain, ha logrado fabricar oro por la televisión y ha sido reconocido como cierto que era oro puro, ¿por qué no aceptar que existe una forma desconocida de existencia que nos está condicionando, pero que es una condición creada por la propia humanidad?

Se dice habitualmente que el hombre tiene lo que se merece, y es verdad, y que quien siembra odios recoge tempestades, como decía Cristo, o el que a hierro mata a hierro muere. Entonces, si pensamos mal tendremos malos egregores, y si pensamos bien tendremos buenos egregores.

Se trata de verificar una purificación, si podemos decirlo así, de nuestros estados habituales de conciencia; si logramos hacerlo, tendremos entidades parecidas a éstas que son las que crean los buenos ambientes. Una de estas fuerzas tremendamente importantes, uno de los grandes egregores que creó la humanidad a través de los tiempos, motivó hace cientos de años el milagro del Renacimiento, es un milagro angélico, es un milagro de realización, es el principio de una síntesis.

Solamente con comparar las formas psíquicas que aparecen a la vista del clarividente, la persona que tiene la capacidad de ver lo que ocurre en el mundo oculto, se ven estas formas negativas, y se ven las formas positivas.

Bien, el sentido de nuestra conversación debería pasar de lo simplemente hipotético o intelectivo a nuestra capacidad de acción; es decir, si ustedes están en una situación mental de expectación, de serenidad, ustedes eliminarán progresivamente estas formas elementales, estos egregores, formados por la voluntad consciente o inconsciente del hombre más algunas de estas misteriosas reacciones del espacio que la ciencia no puede detectar, pero que esotéricamente llamamos energías individualizadas o devas o ángeles, si lo prefieren de esta manera.

El espacio lo tenemos aquí, basta que sometamos la mente a una vibración superior para que todo cuanto ven desaparezca, y surgirán otras formas que apagarán estas, entonces, seremos conscientes de ciertos niveles en los cuales existen egregores o formas psíquicas creadas en combinación de los hombres y de los devas, porque todos cuantos de ustedes han estudiado esoterismo sabrán que la máxima esotérica más importante, de la que surge todo el conocimiento, se cifra en esta frase: “La energía sigue al pensamiento”. Siendo la energía del pensamiento una reacción del espacio.

El hombre al pensar emite radiaciones eléctricas, estas reacciones eléctricas encuentran una resistencia en el espacio, fruto de esta resistencia es una acumulación de energía o, si ustedes lo prefieren, una substanciación de energía, y después existe una forma, la forma del propio pensamiento, de la intención. Por ejemplo, la forma de la pereza es un estado de conciencia; vean ustedes, solamente de verla uno casi se duerme. Es verdad, es algo que es consustancial precisamente con otros estados de conciencia.

La ira, el aura de una persona sujeta a la ira es tremendamente desagradable, por los rayos de fuego que surgen de su aura. En aquel momento la mente no razona, razona el egregor, ¡cuidado! Cuando razona el egregor o esta forma dévica y la persona no razona, tenemos que el egregor toma el sitio de la persona y utiliza a la persona como médium ¡y cuántos no son médium en esta vida, sin que se den cuenta!. Lo son porque a través de sus sucesivos estados de conciencia están acumulando energía, y están creando egregores, están creando formas psíquicas dotadas de conciencia, una conciencia que no quiere desaparecer, quiere mantener su emporio y, entonces, hay una lucha tremenda entre el bien y el mal como estados de conciencia. Al fin y al cabo, ¿qué es el bien y el mal?

El bien y el mal son únicamente conceptos de nuestra mente, porque no estamos capacitados todavía para distinguir el bien del mal, al menos desde un ángulo puramente esotérico. Solamente registramos cosas que nos gustan y que son buenas, y cosas que no nos gustan porque son malas, y la balanza se inclina hacia las buenas o hacia las malas, depende de la operación de este equilibrio entre los pares de opuestos en la vida.

También tenemos, —y esto es notorio porque todos hemos tenido más o menos una educación religiosa— que hay siete pecados capitales —tenemos el número siete otra vez aquí— pero cada uno de estos siete pecados capitales tiene sus virtudes complementarias, no antagónicas ¡cuidado! Entonces, el esoterista, el que ve estas cosas y estas otras, debe fácilmente inclinarse por éstas, seguramente, porque si queremos crear un ambiente social pletórico de verdad, de razón, de oportunidades naturales para todos los seres humanos, que todo el mundo tenga lo justo para vivir, ni más ni menos, que tenga sus necesidades cubiertas, y que no exista desequilibrio social, tendrá que situarse, si puede, en el filo de la navaja, entre el bien y el mal.

Es decir, el inicio de este equilibrio es la resolución a esta eterna pregunta: “¿Cómo luchar contra el mal?”. Esta pregunta la hizo un discípulo en el ashrama de un Maestro, y el Maestro le dijo textualmente: “¡No luches contra el mal!, pero crea el bien en ti”. Porque la lucha es afianzar los egregores malos. Es decir, si nosotros tenemos ira, hay que buscar la paciencia, ¿verdad?, ¿por qué hay que buscar la paciencia? Si la persona se contempla en ira con la mente analítica lo encontrará tan desagradable que sin pasar por la lucha puede desvanecer algunos de estos egregores o ayudar a destruir estos egregores.

Es decir, hay que volver a las antiguas máximas del Señor Buda, el hombre perfecto es perfecto porque no lucha, ¿para qué luchar? La lucha engendra nuevos egregores, porque éstos no se resisten a morir, porque tienen un centro de conciencia dévica, y todo cuanto es la humanidad en el presente es el resultado de la suma y resta de egregores buenos y malos.

He nombrado el caso del Renacimiento porque fue una explosión tan tremenda del espíritu creador del hombre que se eliminaron por la fuerza de aquel espíritu creador muchos de esos elementales y surgieron otros elementales dévicos, arcangélicos, de esta naturaleza divina. Y todos podemos contribuir, y aquí ustedes también se acordarán que hemos hablado mucho de la elección que tiene que hacer el discípulo frente a la iniciación y frente a la dorada puerta de los misterios cuando existe por un lado el Guardián del Umbral, creado por todas estas formas a las cuales él ha ayudado a desarrollar, y por otro lado, el Ángel de la Presencia, el sinnúmero de egregores matizados de estos divinos colores con resplandecientes haces de luz, que constituye la herencia real del hombre y no esto que es heredado del remoto pasado.

Y al respecto hay que considerar cómo tenemos el ambiente social del mundo, el aspecto ecológico, y todo cuanto signifique presión, angustia, sufrimiento, hambre, guerra, todo cuanto ustedes quieran poner en ese platillo nefasto de la balanza de la humanidad.

Pues bien, el hombre es el señor de su destino, cuando hablemos del karma, no hablemos del karma como una entidad aparte del hombre o de la propia humanidad, hablemos de la justicia de los actos, a los cuales nosotros nos hemos hecho acreedores, porque la justicia —la Balanza de Osiris como técnicamente se dice— es aquel momento cumbre en el cual el bien y el mal se hallan en equilibrio dentro del corazón del hombre; o cuando existe el mal que pesa sobre la vida, entonces, el karma es malo, o cuando hay algo más de karma bueno que malo, entonces, tenemos buen karma. Pero desde el ángulo más profundamente esotérico el buen karma y el mal karma son karma, son desde el punto de vista humano una creación del hombre y, esotéricamente, las bases que sitúan al hombre dentro o fuera del ejercicio de ley.
Otra de las cosas que podemos descubrir también es el poder de los buenos egregores creados por los rituales efectuados por las iglesias, por las escuelas esotéricas o las sociedades secretas espirituales, tratando de conectar el alma del hombre con el espíritu divino. Si precisamente las iglesias han tenido la virtud de perpetuarse a través de las edades, prescindiendo en este caso de las iniquidades que han sido cometidas en nombre de Dios, pero viendo sólo el aspecto mágico de la cuestión, veríamos que los ritos, las ceremonias y la liturgia en su totalidad, han creado los egregores que están manteniendo las iglesias del mundo, con o sin amor.

Hablamos solamente de que pueden haber poderosos egregores que ayudan a las iglesias a mantenerse y, naturalmente, sabiendo esto, los discípulos de la Jerarquía, los miembros de los ashramas, los aspirantes espirituales y los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo que se aperciben de esta razón, están trabajando también activamente para crear egregores de liberación tales como los que surgen de una meditación esotérica.

Cuando el hombre, en virtud de una asiduidad, de un hábito establecido de contacto con su Yo Superior, ha creado un egregor positivo que le ayuda en sus meditaciones. Incluso siente la llamada de este egregor, al cual él ha dado vida y que, por decirlo así, lo está amamantando con sus buenos pensamientos de liberación.

El día en que la persona comprenda que lo que dirige el ritmo de la evolución es su propio ser, su modo de pensar, de sentir y de actuar, y que no son los gobiernos, ni las iglesias, ni los partidos, ni nada de esto, sino que todo radica en su modo certero, profundo de enfrentar la vida, entonces tendremos buenos gobiernos, porque cada persona tiene el karma que se merece, y cada nación el gobierno que internamente haya elegido, y como luchamos contra los gobiernos que nosotros mismos hemos fabricado con estos egregores malsanos, no podemos quejarnos. ¿Cómo vamos a luchar contra aquello que es nuestra obra?

No luchemos, dejemos de actuar en un sentido negativo y todo lo que hay de nefasto tendrá que caer por la lógica de las cosas, por la razón que asiste al hombre perfecto, por la potencialidad del pensamiento, por la sutilidad de las emociones y del espíritu, y por una conducta recta e intachable. Todo esto, naturalmente, lo hemos oído tantas veces que ya suena a vacío en nuestros oídos.

Si el egregor del amor que predicó Cristo estuviese aquí, sería otra la dirección espiritual del mundo en los momentos actuales, pero es que no tenemos el egregor del amor creado, sino que hemos creado la mistificación, a fuerza de intelecto, a fuerza de hablar del amor hemos creado en el mundo mental una idea del amor que no es el amor.

Como todos tenemos dentro del corazón y en nuestra mente una idea falsa de Cristo, porque lo que hemos creado es un falso egregor, y este falso egregor es el que dirige toda la corriente de vida cristiana. ¿Se dan cuenta qué falsedad existe en todas estas cosas? ¿Y todo por qué? Porque el individuo todavía no se ha apercibido por completo de que su vida es tan importante como la del propio Dios, y no digo ninguna blasfemia, porque si faltase alguno de nosotros Dios no sería, es decir, somos Él, y Él se manifiesta a través de nosotros.

Solamente que hay que barrer muchas cosas y estas cosas que hay que barrer son las que condicionan la conducta, son las que impiden que razonemos con luz verdadera y visión creadora, son las que impiden desarrollar estados positivos de conciencia. Es decir, nos falta vida, nos falta amor, nos falta creatividad, y en este sentido todos somos responsables del malestar en el mundo, somos responsables de estos egregores.

Dense cuenta que en el momento presente todavía existen egregores que fueron segregados por los estados de conciencia de la raza Lemur, que aun existen en el mundo psíquico egregores creados por los atlantes, las razas que nos precedieron en la historia del mundo, y que existen frías fuerzas dentro del espacio mental, fuerzas egregóricas como éstas o como otras, porque la mente como no tiene la capacidad de síntesis ya no distingue nada, no distingue el bien del mal y, por lo tanto, no puede establecer un recto equilibrio, un recto razonamiento o un frío discernimiento, amparado por el amor de Dios, le es casi imposible.

Entonces, existe un vacío tremendo en el hombre en su estado actual con una mente capacitada únicamente para recoger los detritos, por así decirlo, de la tercera dimensión, sin poder mantenerse dentro de un espíritu de templanza, de alegría, de optimismo, sino que vive ausente de la verdad, sólo está mirando el pequeño interés, y el pequeño interés, o el egoísmo, como quieran llamarlo, es un egregor.

El día que se convenzan de que todos son egregores, todos, son unos egregores formados por nosotros mismos a través del tiempo, teniendo en cuenta que muchos de nosotros procedemos de la raza Lemur, y quizás de la raza Atlante, y quizá también de los principios de nuestra raza Aria, y que estamos con los mismos defectos de la Lemuria, tenemos los mismos miedos y la misma crueldad con respecto a los demás, no hemos variado fundamentalmente, ¿verdad? Somos conscientes de que no hemos variado, y el mundo no ha variado porque nosotros no hemos variado; entonces, ahí están nuestras creaciones, ¡ojalá todo fuesen creaciones divinas!, o angélicas como ésta.


Por Vicente Beltrán Anglada
Barcelona, 13 de diciembre de 1980


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