Movilización de los elementos angélicos.

V.B. Anglada


7. MOVILIZACIÓN DE LOS ELEMENTOS ANGÉLICOS

Intentaremos descubrir ahora el Misterio oculto de la Creación. Observándolo bien, Creación es un término vago y nebuloso que difícilmente aceptará la Ciencia de nuestros días. Sus investigaciones exigen una comprobación concreta de los elementos integrativos de todo cuanto va experimentando. De ahí que para acercarnos lo más posible a este aspecto de concreción y exactitud que exige la mente científica, vamos a reemplazar el término creación por el de construcción, ya que es obvio que la construcción es el aspecto objetivo y comprobable de la creación.

Examinemos, por ejemplo, la diminuta vida de un átomo la cual, según ha podido comprobar la Ciencia, reacciona como un Universo en miniatura de acuerdo con los principios o Leyes conocidas de rotación y de traslación y por la actividad permanente de un centro de gravedad que es inherente a todo cuerpo objetivo de la Naturaleza. En estos tres aspectos definidos de Gravedad, Rotación y Traslación, términos radicalmente científicos, hay una indicación natural -si utilizamos lógicamente la analogía- de todo cuanto fue dicho en capítulos anteriores. La Ley de Gravedad es el FOCO de Atención de una conciencia central, sea la de un Logos, de un ser humano o de un simple átomo. En tal centro de actividad gravitatoria hay un campo de fuerzas muy distintas quizás a las científicamente conocidas, que obligan al Espacio a comprimirse constituyendo compartimentos estancos de distintas densidades.

El Éter de dicho Espacio es una sustancia viva e inteligente; no es, tal como erróneamente se cree, una fuerza ciega apta solamente para recibir y transmitir impactos. Es sustancia inteligente por el hecho de que corresponde al campo de actividad magnética de una Entidad Logoica trascendente, superior a la de nuestro particular Universo. Si tenemos en cuenta que el Espacio viene teñido por ello de un Karma natural de Aquel supremo Logos, contenedor del nuestro, veremos que las ideas de Gravedad, de Éter y de Karma tienen desde este momento un más oculto y profundo significado, pues nos aclaran hasta cierto punto las concepciones básicas de la Creación, cuya génesis expresiva, o sea, la Construcción, corresponde a los Ángeles en sus infinitas gradaciones y Jerarquías.

La manera como el "impulso eléctrico" que surge de la Intención de la Divinidad Creadora se convierte en Ley de Gravedad y después en una Fuerza y en un Movimiento circular –como en el caso de la nebulosa que precede a un Universo- y origina el impulso de rotación de los astros, puede apreciarse como una consecuencia de la actividad de los Ángeles Constructores. Estos Ángeles comprimen el Espacio siguiendo las normas gravitatorias que rigen para todos los Sistemas Cósmicos establecidos, es decir, hacia dentro del propio Espacio. Cuando esta compresión del Éter llega al máximo posible en orden a la densidad que le corresponde por Karma Logoico -observen nuestras dificultades expresivas- surge otro movimiento o impulso de expansión hacia afuera, hacia el Cosmos.

Ambos movimientos, el de la gravedad hacia el centro, la Fuerza centrípeta, y el que se expansiona hacia afuera, la Fuerza centrífuga, son un efecto muy particular de los Devas Constructores que realizan este trabajo como una actividad natural que copian, reproducen o reflejan del Sístoles y Diástoles del Corazón Solar, del cual el Éter, en todas sus posibles densidades puede ser considerado como la Sangre o elemento vital. De ahí, las axiomáticas palabras que extraemos de "EL LIBRO DE LOS INICIADOS": "...El ÉTER es la SANGRE de los DIOSES", las cuales nos informan esotéricamente acerca del doble Misterio de la Creación y de la Construcción del Universo.

Si seguimos atentamente la idea que acaba de exponerse, deduciremos por analogía que en el Éter sustancial subyace la Energía que permite la expresión objetiva de todas las formas de vida de la Naturaleza, las que por su propia densidad pueden ser percibidas por nuestros sentidos físicos y las que por ser de carácter subjetivo o sutil se hallan fuera del alcance de los mismos. La localización y el futuro desarrollo dentro del cerebro físico humano de ciertos "puntos clave" en orden a la percepción de los elementos etéricos o sutiles que pueblan el Espacio y contribuyen a la construcción de cualquier tipo de forma objetiva o subjetiva, constituye la tarea del discípulo en entrenamiento espiritual o, más científicamente expresado, del investigador consciente.

En ciertas zonas "intermoleculares" del cerebro físico del ser humano moran unos determinados agentes dévicos o angélicos que todavía no han logrado iniciar su tarea de desarrollar aquellos "puntos clave" que han de servir como áreas de recepción de las altas verdades cósmicas y al propio tiempo de percepción humana en los niveles sutiles de la Naturaleza. Cuando en los estudios esotéricos avanzados se dice que "una verdad ha sido conquistada" por el discípulo o por el investigador, se nos informa a la vez de que ciertos elementos de percepción superior en el cerebro han sido movilizados y se ha iniciado una nueva fase de desarrollo dentro de la vida humana. Como veremos, a medida que avanzamos en nuestro estudio surgen nuevos datos de interés, no sólo esotéricos sino también científicos.

Cuando, por ejemplo, se hace referencia a la cuarta dimensión se nos está informando aunque no en forma empírica o experimental, sobre unas zonas gravitatorias más sutiles a las conocidas en el mundo físico, de las que irradian o se proyectan ciertas energías que ponen en actividad dentro del cerebro a los elementos angélicos, elementos a los que anteriormente hicimos referencia. No olvidemos que el Éter es la sustancia universal en distintas fases de condensación y que los Planos de la Naturaleza, o Cuerpos expresivos del Logos, son interdependientes. Esto quiere significar que siendo una sola la procedencia del Éter, o campo magnético a través del cual se expresan las cualidades distintivas de la Vida creadora, uno sólo será también el destino de la sustancia: revelar el Karma de los Dioses o, en un aspecto más cercano a nosotros, testimoniar el destino del hombre. Un delicado instante de atención nos aclarará el sentido de la Vida creadora con respecto al Universo.

Siendo el Karma una emanación natural del Logos, un Poder gravitatorio central revelando la experiencia del pasado universal, es lógico suponer que lo que realmente opera en el espacio, eterna Matriz de toda posible creación, es esta sustancia kármica la cual, según se nos dice ocultamente, "tiñe el Espacio con las cualidades engendradas de sí misma y refleja estados de conciencia, originando así el Éter", o campo magnético más afín con su naturaleza creadora. Por tanto, cuando nos referimos a "movilización de elementos angélicos", tenemos en cuenta esta maravillosa potencialidad, inherente al Éter, que permite la construcción de todos los cuerpos y todas las formas posibles. Podemos iniciar una nueva fase en nuestro estudio a partir de esta idea, pero teniendo en cuenta lo dicho en otras partes de este Tratado de que el Karma, el Éter y los Ángeles son apreciaciones distintas de la misma cosa.

Así, cuando el Logos decide crear, y esta decisión entraña para nosotros un secreto de la más elevada trascendencia, moviliza espontáneamente una increíble cantidad de elementos angélicos, desde el poderosísimo e imponderable Arcángel que es parte consustancial de Su Voluntad y conoce cada una de Sus decisiones, hasta el diminuto e imperceptible elemental cuya morada es el espacio intermolecular entre dos átomos físicos. Esta movilización obedece a un Mandato supremo, a un inconcebible Mántram que pronuncia el Logos creador y cuya traducción más asequible a nosotros es el "¡HÁGASE LA LUZ!" del Génesis bíblico, o el AUM, que es la réplica del Mandato en la lengua sagrada de los Grandes Rishis orientales. En ambos casos, este Mántram es una Orden que da el Logos a todo Su contenido kármico, el cual, según vimos anteriormente, tiene una conciencia que le es propia y familiar, siendo los Ángeles precisamente quienes guardan, preservan y archivan este Misterio oculto de los Logos creadores.

Del estado de SER al principio de EXISTIR sólo hay una débil frontera, aunque perfectamente delimitada por los Ángeles de los Archivos Akáshicos, quienes, edad tras edad, ciclo tras ciclo, preservan la Memoria Cósmica como base esencial de futuras creaciones universales. El Mandato de un Logos creador va dirigido siempre a aquella parte dentro de la Memoria Cósmica que muy particularmente le corresponde, ya que de esta Memoria particular se derivarán las grandes corrientes de Vida y de Conciencia que convergiendo en el Espacio en forma de Éter posibilitarán la creación del Universo.

Distingamos pues en el Logos dos elementos consustanciales. Su Vida Creadora (KRISHNA) y Su Existencia Kármica (ARJUNA) que jamás le abandona y permanece en equilibrio dentro de las grandes Zonas Praláyicas de Conciencia, o Espacio Intermolecular, entre un Universo extinto y otro que deberá surgir en un futuro más o menos lejano en orden al principio de creación que surge eternamente de la Gran Ley Cósmica de Necesidad. Nos hallamos aquí al borde de un gran Misterio en el devenir de nuestras investigaciones.

Hemos aprendido, no obstante, algo que nos permitirá establecer una nueva serie de ideas ante nuestro sincero afán investigador, o sea, que el Ángel no es una Entidad independiente, separada del destino de un Logos creador, sino una emanación natural de la Vida de ÉSTE, como el perfume es la emanación de una flor, expresándose como poder constructor de formas o de cuerpos que místicamente han de ser ocupados por las ideas y las cualidades que forman el campo magnético o gravitatorio a que Su evolución Cósmica la haya hecho acreedor. Démonos cuenta, a medida que vayamos introduciéndonos en esta idea, lo difícil que resulta elegir las palabras más adecuadas o convenientes para su comprensión. En tal dificultad tendremos que recurrir frecuentemente a la intuición y tratar de ver el proceso desde zonas mentales disociadas de todos los conocimientos hasta aquí adquiridos o heredados.

Cuando hablamos, con respecto a un Logos creador, del "GRAN PRALAYA" nos atenemos al significado esotérico de descanso después de un periodo de actividad o MANVANTARA que originó, desarrolló y completó un Universo. En el Gran Pralaya de un Logos existe un perfecto equilibrio entre la IDEA creadora y la ACTIVIDAD constructiva y este equilibrio, visto desde el ángulo intelectual, aparece como una cesación completa y absoluta de las actividades de la Conciencia. Lo que realmente hay es un período de "distensión" dentro de la Vida Logoica y tal Periodo es de un orden muy natural teniendo en cuenta que el Espacio ya no está comprimido y el Éter ha vuelto a Sus indescriptibles Fuentes de procedencia.

De ahí la frase esotérica "Los Ángeles descansan". Asignamos, como se verá, significados nuevos a términos esotéricos corrientemente utilizados en nuestros estudios anteriores, pero son precisamente estos nuevos significados los que nos permitirán comprender cosas que hasta este momento eran consideradas como secretos iniciáticos. La "distensión" o GRAN PRALAYA que se produce después del gran esfuerzo creador por el cual un Universo con todo su contenido planetario y abarcando cómputos de tiempo realmente sobrecogedores vino a la existencia, NO es un reposo absoluto en donde el SILENCIO y la NADA -he aquí unos términos que no pueden dar una idea exacta de lo que intentamos decir- se han enseñoreado del proceso.

Se trata de una forma de actividad cuyo significado no está todavía al alcance de la mente intelectualizada del ser humano y que surge de las maravillosas Zonas del gran equilibrio cósmico en donde el Logos creador, las Mónadas Espirituales y las Jerarquías Angélicas que guardan el Misterio del Karma, se hallan confinadas. El Universo en su totalidad, que es el producto de una gran tensión creadora que determinó la compresión de los Éteres del Espacio hasta convertirlos en sustancia material orgánica o molecular, se halla allí en aquellas indescriptibles zonas de equilibrio, sujeto a un proceso de recopilación, reconsideración o memorización por parte del Logos, de todos los hechos y acontecimientos universales producidos durante el gran Intento creador. Por lo tanto, aquella apariencia de reposo, vista desde el ángulo de apreciación intelectual, es considerada desde el centro de percepción espiritual como del más tremendo dinamismo o actividad logoica.

La analogía de tal estado con respecto al ser humano es, como sabemos, el DEVACHÁN, el álgido periodo de recopilación de experiencias humanas en el centro de un absoluto equilibrio de funciones universales. Es sumamente importante que tratemos de comprender la capacidad de síntesis que existe tanto en el Gran Pralaya Cósmico o en el Devachán humano, aquella indescriptible facultad, tremendamente dinámica, que surge del perfecto equilibrio entre dos campos de fuerzas distintas. ¿Nos hemos detenido a considerar, siquiera remotamente, que este perfecto equilibrio es LUZ y que podríamos hallar aquí, en esta idea, la causa de esta rara y misteriosa sustancia que llamamos electricidad y que el propio fenómeno de la Luz en todas sus expresiones no es el choque o fricción entre fuerzas antagónicas, sino el resultado de un equilibrio o armónica compensación entre fuerzas o energías surgiendo de idéntico centro creador?

Según se nos dice en los altos estudios esotéricos correspondientes a esta Nueva Era, la más elevada forma de electricidad de que puede disponer un Logos en el ejercicio de Su función creadora se halla en Su DEVACHÁN o GRAN PRALAYA. El potentísimo dinamismo que utilizará en el devenir de Su actividad creadora arranca precisamente de allí, de aquellas incomprensibles y misteriosas Zonas en donde el EQUILIBRIO es la única Ley reguladora y en donde los Ángeles, en sus infinitas Jerarquías, han reducido el Éter a su más mínima expresión siendo el Éter una expresión del Karma de los Dioses, puede afirmarse lógicamente que el Karma de Dios ha cesado prácticamente de actuar.

Los Ángeles, a su maravillosa manera, que es la manera que aprendieron del Gran Señor, también se hallan recopilando la experiencia cosechada de su obra o experiencia en el Universo. Allí, en el eterno Silencio de la Paz infinita del PRALAYA UNIVERSAL escuchan sonidos inmortales, presienten nuevos y más fúlgidos colores y se recrean con más bellas, depuradas y sutiles formas geométricas. Ellos preparan allí, en aquellas excelsas regiones más allá de toda posible forma de Nirvana, los sutilísimos rayos de Luz con los que tejerán las nobles estructuras de un nuevo y más esplendente Universo.


Vicente Beltrán Anglada

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