Sobre el Festival Wesak y la Meditación. VI (...Kundalini)

V.B. Anglada


Interlocutor. – ¿Puedo hacer una pregunta?
Vicente. – Si está de acuerdo con el tema, sí.

Interlocutor. – Es que hace ya algún tiempo que le oí hablar de tres fuegos: el fuego de Fohat, de Prana y de Kundalini. Hablaba usted de unir el fuego del Corazón con el fuego del Espíritu. Entonces me pregunto yo: ¿estos dos fuegos no son el Kundalini que sube, que va subiendo en los cuerpos?

Vicente. – Cuando el fuego solar del Corazón ascendiendo progresivamente hacia arriba establece contacto con el fuego espiritual de Fohat, entonces empieza a despertarse sin peligro el fuego de Kundalini, porque (es peligroso) sin antes haber establecido contacto —más concreto todavía— entre el corazón o el centro Cardíaco con el centro de la Garganta y éste con el centro Ajna del entrecejo. Si no hay una plena integración de la personalidad, el desarrollo prematuro del fuego de Kundalini puede llevar a extremos indecibles, digamos de, algo terrible; es espantoso el sufrimiento de la persona que, como aprendiz de brujo, intenta desarrollar los fuegos de la naturaleza corporal o de la materia, o de Kundalini, sin antes haber ejercitado el poder superior de establecer contacto entre el corazón, el centro del entrecejo y la garganta.

Y entonces, de aquí pasar al centro de Fohat. Una vez Fohat —el fuego de la Mónada o del Espíritu—, ha enviado parte de su vida a través del Antakarana, entonces, se centuplica el fuego de amor del corazón, se ama más a las personas y a todo cuanto nos rodea, y se entra en un estado místico de contemplación. Desde el momento —ya estamos con el silencio— que hemos adquirido el silencio místico, entonces sin peligro ya, siguiendo unas leyes naturales, empieza a ascender la serpiente de Kundalini a través del Susumma, y va entonces desarrollándose los centros, primero, los inferiores, después los superiores, hasta convertir el hombre en un Adepto de la Buena Ley; es decir, que cuando hablamos de un Adepto o de un Maestro de Compasión y de Sabiduría, no hacemos sino establecer un equilibrio mágico entre el fuego de Dios, el fuego de la naturaleza y el fuego del hombre. Es decir, el fuego místico del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; o sea, Shiva, Vishnú y Brahma; o Isis, Osiris y Horus, que no son más que el equilibrio de las tres personas de la Divinidad, engendrando cada cual una parte del fuego del Dios Absoluto, es decir, que Fohat, Prana y Kundalini, mirados desde el alto lugar de un gran Adepto, por ejemplo, de una constelación cósmica, se verá como un solo fuego.

Aquí en la Tierra, nuestra visión, deformada por el espacio y tiempo y por nuestro grado de evolución, distinguimos tres especies de cosas. ¿Por qué?, porque estamos inmersos en una serie de cosas y somos deseosos de estas cosas. Pero lo malo es cuando queriendo imitar a los grandes, sin haber perdido la pequeñez, estamos tratando de justificar nuestra evolución desarrollando algo que no conocemos; y entonces viene el peligro y, ¡cuántas personas no han perdido la razón!... o su vida entregada en holocausto de una búsqueda de algo que todavía no se le había permitido. Es decir, sintetizando, en la justa medida que integremos el cuerpo físico, la emoción y la mente, y en la medida que seamos capaces de establecer contacto con el Yo superior, en esta justa medida, el fuego del Fohat enviará sus radiaciones al Corazón, cuando esto se realice en una cierta manera y hasta cierto punto, entonces empezará el lento crecimiento o ascensión —ya estamos con el proceso de ascensión del Cristo—, que no es más que una representación pictórica de la ascensión del Kundalini por el árbol de la vida. Porque existe un Kundalini cósmico, como existe un Fohat cósmico, como existe un Prana cósmico, por lo tanto, estamos trabajando siempre con los mismos materiales, sino en una proporción y medida que está más allá de nuestro entendimiento. ¿Más o menos?...

Interlocutor. – Así quieres decir que un ángel no puede coger cuerpo material, es una materia diferente, es aparte de lo humano, es una cosa aparte. Porque se ha dicho algunas veces, oí que se ha dicho: San Francisco de Asís es un Arcángel encarnado. Yo, a mi poco entendimiento, me parecía que no, porque San Francisco de Asís tenía materia como nosotros y aquello es otra cosa aparte, es otra materia aparte.

Vicente. – Se podía decir más claramente y más hacia la realidad diciendo: San Francisco de Asís estableció contacto con un ángel o con varios ángeles, es decir, que no existe ninguna jerarquía humana en la Tierra que no tenga un cierto punto de evolución y que esté en contacto con las leyes superiores de la naturaleza, que no tenga contacto con los ángeles, pero los ángeles no tienen cuerpo como tenemos nosotros, son ráfagas de luz, son ráfagas de sonido; pero pueden adoptar, a su gusto y manera, porque tienen el poder de hacerlo, alguna forma definida. Y por lo tanto, a un creyente de tipo religioso del aspecto cristiano, se le representará con una túnica con alas, pero si se representa a los ojos de un creyente hindú, se le manifestará como una forma de la naturaleza. Y para escuchar un ángel hay que educar el fino sentido oído interior, porque el ángel no se expresa con palabras. Si queréis escuchar a un ángel, escuchemos la música, una bella poesía, vayamos al campo, el paso del viento, el perfume de las flores... Si estamos atentos, llegará un momento en que cierto trino de algún pájaro allá a lo lejos, una forma en que se mueve el viento a nuestro alrededor, o una inspiración interna que tengamos, nos dará un mensaje el ángel tan claro como si nos dijeran algo a través del micrófono.

Interlocutor. – ¿Puedo decir otra cosa?
Vicente. – Sí, claro.

???
cabeza y dos alas pequeñas? ¿Esto será, de alguna manera, querubín?

Vicente. – Bueno, yo no sé, porque, claro, cada artista ha pintado los ángeles según las concepciones, pero a medida que ascendemos por la escalera de Jacob de la evolución, donde ascienden y suben los ángeles, lo que decía Antonieta, hay una gradación infinita de ángeles, es decir, que hay ángeles sutiles, más sutiles, cuanto más elevada es la persona, más sutil es.

¿Cuándo somos más inteligentes? Cuanto más sutil es nuestra mente. ¿Cuándo sentimos más sentimiento creador? Cuanto más sutil sea nuestra emoción o nuestro sentimiento. ¿Cuándo somos más sutiles en la conducta? Cuanto más sutil sea el cuerpo. Por lo tanto, aquí hay un indicio del trabajo a realizar. Con los ángeles pasa lo mismo, porque es la jerarquía. Hay ángeles que están en contacto directo con la naturaleza y se les puede percibir incluso con los sentidos corporales en un momento determinado, según cual... se pueden descubrir en la naturaleza este tipo de devas, pero hay devas a los cuales no podemos llegar ni aun con la visión más exaltada porque pertenecen a niveles que son inaccesibles al hombre, y cuando alcanzamos —por obra y gracia del Espíritu Santo— alguna iniciación, o entramos en una nueva dimensión del espacio conscientemente, entonces, empezamos a percibir sutilidades; a descubrir formas, olores, sonidos..., que no tienen nada que ver con lo que conocemos, y que, por lo tanto, no hay una descripción para los que te escuchen. Pero si van sutilizando la mente, si se educan en la calma del silencio y llegan a visualizar un día esta realidad que no tiene forma, entonces, podrán conversar con un ángel como conversamos entre nosotros, porque la ley es la misma, es el sonido, pero el sonido se ha hecho sutil hasta el extremo que, para oírlo, tendremos que educar otro oído que no poseemos, y en el cual la clariaudiencia y la clarividencia son precursores del estado de gracia mediante el cual el hombre puede conectarse con el mundo de los ángeles, pero que los ángeles inferiores están actuando en la naturaleza y están en contacto con los seres humanos interviniendo en los asuntos del hogar, ¡ahí está el peligro!

¿Por qué? Porque sin haber dominado todavía el contexto físico, emocional y mental, estamos entrando en nuestra casa —por obra y gracia también, de esta fuerza que tenemos de evocación— a entidades inferiores de esos planos. Que todos tenemos sueños que nos dan una noción de esos estados, que todos tenemos estados de angustia que no pertenecen a ningún momento determinado, psicológicamente hablando, sino que seguimos las imperiosas necesidades de entidades que, a través de nosotros, quieren controlar la vida. Y no debe ser así, porque es el hombre que debe controlar la vida y hacer contacto con los ángeles de sistemas solares superiores, y entonces sabrá lo que es la fraternidad; porque la fraternidad —que antes hemos ya llevado al extremo de esta fraternidad de relaciones cósmicas— es la que debemos establecer como primer paso con los reinos de los ángeles. Y ahora mismo en la meditación hemos tenido contacto con los ángeles, porque los ángeles se manifiestan a través del vacío que hemos creado con los mantras y el silencio. Por lo tanto, todos estamos llegando a un punto en el cual nos damos cuenta que estamos inmersos en un mundo que desconocemos todavía, es tan complejo, es tan elevado y somos tan complicados y tan pequeños en nuestra mente, que cuanto digamos acerca de los ángeles, de los maestros, tiene que sonar forzosamente a algo vacío, a algo sin sentido, ¿por qué? Porque, lo que decía Marcelo, no se puede comprobar.

Supongan que puede haber un ángel, ¿cómo podéis interpretar vosotros que pueda haber un ángel o que conversan con un ángel? Nadie podrá decírselo. Es una experiencia que pertenece a cada uno de ustedes; y cuando ustedes se den cuenta de que en su sutilidad han encontrado un hálito de sentimiento más allá de lo que están acostumbrados a sentir, quizá tengan noción de un contacto angélico, pero no antes.

Interlocutor. – Es que yo a través de un niño sentí un ángel, por eso decía yo que era, me parecía a mí que era una jerarquía, un querubín, porque era un niño ¿eh? y a través de él sentí yo el saludo de un ángel.

Vicente. – Es posible, porque el ángel adopta la forma que quiere adoptar; porque el ángel precisamente domina los éteres y todo lo que existe en la naturaleza no es más que una proyección etérica más o menos densa; incluso los planos que constituyen el sistema solar no son más que éter condensado, que va desde el espíritu más elevado hasta la más densa de las materias. Y en cada uno de estos niveles hay seres vivos, seres invisibles que no podemos ver, y que quizá en animales como el caballo, el perro y el gato puedan ver, pero que pertenecen a una dimensión que no es la nuestra; y por lo tanto no hay que negar una cosa por el simple hecho de no verla, sino decir pacientemente: ”Estoy trabajando en mí para crear un estado químico en el crisol de la prueba que me dé la facilidad de poder interpretar el mensaje de un ángel”. Pero claro, hasta que no interpretemos el mensaje de una necesidad humana, los ángeles no se podrán revelar a nosotros. Habrá que trabajar mucho y duramente.


Extracto de la Conferencia de Vicente Beltrán Anglada
En Barcelona, 27 de Mayo de 1975
Digitalizada por el Grupo de Transcripción de Conferencias (G.T.C.) 4 de Julio de 2009

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