Leyes de la Naturaleza que debemos conocer.

Varios/Otros


Entre todas las leyes que rigen el Cosmos, o sea el Universo Integral -visible e invisible- la primera debe ser, y de hecho lo es, LA LEY ME AMOR. Ley de la atracción y de la unión de todos los seres y de todos los cuerpos. Es la ley de la CREACIÓN por la que todo existe y sin la cual sólo sería el caos. Es la ley de la UNION y la ARMONÍA.

Por ella existen tos mundos, los sistemas estelares, las nebulosas y galaxias. Ella norma las relaciones de los seres que permiten la continuidad de las especies en que se manifiesta la Vida.

Ella rige la atracción de los elementos en la conformación de las substancias y los cuerpos para los prodigios de la Química. Es la que dirige las fuerzas que llevan a la Unidad del Todo. La que interviene en la fuerza centrípeta que atrae a los astros en la unión de sus sistemas... La que lleva, igualmente, en los átomos a la formación de las moléculas, base fundamental de todos los cuerpos, de todas las combinaciones que permiten la existencia de los reinos de la afinidad, fuerza creadora que construye y modifica. Entre los animales gobierna los instintos y preserva de la separación y la extinción de la especie, Y en la humanidad es la simpatía, que atrae a los irnos y a los otros, que los lleva a juntarse, a fomentar el cariño, la confraternidad, la abnegación, el altruismo hasta llegar al heroísmo en el sacrificio por amor al prójimo...

El que también exista la repulsión (el odio, los rencores, la destrucción y la muerte) no implica la invalidez ni la inexistencia de la Ley de Amor. Ello se debe a la coexistencia de otra de las leyes principales del Cosmos: La de los contrarios, o de las fuerzas antagónicas del Universo, que más adelante trataremos.

En segundo lugar hemos de tener en cuenta LA LEY CÓSMICA DEL MOVIMIENTO o Ley de Vibración Universal.- El Universo es Vibración, porque la vida es movimiento. Lo contrario, o el reposo absoluto, equivalen a la muerte, o sea la inercia. Pero al no existir el movimiento continuó absoluto, la vida se manifiesta en un constante movimiento alternado con reposo relativo para mantener y recuperar el desgaste de las fuerzas en tensión. Por eso vemos la vigilia y el sueño, el día y la noche, el descanso y el trabajo, los ciclos de existencia visible e invisible, la vida y la muerte, la luz y las tinieblas en la rotación de los astros, como en los mundos microscópicos o pequeños, en la inmensidad del Cosmos, vibran (o se mueven) las ondas de luz, de sonido y las frecuencias de la electricidad o el magnetismo en su variadísima amplitud... Sin esta Ley sería incomprensible, también, la existencia de los mundos y de sus variados habitantes en todos los confines del Universo.

Luego hemos de conocer la LEY DE EVOLUCIÓN o de Pluralidad de Existencias, que implica la marcha inexorable de todo ser vivo en demanda, o aspiración, de niveles y formas cada vez más adelantadas, superiores, más perfectas. Es la ley, que junto con la Ley del Amor, y con la de Movimiento o Vibración, conduce a todos los seres vivientes desde las más primitivas formas, desde los niveles más ínfimos, hasta los más avanzados. Es la que impulsa al Hombre a salir del primitivismo, marchando adelante en la escala del Progreso, en busca de la superación, por su propia conveniencia, y por latente deseo de mejorar su vida, ascendiendo los niveles que han de llevarlo hacia las cumbres del mejoramiento gradual, en su larga peregrinación por alcanzar la suprema gloria y la felicidad...

La evolución, o marcha continua a través de la Vida también nos ofrece el ejemplo de su íntima relación con las dos leyes mencionadas anteriormente, pues la de Amor se une a ella para estimular el deseo de mejorar, de perfeccionar todo cuanto rodea y forma parte de la vida personal de cada ser. Y la ley de Movimiento regula esa marcha y llega a normarla en ciclos que requieren de la actividad y del reposo en todos los niveles y en todas las frecuencias vibratorias. Pero como los cuerpos o formas en que se manifiesta la vida, no pueden ser eternos, por el natural desgaste del uso y del trabajo, cuando un cuerpo o forma ha llegado al límite de su rendimiento, debe ser desechado.

Esto es la Muerte, y el mecanismo que sigue la evolución para asegurar el desarrollo ininterrumpido del ser, en intelecto, en psiquismo y en constitución física y corpórea, para esa meta de máxima perfección sólo puede conseguirse con la utilización de nuevos cuerpos, formas y organismos de los distintos planos que conforman al ser integral. Y para ello se requiere de ciclos en dónde se alternan la Vida y la Muerte, para permitir al espíritu inmortal, nuevas experiencias y nuevas lecciones de la Vida hasta la suprema perfección... Todo este proceso ha sido explicado en detalle en el libro anterior, "YO VISITE GANIMEDES...", lo que me releva de mayores explicaciones en esta obra, pues se supone que el lector conozca ya el primero, sin el cual no podría comprender mucho de lo que en el presente se refiere.

Otra es la LEY DE LA ARMONÍA, o de La Adecuada Relación entre las Partes y el Todo. Esta Ley nos enseña cómo todo en el Universo requiere de la equilibrada y armónica función entre las partes y el conjunto, entre tos miembros, órganos o diferentes elementos que constituyen un mecanismo, una institución, un sistema, un TODO, en general. Sin esa armonía, sin ese regular y justo comportamiento de las partes a la finalidad y justeza de funciones del conjunto, nada puede tener un fin eficaz y perfecto. La Naturaleza nos lo prueba a cada paso: en los campos de la sociología, o de la política, si los distintos elementos de una sociedad o de un partido, marchan cada uno egoístamente por su lado, según sus propios intereses o inclinaciones, sin armonizar su trabajo y sus ideas, esa sociedad, ese partido, o institución; cualquiera, no puede subsistir, se destruye, muere.

Lo mismo vemos en el terreno de la biología: Si las partes constitutivas de un organismo, de un ser, de un sistema, no funcionan equilibrada y armónicamente, cooperando a la función y plan total, ese organismo, ese conjunto, ese ser se trastorna hasta destruirse. El cuerpo humano es un perfecto exponente de la necesidad imperiosa de esta ley, por la que cada parte, cada porción, cada órgano, debe trabajar, cooperar a la armonía del todo, sin lo cual sobreviene la enfermedad y la muerte...

En la música, por ejemplo, la ley de la armonía se manifiesta de manera clarísima. Quienes sepan de música comprenderán qué la armonía estriba en el orden, proporción, combinación y medida según el tiempo y espacio de las partes, o notas, con el conjunto total de la partitura... Y para que una orquesta pueda ejecutar acertadamente la composición de un músico, requiere de la ordenada intervención de cada instrumento, según los tiempos y el compás, bajo la dirección del director que controla la justa participación de cada uno en el conjunto total, o concierto. La marcha general de las nebulosas y "galaxias en la inmensidad del Cosmos, nos da la más formidable prueba de la presencia de esta ley universal. ¿Podríamos imaginar el magno concierto de los mundos que giran por millones en los insondables terrenos que la astronomía nos muestra, sin un perfecto ordenamiento en que cada astro mantenga su equilibrada posición en el todo? Sin la ley de la Armonía Universal, no existiría el Universo...

Ahora, veamos otra Ley: LA DE LOS CONTRARIOS, o Ley de los OPUESTOS COMPLEMENTARIOS. -Nada puede existir en d Universo sin su contrario, o sea su opuesto que lo complementa. ¿Cómo podríamos apreciar o conocer el BIEN si no existiera el MAL? ¿Podría comprenderse, la sombra si no existiera la luz?... Todo movimiento presupone la existencia de dos fuerzas contrarias: la centrífuga y la centrípeta, sin las cuales no existiría la vibración y ya sabemos que el Universo es Vibración... Si meditamos en esta gran verdad, encontraremos la comprobación de que la Ley de Los Contrarios está presente en todo lo que existe: La vida y la muerte; la verdad y la mentira; la virtud y el vicio, ¿podrían existir sin que existiera lo contrario que pone de manifiesto su existencia? ¿Cómo podríamos apreciar la verdad de no existir la mentira? ¿Qué concepto tendríamos del DIA si no existiera LA NOCHE? ¿Y qué opinión habría de la salud de no existir la enfermedad?...

Los ejemplos pueden llegar a lo infinito si vamos meditando cómo es cierto que no puede existir nada si no existe su opuesto que lo complementa en la manifestación de su existencia...

Otra de las más importantes leyes de la Naturaleza es la LEY DE CAUSAS Y EFECTOS o de Acción y Reacción.

Todos los actos o fenómenos de la vida tienen una causa, y generan, a su vez un efecto o reacción automática de la Naturaleza. Esta ley natural nos demuestra que nada es casual sino causal en el Universo. La casualidad supondría que algo pueda existir sin haber tenido una causa de su existencia, y ello equivaldría a aceptar que algo ha salido de la Nada; pero el Universo o la Naturaleza nos están demostrando que la nada no existe, porque hasta el mismo vacío espacial interastral no es vacío absoluto porque en él existen y circulan todas las ondas o vibraciones que se trasmiten de un astro a otro en ese océano de la vida que es el Cosmos.

Esta ley nos lleva, por tanto, a la conclusión de la existencia de DIOS como CAUSA primordial del COSMOS y del Universo pues si no existiera esa causa primigenia, todo habría salido de la nada; pero si la NADA no existe ¿cómo podría generar a TODO?...

Y esta ley nos demuestra, también, la justicia inmanente del Creador en toda la Creación; porque si todo efecto, proviene de una causa, todo lo que hacemos o pensamos ha de generar sus correspondientes acciones o pensamientos de reacción, matemáticamente realizados, como todo dentro del automatismo de acción y reacción en la Naturaleza. En otras palabras, que todo lo que cosechamos será el fruto natural de lo que sembremos... Y ahí está la explicación que nos lleva a comprender esa maravillosa y sapientísima Justicia Divina que a todos les da según sus obras, sus pensamientos, sus emociones y ambiciones... Y justifica, igualmente; los resultados benéficos o maléficos de toda una existencia, que no podemos achacar a Dios, pues EL nos ha dejado, con nuestro libre albedrío, elegir entre tal o cual acción, entre este o aquel modo de pensar o de actuar, y la conducta de cada uno es el fruto natural de su mayor o menor grado de evolución en la maravillosa "escala" de los valores o niveles de la Vida.

De tal manera, nadie debe quejarse de su suerte ni protestar contra la Divina Providencia por los sufrimientos o desgracias que lo aflijan, pues son los directos resultados de lo que uno va sembrando en su camino. Si sembramos odio, crueldad y egoísmo, no vamos a pensar en cosechar amor, dulzura y abnegación para con nosotros... Si actuamos con ignorancia, no esperemos que la naturaleza nos responda con frutos de sabiduría. Y si nuestra ceguera sobre todas estas leyes naturales nos lleva a cometer errores y delitos, no vamos a pretender que la vida nos premie y nos ensalce. Es justo y lógico esperar que los resultados de cada paso nuestro sean las consecuencias directas de lo que hemos hecho. Y esto, más tarde o más temprano, según la fuerza o la importancia de los hechos, redundará en beneficio o desgracia para su autor.

Pero aún hay más en esta Ley de Causas y Efectos: su influencia y acción en todo el Cosmos persiste, naturalmente, en los diferentes planos de la Vida, en esos otros mundos invisibles en donde se desarrolla nuestra vida psíquica, mental y espiritual, después del sepulcro. En nuestro mensaje anterior "YO VISITE GANIMEDES...", se ha explicado con amplitud la mecánica de ese proceso al tratar de la Cuarta Dimensión y de la Reencarnación. Es lógico y justo que el espíritu, el YO SUPREMO, para avanzar en la senda del progreso, de la superación integral hacia la suprema perfección y felicidad eternas, requiere de muchas encarnaciones, de muchas manifestaciones de la vida en la materia, sin las cuales no podría abarcar la sabiduría total de todas las formas de existencia en la insondable magnitud del Universo. Y eso no puede lograrse en una sola etapa de manifestación, o involución en los planos de la materia o vida física.

Al tener que hacerlo, muchas veces, como se ha explicado en mi primer libro, la ley de Causas y Efectos sigue actuando, naturalmente, sobre cada uno, y muchas de las causas que, por su naturaleza, no han podido obtener el completo ajuste de sus reacciones en la existencia anterior, lo hacen por la fuerza de esta Ley en posteriores encarnaciones. Eso explica todas las desigualdades humanas, todos los diferentes estados o posiciones del ser con respecto a su relación con los demás. Los distintos grados o niveles de vida. Las diferentes cualidades o facultades innatas. La astronómica variedad de caracteres y de potencialidades entre unos y otros seres humanos. Todo ello no esotra cosa que el fruta correspondiente a lo que cada uno ha sembrado y cosechado en existencias pasadas.

Y si ha dejado al partir al "más allá" - como el vulgo llama a los mundos invisibles para el ojo humano-deudas o compromisos pendientes, también en su regreso a la materia, deberá pagarlas; y las formas de saldar las cuentas de la Vida en la Naturaleza, o Cosmos, son tan variadas y extensas como lo son también todas las formas o modos de errar o delinquir en la insondable magnitud de la Creación...

***

Por último veremos, entre las muchas otras leyes de la Naturaleza, la LEY DE SELECCIÓN Y JERARQUÍA.

En la sinuosa y dura marcha que la Vida impone a todo ser viviente, muy especialmente al Hombre, sé opera una constante selección entre los más hábiles y fuertes, entre los mejor dotados y los menos, entre los más inteligentes o más torpes.

De allí resultan las diversas posiciones y la obligatoria selección de los mejores para todos los puestos o situaciones de esa misma vida, ley que norma la promoción y ascenso de todos los seres en los diferentes planos y mundos que pueblan el Universo.

Esto es, también, el proceso regulado por la Ley de Evolución, en consuno con esta, de Selección y Jerarquía. Es lo que nos muestra el estudio y la experiencia de todos los seres vivos, desde las más ínfimas especies, hasta los más inteligentes y elevados especimenes que pueblan la inmensidad de mundos en los dilatados confines del Cosmos...

La selección es constante, rígida, ineludible. Y conlleva, en sí misma, la necesidad de dirección y mando. Lo superior subordina a lo inferior, en todos los niveles de la VIDA, en todos los campos del saber, en todas las manifestaciones de existencia. Y ello es la base fundamental de la Jerarquía, en todos los aspectos de esa misma Vida. La autoridad que confiere un nivel más elevado debe ser respetada por quienes se encuentran en posición inferior. Esto norma las relaciones entre los reinos de la Naturaleza, y las relaciones y. actitudes entre los diversos seres que pueblan la Creación. Se observa, por el estudioso, en la correlación de planos y mundos; y cuando el hombre llega a desarrollar el sexto sentido la clarividencia y clariaudiencia comprueba que esta Ley rige, también, en todos los niveles de los mundos invisibles, al apreciar cómo se manifiesta en las diversas jerarquías de entidades que los pueblan...

Su fuerza y fatalismo no puede ser ignorada ni menos evitada por nadie. Por ello, en los terrenos de la sociología y de la política, siempre los conatos de rebeldía han terminado por demostrar la ineludible influencia de esta ley de la Naturaleza, porque del desorden o caos momentáneo, siempre surge, al cabo, el nuevo líder o los nuevos jefes. La humanidad no puede sustraerse a las fuerzas de la Naturaleza, porque esas fuerzas la dirigen y gobiernan... Y ello nos prueba, una vez más, la Suprema Causa o Ser, al que, en todas partes y en todos los idiomas, se ¡LE HA DENOMINADO DIOS...!



Extracto de Mi preparación para Ganímedes
de Yosip Ibrahim

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