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    Coloquio Con Un Ser De Las Estrellas. Flash 1.8


    —“Lucio, ¿por qué razón la naturaleza no permitió que el hombre utilizara el 100% de su cerebro?”

    Son estas las preguntas a las cuales es difícil, por no decir imposible, contestar completamente.

    En lugar de buscar contestación en los textos de medicina, de biología, de psicología, etc., cuando me llegan preguntas de esta naturaleza acostumbro transmitirlas telepáticamente a mi guja Sao y me quedó esperando la contestación. Casi siempre existe un período introductorio, ya que la contestación no suele llegarme, en la mayoría de los casos, instantáneamente, aunque algunas veces ha habido contestaciones inmediatas, otras he contestado antes que la pregunta hubiese sido totalmente expresada. Aprovecho el hecho de haber tocado este tema para disculparme con muchos de mis interlocutores, a quienes con aparente falta de gentileza por parte mía, he dejado con la frase a medias, interrumpiéndoles molestosamente con mis contestaciones. Es que el cerebro que me pregunta, forzosamente antes de transformarlo en modulación fonética, ya tenía evidente en sus neuronas el concepto por expresar.

    La telepatía tiene mucha más rapidez de comunicación que este mecanismo cerebro-fonético, por lo tanto, casi siempre, el argumento substancial de una pregunta viene captado por mi cerebro mucho antes que el proceso neuro-mecánico de quien pregunta pueda haberse cumplido.

    Las normas elementales del buen diálogo me obligarían a esperar que el interlocutor terminara de expresar su pregunta; en este sentido todo debate verbal implica para mí un tremendo esfuerzo: sencillamente no sé o no me doy cuenta de que mi interlocutor no ha terminado todavía de expresar su pensamiento y, entonces, contesto impulsivamente. No es una mala costumbre mía, es que mi cerebro recibe completo el pensamiento del solicitante antes de que el vehículo-palabra llegue a su destino. El proceso normal cerebro, cuerdas vocales, ondas vibratorias, tímpano, nervios acústicos, se sintetiza en mi caso en cerebro-vibración-cerebro y, por lo tanto, la señal transmitida es recibida con mucho más rapidez. Cuando contesto no pienso, ya que como he dicho, acostumbro sintonizar las frecuencias emitidas por la inteligencia universal a través de mi transmisor guía, Sao. Es así como estoy escribiendo este libro; si en ello se encontraran imperfecciones, contradicciones, errores, esto es porque no poseo los atributos de la cristalina pureza de mi ser guía, y muchos de mis circuitos están, constantemente, soportando el maltrato de esta vida, con sus peculiares necesidades. Mucha inductancia parasitaria afecta mis neurosensores involucrados en tantos contactos tierra, lo que caracteriza a este pobre instrumento neurótico mío, circundado de tantos anacronismos y antivibración. Además, existe la ley universal del esfuerzo que obliga: “Lucio, no podemos darte pan, deseamos enseñarte a sembrar el trigo”

    —Sao, naturalmente.
    No quiero seguir divagando y voy a regresar a la pregunta; de todas formas, creo que lo dicho nos será útil para contestar apropiadamente. Antes que todo, 10 o 20% son expresiones matemáticas elementalmente relativas ¡Bendito hombre, preocupándose siempre tanto por la cantidad y no por la calidad!

    No creo que el problema del potencial cerebral se deba a una expresión cuantitativa, a lo mejor, el infinitamente pequeño cerebro de una hormiga es mucho más eficaz que el del humano.

    Pensándolo bien, las hormigas con su reina, sus obreros, sus soldados, su técnica de ingeniería (después de un período de inundación total, las hormigas, vuelven a salir a la luz del sol, desde sus hormigueros y sólo ellas saben cómo lo logran) hayan dado y dan constantemente muestras de ser sumamente inteligentes. Si los excelentes diputados y senadores de unas cuantas Cámaras en el mundo, en lugar de estar durmiendo en sus curules, se fueran todos juntos al campo a estudiar, como hacen las hormigas, probablemente la humanidad política de este mundo la pasaría mucho mejor. De todas maneras, es impresionante el hecho constatado de nuestra merma cerebral.

    Partiendo del principio de que en el Universo nada se pierde y todo se transforma, quizás, habrá que rebuscar en esta afirmación la solución del hecho. ¿En qué se transformó pues el X% del potencial cerebral, perdido por el hombre? Y eso trae como consecuencia otras preguntas colaterales:

    1. ¿Algún día el hombre utilizó el 100% de su cerebro?

    2. ¿Es el cerebro el órgano de la inteligencia?

    3. Y suponiendo que así no sea ¿En qué otro órgano o entidad psíquica está vigente el coeficiente que falta?

    Contestando a la primera pregunta la respuesta es: sí, un sí rotundo y seguro. Exactamente porque nada se destruye y todo se transforma, no sólo está claro que el hombre utilizó algún día totalmente su inteligencia, ya que si nada se pierde y todo se transforma, el hombre es eterno y, por lo tanto, divino; pero hay más, por la misma interpretación de la eternidad indestructible del hombre; por antonomasia tenemos que aceptar que el hombre sigue siendo el titular indiscutible de su 100% cerebral.

    Con respecto a la segunda pregunta, lo más probable es que haya habido una emigración de sensibilidad mental del cerebro a otro órgano o entidad sustitutiva. Esa intuición, esa interpretación sensorial, esa opinión impulsiva no racional, esa telepatía, todas esas vibraciones sensitivas, llamadas paranormales, muy bien podríamos considerarlas normales si las tomamos como potencial complemental en un permanente estado de latencia; pero cuantitativa y cualitativamente pertenecientes al “Todo” mental humano.

    Bueno, he dicho en estado de latencia, ya que muy pocos, en proporción a los habitantes de la Tierra, le damos importancia a buscar este 80 0 90% de inteligencia que se nos ha extraviado.

    —Haz deporte, la Patria lo necesita, vigoriza los músculos de tu cuerpo. La Patria necesita que le des patadas a una pelota o que le pegues con un palo o con una raqueta. La Patria necesita que le caigas a golpes a otro compatriota entre las cuerdas de un ring. La Patria necesita que te rompas el cuello en cualquier tipo de vehículo lanzado a velocidades fantásticas. La Patria necesita que estés guindando de un pico nevado, como una araña, sobre un abismo profundo.

    Pero la Patria no necesita que andes buscando la inteligencia que el hombre ha dejado de poseer.

    A menos que el sistema para fomentar la búsqueda no sea esto de modernismo audiovisual, que pretende transformar al alumno en un chimpancé o éste de las maquinitas calculadoras, que justificarán frente a la conciencia cósmica el hecho previsible de que los futuros graduados en Ciencias Matemáticas no sepan la Tabla Pitagórica. La Patria, a los que nos gustan estas disciplinas algo intangibles, no nos ve con muy buenos ojos. Si hablamos de hipnosis, de parapsicología, de telepatía, de naves extraterrestres, nos llaman locos y si uno de estos locos, como este servidor, que está escribiendo estas páginas sin tener ningún conocimiento profundo de medicina o de electrónica, les declara que las enfermedades como el cáncer se curarán cuando en cada individuo sea posible computar su potencial de membrana celular, restableciendo los equilibrios electrónicos alimentados por los correspondientes exponentes fotónicos, se le dirá visionario, aunque este visionario siga insinuando que el potencial alimentador de estos diodos de túnel, llamados células, está suministrado por enzimas, como la rodopsina en el ojo de los mamíferos, que transforma fotones en electrones, utilizando después transportadores, como la quinona, para su difusión orgánica. Esto y algo más sobre medicina electrónica he recibido intuitivamente, gracias a este fluido que desde mi cerebro ha emigrado a mi mente, ya que cerebro y mente no son la misma cosa. Así como no lo es, un radio receptor y las ondas de Carlos Hertz. Y además, quizás, unas cuantas de estas neuronas pertenecientes a ese X% perdido se hayan trasladado a mi conciencia y a mi instinto.

    Respirar, bombear sangre, sudar, tener calor o frío, miedo, tristeza, felicidad, angustia y tantas otras más, actuaciones todas indiscutiblemente inteligentes, pero involuntarias, puede que también contribuyan a contestar las preguntas formuladas.

    En conclusión, creo que el hombre sigue siendo perfecto y divino, como el fantástico Adán, ése que Dios puso en el famoso jardín.

    La inteligencia del hombre siempre fue perfecta, por su esencia divina. Lo que nos apartó del Creador fue esa fuerza desconocida, que hoy quizás llamaríamos “virus”, que transformó parte de la inteligencia humana en presunción. Esta presunción que sugirió a nuestro Padre Adán comer del fruto prohibido del árbol de la sabiduría, para poder saber tanto como Dios, o quizás más.

    Si el doctor Warren Penfield no está equivocado en su estudio de proporciones con respecto al 10% de las facultades cerebrales utilizadas por el hombre, tengo a mi vez que sacar una preocupante conclusión: ¿No será que este 90% u 80%, que el hombre ha perdido de su potencia cerebral, se haya transformado todo en soberbia? Esta vez la pregunta la hago yo.

    Ya que estamos hablando de inteligencia tenemos que pararnos a considerar una evidente coherencia arquitectónica, en algunas manifestaciones de la naturaleza que a primera Vista parecerían estar fuera de toda dependencia racional.

    Ejemplos:

    1. —Examinemos los elementos químicos ordenados en forma progresiva, según su número atómico. Nos limitaremos a estudiar el grupo de 103, desde el hidrógeno (N. 1) hasta el laurencio (N. 103).

    Encontramos que las configuraciones electrónicas con excepción del hidrógeno tienen todas dos electrones en su primer nivel energético y desde el flúor (N. 9) todos poseen ocho electrones en su segundo nivel distribuidos en orbítales diferentes de dos electrones cada uno. Después del níquel (N. 28) todos los elementos poseen 18 electrones en su tercer nivel energético y desde el tulio (N. 69) todos los elementos poseen 32 elementos en su cuarto nivel energético. Es de hacer notar que sólo el níquel (N. 28) y el rodio (N. 45) tienen 16 electrones en una de sus órbitas. Es importante investigar al níquel, puede ser que este elemento nos esté diciendo algo.

    Además casi todos los elementos, con unas cuantas excepciones, conservan en su peso atómico una variante progresiva creciente. Entre los rebeldes está el potasio (N. 19), que sigue al argón (N. 18), con su exponente relativo al peso ató mico de 39,102, inferior al del argón, que es 39,948. Y el uranio (N. 92) con su peso atómico 238, que precede al neptunio con su peso atómico 237.

    Bueno, el níquel sigue al cobalto (N. 27); pero su peso atómico (58,71) es inferior al del cobalto.

    Así que bajo todos los aspectos, el níquel, es el elemento que más se escapa a la lógica coherencia de sus hermanos. Algún día el níquel nos dirá algo y les aconsejo no perderlo de vista.

    2.—Examinemos ahora la serie de números del 1 al 100, los manipularemos con operaciones sucesivas y sencillas con el fin de encontrar un total palindrómico, correspondiente a cada unidad.

    Palindrómico proviene de palíndromo y está por indicar en nuestro caso los totales que se pueden leer igualmente sea de izquierda a derecha o de derecha a izquierda (ejemplo, 323).

    Los números desde el 1 hasta el 9, inclusive, por ser de una sola unidad no necesitan manipulación alguna; todos ellos se leen igualmente en los dos sentidos. El número 10 no, de izquierda a derecha se lee 10, mientras de derecha a izquierda se lee 01. Sumamos pues 10 con su inverso 01 y tendremos un total de 11, número palindrómico. Tomemos por ejemplo el número 16, sumémoslo con su inverso 61 y obtendremos el total palindrómico 77. Si tomamos ahora el número 19, sumándolo con su inverso 91, tendremos porto- tal 110, que no es un número palindrómico, por lo tanto volvemos a sumar el inverso de 110, 011, con el 110 obtenido y tendremos 121, que sí es un número palindrómico. En este caso ha sido necesario hacer dos operaciones de suma. Hasta el número 58, sumando una o dos veces, tendremos todos los resultados palindrómicos; en cambio para conseguir el palíndromo en el N. 59, tendremos que sumar, invirtiendo cada vez el resultado, tres veces consecutivas. En fin, de todos los números obtendremos resultados palindrómicos si tenemos la paciencia de sumarlos, invirtiéndolos cada vez, el número de veces que sea necesario. Al máximo será necesario efectuar 6 operaciones en el número 79 y 97, para conseguir el total palindrómico de 44044.

    Pero aquí también como en el caso precedente del níquel, encontramos en el gran rebelde: me refiero al número 89 y su inverso 98, que nos darán un resultado palindrómico excepcional, el 8813200023188 después de 24 operaciones de sumas invertidas.

    Otra rareza: el número atómico del níquel es 28, su peso atómico es 58,71, el número progresivo considerado es 89 y SU palíndromo contiene también cuatro ochos. Todos los exponentes, tanto del níquel como del número examinado Contienen el signo característico del infinito, representado Por el número ocho (8).





    Extracto de:
    SAO ME HA DICHO…
    Coloquio Con Un Ser De Las Estrellas
    FUNDACION SAO A.C.




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    Fecha: 21/05/2018 Desde:
    Comentario de .
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    Marlene desde Costa Rica

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