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    Ramtha
    Competición y Separación.


    En esta vida todo se volvió muy laborioso. Al mismo tiempo que el pensamiento se mantenía ocupado con las creaciones de Duvall y Debra, la laboriosidad y el orden del trabajo se volvieron evidentes en la Tierra. Y cuando Duvall comenzó a integrarse en el proceso de la creación a través de lo que comúnmente llamamos el mercado o el comercio, los valores de intercambio también se volvieron evidentes entre todos los dioses y su individualidad, y la vida comenzó, en esencia, en un mercado de ideas que procedían y se intercambiaban de unos a otros.

    En esta vida en la que muchos entendimientos aparecían por primera vez, surgió, del vientre de Debra —el nido del futuro— la entidad llamada Arius, el hijo bendito de Debra. Y Arius, perteneciendo a lo que vosotros llamaríais en verdad el género positivo o masculino, cobró vida en ésta, su primera existencia, y se declaró procedente del Atrio de las Constantes. Al hacer esto, se convirtió —a través del acto de la creación del primer plano— en lo más grandioso que se le podía otorgar a los hermanos superiores, gracias a la creación del amor y la esencia vistas en ellos mismos: la personificación de otro dios. Él fue la felicidad de las almas de Debra y Duvall desde que llegó a sus vidas, fue amamantado por Debra y ésta siempre lo mantuvo junto a su alma. El amor siempre estuvo ahí, en los ojos de Duvall, firme y maravilloso, y él estaba feliz de tener la camaradería de otro hermano, otro dios, apaciblemente.

    Arius creció y se convirtió en un gran ser, y al mismo tiempo el comercio en el mercado y el intercambio de ideas se intensificaron; el Espíritu competitivo de aquellos dioses divinos aún vivía fuertemente arraigado entre todos los que allí se encontraban, y muy pronto unos comenzaron a superar a los otros. También se inició una gran industria y un gran avance de la ciencia de lo que se llaman propulsores de luz, que fueron usados regularmente sobre este plano para realizar frecuentes viajes y poder trasladar la materia de un lugar a otro.

    En aquel tiempo, Duvall comenzó su asociación con otros dioses y sus familias. Muy pronto comenzaron a intercambiar entre unos y otros como consecuencia del comercio que había surgido. Y en este proceso, que significó que él pasara mucho tiempo separado de Debra, le llegó a Duvall en su entendimiento el deseo de adquirir más conocimiento y encontrar el modo de hacer funcionar su pensamiento de manera más productiva, pues ya había otros que lo estaban haciendo muy bien. Surgió en él una actitud de superioridad y una separación objetiva de Debra, pues estaba demasiado preocupado y al mismo tiempo atrapado en la competitividad con sus amados hermanos, en lo que ahora llamamos un mercado progresivo y eficiente.

    Pero Debra le llamó, y esperó con sus brazos abiertos al espejo de su ser para que una vez más le permitiera amarle, tocarle y abrazarle, y volver a ser parte de ella. Y Duvall, que seguía atrapado en sus pensamientos creativos, se separó de su amada Debra, y muy pronto se consideró a sí mismo como una autoridad en el trueque. Cuando esta actitud se volvió evidente se manifestó en todo su ser, y cuando esto sucedió se supo que su estado de igualdad había cambiado, y esto condujo, en verdad, a una separación —¡grave error!— pues en esta vida Duvall, absorbido en el proceso de convertirse siempre en algo más, se había separado del amor tierno de Debra, que se mantenía muy ocupada en su tarea, que era en verdad criar, reconocer, y compartir con su amada entidad, de nombre Arius, un dios extraordinario.

    Y en este proceso, en este momento de especial preocupación surgió una actitud, que aunque había sido pura en el momento de su concepción, le había separado de su amada y su igual, y se había convertido ahora en algo peligroso. El gravitaba en una zona errónea. Y así un día, durante un experimento con una luz muy poderosa, Duvall, que estaba dirigiendo la luz hacia un espejo para alinearla en una dirección de curvatura específica, colocó este espejo en el ángulo incorrecto, y cuando se disparó el proyectil de luz, el reflejo se dirigió hacia él. Quedó destrozado por este rayo de luz, más rápido y poderoso que cualquier espada o cualquier tipo de proyectil que tú conozcas. Su cuerpo conoció la muerte, pues había estado a merced de su propia creación hecha realidad, y pereció en manos de ésta. El impacto lo destruyó completamente.

    La entidad Duvall sufrió su primera muerte en Terra, y durante la etapa del comercio en el mercado había olvidado erróneamente como llegó a tener vida. Sin embargo, el cuerpo de Duvall, aunque había perecido, no había burlado al Espíritu y el alma de su ser, aquel que le había dado crédito a sus ojos líquidos y a la maravillosa presencia de su ser. Duvall estaba ahora atrapado en el viento de un vacío. Su espíritu lo llevó a un lugar donde no se detuvo hasta colocarlo en la posición correcta, lo que llamaríamos de norte a sur. Y mientras él yacía en esta posición, he aquí, miró y vio desde su ángulo al Atrio de las Constantes. Vio a sus amados hermanos, que estaban observándole. Y cuando miró hacia atrás, para evaluar el lugar de donde había venido, se dio cuenta de que no tenía cuerpo, y vio a Debra. Intentó tocarla, pero ella no lo reconocía. Y trató de tocar a Arius, cuya risa se perdía en el viento. Duvall lo intentó una y otra vez, pero nadie le escuchó.

    Se acordó de sus amigos, se puso de pie e intentó convertirse en uno de ellos, pero no lo consiguió. Y aunque miraban en la dirección en que él estaba, no había tristeza en sus rostros ni dolor, sino más bien una actitud grave. Y él no podía alcanzarlos, mas Debra, que amaba a su marido y ser de su ser —como solía llamarle—, conoció las lágrimas y conoció el dolor, y le llamó: «Ser de mi ser, azul de mi azul, cuerpo de mi cuerpo, semilla que nunca más fecundará, ¿dónde estás Duvall?» Y reconociendo la muerte del cuerpo, algo de lo más conmovedor, Debra, aferrán-dose a la idea de que al igual que cuando las bestias se devoraban, la semilla siempre debía mantenerse viva, lloró sobre el cuerpo de su precioso Duvall, pensando que su semilla sería únicamente Arius. Ella no sabía lo que estaba pasando, pues nunca antes había vivido en este plano. Y así Duvall no podía ni hablar con su amada ni pedir ayuda a sus hermanos que ahora estaban agrupados.

    Él se encontraba de lo más perplejo, yacía en un vacío creado por su actitud de superioridad, que siempre será inferior a la actitud perfeccionada. Y ahora él ni siquiera podía regresar al plano terrestre ni tampoco ascender con la hermandad de las Constantes, pues había experimentado la superioridad o el pensamiento de engrandecimiento sobre la que ahora llamaba desafortunadamente su amada, y a la que había considerado inferior.


    REENCARNACIÓN, LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

    Y a través del pensamiento contemplativo, el maravilloso movimiento, le llegó una realización que le ayudó a considerar su situación. Él reclamó al Atrio de las Constantes que por favor se le diera otra oportunidad, la posibilidad de comenzar de nuevo, que desapareciera la obstrucción de este vacío, y que cesara la separación. Y les llamó diciendo: «Esperad, posponed vuestra creación que viene a través de la luz de Arius. Permitidme el intercambio con este hijo mío, para así vivir otra vez y poder corregir todo aquello que me llevó a la separación». Y los dioses accedieron, por ser él un hombre de buen corazón y por haber aprendido una dura lección. Y tras esta decisión se le concedió su voluntad, y Duvall se convirtió en la luz espectacular de su amado hijo Arius. Arius, que estaba alcanzando su madurez, ya había sentido la llamada de sus genitales, estaba buscando a la belleza de su ser y encontró a su encantadora.

    Su encantadora era hermosa y pálida como la luna, y poco a poco le fue mostrando más de su belleza. Él se sintió atrapado por su encantadora, y muy pronto ya no pudo soportar el estar sin ella. Y Arius, movido por la urgencia de su amado padre, encontró su perfecto receptor, la perfecta belleza en la cual se veía reflejado y amaba sobre todas las cosas.

    No os voy a hablar hoy de la grandeza de esta encantadora, lo guardo para otro momento. Pero de su belleza, su pureza y su seducción, las mujeres ya se han olvidado. Y por esto, cada vez que la luna sale con toda su gloria —radiante en vuestros cielos— y su pálida y maravillosa luz, observad todo lo que se ve en el cielo nocturno y allí encontraréis el rocío; son las lágrimas de la encantadora. A nadie le gusta abandonar el espectáculo de su belleza, pero todos debemos vivir bajo el esplendor de esa luz que regresará más grandiosa. Lo mismo sucedió con Arius y su encantadora. Después de su unión, Arius proclamó que su encantadora era por encima de todas las cosas su mayor deseo y su completa creación. Y ellos, mediante el mismo acto de Duvall y Debra, descubrieron la maravillosa belleza del uno en el otro, y la expresaron. Y el pensamiento se convirtió en la fertilidad del ser que estaba siendo concebido en forma infinita, para que Duvall se convirtiera en él.

    Duvall nunca había sido niño, él no había sido concebido. Así, Duvall se deleitó al convertirse en parte de otra forma creada, en la esencia formulada de ésta, aprendiendo así el significado de la co-creacion y la participación. El se convirtió en el niño. La encantadora escondió su luz momentáneamente, pues su vientre creció con la semilla y el fruto. Pero una vez más compartió un rayo de su luz, y otro, y otro más; y cuando la encantadora dio a luz, Duvall regresó a un maravilloso cuerpo. Y él vino con el propósito de ser una parte renovada de aquello que amaba, para nunca más dividirse y ser diferente a ellos, para nunca más separarse sino ser siempre parte de ellos. Y del vientre de la encantadora surgió un muchacho.

    En vuestro entendimiento, la abuela de este muchacho sería ahora Debra. Y el pequeño amaba a su abuela, amaba a su madre, la encantadora, y amaba a Arius, su maravilloso hijo y padre. Y a todos los amó por igual. Él amaba y respetaba a su abuela en gran medida, y sin embargo ella no sabía que él era Duvall. Y él le regresó su cariño, su bondad y un corazón jubiloso, y siempre escucharía sus palabras de sabiduría con relación a todos los acontecimientos de la creación y del mundo del mercado, y aprendió de ella rápidamente.

    Cuando su abuela abandonó este plano, él era ya un hombre. Se asoció con una entidad muy trabajadora, que cuidaba que en todos los intercambios hubiera igualdad y honradez, y que representaba para él el balance. Y así, él, conocido ahora por su actitud equilibrada, siguió creciendo, y cuando llegó a su edad madura aún no había tomado a otra mujer, ni había mirado a nadie profundamente a los ojos buscando los suyos, pues ahora su preocupación era el equilibrio.


    RECUPERACIÓN DEL PRIMER AMOR Y EL NACIMIENTO DE LOS CELOS

    Llegó un día en el que Duvall regresaba después de haber hecho su recaudación en el mercado, donde todos estaban discutiendo los ideales de la perfección, y la oportunidad de comerciar e intercambiar con mejores ideas. De repente se encontró con una entidad encantadora, una joven muchacha de catorce años de edad que iba al mercado buscando a alguien que la aconsejara con relación a su futuro matrimonio. Ella quería encontrar a alguien que fuera perfecto —como diríais vosotros— para ella, y allí encontró lo que buscaba.

    Él la miró fijamente, y al verla a los ojos encontró los suyos. Y la muchacha, cuyos cabellos ya no tenían el color y los aromas del otoño sino del sol, miró a Duvall a los ojos y se vio a sí misma. Y he aquí que su amada Debra había regresado una vez más, pero él no sabía de dónde había venido.

    Y juntos se encontraron el uno al otro a través del pensamiento de Debra, y una vez más se unieron en esta vida. Y cuando llegó el fruto, gracias al esplendor del amor y la copulación, nació una hija, una criatura maravillosa y con una belleza luminosa. Y Duvall vio reflejado su amor por Debra en la imagen del ser que habían traído.

    Ella era más maravillosa que la encantadora, y aún más maravillosa que Debra. Era producto de la culminación del amor perfeccionado y ansioso de renovarse. La pequeña niña tenía un cabello más oscuro que el cielo de medianoche, y cuando éste caía sobre sus hombros, sus bucles, como seda, se movían libres y salvajes. Cuando ella movía su cabeza, se deslizaban sobre el mármol de sus hombros. Y los ojos de esta entidad eran del color de un mar que vosotros ni siquiera conocéis en estos tiempos; el azul era tan profundo y su mirada tan maravillosa que uno quedaba atrapado en ellos y no podía ver nada más.

    Y la niña pequeña que se convirtió en una exquisita mujer era, a los ojos de su padre, perfecta. Y su ilusión revivió viendo la perfección que había en su dulce hija, y él amaba todo lo que ella era, y amaba a Debra igualmente por lo que era, y se regocijó viendo crecer a esta espléndida criatura. Cuando cumplió catorce años de edad llegó su primer periodo menstrual: se había convertido en una mujer. Sus pechos se habían desarrollado, sus mejillas enrojecido, y sus ojos estaban llenos de curiosidad y deseosos de aventura; Duvall supo que era el momento de que su amada hija considerara tomar un marido para ella. Pero aun así, cuando éste llegó, Duvall, que nunca había sentido la pasión que producen los celos, la experimentó. Y al hacerlo se volvió excesivamenté protector de su hija, oponiéndose a su matri-monio con el deseo de que ella siguiera siendo parte de él y de Debra.

    Y su hija, la muchachita con el pelo del color de la medianoche y ojos azules como el mar, se rió de su padre y reconoció que era un hombre pasional. Lo que ella quería era encontrar un hombre igualmente pasional para ella, y lo había encontrado.

    Duvall maldijo a ese hombre. Fue la primera maldición que salió de su boca. Y éste fue su juramento: que él nunca sacaría a su amada hija de su casa, y que los dos tendrían que quedarse a vivir allí. Y el dios espléndido que amaba a la hermosa muchacha ya había preparado un reino fabuloso para esta criatura, y muy educadamente rehusó esta oferta. Duvall, en medio de su ira, lo amenazó con que no podría llevarse a su hija de su casa, y tomándola de su tierno brazo la detuvo junto a él.

    La hija, mirando a los ojos a su padre, se dio cuenta de que éste había experimentado —al igual que lo hicieron Las Constantes— una nueva actitud, y le había invadido una sensación de miedo y de pérdida, por lo cual se sentía perplejo; pero ella tomó gentilmente la mano de su padre y liberó su brazo, diciéndole: «Padre, éste es mi deseo. A él es a quien pertenezco. Él es mi vida». La joven mujer se dio la vuelta y se dirigió hacia su amado, abandonando la presencia de Duvall con toda su soberbia y en estas circunstancias. Duvall lloró. Estaba dolido en lo más profundo de su corazón, pues no sabía si volvería a ver el esplendor y la belleza de Debra reflejadas en su hija. Lloró, odió y despreció a aquel que le había robado a su gema. Y Debra, la maravillosa Debra entendía la pasión de su marido y su amor, mas no su enojo, y le rogó que se calmara y que no se sintiera despreciado. Pero él siguió llorando.

    Ésta es una historia real, y los personajes que he citado en esta maravillosa historia también lo son y existieron, al igual que tú y yo existimos. Duvall y Debra están hoy aquí en esta audiencia, y también lo está la encantadora. Arius me espera en otro reino.

    Y un aspecto de la historia que habéis escuchado y que está relacionado con Debra-Duvall y Duvall-Debra, los primeros Dioses en verdad, es el principio de la copulación para permitir que el hombre de los siete niveles pudiera entrar a este plano; aunque esto también sucedió en otras esferas. La creación también se estaba desarrollando allí. La Tierra no fue el único lugar, ni tampoco Malina. Pero en Malina había surgido por primera vez la diferencia de opiniones entre un gran grupo de habitantes, o anfitriones con relación al amor, el odio y el poder de la sumisión, o como vosotros queráis llamarlo. En estos otros lugares se estaban formulando nuevos cuerpos. Los dioses, en esta etapa en particular, tenían cuerpos de luz, y todos los cuerpos de luz tenían distinta intensidad y podían tomar formas diversas, pues ellos ya habían creado las plantas, la vida animal y todo lo que estaba relacionado con estas formas de vida.

    Los dioses todavía estaban experimentando con la vida y los diferentes niveles de vida y materia en otros planos. Las Pléyades, como vosotros las llamáis, fueron el primer hogar de la diosa Dove y todos sus hermanos y hermanas, en verdad todos los dioses. Y allí fue exactamente donde Malina evolucionó, siguiendo un modelo diferente al que tú conoces.



    Extracto de: Los orígenes de la civilización humana - Ramtha



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