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    Seth
    Sugestión, telepatía y conjuntos de creencias. II


    Mientras tomábamos el desayuno esta mañana, Jane y yo escuchamos unos peculiares «ladridos» múltiples que procedían del cielo. Me asomé a la ventana justo a tiempo para ver una extensa formación de gansos que volaban con rumbo hacia el sur para pasar el invierno. Volaban bajo, pensé, y la bandada estaba desequilibrada: una cola de la V invertida era mucho más larga que la otra; dentro de la V, como si estuviera protegido, volaba un pequeño grupo que no estaba incluido en la formación.

    Encontré el espectáculo extrañamente conmovedor, y Jane compartió mi sensación. Nos maravillamos del orden de la migración, los ruidosos graznidos que tan orgullosamente manifestaban su precisión. Otras personas, según vimos, se quedaron también impresionadas: los trabajadores que reparaban los desperfectos de las inundaciones en el apartamento de abajo salieron a la calle para poder observar mejor el cielo. Consideré el vuelo como otra señal de la sorprendente variedad y vitalidad de la naturaleza: un claro recordatorio de los valores que -mucho me temo- los humanos solemos menospreciar.

    Buenas noches.


    Reanudamos el dictado... Como decíamos, reaccionáis a toda la información que recibís según vuestras creencias conscientes sobre la naturaleza de la realidad. Las partes más profundas del ser no tienen que tomar en consideración la idea que el ego tiene del tiempo, así que dichas partes también abordan la información que normalmente se escaparía a la percepción del ego, quizás hasta que alcanzan cierto «punto» de comprensión de la noción que el ego tiene del tiempo.

    El ego, que debe tratar de forma más directa con el mundo cotidiano, se toma bastante en serio el tiempo, el tiempo de reloj. También él se da cuenta en cierta medida de que el tiempo material es una convención, pero prefiere respetar ese tipo de convenciones.

    A menudo pasa por alto el material clarividente que llega a la mente consciente desde las partes más profundas del ser. De vez en cuando, cuando el ego advierte que dicha información puede ser eminentemente práctica, se muestra menos reacio a aceptarla, pero sólo cuando dicha información encaja en su noción de lo que es posible y lo que no lo es.

    Los conceptos del ego son vuestros conceptos, ya que es una parte de vosotros. Si pensáis demasiado en peligros o desastres potenciales, si pensáis en el mundo principalmente en función de vuestra supervivencia física y consideráis todas las circunstancias desfavorables, tal vez tengáis sueños que presagian accidentes, terremotos, robos o asesinatos.

    Vuestra propia idea de la naturaleza peligrosa de la existencia se hace tan intensa que el ego permite que esa información salga a la superficie, aun cuando esté «fuera de tiempo», porque vuestras creencias temerosas lo convencen de que debe estar en guardia. Los incidentes ni siquiera tienen por qué involucraros. Pero, de toda la información inconsciente telepática y clarividente disponible, seréis conscientes de ese conjunto particular, lo cual sólo servirá para reforzar vuestra idea de que la existencia es básicamente peligrosa.

    Si recibís esta información durante el sueño, quizá digáis: «Tengo miedo de los sueños. A menudo mis pesadillas se vuelven realidad». De modo que tratáis de inhibir el recuerdo de los sueños. Lo que deberíais hacer, en cambio, es examinar vuestras creencias conscientes, pues su intensidad os lleva a concentraros en las calamidades del mundo físico, y a utilizar vuestras facultades internas para este mismo fin.

    La comunicación telepática es constante. Normalmente ocurre a un nivel inconsciente debido al estado favorable de la mente consciente, que no puede retener toda la información que poseéis. Por citar un ejemplo, si vuestras ideas conscientes son relativamente positivas, reaccionaréis a la información de naturaleza similar recibida telepáticamente, aun cuando lo hagáis a nivel inconsciente.

    Tal como mencioné anteriormente (en la sesión 616), también enviáis vuestros pensamientos telepáticos hacia el exterior, y otras personas reaccionan a esos pensamientos según sus ideas de la realidad. Una familia puede reforzar constantemente su dicha, diversión y espontaneidad concentrándose en ideas de vitalidad, fuerza y creatividad; o puede dejar perder la mitad de su energía si refuerza sus resentimientos, iras o pensamientos de duda y fracaso.

    En cualquier caso las ideas de la realidad se refuerzan tanto consciente como inconscientemente, y no sólo dentro de la familia sino entre todos aquellos con quienes la familia entra en contacto.

    Conseguís aquello en lo que os concentráis. No hay otra norma.(*)

    (*) Aquí Seth cita sus propias palabras de una sesión improvisada que se celebró el 26 de febrero de 1972, durante nuestras vacaciones en Marathón, Florida.


    Quizás os resulte fácil ver las creencias de otros que a ellos les resultan invisibles. Al leer este libro, tal vez identifiquéis a amigos o conocidos y advirtáis claramente que sus ideas son creencias invisibles que restringen su experiencia, pero sigáis ciegos a vuestras propias creencias invisibles, que aceptáis como la verdad o como características de la realidad sin cuestionarlas.

    Sin duda vuestros datos sensoriales refuerzan vuestras ideas. Y también reaccionáis inconscientemente a la información interna clarividente y telepática, que se incorpora al conjunto organizado de vuestros conceptos conscientes acerca de la existencia en general, y de la vuestra en particular. Así pues, os veis atrapados en situaciones físicas que se ven corroboradas por las amplias pruebas de vuestros datos sensoriales, y por supuesto la situcación es conveniente porque refleja bella, creativa y activamente vuestras ideas y creencias, sean éstas positivas o negativas. En términos más generales, lo positivo y lo negativo tienen poca significación, ya que la experiencia física se entiende como un aprendizaje. Pero, si os sentís desdichados, entonces la palabra «negativo» adquiere significado.

    Confío en que mis lectores hayan por lo menos empezado a examinar sus creencias, y quizás hayan vislumbrado algunas de estas creencias invisibles que hasta entonces aceptaban como aspectos definidos de la realidad.

    Ahora bien, si sois sinceros con vuestra lista, llegaréis finalmente a lo que yo llamo creencias centrales, ideas arraigadas sobre la propia existencia. En ese momento veréis que muchas otras creencias secundarias, que hasta entonces creíais independientes, no son más que ramificaciones de las creencias centrales. Estas creencias secundarias parecen lógicas con respecto a la idea central; pero, no bien se comprende que ésta es falsa, las otras sucumben por sí solas.

    Esta creencia central está tan arraigada que os hace enfocar la percepción de tal modo que sólo captáis del mundo físico aquellos sucesos que se corresponden con ella. La firmeza de esta creencia central hace también que sólo rescatéis de la vasta reserva de conocimiento interno los hechos que parecen encajar dentro de su organización.

    Os daré un ejemplo sencillo de lo que es una creencia central. Es una creencia general como: «La naturaleza humana es intrínsecamente malvada». Esta creencia central hace surgir hechos que sólo sirven para reforzarla. Las experiencias de estos hechos —tanto personales como compartidas- son percibidas por la persona que sostiene esta creencia, y ello la vuelve más firme.

    De toda la información física disponible en los periódicos, la televisión, las cartas y la comunicación privada, la persona se concentrará exclusivamente en esos temas que «demuestran» su creencia. Crecerá el recelo hacia los demás, por no hablar de la desconfianza personal del individuo. La creencia invadirá las áreas más íntimas de su vida, y al final parecerá que no hay nada capaz de demostrar que eso no es así.

    Éste es un ejemplo de una creencia central invisible en el más grave de los casos. Una persona que sostenga tal creencia no confiará en su pareja, ni en su familia, ni en los amigos o compañeros de trabajo, ni en su país, ni en el mundo en general.

    Otra creencia central, ésta más personal, es: «Mi vida no vale nada. Lo que hago es inútil». Quien alberga una idea así, habitualmente no reconoce que es una creencia invisible. Más bien siente emocionalmente que la vida no tiene sentido, que la acción individual carece de sentido, que la muerte significa aniquilación; esto se relaciona con todo un conjunto de creencias secundarias que afectan profundamente a la familia y a todos aquellos con quien dicha persona entre en contacto.

    Al escribir vuestra lista de creencias personales, por tanto, no omitáis nada. Examinad la lista como si perteneciera a otra persona. No quiero decir, sin embargo, que en esta lista tengáis que incluir específicamente ideas negativas. Es de máxima importancia que reconozcáis la existencia de creencias dichosas, y que toméis en cuenta esos elementos de vuestra experiencia con los que os ha ido bien.

    Quiero que captéis esa sensación de logro y que la trasladéis a esas áreas en las que habéis tenido dificultades. Pero no olvidéis que las ideas existen primero y que después sigue la experiencia física.

    Vosotros creáis vuestra propia realidad. No me cansaré de repetirlo. Hay etapas de la vida en que todas las creencias van a la par, están en armonía, por así decir.

    Las ideas pueden ser muy restrictivas. Pueden ser falsas. Pueden estar basadas en premisas que no son ciertas. Aun así, su vitalidad y firmeza es muy real, y parecen aportar excelentes resultados.

    «La riqueza lo es todo.» Pues bien, aunque esta idea está muy lejos de ser verdad, la persona que la acepta completamente será rica y gozará de excelente salud, y todo se corresponderá bastante bien con sus creencias. Pese a ello, la idea sigue siendo una creencia sobre la realidad, y por tanto en su experiencia habrá abismos invisibles que la persona desconocerá.

    Exteriormente la situación parecerá muy ventajosa; pero, aunque la persona parezca satisfecha, por debajo perdura el conocimiento de insuficiencia. En la superficie, habrá un equilibrio.

    Así que, a medida que vuestras creencias cambien, se producirán alteraciones en vuestra experiencia y conducta, y habrá puntos de tensión, de tensión creativa, mientras vais aprendiendo. Nuestro hombre rico del ejemplo anterior tal vez se dé cuenta repentinamente de que su creencia es limitadora, ya que se concentra exclusivamente en ella de manera que el dinero y la salud constituyen sus únicos objetivos. Al hacerse añicos la creencia, puede quedar expuesto a la enfermedad, lo que parecería una experiencia negativa. Pero tal vez la enfermedad lo conduzca a áreas de percepción que hasta entonces rechazaba, y ello podría ayudarlo a enriquecerse.

    Es posible que el cambio de esa creencia lo lleve a cuestionarse sus otras creencias, y que comprenda, por ejemplo, que respecto a la riqueza a él le ha ido muy bien debido a sus creencias; pero en otras experiencias más profundas -quizá las que conoció a raíz de su enfermedad-, descubre que en la vivencia humana hay dimensiones de la realidad anteriormente cerradas a él, y que éstas están fácilmente a su alcance (y sin la enfermedad que originalmente las puso de manifiesto). Podría surgir un nuevo conjunto de creencias, pero hasta entonces habría tensión, aunque fuera creativa.

    Veamos otro ejemplo. Los pensamientos conscientes regulan la salud. La idea persistente de enfermedad acaba por enfermaros. Como pensáis que caéis enfermos debido a virus, infecciones o accidentes, debéis acudir a los médicos que operan dentro de ese sistema de creencias. Y, como creéis en sus remedios, éstos os aliviarán.

    No obstante, como no comprendéis que vuestros pensamientos generan la enfermedad, continuaréis sufriéndola, y aparecerán nuevos síntomas. De modo que volveréis al médico. Cuando estéis en medio del proceso de cambiar vuestras creencias -cuando estéis empezando a comprender que vuestros pensamientos y sentimientos causan enfermedades- quizá no sepáis qué hacer durante un tiempo.

    Intuís que el médico puede, como máximo, facilitaros un alivio temporal, pero quizás aún no estáis del todo convencidos de vuestra propia capacidad para cambiar los pensamientos, u os sintáis tan acobardados por la eficacia de éstos que tengáis miedo. De modo que hay un período de tensión entre creencias, por decirlo así, mientras desecháis un conjunto de creencias y aprendéis a emplear otro.

    Aquí os veis involucrados en uno de los aspectos más cruciales de la naturaleza de la realidad personal, a medida que ponéis a prueba vuestros pensamientos en relación con lo que párece.

    Es posible que transcurra un tiempo antes de que aprendáis a cambiar vuestros pensamientos, pero estáis inmersos en un esfuerzo de fundamental importancia.

    La verdad es que dais forma a vuestra realidad directamente. Reaccionáis consciente e inconscientemente a vuestras creencias. Tomáis del universo físico y del interior aquella información que parece corresponderse con vuestras creencias.

    Así pues, creed que sois seres sin limitaciones por naturaleza, nacidos en la carne para materializar lo mejor que podáis la gran dicha y espontaneidad de vuestra naturaleza.



    SESIÓN 617, 25 DE SEPTIEMBRE DE I972 21.21 LUNES
    Extracto de Habla Seth III
    A través de Jane Roberts



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