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    Seth
    El cuerpo de las creencias... I


    El cuerpo de las creencias y las estructuras de poder de las creencias.


    SESIÓN 627, 13 DE NOVIEMBRE DE 1972 21.21 LUNES

    En estos últimos días, Jane ha recibido una serie de llamadas telefónicas -así como también cartas- de personas de todo el país, pidiéndole ayuda a ella o a Seth. Algunos de sus problemas son muy graves, y en ocasiones sobrepasan cualquier terapia razonable [no digamos ya rápida] que Jane, Seth o yo podamos ofrecer. Debido a nuestras reacciones compasivas, Jane y yo a menudo acabamos sintiéndonos frustrados; por otra parte, ayudar a unas pocas personas -y no con la profundidad necesaria- significa que no tendríamos tiempo para el resto. Apropósito de los esfuerzos de Jane por ayudar personalmente en lo que pueda, recibió una visita hace poco que mostraba indicios de una personalidad secundaria...

    Mientras esperábamos la sesión esta noche, Jane dijo que había dos canales de Seth abiertos: Seth podía hablar de las personas que buscaban su ayuda, o seguir con el dictado del libro. Eligió continuar con el libro, y dijo que eso ayudará a muchas más personas de las que ella podría ayudar individualmente.


    Buenas noches.

    Literalmente, vivís en el cuerpo de vuestras creencias. Percibís mediante el cuerpo de vuestras creencias. Vuestras creencias pueden incrementar vuestra visión o disminuirla. Pueden incrementar o disminuir vuestra capacidad auditiva, o cualquier función sensorial.

    Si, por ejemplo, creéis que después de cierto tiempo de vida la capacidad auditiva disminuye, así será. Empezaréis a utilizar cada vez menos esa facultad, y a trasladar inconscientemente la atención a los otros sentidos para compensar esa deficiencia, de modo que contaréis cada vez menos con el oído hasta que la función por sí misma se atrofie.

    En este aspecto, la función es un hábito. Sencillamente, obedeciendo a vuestra creencia olvidáis cómo oír adecuadamente, y todos los minúsculos procesos necesarios para oír se reprimen inconscientemente. Luego viene el deterioro físico real, de modo que éste no tiene lugar primero, sino después.

    Lo mismo puede ocurrir en casi cualquier categoría física. Normalmente hay implicadas más de una creencia. Paralela a la creencia de que os fallará la visión, también podéis albergar la creencia antes mencionada de que el oído se debilitará, y estas dos ideas quizá se refuercen por una creencia de que la edad automáticamente os reduce como persona, os convierte en un individuo que ya no puede relacionarse en el entramado cotidiano de su entorno. La creencia, como sabéis, trabajaría para asegurar la materialización de ese estado. Por otro lado, quizá creáis que la sabiduría aumenta con la edad, que la comprensión de uno mismo conlleva una tranquilidad mental anteriormente desconocida, que una mente aguda es en realidad mucho más capaz de evaluar el entorno, y que los sentidos físicos son mucho más sensibles a todos los estímulos. Y, por tanto, todas estas condiciones se darán físicamente en vuestra experiencia. Obedeciendo a vuestras creencias, el cuerpo continuará sano.

    Debéis comprender, repito, que las ideas y pensamientos no existen como fantasmas o sombras sin sustancia. Son realidades electromagnéticas traducidas por el sistema nervioso a la materia de vuestra carne y de vuestra experiencia.

    La mente consciente tiene por función valorar y evaluar la realidad "física", y ayudaros a trazar vuestro curso en el universo físico del que formáis parte en la actualidad. Las otras partes del ser que mencionábamos (en la última sesión, por ejemplo) confían en que lo haréis, y concentran toda la energía, que tienen a su disposición, para producir los resultados que la mente consciente pide.

    Vuestro poder efectivo de acción sigue las directrices de vuestras creencias. Creer en vuestra debilidad es negaros el poder de la acción. Aceptar sin espíritu crítico todas las creencias que os llegan, en el mejor de los casos, es abriros a un aluvión de datos en conflicto, en los que se desdibujan las líneas definidas de acción y poder. De este modo, se envían demandas y valoraciones contradictorias al ser interior, el cual utilizará diversos métodos para tratar de deciros que algo anda mal. Las creencias de naturaleza similar se atraerán, ya que estáis obligados a buscar una coherencia en vuestra conducta y experiencia.

    Debéis aprender a tratar directamente con vuestras creencias, o de lo contrario os veréis forzados a hacerlo indirectamente, ya que, sin saberlo, reaccionaréis a ellas en vuestra experiencia física. Cuando despotricáis contra un entorno, situación o estado negativos, básicamente "no estáis actuando independientemente, sino reaccionando casi ciegamente".

    Reaccionáis a sucesos que "parecen" sucederos, y siempre como respuesta a una situación.

    Para actuar de forma independiente debéis empezar por iniciar la acción que queréis que ocurra físicamente, creándola en vuestro propio ser.

    Esto se consigue mediante la combinación de creencia, emoción e imaginación, de modo que conforman una imagen mental del resultado físico deseado. Por supuesto, en un principio el resultado deseado no es físico (de ser así, no necesitaríais crearlo), así que de nada sirve decir que vuestra experiencia física parece contradecir lo que tratáis de hacer.

    Dada la realidad electromagnética de las ideas y creencias, una interacción constante entre creencias claramente contradictorias puede provocar grandes obstrucciones que impidan el flujo de energía interna hacia afuera. En ocasiones puede producirse una polarización, y dar la impresión de que las creencias no asimiladas, las ideas no examinadas, adoptan vida propia. En efecto, éstas pueden dominar ciertas áreas de actividad.

    No hace mucho Ruburt presenció una demostración corpórea de la naturaleza y el poder de las creencias.

    Recibió una llamada de un hombre que vivía en otro estado y que le pidió una entrevista. Sin saber por qué, Ruburt sintió un impulso de ver a ese hombre, y concertó una cita. El invitado llegó acompañado por su mujer.

    Fue un ejemplo vivo de los efectos de las creencias en conflicto no examinadas; una intensa y angustiosa personificación de lo que "puede" ocurrir cuando una persona permite que su mente consciente rechace sus responsabilidades, es decir, cuando una persona se asusta de su propia conciencia.

    Las creencias del joven poseían vida propia, mientras que él se sentía relativamente indefenso. No había hecho ningún esfuerzo para reconciliar directamente las creencias opuestas, hasta que la misma personalidad "se polarizó".

    Ruburt se encontró ante lo que se podría denominar un ejemplo clásico de personalidad secundaria. Lo comento aquí porque ilustra muy bien la naturaleza y el poder de las creencias, y los conflictos que pueden surgir cuando una persona no acepta la responsabilidad de sus pensamientos. No se trata de un caso habitual; pero, hasta cierto punto, cuando no se examinan los contenidos de la mente consciente ocurre tal división, ya sea física o mentalmente. .

    No bien entró, el hombre se comportó con beligerancia y hostilidad. Como había pedido ayuda, se odiaba a sí mismo por la debilidad que creía que le causaba tal necesidad. Miraba a nuestro amigo Ruburt con ferocidad, proyectando toda su energía para mostrar que a él no lo intimidaba nadie y que, si alguien asumía el control de la situación, ése alguien sería él. Habló de otra personalidad mucho más poderosa que él a pesar de que, según afirmó, él podía forzar a toda una sala con ciento cincuenta personas a seguir sus órdenes. La segunda personalidad, procedente de otra galaxia, se le presentaba como un amigo para ayudarlo y protegerlo.

    Siguiendo su orden, dijo, este amigo invisible mató a un abogado. Según la historia, el abogado no sólo no comprendía la situación, sino que hirió los sentimientos del hombre en cuestión. Llamaremos a ese hombre Augusto.

    Hagamos una pausa.

    (Jane había empezado a toser después de la última pausa. Ahora tan seguido que Seth interrumpió el dictado tosía)


    SESIÓN 628, 15 DE NOVIEMBRE DE I972 21.29 MIÉRCOLES

    Durante la sesión del lunes, Seth había empezado a hablar de un hombre que nos visitó hacía poco, «Augusto», quien había mostrado signos definidos de una personalidad subordinada o secundaria. Mientras aguardábamos sentados la sesión de esta noche, Jane dijo: «Sé cómo va a llamar Seth a la otra personalidad de Augusto: Augusto Dos». Nos pareció divertido, al pensar en Seth y Seth Dos. * En ese momento, Jane empezó a hablar lentamente, en trance.

    A Augusto se lo educó en la creencia de que el ser interior era peligroso, que las personas reaccionaban debido a conflictos internos sobre los cuales tenían poco control consciente. Él creía que la personalidad individual era relativamente impotente para comprenderse o que estaba sola e indefensa, con un abismo de mal bajo sus pies y un Bien inalcanzable, por encima de su cabeza, justo, frío y despiadado.

    Se sentía confundido en un mundo de opuestos, y aceptaba sin espíritu crítico las creencias contradictorias. La mente consciente siempre trata de comprender sus creencias, de ordenarlas en una serie de pautas y secuencias. Normalmente organiza las ideas tan racionalmente como sea posible, y descarta las que parezcan contradecir el sistema general de creencias.

    A Augusto se le había enseñado a temer sus propios pensamientos, a evitar un examen de sí mismo. No se enfrentaba a las creencias o ideas que lo asustaban, sino que las enterraba en los rincones de la mente consciente, donde al principio reposaban inofensivamente.

    Con el paso del tiempo, se iban acumulando las creencias sin examinar. Las ideas y las creencias se van alimentando solas, pues contienen en ellas un impulso hacia el crecimiento, el desarrollo y la consecución. A lo largo de los años, se desarrollaron y afianzaron dos sistemas opuestos de creencias, que competían por la atención de Augusto. Éste creía que como individuo era totalmente impotente, que a pesar de todos sus esfuerzo no llegaría a nada, y que pasaría desapercibido por la vida. No se sentía en absoluto amado. No se sentía merecedor de amor. Al mismo tiempo, dejó divagar la mente consciente, y para compensar ese estado se vio a sí mismo como un hombre todopoderoso que despreciaba al prójimo, y capaz de urdir una gran venganza si otras personas no lo comprendían. Siguiendo esta línea de creencias, se sentía capaz de cualquier cosa: curar los males de la humanidad si así lo elegía, o negarle dicho conocimiento al mundo para castigarlo.


    * Para ampliar información sobre Seth Dos, véanse el capítulo 17 El material de Seth, y el capítulo 11 de Habla Seth II.


    Ahora bien, todas estas ideas eran bastante conscientes, pero cada grupo estaba separado. Como decíamos, la mente consciente trata de lograr una integridad y unidad generales agrupando las creencias en algún tipo de sistema coherente. Cuando por un tiempo se mantienen creencias opuestas que se contradicen directamente entre sí, y no se lleva a cabo un esfuerzo para reconciliarlas, empieza una «batalla» dentro de la misma mente consciente.

    Puesto que son las creencias de la mente consciente las que regulan los movimientos corporales involuntarios y el sistema físico entero, las creencias contradictorias producen reacciones físicas contrarias y generan desequilibrios. Antes de que las creencias opuestas de Augusto se alinearan en bandos separados, por decirlo de alguna manera, el cuerpo estaba en agitación continua; se enviaban constantemente mensajes contradictorios al sistema muscular y al corazón. El sistema hormonal estaba al borde del colapso. Incluso su temperatura física variaba bastante radicalmente.

    Como las ideas similares se atraen, tanto electromagnéticamente como emocionalmente, la mente consciente se encontró con dos sistemas de creencias completamente contradictorias, y dos imágenes de sí misma. Para proteger la integridad de la estructura física, la mente consciente de Augusto se dividió en dos con mucha habilidad. Los mensajes que le llegaban al cuerpo a cada minuto ya no estaban mezclados.

    La parte de Augusto que se sentía poderosa y extraterrestre se personificó. Cuando Augusto se sentía amenazado, la mente consciente se permutaba y aceptaba que funcionara el sistema de ideas en las que Augusto se veía como omnipotente y seguro, pero como un extraterrestre.

    Esta parte de sus creencias, y esa particular imagen de sí mismo, asumían el control de su mente consciente y se convertían en lo que llamaremos Augusto Dos. Cuando Augusto Dos asumía el control, el cuerpo físico no sólo era fuerte y poderoso, sino capaz de proezas físicas que superaban con creces las de Augusto Uno.

    Augusto Dos cree que su cuerpo es casi invencible y, obedeciendo esta creencia, el cuerpo "actua" mucho mejor. Augusto Dos cree que es un extraterrestre. En este caso el razonamiento -porque a la fuerza debe existir uno- es que es un ser de otro planeta, de hecho de otra galaxia. Su propósito en este caso es bastante claro y sencillo: está aquí para ayudar a Augusto Uno, para utilizar su poder en beneficio de este último, recompensando a sus amigos y aterrorizando a sus enemigos. Augusto Uno cree profundamente que necesita este tipo de ayuda.

    Éste es un ejemplo de división de la "mente consciente". No se origina en el ser interior. Cuando Augusto Dos domina, es muy consciente. Simplemente observa la realidad física a través de un sistema de creencias coherente, de modo que los mensajes enviados al cuerpo no son en lo más mínimo contradictorios. El cuerpo se encuentra en excelente control.

    Los estados de ánimo de Augusto Uno eran por supuesto el resultado directo de las ideas que albergaba. El cuerpo no podía soportar esa oscilación incesante entre estados de exaltación y energía a otros de impotencia y depresión, porque ello implicaba grandes alteraciones. Mayoritariamente predomina Augusto Uno, ya que sus ideas de inutilidad se asumieron antes; y, lo que es peor, se ven reforzadas por el contraste entre él y Augusto Dos.

    Augusto Dos hace su aparición de vez en cuando durante una semana, y hace y dice todas las cosas que Augusto Uno querría hacer y decir, con sólo algunas excepciones. Augusto Uno, no obstante, no es realmente inconsciente durante este tiempo, sino que tiene conciencia de las actividades y acciones del «suplente». Se trata otra vez de un juego del escondite, en el cual la mente llamada inconsciente es relativamente inocente.

    Augusto Dos puede por tanto dar gritos y despotricar, mentir y haces trampas, imponerse, mostrar desprecio hacia los demás, y absolver a Augusto Uno de cualquier responsabilidad.

    No hay nada de malo en la naturaleza de Augusto Dos, aunque en círculos espiritualistas se interpretaría con toda seguridad como un espíritu o guía maligno.

    Su naturaleza es protectora. Las ideas y creencias básicas que se han personificado en su ser, que se convirtieron en su ser, surgieron para proteger a Augusto Uno de las ideas destructivas que recibió durante su infancia, con el fin de combatir las creencias de impotencia y futilidad. Para ello se añadieron a las ideas originales, pero a una temprana edad, de modo que Augusto Dos surgió del concepto infantil de un ser poderoso.

    Cuanto mayores eran los sentimientos de debilidad, mayores eran los sentimientos compensatorios de poder y fuerza, pero sin ningún intento de reconciliación consciente.

    La madre de Augusto sólo observó que su hijo sufría estados de ánimo muy cambiantes. Augusto Dos no se presentó como «otra personalidad» hasta después del matrimonio de Augusto, cuando se vio agobiado por las exigencias de la paternidad y del hecho de tener que ganarse la vida.

    Sus creencias en su indignidad le impidieron utilizar sus facultades, o seguir siquiera un curso de acción eficaz. Fue entonces cuando Augusto Dos empezó a imponerse a sí mismo, y a su esposa. A su modo, Augusto Dos le demostraría que ella estaba casada con un hombre muy poderoso y fuera de lo común, un modelo de virilidad; pero para ello Augusto Uno debía aparecer como Augusto Dos. Esto fue así durante algún tiempo. Augusto Uno sufría primero un terrible dolor de cabeza, y luego hacía su aparición su extraterrestre del espacio exterior, el macho autoritario que Augusto Uno no era.

    Pero el «engaño» trajo consigo ciertas dificultades. Augusto Dos era más promiscuo sexualmente y, además, en comparación, Augusto Uno carecía de todo vigor. La intención original de Augusto Dos era ayudar a Augusto Uno. Las insólitas cualidades de Augusto Dos sin duda conferían cierto atractivo a Augusto Uno cuando Augusto Dos desaparecía por un tiempo, pero el contraste era demasiado evidente. Augusto Uno, todavía en calidad de personalidad principal, empezó a asustarse. Comprendió que Augusto Dos se sobrepasaba cada vez más en su propósito, poniéndolo en evidencia, y que tenía que desaparecer.

    De hecho, cuando Augusto Dos «asumía el control» del cuerpo de Augusto Uno, toda la familia lo advertía. La esposa empezó a tomar notas de lo que hacía y decía. Cuando más tarde le referían estos sucesos a Augusto Uno, sus mentiras eran evidentes. Así era la naturaleza infantil de la «personalidad»; pero Augusto Dos pretendía saberlo todo, ser de una galaxia que superaba con creces a la Tierra en todos los campos del esfuerzo humano. De ahí que hiciera predicciones que nunca ocurrían, o que presumiera y mintiera como un condenado.

    Las creencias cuyas energías generaban esta «imagen alterna de sí mismo» salieron a la luz, pues materializaron sus resultados naturales en la realidad física. Como hombre adulto, Augusto Uno se vio forzado a percibir la naturaleza de estas creencias hasta cierto punto, pero cuando acudió a visitar a Ruburt aún se negaba a examinarlas.

    Augusto Dos no había hecho su aparición desde hacía dos meses y medio. Augusto se encuentra ahora en un dilema, ya que todavía conserva intactas las creencias sobre su impotencia, y las creencias contradictorias de omnipotencia no se están expresando a través de Augusto Dos. Pero necesitan expresarse; por ello, durante la visita, Augusto Uno -a quien a partir de ahora llamaremos simplemente Augusto-mostró en cierto momento su enorme beligerancia, y, mirando ferozmente a Ruburt, le dijo que podía aniquilar a cualquiera que lo hiriera. Un momento después afloraba su súplica pidiendo ayuda, su manifestación de amor hacia su esposa y hijo. En una frase, Augusto pronunciaba una afirmación, y al cabo de diez minutos dejaba claro con otra que el primer hecho no era cierto.

    En este caso la polaridad entre Augusto Uno y Dos se había disuelto, de modo que los dos sistemas opuestos de creencias funcionaban a la vez, pero Augusto seguía sin examinar sus palabras ni sus pensamientos, sin ver las contradicciones que resultaban tan evidentes a los demás.

    La naturaleza y la importancia de la creencia se manifestaron tan claramente que Ruburt se quedó pasmado, y se vio forzado a efectuar una complicada maniobra psicológica. Las dos «personalidades» ya no estaban separadas, sino unidas.

    Augusto dijo: «Mi amigo mató a un vecino mío, que estaba contra mí, provocándole neumonía. Me cuida». Otro vecino tiene úlceras, y Augusto le contó a Ruburt que después de que tocó a su vecino las úlceras parecieron curarse. Así que añadió: «Me gustaría saber en qué medida estas grandes facultades me pertenecen a mí». Y, bajando los ojos, agregó: «Quizá no necesite a mi amigo para que me proteja, al fin y al cabo». Este comentario era beneficioso, pues indicaba que Augusto se empezaba a dar cuenta de que quizá no era una persona impotente. Pero su propia personalidad tiene que enfrentarse a las características desagradables de un Augusto Dos que ya no está personificado.

    Tiene que afrontar las preguntas: «Si soy tan poderoso, ¿cómo es que soy tan débil, y no puedo ni siquiera alimentar a mi familia? Si soy tan grande, ¿por qué no puedo utilizar de modo eficaz mi energía?».

    Así pues, el cuerpo de Augusto se encuentra una vez más bajo la influencia de las contradictorias creencias sobre sí mismo. Anteriormente, era físicamente fuerte cuando era Augusto Dos, y débil cuando era Augusto Uno. Ahora, como Augusto, es alternadamente fuerte y débil, y las tensiones del cuerpo son patentes. Como Augusto Dos podía permanecer despierto noche y día y realizar labores físicas bastante difíciles para un ser humano normal, ya que funcionaba guiado por una idea absoluta de poder y fuerza.

    Ha requerido valentía por su parte hacer desaparecer a Augusto Dos. Pero, al no existir ya esa clara división de creencias, a su esposa le parecerá una persona aún más difícil de tratar ya que las características de Augusto Dos se «mezclan» ahora con las suyas propias. Mentirá, por ejemplo, mientras que antes sólo lo hacía Augusto Dos.

    Éste es pues un caso en el que creencias directamente opuestas dominaban la mente consciente a intervalos, y cada una hacía funcionar el cuerpo a su manera. Físicamente el cuerpo tiene la misma fuerza, sin importar cuál sea el grupo dominante de ideas; pero, en la práctica, Augusto Uno era incapaz de realizar las hazañas de Augusto Dos.

    Augusto Dos saltó una vez desde una ventana de un segundo piso hasta el suelo, en un arrebato de ira, y salió ileso, lo que es una proeza bastante poco común. Augusto, en cambio, se sentía tan exhausto que apenas podía resistir un día normal. Debido a sus creencias, colocaba todo su poder y energía literalmente fuera de él, y sólo podía utilizarlos cuando cambiaba sus creencias por completo.

    Si Augusto Dos acabó por desaparecer fue sólo porque sus características infantiles se hicieron patentes. La esposa de Augusto fue un factor importante en este sentido, ya que evidentemente ella no tenía la misma opinión de este «amigo» que su esposo. Así pues, las creencias de ella se convirtieron en la nueva base, el punto de inflexión que le permitió a Augusto contemplar sin ningún apego esta imagen alterna de sí mismo.



    Extracto de Habla Seth III
    A través de Jane Roberts



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