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    V.B. Anglada
    Vida y labor dentro del Ashrama. II


    * El Ashrama y los Misterios

    Ateniéndonos a las sagradas reglas de la sabiduría hermética, leyes ineludibles para el discípulo, debemos decir que la misión principal de un Ashrama es el restablecimiento de los Misterios Sagrados de la Divinidad, debiendo entender concretamente por Misterio el Poder celestial revelado progresivamente en el hombre. Este es el más grande de los poderes, aquel que hizo exclamar al Cristo “Buscad primero el Reino de Dios…”, el que está más allá y por encima de todas las cualidades y facultades que pueda desarrollar el hombre.

    La riqueza, símbolo de poder en todos los planos de desarrollo de esta entidad que llamamos hombre, sólo tiene un valor muy relativo y circunstancial. Las grandes posesiones materiales, las grandes conquistas intelectuales, las potentes emociones del idealismo creador, las más exaltadas facultades psíquicas, etc., son algo inherente a los vehículos de manifestación del Alma, sus reflejos en los tres mundos, pero a menos que no descansen sobre una potente base de recta intención y de sinceros propósitos de vida (las verdaderas llaves del Reino), tales riquezas serán sólo un lastre que impedirá que el Alma del aspirante se remonte y pueda gozar del privilegio de un Misterio revelado.

    El símbolo claro de un Misterio se aprecia en la Naturaleza, en sus manifestaciones armónicas y cíclicas. De la misma manera que los antiguos templos iniciáticos adoptaban en sus enseñanzas el orden cíclico y natural y consideraban el cuerpo humano como símbolo supremo del Universo, así el hombre cuyo cuerpo, por la Gracia divina es “un Contenedor de Misterios”, debe habituarse a reflejar en sí mismo y en sus relaciones, la armonía y el equilibrio de la Naturaleza. De ahí que la expresión habitual y más gráfica de un Iniciado, es decir, de Alguien que ha colmado en Sí mismo la expresión de un Misterio universal, es de CONTEMPLACIÓN. Contemplar es reproducir por semejanza la magnitud divina de lo que revela la Naturaleza.

    Una de las prácticas asiduas del Ashrama en este orden de cosas, es la técnica de la contemplación. El Maestro la define “técnica sagrada de contacto” y su expresión más concreta, la que se halla en la base de muchas vidas humanas, místicas, filosóficas y esotéricas, la define “serena expectación”, siendo sus fases iniciales, en lo que al común de los aspirantes se refiere, la práctica del silencio; silencio de palabras, silencio de deseos y silencio de pensamientos.

    Así, la base de un Misterio descansa siempre en las normas clásicas de purificación; sencillez de mente, pureza de corazón, humildad sincera, humanidad exquisita. No tienen mucho valor en este sentido los grandes alardes intelectuales o técnicas de ciertas mentes que el vulgo considera “privilegiadas”, o las grandes posesiones materiales cuyo poder se disputan la mayoría de los hombres. El Misterio está infinitamente más allá de todas estas cosas; es la Luz que viene de lo Alto, el Poder que renueva, “el Grito Lejano” que resuena únicamente en el corazón de quienes mucho han sufrido y experimentado. Y, pese a todo ello, el Misterio está aquí, en lo más inmediato, presente en todo cuanto existe y en la expresión de toda humana característica. Respecto a esta cuestión nos dijo el Maestro un día: “No hay que buscar el Misterio o conjunto de Misterios, como una conquista humana sino como una herencia divina. Dejad pues que el Misterio se haga carne en vosotros, dejad de ofrecerle resistencia.

    Quiero significaros con ello que no debéis tratar de vivir en Cristo, a la manera tradicional sino que Cristo viva en vosotros. No invirtáis términos pues estos confunden. En definitiva, el MISTERIO sois vosotros mismos, y como el MISTERIO, que es la Vida de Dios, está también en todas las cosas, en la justa medida que dejáis de oponeros a los hechos, personas, acontecimientos, estados de ánimo, etc., la gloria del Misterio surgirá de vuestro interior y se derramará sobre el mundo que os rodea como una bendición”.

    Como verán, nunca nos habla el Maestro con palabras técnicas. “La técnica -nos dice- es solamente un intento de expresar AQUELLO que jamás podrá expresarse por medios técnicos. La técnica es de índole fragmentaria y sólo cuando esta técnica es tan exquisitamente depurada que queda reducida al símbolo o al axioma, AQUELLO hacia lo cual tiende la Naturaleza entera, empieza a tener cierto significado mental como base de futuras interpretaciones. Sed pues parcos en palabras para que vuestro entendimiento sea libre. Amad más el silencio que las palabras, más la parquedad y la circunspección que la profusa variedad de conceptos y vanos tecnicismos. Si así lo hacéis, si educáis vuestro entendimiento en la gran calma del silencio, vuestras palabras surgidas del interior o modeladas con la arcilla de tantos y tan variados comentarios, tendrán asimismo el valor del Verbo”.

    Las palabras del Maestro, contenedoras siempre del verbo esencial, del Espíritu Santo que se vierte en la Copa mística del Grial o del Cáliz sagrado, entran siempre en nuestro corazón por vía directa. Es la Voz de la directa interpelación. Es por tal motivo que cada uno de los miembros del Ashrama “escucha” al Maestro en su propia lengua, en la lengua nativa con la que aprendieron a pensar. Son palabras y voces totalmente familiares que penetran profundamente en nuestras mentes y se graban en el cerebro físico con caracteres imborrables. Yo particularmente “escucho” al Maestro en catalán, mi lengua materna, y si bien los conceptos emitidos por el Maestro contienen siempre un tipo especial de enseñanza, el más apropiado según el orden cíclico o astrológico del momento en que se emite, cada uno de nosotros recibirá en su interior -siempre por vía directa- el sentido más idóneo y necesario para futuros desenvolvimientos.

    Verbo y Cáliz en su aceptación mística y esotérica son los símbolos del Alma del hombre y de sus instrumentos de manifestación, los tres cuerpos de expresión en los tres mundos de la evolución humana, o sea, la mente concreta, el cuerpo de deseos y emociones y el vehículo físico en sus diferentes densidades. Es obvio, sin embargo, que la mayoría de los aspirantes mundiales se sienten más atraídos por los ornamentos -más o menos vistosos del Cáliz- y dan más importancia al Tabernáculo que a la Fuerza divina contenida en su interior. El Verbo queda confinado así en las regiones sutiles del entendimiento, como la promesa de algo vago y remoto y raras veces se le actualiza como una realidad viva y palpitante, presente en todos y cada uno de los hechos de la vida cotidiana. Es de esta manera que se pierden las grandes oportunidades de la vida espiritual, quedando circunscripta la expresión natural del discipulado a regiones inaccesibles de sueño y fantasías.

    La relación VERBO-CÁLIZ, ESPÍRITU-FORMA, DIOS-HOMBRE, está siempre en la base profunda de los Misterios. El Misterio más elevado es aquel en que desaparece esta conciencia de dualidad y sólo la UNIDAD preside el eterno proceso de la Vida. En el momento en que el Adorador y el Adorado se confunden en un sólo Cuerpo místico de Realidad universal, puede decirse que ha sido consumado en el hombre la plenitud del Misterio. Existirá entonces todavía quizás una Forma, un Cuerpo, una Expresión, un Cáliz o Tabernáculo, pero esta FORMA estará para siempre poseída y gobernada por el Espíritu de Dios.

    Los símbolos del Verbo y del Cáliz, del Espíritu y de la Materia, del Contenedor y del Contenido, del Adorador y del Amado, del matrimonio místico de la iglesia cristiana, como de todos los símbolos que expresan una dualidad que busca su unidad esencial en otro aspecto de dualidad distinta, son condiciones implícitas en los Misterios, ya sean éstos de cualidad menor, propios de aspirantes y discípulos en probación, o de cualidad mayor, tales como los que afanosamente buscan y exteriorizan los verdaderos Iniciados.

    Por primera vez en el devenir de su vida evolutiva y en la augusta paz y sereno retiro de un Ashrama, siente un día el discípulo la necesidad de invocar el poder del fuego creador de un misterio, como elemento de vinculación con todas las fuerzas de la Naturaleza. Se le abre entonces un camino, en el que la mente concreta o intelectual no le sirve ya para otra cosa, que como un vehículo de relación humana y de transmisor de verdades, es decir como un instrumento de expansión de los fuegos menores. No hay que olvidar que el fuego es el único agente de liberación de vida. Naturalmente que no se alude al fuego físico, que sólo elementos materiales puede quemar o liberar, sino al fuego espiritual del cual la electricidad, tal como se conoce, es sólo un débil indicio externo. El fuego espiritual es invocado solamente, siempre bajo la experta guía del Maestro, en etapas bien definidas de entrenamiento en un Ashrama.

    Por su alto poder vinculativo con la vida de la Deidad este fuego permanece oculto, todavía en latencia en la inmensa mayoría de los seres humanos. En estos últimos -el fuego espiritual es casi un punto oscuro en la noche de la vida instintiva, en los aspirantes espirituales es un indicio, una aurora que empieza a surgir del oscuro horizonte; en el discípulo en probación un estímulo que lo impulsa hacia adelante, en el discípulo aceptado una serpiente a la que se ha de vencer y dominar y en el Iniciado un Poder universal progresivamente revelado a través de los Misterios. Pero, todos estos grados de expresión del Fuego Creador, simbólicamente definidos, marcan indefectiblemente el Sendero de la vida humana desde que se inicia como tal hasta la más elevada culminación espiritual.

    Siendo el fuego el promotor universal de la evolución, es obvio que el secreto de su energía constituye una de las enseñanzas avanzadas del Ashrama y un lazo positivo de unión entre sus miembros, El Maestro puede ser considerado desde este punto de vista como un Sol ígneo cuyos rayos, conteniendo los tres fuegos de la Naturaleza, el físico, el solar y el eléctrico, penetran en el corazón del discípulo y avivan progresivamente el fuego requerido en cada momento de su vida de acuerdo a estados definidos de conciencia. La expresión mística del fuego espiritual produce el verdadero conocimiento e incluso el aire está lleno de una especie particular de fuego. Es por medio de éste que las formas de pensamiento emitidas por el hombre tienen adecuado y positivo poder, ya sea en favor o en contra de los intereses evolutivos de la humanidad.

    Esto puede parecer misterioso o quizá falto de sentido, pero obedece a verdades que se manifiestan constantemente a nuestro alrededor y en nuestras vidas, gracias al misterio infinito de la fraternal vinculación de la cual la telepatía, en sus aspectos superiores, es un elevado exponente.

    La Iniciación, esta gran meta del hombre, está regida inexorablemente por el Poder del Fuego Eléctrico. Al presenciar diversos miembros del Ashrama, la iniciación de uno de los hermanos de grupo, se apreció claramente cómo los cuerpos sutiles y los centros de fuerza de éste eran como ascuas de fuego y su Poder se extendía en acentuadas llamaradas de un blanco-azulado intensísimo, más allá del cuerpo mental, en tanto que Aquél que es la Luz del Mundo, mantenía sobre ciertos puntos del cuerpo causal el Cetro iniciático.

    En la vida del Ashrama se aprende a controlar el poder de los fuegos; desde el pequeño fuego de la vida personal hasta el fuego espiritual que desde los planos superiores converge sobre nuestro Yo superior. No hay que olvidar que quien logra controlar el triple Fuego puede controlar la propia Vida, pues todas las cosas creadas están vivificadas por Él. Las distintas gradaciones humanas marcan el punto clave sobre el cual actúa una cualidad específica de fuego, o el punto en que este fuego se halla detenido. El paso de él a través del hombre marca el progreso evolutivo de la Raza.

    Todo discípulo en entrenamiento espiritual conoce esta verdad respecto al Fuego y trata de convertirla en ley de su vida. Los Ashramas de la Jerarquía, si bien no son generadores de este fuego universal son sus adecuados instrumentos de transmisión hacia la vida de la humanidad. Un Ashrama es una reducida aunque exacta representación de la Jerarquía. El Maestro es un Centro de Fuego del Amor de Cristo y los miembros del mismo son expresión ígnea de las constelaciones y del poder de los Rayos. Cristo y sus doce discípulos, los apóstoles, constituían una pequeña congregación que llevaron el Fuego de Amor de Dios a la humanidad. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, es también una especie de Ashrama por constituir un lazo de unión fraternal entre muchos hombres y mujeres de buena voluntad del mundo, que piensan correctamente y tratan sinceramente de servir y que, por tal motivo, son también vínculos de relación entre la humanidad y la Jerarquía.

    No es, pues, sin razón que la selección de los miembros de un Ashrama se haga entre los componentes avanzados del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo.

    El proceso de vinculación espiritual es ciertamente lento aunque seguro y con las grandes expansiones universales del Fuego creador invocado por las potentes radiaciones de la Constelación de Acuario, que empieza a hacer sentir su presión sobre la Tierra; sus efectos tan profundos y drásticos se harán sentir muy pronto haciendo aparecer entre los hijos de los hombres “nuevos Testigos de la Luz” que cooperarán en la aceleración del desarrollo del Plan Evolutivo de la Raza y depositarán la ígnea semilla de una nueva y más fraternal humanidad planetaria.

    Pese a la tremenda presión que tiene que soportar actualmente la humanidad, que sacude y conmociona todos los estratos de la vida organizada de los hombres, no hay que sentirse descorazonados.

    Triunfando en todos los desequilibrios, injusticias y arbitrariedades que podamos apreciar por doquier y directamente a veces también sobre nuestras vidas, no olvidemos nunca que la gran Ley de vinculación fraternal que emana del Corazón Solar, continúa actuando sobre nosotros y nos va modelando incesantemente de acuerdo a aquel infinito Arquetipo de perfección que es nuestro destino final como hijos de los hombres y como destellos ígneos del Gran Fuego Creador del Universo.


    * El Ashrama y su analogía universal

    En ningún Ashrama se persiguen fines distintos a los que marca el proceso evolutivo de la humanidad, ni se crean, como muchos piensan, colosos del entendimiento o de la expresión síquica. Todo se cifra en el Misterio y en la Revelación, y es esto lo que realmente busca la humanidad en todos sus intentos espirituales y sociales. El hecho de que algunos de los hermanos de grupo, dentro o fuera del Ashrama, posean algunos de estos poderes síquicos tan apreciados por las gentes, o que atesoren conocimientos concretos sobre la vida que escapan en mucho a la capacidad técnica de algunos grandes especialistas mundiales, no tiene importancia alguna en el orden esotérico, o sólo muy relativa en todo caso. Se pretende otro género de visión, de cultura y de comportamiento.

    Si bien no existen aquellas arduas pruebas y disciplinas a que eran sometidos los aspirantes del pasado que anhelaban los Misterios, debido a la aguda sensibilidad de los discípulos de nuestros días, existen no obstante “ciertas reglas y ciertas técnicas de vida” a las que deben sujetarse los que quieren ser fieles a la Logia Blanca del Planeta y a su Ashrama en particular. El entrenamiento así adquirido “para mayor gloria de Dios” conduce como antaño a la gran tarea universal de servicio a nuestros semejantes, de servicio creador a la Raza, otra forma de expresar el gran proceso místico que lleva “de la Oscuridad a la Luz, de lo Irreal a lo Real y de la Muerte a la Inmortalidad”.

    Estas últimas palabras contienen el verdadero significado del trabajo oculto de un Ashrama y deben tenerlas siempre presentes cada uno de los miembros del grupo. Cuando estas significaciones han penetrado muy profundamente en sus vidas personales, surge entonces espontánea y natural esta gran llamada del servicio. Éste se sujeta siempre -según normas universales- a las características descollantes de cada uno de los miembros del Ashrama. No se trata de una especialización técnica definida, aunque una técnica natural de trabajo será educida progresivamente, sino de la expresión de las potentes tendencias del Rayo causal o del Alma, más las configuraciones astrológicas de la personalidad del miembro en su encarnación física. En la configuración astrológica se halla la base del futuro tecnicismo; en las cualidades del Rayo causal hallamos la propensión hacia determinadas tareas locales, grupales o mundiales.

    La resolución de un Misterio, fundamento de la Iniciación, se halla implícita totalmente en la vida de un discípulo, cuando existe en éste un perfecto equilibrio entre inspiración y técnica, entre la cualidad del Rayo Causal a que pertenece y la creciente habilidad para servir al Plan de acuerdo a propensiones kármicas o astrológicas.

    Cuando hablo del Ashrama como un reflejo o proyección del Universo, no hago sino atenerme a una Realidad esencial. En efecto, a igual que en la rueda cíclica de nuestro Universo, están presentes los doce signos zodiacales, así cada uno de los miembros de un Ashrama ha de reflejar de una u otra manera el poder de alguna de las doce constelaciones.

    Debo decir al respecto y ateniéndome a mi condición particular, que si bien en el orden astrológico personal estoy regido por el signo de Géminis, en el orden espiritual o ashrámico estoy potentemente influenciado por el signo de Libra. Es muy notoria esta diferenciación entre el Rayo del Ego y el que condiciona la triple vida personal. Sólo hay un caso en la vida del Ashrama en que los signos zodiacales del Rayo del Alma y el de la triple vida personal coinciden. Se trata de nuestro hermano R..., condicionado en ambos aspectos por el signo de Sagitario. Esta coincidencia les explicará también por qué cuando el Maestro -por las causas que fueren- no asiste a las reuniones periódicas del Ashrama, sea R... quien, regido poderosamente por el planeta Júpiter, padre universal por excelencia, tome el lugar del Sol (simbólicamente el Maestro) en la mística congregación ashrámica.

    Nuestro Universo se rige por una Ley que convenientemente comprendida constituye la base de todo conocimiento esotérico y de toda formulación concreta, la Ley de Analogía. Esta Ley, que Hermes expresó gráficamente en sus palabras: “Igual es arriba que abajo, igual es abajo que arriba”, se refleja claramente en un Ashrama, como se refleja en todas y cada una de las creaciones de la Naturaleza desde el átomo hasta el más exaltado Ser. Un hombre realmente sabio no es sabio por sus conocimientos, sino únicamente en la medida que rija su vida por el dictado de esta ley universal.

    Intentamos presentar el Ashrama como una congregación de seres humanos que tratan de incorporar en sus vidas el poder sagrado del axioma “Mirar arriba y ayudar abajo”. Todas las distintas ideas emitidas se basan, si bien se examinan, en el equilibrio de la dualidad Yo superior y yo inferior, el Alma humana y su expresión (la personalidad) en los tres mundos. Cuando este equilibrio es perfecto, lo cual sucede cuando se han aceptado noblemente las bases esenciales de servicio, y la inspiración espiritual halla un eco plenamente responsivo en la técnica humana, surge entonces inevitablemente el factor iniciático; el Misterio en sus distintas interpretaciones es revelado y halla su adecuado cauce de expresión en la vida del discípulo, que ya desde entonces rige su vida por el poder esplendente e indescriptible de la Mónada, el verdadero Espíritu de Unidad y Realidad.

    El Ashrama al que tenemos el honor de pertenecer tiene doce componentes, y al revelar algunos de sus detalles contamos con la aprobación anticipada del Maestro.

    Esto no quiere decir que sean solamente doce los discípulos del segundo Rayo que reciben entrenamiento espiritual superior en la actualidad. Nos referimos siempre a nuestro Ashrama, y no a otros Ashramas del segundo Rayo existentes en “otros lugares en el tiempo” dentro del aura espiritual del planeta. Es interesante recordar, sin embargo, que el número doce es eminentemente cíclico y que condiciona en gran medida la expresión de vida universal. No es en manera alguna casual el hecho de que sean doce las constelaciones que influencian a nuestro planeta en su viaje alrededor del sol, ni que sean por lo tanto doce los meses que constituyen el año cíclico planetario. No olviden tampoco, ya que es eminentemente simbólico, que fueron doce los discípulos de Jesús, doce las tribus de Israel, doce “los trabajos de Hércules”, etc. La coincidencia -caso de que pueda llamarse coincidencia al hecho de aplicar la ley hermética de analogía- es realmente interesante.

    En el Ashrama, el Maestro, igual que el sol en el sistema planetario, ocupa siempre el centro de nuestra mística congregación. Como dato verdaderamente curioso, aunque esotéricamente de orden natural, reseñamos que cada uno de los miembros componentes del grupo ve siempre al Maestro ante sí, y que cada uno recibe de sus Palabras lo más interesante, práctico y útil para su particular enseñanza y desenvolvimiento. En efecto, cada miembro del Ashrama se siente particularmente aludido, como si el Maestro le hablara única y exclusivamente a él y en su propia lengua. Este es uno de los grandes misterios de la vida espiritual, a partir del cual empieza a perfilarse de hecho el verdadero sentido de la vinculación interna entre el Maestro y el discípulo. Acercarse al corazón del Maestro implica acercarse al Gran Misterio de Unidad Universal en donde el lenguaje, o Verbo Creador, es una prolongación viva del Propósito y un agente de liberación de la necesidad kármica.

    A muchos les parecerán extrañas ciertas definiciones en lo que respecta a nuestro Ashrama, pero es necesario tener en cuenta que en el “lugar en el tiempo” ocupado por el mismo han sido rebasadas las tres dimensiones del mundo físico corriente y que muchas de mis explicaciones carecerán de un orden racional, si no tratan de adaptarse lo más posible al ritmo de lo interno y elevar las concepciones mentales tan alto como les sea posible.

    Hay algo, sin embargo, que puede ser comprendido en forma concreta. Se refiere al hecho de que los Ashramas y el proceso posterior iniciático existen para satisfacer ciertas necesidades específicas de “aceleración” de la evolución planetaria. Este proceso de “aceleración” del ritmo de evolución del planeta se inició hace muchas edades con la llegada a la tierra, procedentes del planeta Venus, de Aquellas Excelsas Entidades definidas esotéricamente con el misterioso nombre de “Los Señores de la Llama”. No es preciso extendernos en pormenores acerca de este hecho, al que aludimos anteriormente.

    Debo significar, sin embargo, que el proceso de “aceleración” de la evolución planetaria, iniciada por SANAT KUMARA (El Señor del Mundo) y sus tres Discípulos, continúa actuando incesantemente sobre la Humanidad en todos sus niveles. Una de sus expresiones más elevadas son los Ashramas, el consecuente proceso iniciático y la existencia de la propia Jerarquía. Actúa también incesantemente sobre el reino dévico, esta evolución que desde los mundos ocultos condiciona la vida de la Naturaleza en todos sus aspectos expresivos. Se trata de un reino desconocido para la inmensa mayoría de la humanidad, pero por su estrecha vinculación con el reino humano constituye un campo necesario de investigación para el discípulo en entrenamiento espiritual avanzado, con el que debe tomar contacto consciente antes de recibir la iniciación.


    * La enseñanza en el Ashrama

    Cuando hablamos de actividades ashrámicas la referencia es siempre a un Ashrama del Segundo Rayo de Amor-Sabiduría, una de cuyas principales funciones creadoras conforme al orden planetario y dentro de la vida organizada de la humanidad, es la de la enseñanza; enseñanza espiritual e intelectual. Se trata de dos claras y definidas vertientes, tan necesarias la una como la otra para el desarrollo mental de la conciencia humana.

    Hay una gran oportunidad de servicio para aquellos miembros del Ashrama y, analógicamente, de todos los Ashramas de Segundo Rayo en el mundo, dedicados a la enseñanza, ya sea por vocación natural, por predisposiciones kármicas o por el rayo específico y condicionante de sus mentes.

    Ambos tipos de educación, intelectual y espiritual, no se contradicen, sino que se complementan. Son fases distintas de un mismo proceso creador. Todas las enseñanzas, concretas o abstractas, son consustanciales y se hallan implícitas en la Mente divina. Los grados de densidad de las ideas, arrancando de los grandes Arquetipos abstractos hasta llegar a lo más denso de la intelectualidad humana, obedecen más al espíritu de función que al de jerarquía. Con ello queremos decir que toda sustancia mental es pura esencialmente, ya sea sutil, ligera, compacta o densa; lo que nos interesa desarrollar en todo caso es una correcta función para cada tipo de enseñanza o de sutilidad mental, que cada uno de nosotros adquiera la habilidad de ser creadoramente consciente cuando esté pensando, o utilizando la sustancia mental de la que están revestidas todas las ideas y pensamientos de los hombres.

    El intelecto, constituido de sustancia mental más densa, es el instrumento del Alma y Yo superior, quien, a su vez, recibe las impresiones arquetípicas o abstractas provenientes de la Mente superior o aspecto mental de la Tríada que, en su conjunto (atma-budhi-manas) constituye aquello que esotéricamente definimos como “conciencia monádica” o de unidad universal.

    Algunos discípulos pertenecientes a Ashramas del Segundo Rayo se capacitan para el tipo de enseñanza concreta o intelectual y este entrenamiento es muy precioso habida cuenta la necesidad mundial de conocimiento concreto, base de la cultura de los pueblos y factor controlador de las emociones humanas. Otros discípulos se dedican, siempre por “predisposiciones naturales”, a la enseñanza espiritual, la cual se extiende a áreas que escapan comúnmente al discernimiento normal y corriente de los seres humanos. Se precisa una alta capacitación técnica de meditación y un gran propósito de vida espiritual para poder rasgar “la nube de conocimientos superiores” o abstractos y penetrar en la zona mental intuitiva, dentro de la cual se agitan los arquetipos divinos que rigen el destino de la raza de los hombres.

    A esta zona mental de alta frecuencia espiritual o de tensión creadora, sólo puede llegar la personalidad humana, cuando logra establecer contacto definido y consciente con su Alma solar o Yo divino. Implica, pues, “una elevada y enaltecida visión espiritual y una sostenida persistencia en el noble afán de la búsqueda”. Estos contactos fugaces al principio, pero más frecuentes y continuados luego, implican una manipulación consciente de fuerzas y energías que el esoterismo define técnicamente. La ciencia esotérica es la ciencia del contacto entre las fuerzas materiales y psíquicas de la pequeña personalidad en los tres mundos y las energías espirituales de su inmediato Padre en los Cielos, el Alma, el Yo superior o Ángel Solar, con todas las delicadas implicaciones que tal contacto entraña para el proceso evolutivo de la Raza.

    Algunos de los miembros del Ashrama poseen una especializada y vigorosa constitución mental y debido a su experiencia espiritual, a sus tendencias naturales y a definidas influencias de determinados tipos de Rayo, atesoran grandes conocimientos culturales que a través de un muy bien especializado intelecto les permite llegar a un considerable número de personas. El campo intelectual y el mundo del conocimiento concreto constituyen mayormente el área específica de su servicio, dentro de la actividad ashrámica. Pero no olvidemos que la luz del Ashrama, la santa bendición del Maestro y su contacto con el Centro de Luz de la Jerarquía, están presidiendo constantemente todas y cada una de sus actividades. En la obra de estructuración del Plan de la Jerarquía en el mundo se necesita esta sólida base de conocimiento concreto para apoyar más adelante las elevadas verdades universales o arquetípicas.

    Los miembros del Ashrama que por influencia del rayo de su mente y de su propia capacitación espiritual se han especializado en el segundo tipo de enseñanza, o sea el espiritual, trabajan con más “selectas minorías”, con personas cuyo intelecto a fuerza de discernir se ha abierto a las impresiones superiores o intuitivas de la mente, a través de sus propias Almas. El centro de irradiación espiritual de esta enseñanza es mucho más amplio, sutil y profundo que en el caso anterior, o intelectual, pero sólo son conscientes del mismo un reducido número de personas. Se trata de aquellas que místicamente se hallan preparadas para ponerse en contacto con el Maestro (el Maestro que ha de conducirlas a la Iniciación) e ingresar en un Ashrama de la Jerarquía.

    En todo caso, tal tipo de enseñanza adquiere un carácter muy subjetivo y específico y entraña, en determinada etapa, el desarrollo de la facultad telepática, uno de los poderes psíquicos que ha de poseer forzosamente el discípulo en entrenamiento espiritual para ponerse en contacto con su Maestro y con las elevadas corrientes de energía mental que emanan de la Jerarquía, así como con sus hermanos de grupo y necesidades subjetivas mundiales.

    Cuando el discípulo de Segundo Rayo, dedicado al tipo de enseñanza espiritual o esotérico, entra en contacto con otras personas en las cuales empieza a actuar el principio divino de reconocimiento interno, se establece automáticamente una relación magnética espiritual que crea la base de un karma trascendente para el futuro. Es precisamente esta relación magnética, que en la mayoría de los casos es el “recuerdo” de ciertas definidas relaciones kármicas del pasado, la que origina aquel vínculo de carácter selectivo que culmina en el centro de Luz de un Ashrama y en el contacto con el Maestro.

    El trabajo con “selectas minorías” y aún el propio trabajo de “selección” del Maestro, de los miembros que han de constituir su Ashrama, se fundamenta frecuentemente en las repercusiones kármicas del pasado. Se puede decir que dentro del Ashrama todos son “amigos de antaño”, no simplemente conocidas de una existencia terrestre, sin querer indicar con esta última expresión que pueda existir separatividad o prevención alguna respecto a los demás aspirantes espirituales y discípulos del mundo con quienes no nos ligan karmas de vidas anteriores o que pertenezcan a Ashramas regidos por distinto Rayo. Hay que recordar aquí algo que dijo el Maestro en cierta ocasión: “...el trabajo y el servicio que une y compenetra a los discípulos entre sí y con su Maestro, tiene su origen en el karma del pasado y este karma trascendente es compartido, incluso, por los propios LOGOS creadores de los mundos y de los universos que oscilan en el Cosmos infinito”.

    Cuando el Maestro imparte enseñanza a sus discípulos, sugiere siempre lo esencial y más oportuno para la obra que debe realizan cada uno en el mundo. Posteriormente entra en acción la conciencia cerebral o física, que recoge de la enseñanza lo que puede ser actualizado inmediatamente para el servicio a los demás. Y es en este centro de conciencia cerebral en donde se definen las dos grandes corrientes de servicio del Ashrama, dentro del Plan de enseñanza que el Maestro ha impartido, una intelectual apta para la mayoría y que abarca sin distinción a todas las personas cultas del mundo, y otra eminentemente espiritual o esotérica que forzosamente sólo podrá llegar a pequeños núcleos o minorías selectas en el orden espiritual.

    El Ashrama es algo completo en su aspecto de función integradora de la vida. Es el árbol con frutos de intuición pero firmemente apoyado y sustentado en terrenos de conocimiento material o concreto de la vida. Sus miembros sólo persiguen un definido propósito, amarse mucho y sinceramente entre ellos tal como enseñó y practicó Cristo entre Sus discípulos, y servir íntegramente al mundo, llevados por la inspiración del Alma, cuyo instinto natural de Amor sólo puede ofrecer frutos de abnegación, de servicio y sacrificio.


    V.B.Anglada



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