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    Ramtha
    Creación y Evolución.


    «Dios, el Padre, es el pensamiento compulsivo y contemplativo llamado vida, una continuidad que nunca puede detenerse, así como tampoco vuestros pensamientos pueden hacerlo. Para que el pensamiento, o la vida, sea una expansión siempre continua hasta el infinito, debe tener una razón para continuar. La razón sois vosotros. Cada uno de vosotros se convirtió en una parte de la mente de Dios, para que a través de vosotros, la vida pudiera continuar extendiéndose hasta el infinito, el cual, de hecho, no tiene medida en el tiempo, porque el infinito existe en este momento, es la continuidad y eternidad del ahora."

    Ramtha


    ¿Quién puso las luces en los cielos? ¿Quién diseñó el encanto de las flores y la magnificencia de los árboles? ¿Y quién creó el enigma y la maravilla llamada hombre? No fue Dios, la totalidad de la vida. Fuisteis vosotros, los dioses, los maravillosos hijos de un Padre amante de todo, quienes crearon todo lo que existe. Todo. El Padre es la sustancia, la masa de pensamiento de la cual vienen todas las cosas. Pero vosotros, que poseéis la capacidad de pensar y la capacidad de sentir, y la divina esencia del libre albedrío, sois los supremos creadores en la vida.

    Dios es, en verdad, la totalidad del pensamiento, la fuente de todo lo que existe. Pero sois vosotros quienes habéis tomado del pensamiento que el Padre es, y habéis creado todo el esplendor y el encanto de la forma creada. A través de vuestro poder creativo y vuestra soberanía de dioses, tenéis la capacidad de aceptar, mantener, y contemplar el pensamiento; y a través de esa inteligencia habéis formado cada cosa que existe.

    Imagina por un momento alguna fantasía, una fantasía que sea excitante, emocionante, volátil para tu ser. Ahora siente toda la emoción de esa fantasía. Es así como vuestro universo fue creado, así fue creado el hombre, y así es como se crea cada cosa.

    Mis amados maestros, vosotros sois, en verdad, los creadores de toda la vida. Vosotros sois quienes fabricaron las espectaculares estrellas que veis en vuestros cielos. Vosotros sois quienes crearon las realidades de color, diseño, textura y olor. Vosotros sois, en verdad, las magníficas criaturas de un Padre magnífico que es verdaderamente todo lo que existe. No sois los bastardos del universo, sois sus creadores. Sois la suprema inteligencia de Dios expresándose en vuestra propia creación llamada hombre; y toda la vida está ahí, esperando vuestra presencia, vuestro pensamiento, vuestro sentimiento.

    Vosotros, mis amados hermanos, sois criaturas eminentes de proporciones divinas, que guardan latente dentro de sus seres la inteligencia y el poder de crear todas las cosas... y ni siquiera lo sabéis. Sois más que criaturas de carne; sois entidades extraordinarias expresándose a través de la forma, para así continuar con las capacidades creativas que existen dentro de vosotros.

    Sin vuestros procesos creativos de pensamiento, vuestra soberbia inteligencia, y la profunda emoción dentro de vuestras almas —sin todo lo invisible que existe en vosotros— no seríais nada. Y sin vuestras capacidades creativas la vida tampoco sería nada, porque el pensamiento no podría propagarse para convertirse en los valores de vida o en la eternidad que aún tiene que ser vivida.

    Sin vuestros valores creativos, nada sería reconocido por lo que es. ¿Cual sería el sentido de la vida y la belleza de una flor si no hubiera nadie que apreciara su encanto? No tendría significado sin vosotros.

    Sin vosotros, este lugar vuestro sería sólo un planeta sin forma revolcándose en los espermas de la creatividad. Sin vosotros, nunca habrían existido las estaciones ni brotado las flores. Y el sol nunca hubiera salido, ni soplado los vientos; pues vosotros creasteis este reino de acuerdo con vuestros propios designios y propósitos, y todas las cosas nacieron gustosamente para glorificar al Dios que yace dentro de todos vosotros.

    ¿Quién diseñó este magnífico lugar para que habitarais, sino vosotros?

    ¿No sois acaso las criaturas de suprema inteligencia? Realmente lo sois. Vosotros no evolucionasteis hasta ese punto, siempre lo habéis sido.

    Ahora, yo estoy aquí para enseñaros a convertiros en seres ilimitados, pero primero os voy a enseñar lo preciosos que sois y lo mucho que valéis. Para saber que sois seres divinos, para entender la suprema inteligencia y el impresionante poder que poseéis, es importante que entendáis cuál es vuestra herencia. Es importante que entendáis cómo os convertisteis al principio, en chispas de luz de increíble poder, y cómo habéis evolucionado hasta convertiros en el enigma llamado hombre. Así pues, empezaré a explicar.

    En vuestro Libro de los Libros dice: «En el principio fue el Verbo y todo estaba en el Verbo». ¡De lo más inexacto! La palabra no era nada sin el pensamiento, pues el pensamiento es la base y el creador de todo lo que es.

    En el principio, —en lo que tú llamarías el principio— sólo existía la infinitud del pensamiento; ahora, a la infinitud del pensamiento yo la llamaré Dios, el Padre. Lo que tú llamas Dios es, en un entendimiento más ilimitado, el pensamiento, la causa principal y el fundamento de toda la vida. Todo lo que es, siempre ha sido y siempre será, se deriva del pensamiento, la inteligencia que es la mente de Dios.

    Por lo tanto, en el principio existía el espacio infinito del pensamiento. Y Dios siempre habría permanecido como pensamiento sin forma si no se hubiera contemplado a sí mismo, si no hubiera volcado y replegado hacia dentro, hacia sí mismo, el pensamiento que él era. Cuando el Padre contempló el pensamiento que él era, se extendió en una forma única de sí mismo, porque cada vez que se contempla un pensamiento, la acción del razonamiento puro expande el pensamiento; éste se convierte en algo más, se magnifica. De esta manera, el Padre, que nunca antes había extendido su ser, se contempló a sí mismo hasta convertirse en una mayor grandeza.

    ¿Qué produjo en el Padre el deseo de comprenderse a sí mismo y ampliar su existencia? El amor. La pura esencia, el puro propósito del pensamiento contemplativo, es el amor. Fue el amor de Dios por sí mismo lo que le dio el deseo de contemplarse y convertirse en una forma única y extendida de sí mismo.

    A raiz de aquel movimiento del amor nacisteis todos vosotros. Porque cuando Dios se abrazó a sí mismo y se amó hasta una mayor grandeza, todos vosotros os convertisteis en aquello en lo que Dios se había extendido. Cada uno de vosotros se convirtió, en aquel mismo momento maravilloso, en una parte ilustre del primer pensamiento contemplado y extendido.

    Siendo la primera unidad engendrada por Dios Padre, cada uno de vosotros se convirtió en un dios de Dios, en un hijo del Padre, y en una parte de la divina inteligencia, la mente de Dios. Vosotros, los dioses, sois la única creación que viene directamente de Dios. Sois la única creación que siempre será un duplicado exacto de lo que el Padre es, porque sois el Padre en una forma ampliada de sí mismo. Todo lo que el Padre es, él lo es infinitamente en el conjunto de sus amados hijos.

    Dios, el Padre, es el pensamiento compulsivo y contemplativo llamado vida, una continuidad que nunca puede detenerse, así como tampoco vuestros pensamientos pueden hacerlo. Para que el pensamiento, o la vida, sea una expansión siempre continua hasta el infinito, debe tener una razón para continuar. La razón sois vosotros. Cada uno de vosotros se convirtió en una parte de la mente de Dios, para que a través de vosotros, la vida pudiera continuar extendiéndose hasta el infinito, el cual, de hecho, no tiene medida en el tiempo, porque el infinito existe en este momento, es la continuidad y eternidad del ahora.

    Con el propósito de avanzar, el Padre os dio a cada uno de vosotros la única cosa que siempre existió y siempre existirá: la totalidad del pensamiento, o sea, la totalidad de Dios. A cada uno de vosotros os fue dado, por el Padre y para el Padre, todo lo que vosotros sois: una inteligencia divina y una voluntad creativa y soberana. A través de esa inteligencia y de la voluntad libre, se os dio el poder de tomar el pensamiento que el Padre es y extender lo que sois de acuerdo con vuestros propios procesos de pensamiento contemplativo.

    Dios, la mente divina, se extiende continuamente y aumenta a través de cada uno de vosotros. El Padre se convierte instantáneamente en todo aquello en lo que vosotros os convertís al extenderos. Y todo aquello que el Padre llegue a ser—a través de la expansión de todos sus amados hijos— en eso os convertiréis al momento, porque cada hijo es el receptor de todo lo que el Padre es. Así, a través de vuestros propios pensamientos contemplativos siempre podéis ser lo que Dios es: un reino continuo, expansivo, extraordinariamente maravilloso.

    En vuestro comienzo, cuando el pensamiento se contempló a sí mismo, se extendió en el principio de pensamiento llamado luz. La luz fue lo primero que se creó, porque siempre que el pensamiento se contempla y se expande, baja a una frecuencia vibratoria que emite luz. La luz es, por lo tanto, la primera forma a la que desciende el pensamiento contemplado y expandido.

    Vuestra herencia original se remonta al nacimiento de la luz; pues cada partícula de luz nacida del primer pensamiento contemplado, se convirtió en un individuo, un dios, un hijo. Así, en el momento de la creación, todos os convertisteis en lo que se llama seres de luz.

    Todos fueron creados como seres en ese mismo momento. Todas las entidades que han existido o existirán, fueron creadas del pensamiento hasta convertirse en luz cuando Dios se contempló a sí mismo. La luz, que emanaba del espacio de pensamiento, se convirtió en parte adyacente de la mente de Dios, el flujo de todo pensamiento o «río de pensamiento».

    La luz en la que os convertisteis cada uno era y es la inteligencia que vosotros sois; es Dios en su forma extendida de luz. Esa luz divina, que es vuestro cuerpo original y permanente, es el espíritu de vuestro ser, o lo que yo llamo el Dios de vuestro ser, porque vuestro espíritu es Dios, la mente de Dios en forma individual. Hasta este día aún poseéis vuestro espíritu original, el Dios-yo original, el cuerpo de luz original en el que os convertisteis en toda vuestra gloria cuando el pensamiento, vuestro amado Padre, se contempló y extendió hasta convertirse en la luz.

    Ahora, en vuestros comienzos, cuando el pensamiento, o Dios, pasó a través del espíritu de vuestro ser, se creó una emoción, pero era efímera. Así que vuestra alma se creó a través de vuestra fuerza creativa, para absorber el río de amor que salía de Dios el Padre. Se creó con el propósito de capturar el flujo continuo del río de pensamiento y llevarlo a un estado de quietud -lo que se llama memoria— en forma de emoción.

    Tu alma, que vive dentro de tu espíritu, es lo que te permite ser un principio creativo. Porque para crear debes poseer la capacidad de retener la imagen del pensamiento clara y firme en la memoria. De esta manera, puedes templar el pensamiento y expandirlo hasta formar los valores creativos que llamas realidad.

    Por ejemplo, para crear una flor nueva y única, tiene que emerger el pensamiento de una flor. El pensamiento de la flor se toma del flujo de pensamiento siempre continuo, que es uno con el espíritu o la luz de tu ser. El pensamiento, entonces, se mantiene claramente en el alma como una imagen, en forma de emoción. A través del deseo, puedes recobrar ahora la imagen del pensamiento «flor», contemplarla y extenderla en cualquier forma única, color, o tamaño que desees. Ahora puedes de manera única, crear una flor, la que tú quieras y en el momento en que tú lo desees. Manteniendo el pensamiento perfectamente inmóvil en la memoria, puedes dibujar su retrato perfectamente.

    Sin tu alma, no podrías extender al Padre hasta la forma creada, pues no podrías mantener el pensamiento inmóvil para contemplarlo y extenderlo hasta la creación.

    Ahora, lo que tú llamas creación es realmente el valor de la vida que siempre ha existido. La creación no tiene un principio y, ciertamente, no tiene fin. Y los creadores a partir de la sustancia del pensamiento sois todos vosotros, las entidades de luz, los dioses. Todas las cosas han sido creadas por los hijos a partir del pensamiento que el Padre es. Y todo cuanto los hijos crean, se convierte en el yo extendido del Padre.

    Todo lo que ves a tu alrededor se llama materia. El Padre es la materia, porque todas las cosas son Dios. Pero los creadores y diseñadores de la materia son los maestros artesanos que todos vosotros sois, los dioses que sois; pues tuvisteis, desde un principio, el propósito inteligente de crear en materia cualquier ideal que pudierais visualizar a través del pensamiento.

    Todas las cosas nacen del pensamiento, todas. Cada objeto material tuvo como punto de partida un pensamiento que fue abrazado en emoción para formar un ideal de creación. Antes de que algo fuese creado, el alma primero visualizó ese pensamiento como un ideal. Todo lo material fue creado y formado por los dioses mediante un ideal de pensamiento visualizado, utilizando la materia que es el Padre.

    Ahora, toda la materia está rodeada de luz. Vuestros científicos empiezan a sospechar —y han acertado en su suposición— que si se toma la luz y se disminuye o reduce su frecuencia vibratoria, se convierte en materia bruta. ¿Y de dónde vino la luz? Del pensamiento, de Dios.

    Siempre que contemplas el pensamiento y lo abrazas emocionalmente. éste se extiende hasta la frecuencia vibratoria de la luz. Si reduces el movimiento de las partículas de la luz y lo condensas, creas el electrum, un campo electromagnético que contiene polos positivo y negativo, lo que tú llamas electricidad. Si reduces y condensas el pensamiento más aún, más allá de campos electromagnéticos, el electrum se coagula en materia bruta. La materia bruta se agrupa entonces en la estructura molecular y celular llamada forma. Y la forma se mantiene unida debido al pensamiento que el alma visualizó como ideal de creación.

    Todas las cosas se crean tomando lo que no tiene velocidad —el pensamiento— y extendiéndolo hasta aquello que sí la tiene —la luz— y luego reduciendo la velocidad de la luz hasta que creas esto y aquello y todo lo que hay a tu alrededor.

    Amados maestros, sois vosotros quienes habéis creado, a través de vuestros propios procesos de pensamiento, la belleza y el esplendor de todo lo que existe. Sois vosotros quienes habéis creado todas las cosas —desde el pensamiento hasta la luz, el electrum, la materia y la forma— simplemente pensándolas y sintiéndolas hasta darles vida. Pues vosotros, que erais pensamiento reducido a luz, contemplasteis esa luz en la que os habías convertido, y la amasteis; al hacer esto, redujisteis la luz otro escalón para crear el electrum. Al contemplar el electrum en el que Dios se había convertido a través de vuestros procesos de pensamiento, lo redujisteis nuevamente hasta la materia bruta, o «pensamiento coagulado», la forma más baja de pensamiento y a la vez otra dimensión del Padre en sí mismo.

    Por lo tanto, vuestro primer movimiento fue el reconocimiento de lo que se llama «la ciencia del pensamiento transformado en materia». Y esta ciencia nunca se os enseñó; fue simplemente entendida, porque era un proceso de vida en el cual estabais envueltos. Fue a partir de esta ciencia, de este entendimiento, que empezaron las formas creadas.

    En el principio de las formas creadas, los dioses se contemplaron a sí mismos —las luces que eran— y crearon el ideal de luz en materia al crear lo que se llama soles. Y había trillones de billones de ellos. Innumerables. Todos los soles fueron creados gracias al enfoque o la fusión de materia gaseosa que resultaba de la reducción del electrum. Y a partir de los grandes soles —las chispas centrales de la vida— fueron creadas y lanzadas a sus órbitas las esferas rotativas llamadas planetas. Y sobre las esferas, los dioses crearon diseños; y os llevó eones aprender a diseñar.

    ¿Quién creó este universo y todos los universos que rodean un ciclo solar incluso mayor? Vosotros lo hicisteis, en verdad. Vosotros los diseñasteis simplemente. Cada cosa que creasteis, a través del pensamiento contemplado, aumentó vuestra experiencia, permitiendo que los sentimientos —el tesoro más auténtico del pensamiento— se originaran en vuestra alma. Y fue a través de los sentimientos como se creó el plano de la materia.

    Vuestra divinidad yace en que vosotros sois, de hecho, las primeras chispas de luz. Y en que vosotros, los creadores, habéis creado desde el Padre con vuestra voluntad soberana todo lo que existe. ¡Todo! Dios no creó los universos: él es los universos. Vosotros los creasteis a partir de vuestros procesos de pensamiento sintiéndolos en vuestras almas.

    LA MAYORÍA DE VOSOTROS estaba entre los dioses que vinieron a este lugar vuestro llamado Tierra hace muchos eones, y aquí creasteis toda la vida y la hicisteis evolucionar. Durante millones de años, tal como vosotros conocéis el tiempo, tomasteis del pensamiento que el Padre es y, con vuestra suprema inteligencia y poder creativo, diseñasteis vuestros ideales de creación.

    Vosotros, las entidades de luz, formulasteis aquí organismos vivos a partir de la bacteria que se formó por la reacción de la materia gaseosa con el agua. Ese fue el barro con el cual creasteis los diferentes valores de vida. Y al principio, vuestras creaciones eran meramente materia agrupada expresándose como «un montón de algo». Vuestra creatividad era muy simple, porque apenas empezabais a entender la realidad de la materia y cómo crear a partir de ella. Pero tras eones de tiempo, creasteis las plantas y los animales, y cada criatura viviente sobre este plano.

    Las criaturas fueron concebidas por vosotros como una expresión de vuestra emoción creativa, como una expresión de vida creativa; formas de vida que poseían movilidad y podían expresarse por sí mismas. La flor fue creada por un grupo de vosotros. Se introdujo el color. Se añadió el aroma. Y más tarde surgieron varios aspectos de la flor en diferentes diseños.

    Debéis entender que vosotros no trabajasteis para crear estas cosas, pues como seres de luz no teníais un cuerpo con el que trabajar. Cualquier cosa que deseabais crear, simplemente os convertíais en ella. Para dar sustancia a la materia, para darle personalidad, para darle inteligencia y diseño, os convertíais en una parte de cada cosa que creabais. Una vez que cada creación se convertía en parte viviente de la inteligencia de su creador, os separabais de vuestras creaciones, siempre en busca de creaciones mayores.

    Ninguna de las cosas que creasteis aquí seria tan hermosa y sublimé tendría un significado con propósito, si no tuviera dentro de sí el «aliento vida» de su creador. Vosotros sois quienes infundieron en vuestras creaciones la inteligencia, o patrones de memoria genética llamados instinto. Es lo que dio a vuestras creaciones un propósito de ser y los medios —-a través de procesos de reproducción y del intercambio de genes— para que evolucionaran nuevas especies. Con todo, las nuevas especies aún llevarían dentro la inteligencia del instinto, el aliento de vida de los grandes dioses creativos que pusieron en marcha los patrones de la evolución. Por eso todas las cosas vivientes tienen dentro de sí la divina esencia que es la chispa de vida, que viene de vosotros, los dioses, sus creadores.

    No fue hasta que una cadena de alimentación hubo sido claramente establecida, que los dioses decidieron crear un vehículo de materia a través del cual pudieran experimentar sus creaciones y continuar expresando su creatividad, pero como ellos mismos más que como sus creaciones. Y por esto, crearon la encarnación llamada hombre.

    Ahora, el pensamiento es una frecuencia penetrante, una esencia que pasa a través de la materia. Por eso los dioses, que eran pensamiento en forma de luz, podían convertirse en la flor y sin embargo nunca olerla, nunca conocer su esencia. Ellos eran como la brisa que soplaba entre los árboles, pero nunca podían sentir o abrazar al árbol. Ellos podían pasar a través de la piedra, pero no podían sentirla porque el pensamiento no es afectado por la materia que la piedra es, pues le falta sensibilidad para sentir la esencia de una vibración más baja.

    Para que los dioses pudieran oler la flor, sostenerla, adornarse con ella, para que pudieran conocer su belleza y experimentar su viveza, tenían que crear un vehículo de materia que vibrara a la misma velocidad que la flor. De este modo, la encarnación llamada hombre, se creó después de que se hubieran creado todas las demás cosas, para que los dioses pudieran sentir y experimentar sus propias creaciones, y expresar su capacidad creativa a través de a materia bruta, o lo que llamáis «masa solidificada», el pensamiento llevado a su forma más baja.

    El hombre fue creado según un ideal de pensamiento, para ser un vehículo que los dioses pudieran conducir desde adentro. Era el cuerpo perfecto un dios, pues podía contener el alma y estar envuelto por el espíritu del dios. A través de un cuerpo, los dioses podían tocar la flor y oler su esencia; y la experiencia de aquello sería grabada para siempre en sus almas como setimientos, el tesoro de sus acciones. Ahora podían mirar realmente un árbol y contemplarlo, saborear su olor y tocar su belleza. Ahora los dioses podían verse tocarse, abrazarse y hablarse el uno al otro. Ahora podían alimentarse y observarse y ser completamente volátiles el uno para el otro. Y ahora los dioses, como hombres, tenían una aventura en materia totalmente nueva con la que jugar, para adquirir la esencia invisible llamada sentimientos.

    De esta manera, los dioses, seres de luz sin densidad material, crearon una densidad apropiada para su ideal. A través de la masa del cuerpo ellos podían expresarse en una nueva realidad: pensamiento manifestado en la forma llamada materia. Con eso se convirtieron en Dios, pensamiento divino manifestado en la inteligencia de la masa celular llamada humanidad. Y así se convirtieron en Dios-hombre, hombre-Dios: Dios expresándose en la maravilla de la forma humana; hombre expresando al Dios dentro de sí mismo para continuar la expansión de su Padre hacia la eternidad.

    Los primeros hombres surgieron después de muchos experimentos hechos por un grupo de dioses. Al principio, sólo fueron creados del género masculino, y ni siquiera tenían genitales. Los genitales estaban en su interior, de manera que pudieran reproducirse por sí mismos a través del proceso llamado clonación. Por esto, todos los cuerpos masculinos se parecían mucho al principio de su creación. Y eran criaturas bastante humildes, que te parecerían muy grotescas hoy en día. Pero para los dioses, en aquellos tiempos, eran muy hermosas. Por desgracia, no eran muy sigilosas y continuamente eran devoradas por los animales de los alrededores. Así, los dioses las probaron y modificaron durante mucho tiempo hasta que fueron merecedoras de posesión completa. Una vez que el cuerpo hubo sido perfeccionado, muchos de los dioses, con gran júbilo, tomaron posesión de los cuerpos para emprender una nueva aventura en la exploración de la vida.

    Los cuerpos que habitaban los dioses fueron diseñados para albergar una estructura de fuerza que capacitara a los seres de luz para mejorar continuamente sus cuerpos, de modo que éstos pudieran vivir y coexistir en un medio muy peligroso. El cuerpo fue diseñado para que la memoria de cada pensamiento que el dios abrazara emocionalmente fuera grabada en cada célula y así transferida a través del proceso de clonación.

    Cuando la matriz del hombre,[1] o mujer, se creó mucho después como una forma de hombre más perfeccionada, ello permitió la singularidad y el mayor refinamiento del cuerpo a través de la división de los genes.

    [1] (N.T.) Aquí Ramtha hace un juego con las palabras en inglés womb of man (matriz del hombre), y woman (mujer).

    El hombre llevaría en su semilla los patrones del entendimiento que había alcanzado hasta ese punto, y la mujer los llevaría en su óvulo. A través del acto de copulación, los patrones genéticos de ambos se juntarían para crear una entidad incluso más avanzada, basada en el aprendizaje y las realizaciones de sus padres. Sin embargo, a través de este proceso estaban creando solamente un cuerpo mejor, no un mejor espíritu.

    A medida que el entendimiento de los dioses viviendo como hombres empezó a crecer —por necesidades de supervivencia— el cuerpo fue continuamente perfeccionado desde su forma primitiva o, como vosotros decís «evolucionó», un proceso que ha continuado durante más de diez millones y medio de años, según vuestro cómputo del tiempo. Eso es lo que ha tomado que vosotros os convirtierais en lo que sois en este momento.

    Vuestro cuerpo es joven. El hombre, en su verticalidad y movilidad, sólo tiene diez millones y medio de años. Pero vosotros, los seres de luz, siempre habéis existido. Porque, ¿cómo se puede determinar el principio del pensamiento contemplativo basándose en el tiempo, cuando éste no existía? De modo que sois antiguos, y durante billones de años, tal como los llamáis en vuestra manera de medir el tiempo, creasteis con el electrum. Después, bajar el electrum hasta la materia se convirtió para vosotros en una aventura nueva y diferente. Y a través de billones de años de diseño y exploración, el hombre llegó finalmente a ser una criatura viviente y con aliento, de pensamiento coagulado y materia densa.

    Todo lo que existe en este plano lo creasteis vosotros. Es por eso que la realidad no estaría aquí si no fuera por todos vosotros. Los animales son amados porque han recibido el aliento de vida a través de vosotros, sus creadores. Las flores son amadas, porque llevan en ellas los patrones de vuestra belleza... Toda la vida lo lleva. Y todo es gracias a vosotros.

    ¿Quiénes sois vosotros? Vosotros sois los grandes dioses de luz, los grandes creadores de toda la vida. Sois el pensamiento grande e infinito, ampliado y rebajado hasta la materia creativa. Sois Dios, el pensamiento eterno, experimentando la forma llamada humanidad. Sois Dios manifestado como hombre para continuar la expansión del pensamiento hasta la eternidad.


    Extracto de: El libro blanco - Ramtha



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