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    Seth
    Sois Él que se manifiesta como vosotros.


    Afirmar significa aceptar vuestra propia complejidad milagrosa. Significa decir «sí» a vuestro propio ser. Significa aceptar vuestra realidad como espíritu en la carne. Dentro del marco de vuestra propia complejidad, tenéis el derecho a decir «no» a ciertas situaciones, a expresar vuestros deseos, a comunicar vuestros sentimientos.

    Si lo hacéis en el gran flujo de vuestra eterna realidad, os arrastrará una corriente global de amor y creatividad. La afirmación es la aceptación de vosotros mismos en vuestro presente como la persona que sois. Dentro de esa aceptación puede haber características que desearíais no poseer, o hábitos que os molestan. No debéis esperar ser «perfectos». Como se mencionó anteriormente, vuestra idea de la perfección es un estado de realización más allá del cual no hay crecimiento futuro, y no existe tal estado.

    «Ama al prójimo como a ti mismo.» También es válido lo contrario: «Ámate a ti mismo como amas a tu prójimo», porque a menudo reconoceréis la bondad en el otro y la pasaréis por alto en vosotros. Algunas personas creen que lo que ellos entienden por humildad es un gran mérito y una virtud sagrada. Por tanto estar orgulloso de sí mismo es un pecado, y en ese marco de referencia la verdadera afirmación del ser es imposible. El amor propio genuino es el reconocimiento amoroso de la propia integridad y valor. La verdadera humildad se basa en esta afectuosa consideración de vosotros mismos, además del reconocimiento de que vivís en un universo en el que todos los otros seres también poseen esta innegable individualidad y valor propio.

    La falsa humildad os dice que no sois nadie. A menudo oculta un amor propio distorsionado, desmesurado y negado, porque nadie puede aceptar realmente una teoría que niegue el valor propio personal.

    La humildad simulada puede llevar a desconocer el valor de los demás, porque si no se acepta el propio valor tampoco se lo ve en nadie más. El verdadero amor propio os permite ver la integridad de vuestros semejantes, y os capacita para ayudarlos a emplear su fortaleza. Muchas personas montan un gran espectáculo de la ayuda que brindan a otros, por ejemplo, y los animan a que se apoyen en ellas. Creen que eso es una acción sagrada y virtuosa, pero en realidad impiden que esas personas reconozcan y utilicen su propia fortaleza y capacidad.

    Independientemente de lo que os hayan podido decir, no hay mérito alguno en el autosacrificio. Ante todo es imposible, pues el ser crece y se desarrolla, no se lo puede aniquilar. Normalmente, autosacrificio significa poner la propia «carga» en otra persona y convertirla en su responsabilidad.

    Una madre que le dice a su hijo «Sacrifiqué mi vida por ti», está diciendo tonterías. Diga lo que diga, en el fondo esa madre cree que no tenía demasiado a lo que renunciar, y que la «renuncia» le otorgó la vida que ella deseaba.

    Un hijo que dice «Renuncié a mi vida por mis padres y me dediqué de lleno a cuidarlos», quiere decir «Tenía miedo de vivir mi propia vida, y "temía dejarlos vivir la suya". Así que, al "renunciar" a mi vida, conseguí la vida que deseaba».

    El amor no requiere sacrificio. Aquellos que temen afirmar su propio ser también temen dejar que otros vivan por sí mismos. No ayudáis a vuestros hijos manteniéndolos encadenados a vosotros, y tampoco ayudáis a vuestros padres ancianos alentando su sentimiento de desamparo. Si obedecéis espontánea y sinceramente el sentido ordinario de la comunicación que poseéis como criaturas, resolveréis muchos de vuestros problemas. Sólo la comunicación reprimida conduce a la violencia. La fuerza natural del amor está en todos los rincones de vuestro ser, y los métodos normales de comunicación siempre os llevan a un mayor contacto con vuestros semejantes.

    Amaos a vosotros mismos y respetaos, y trataréis justamente a los demás. Cuando decís «no», lo hacéis porque, en vuestra mente y sentimientos, una situación presente o propuesta se aleja de algún ideal. La negativa siempre está causada por algo que se considera, al menos, un bien mayor. Si no tenéis ideas demasiado rígidas de la perfección, la negación ordinaria sirve a un propósito bastante práctico. Pero nunca debéis negar la realidad propia presente por compararla con alguna perfección idealizada.

    Perfección no es ser, porque todos los seres se encuentran en un estado de devenir. Esto no significa que todos los seres están en un estado de devenir "perfecto" sino en un estado de devenir más "ellos mismos". Todas las otras emociones están basadas en el amor y, de una forma u otra, se relacionan con él, y todas son métodos para regresar a él y expandir su capacidad.

    Ahora bien, en todo el libro he evitado a propósito la palabra «amor», a causa de las diversas interpretaciones que suelen hacerse de la palabra, y de los errores que con frecuencia se cometen en su nombre.

    Primero debéis amaros a vosotros mismos antes de poder amar a otro.

    Al aceptaros a vosotros mismos y ser alegremente lo que sois, realizáis vuestras propias capacidades, y vuestra simple presencia puede hacer felices a otros. No podéis odiaros a vosotros mismos y amar a otra persona. Es imposible. En vez de ello proyectaréis sobre otro todas esas cualidades que creéis no poseer, lo alabaréis de la boca para afuera, y lo odiaréis por poseerlas. Aunque declaréis amar al otro, intentaréis socavar los mismísimos fundamentos de su ser.

    Cuando amáis a otros, reconocéis su libertad innata y no insistís con vehemencia en que siempre os presten atención. No hay distintas clases de amor. No existen diferencias básicas entre el amor de un hijo hacia su padre, un padre hacia su hijo, una esposa hacia su marido, un hermano hacia su hermana. Sólo hay diferentes expresiones y características del amor, pero todo amor afirma y puede aceptar desviaciones de la visión ideal sin condenarlas. No compara el estado práctico del ser amado con esa percepción idealizada que es potencial.

    En esta visión, el potencial se considera en el presente, y la distancia entre la forma práctica y la ideal no crea una contradicción ya que "coexisten".

    Algunas veces podéis pensar que odiáis a la humanidad. Quizá creáis que las personas con quienes compartís el planeta son dementes. Tal vez despotriquéis contra su estúpido comportamiento, su proceder sanguinario y los métodos inadecuados que utilizan para resolver sus problemas. Todo obedecer al concepto idealizado que tenéis de lo que debe ser la especie; es decir, a vuestro amor por el prójimo. Pero podéis perder vuestro amor si os concentráis en esas variaciones que no son idílicas. .

    Cuando pensáis que odiáis a la humanidad, en realidad estáis atrapados en un dilema de amor: estáis comparando a la especie con vuestro concepto amoroso e idealizado de ella. Pero al actuar así perdéis de vista a las personas reales involucradas.

    Colocáis el amor en tal plano que os apartáis de vuestros sentimientos reales, y no reconocéis las emociones de amor que son la base de vuestro descontento. Vuestro afecto se ha quedado corto comparado con la experiencia porque habéis negado el "impacto" de esta emoción, por miedo a que el amado -en este caso la especie en su conjunto- no esté a la altura de las circunstancias. Por tanto, os concentráis en las desviaciones del ideal. Si, en lugar de ello, dejáis que surja el sentimiento de amor que se oculta tras vuestra insatisfacción, éste os hará ver las características afectivas de la especie que ahora no advertís.

    No hay nada más ostentoso que la falsa humildad.

    Muchas personas que se consideran "verdaderos" buscadores espirituales están llenos de ella. A menudo utilizan términos religiosos para expresarse. Dirán: «No soy nadie, pero el espíritu de Dios late en mí, y si hago algún bien es por el espíritu de Dios y no por el mío» o «No poseo talento propio; sólo el poder de Dios posee talento».

    A este respecto, vosotros sois el poder manifiesto de Dios. No sois impotentes, sino todo lo contrarío. El poder de Dios se fortalece gracias a vuestro ser, porque sois una parte de lo que Él es. No sois un simple trozo insignificante de arcilla a través del cual Él decide manifestarse.

    "Sois Él que se manifiesta como vosotros". Sois tan legítimos como Él.

    Si sois una parte de Dios, Él es también una parte vuestra, y al negar vuestra propia valía lo negáis también a Él. No me gusta usar el término «Él» refiriéndome a Dios, ya que Todo Lo Que Es origina no sólo todos los sexos sino todas las realidades, en algunas de las cuales el sexo tal como lo consideráis no existe.

    La afirmación es parte del movimiento espontáneo del cuerpo cuando danza. Muchos feligreses que se consideran muy religiosos comprenden menos la naturaleza del amor o la afirmación que algunos clientes de bares, que celebran la naturaleza de su cuerpo y disfrutan la espontánea trascendencia mientras se dejan llevar por el movimiento de su ser.

    La verdadera religión no es represiva, como tampoco lo es la vida misma. Cuando Cristo habló lo hizo en el contexto de su época, utilizando el simbolismo y el vocabulario que tenía sentido para un tipo particular de personas en un período específico de la historia.

    Él comenzó con sus creencias, y se basó en ellas para intentar conducirlos a reinos de comprensión más libres.

    Con cada traducción la Biblia ha cambiado su significado, al interpretarse en el idioma del momento. Cristo habló de espíritus buenos y malos porque esto representaba las creencias del pueblo. Les mostró que los «malos» espíritus pueden vencerse; pero éstos eran entonces símbolos aceptados por la gente como realidades, algunas veces para representar enfermedades y afecciones humanas bastante «corrientes».

    La frase «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» era una declaración irónica, pues en esa sociedad "nadie amaba a su prójimo", sino que recelaba sinceramente de él. Por tanto, gran parte del sentido del humor de Cristo se ha perdido.

    En el Sermón de la Montaña, la frase «Los mansos poseerán la tierra» se ha tergiversado enormemente.

    Cristo quería decir: «Vosotros creáis vuestra propia realidad. Aquellos que tienen pensamientos pacíficos se encontrarán a salvo de guerras y disensiones. Estarán libres de ellas. Escaparán, y realmente heredarán la tierra».

    Los pensamientos de paz, en particular en medio del caos, acumulan una gran energía. Las personas que son capaces de hacer caso omiso de las pruebas físicas de la guerra y de tener pensamientos de paz "triunfarán", pero para vosotros la palabra «manso» ha llegado a significar débil, inadecuado, falto de energía. En tiempos de Cristo, la frase sobre los mansos que heredarían la tierra se refería al uso enérgico de la afirmación, del amor y la paz.

    Como mencioné en Habla Seth, la entidad de Cristo era demasiado grande para ser contenida en un solo hombre, y lo cierto es que tampoco podía limitarse a un tiempo determinado; así que el "hombre" que pensáis que era Cristo no fue crucificado.

    Tampoco la idea de "autosacrificio" estaba entonces implícita. El mito se hizo más «real» que el suceso físico, como suele pasar con algunos acontecimientos cumbres de la historia. Pero incluso el mito fue distorsionado. Dios no sacrificó a su muy amado hijo permitiéndole que fuera físico. La entidad de Cristo deseó nacer en el espacio y el tiempo, como criatura, para servir como líder y para traducir ciertas verdades a términos físicos.

    Todos vosotros sobrevivís a la muerte. El hombre que fue crucificado lo "sabía" sin ninguna duda, y no sacrificó nada.

    («En Habla Seth explicaste que Judas lo organizó todo para que crucificaran a un sustituto en lugar de Cristo.»)

    El «sustituto» era una personalidad "aparentemente" engañada, pero en su "engaño" él sabía que toda persona resucita, y aceptó convertirse en el símbolo de este conocimiento.

    El hombre "llamado" Cristo no fue crucificado. No obstante, en el drama global tenía poca importancia qué era un "hecho" y qué no lo era, ya que las grandes realidades trascienden a los hechos mismos y los crean. Tenéis libre albedrío y podéis interpretar el drama como lo deseéis. Su gran poder creativo aún persiste y podéis utilizarlo como queráis, incluso cambiando vuestro propio simbolismo cuando cambian vuestras creencias. Pero la principal idea es la afirmación de que el ser físico, el ser que conocéis, no desaparece con la muerte. Esto consiguió perdurar incluso en las distorsiones. El concepto global de Dios Padre, "como" lo dio Cristo, fue realmente un «nuevo testamento». Dada la orientación sexual de esos tiempos, se usó una imagen masculina de Dios, pero más allá de esto la personalidad de Cristo decía: «El reino de Dios ya está dentro de vosotros (entre vosotros)».

    En cierta manera la personalidad de Cristo fue una "manifestacion de la evolución de la consciencia", que condujo a la especie más allá de los violentos conceptos de la época, y alteró el comportamiento que había prevalecido hasta entonces.

    Con respecto al tiempo -o a la evolución, tal como la concebís- la conciencia naciente ha alcanzado un punto en que se complace tanto en las distinciones y diferencias, que incluso en pequeñas zonas geográficas se han formado numerosos grupos, cultos y nacionalidades, cada uno orgulloso de afirmar su propia individualidad y valía sobre los demás. Al principio la conciencia naciente del hombre necesitaba libertad para expandirse, para volverse diferente, para sentar las bases de diversas características y para afirmar la individualización. Pero en la época de Cristo se necesitaban ciertos principios de unidad para que esta diversificación también experimentara un sentido de unidad y sintiera su identidad.

    Cristo fue el símbolo de la conciencia naciente del hombre, que guardaba en sí el conocimiento del potencial humano. Su mensaje debía ser llevado más allá de su época, pero a menudo no se realizó esta interpretación.

    Cristo utiliza parábolas que eran aplicables "entonces". Utiliza a los sacerdotes como símbolos del poder. Convierte agua en vino, y sin embargo muchos que se consideran muy santos pasan por alto el comportamiento de Cristo en el banquete de casamiento y consideran degradante cualquier bebida alcohólica.

    Él se «relacionó» con prostitutas y con los pobres, y sus discípulos eran hombres que apenas podrían considerarse ciudadanos ejemplares. No obstante, muchos que se consideran personas religiosas se aferran sobre todo a la respetabilidad. Cristo utilizó la lengua corriente del momento y a su manera habló contra las ideas dogmáticas, y también contra los templos que pretendían ser depositarios del conocimiento sagrado pero que en cambio se preocupaban por el dinero y el prestigio. Sin embargo, muchos que se consideran seguidores de Cristo en la actualidad dan la espalda a los marginados que él mismo consideró sus hermanos y hermanas.

    Él "afirmó" la realidad del individuo "sobre" cualquier organización, aunque advertía que se necesitaba algún sistema. Todo su mensaje se resume en que el mundo exterior es la manifestación del interior, que el «reino de Dios» está encarnado.

    Hay evangelios perdidos, escritos en esa época por hombres de otros países, que se refieren a episodios desconocidos de la vida de Cristo, no incluidos en la Biblia. Éstos configuran un marco totalmente distinto de conocimiento que podía ser aceptado por quienes tenían creencias diferentes de las de los judíos en aquella época. Los mensajes se dieron de otra manera, pero igualmente reflejan la afirmación del ser y su existencia ininterrumpida después de la muerte física. Siempre se resaltó el amor.

    Uno de los Evangelios es falso, es decir, fue escrito después de los otros, y se tergiversaron los sucesos para que pareciera que habían ocurrido en un contexto completamente diferente del real. A pesar de ello, el mensaje de Cristo era de afirmación.

    (Jane, en trance, hizo una pausa mientras yo levantaba la mirada interrogativamente. «Iba a preguntar cuál Evangelio es el falso, porque estoy seguro de que recibiremos cartas sobre ello.»)

    No fue el de Marcos ni el de Juan. Hay razones concretas por las que no quiero especificarlo ahora.

    («De acuerdo», dije, aunque algo reticente.)

    En esa época, Cristo unificó la conciencia del hombre de forma que se extendiera por la historia. La conciencia de Cristo no estaba aislada. Estoy hablando ahora en vuestros términos. Por tanto la misma conciencia dio nacimiento a todas vuestras religiones, es decir, a los diversos marcos a través de los cuales los pueblos de diferentes épocas pudieron expresarse y crecer. En todos los casos las religiones comenzaron con las creencias prevalecientes, se expresaron según los dictados de la época, y luego se expandieron. Ahora esto representa el lado espiritual de la evolución del hombre. Los marcos ideológicos de la vida psíquica y mental fueron mucho más importantes que los aspectos físicos a medida que la especie crecía y cambiaba.





    SESIÓN 674, 2 DE JULIO DE 1973 21.23 LUNES
    Extracto de Habla Seth III
    A través de Jane Roberts



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