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    Chico Xavier
    Evolución; Automatismo y cuerpo espiritual.


    EVOLUCIÓN Y CUERPO ESPIRITUAL

    - Origen de la vida

    Tratando de fijar las ideas acerca del cuerpo espiritual, será preciso remontarnos, de igual modo, al origen de la vida en la Tierra cuando cesaban las convulsiones telúricas, oportunidad en que los Ministros Angélicos de la Sabiduría Divina, con la supervisión del Cristo de Dios, lanzaron los fundamentos de la vida en el cuerpo ciclópeo del planeta.

    La materia elemental, en la que el electrón es uno de los corpúsculosbases (1) en la etapa de experiencia evolutiva que analizamos, acumulada sobre sí misma al soplo creador de la Inteligencia Eterna, dio nacimiento a la providencia terrestre, en el Estado Solar al que pertenecemos, cuyos fenómenos, de formación original, no conseguimos por ahora adivinar en su más íntima estructura.

    El inmenso horno atómico estaba preparado para recibir las simientes de la vida y, bajo el impulso de los Genios Constructores, que operaban en el orbe naciente, vemos el seno de la Tierra recubierto de mares serenos invadidos por una gigantesca masa viscosa extendiéndose en el seno del panorama primitivo.

    De esa masa cósmica, emerge el principio inteligente en sus primeras manifestaciones...

    Trabajadas en el transcurso de los milenios por los operarios espirituales que magnetizaron sus elementos, permutándolos entre sí bajo la acción del calor interno y del frío exterior, las mónadas celestes se manifestaron en el mundo a través de la red filamentosa del protoplasma, del que surgió la existencia organizada en el planeta creado.

    Transcurrieron siglos de actividades silenciosas sucesivamente...


    - Nacimiento del reino vegetal

    Aparecen los virus y, con ellos, surge el campo principal de la existencia integrado por nucleoproteínas y globulinas, ofreciendo un clima adecuado a los principios inteligentes o mónadas fundamentales, que se destacan de la sustancia viva como centros microscópicos de fuerza positiva, estimulando la división cariocínésica.

    Se evidencian, desde entonces, las bacterias rudimentarias, cuyas especies se perdieron en los orígenes profundos de la evolución, generando los minerales en la construcción del suelo, dividiéndose por categorías y grupos numerosos y plasmando, por reproducción asexuada, las células primitivas que serían las responsables de la eclosión del reino vegetal en su inicio.

    Milenios y milenios se suceden y pasan...


    (1) En la Esfera Espiritual en que cumplimos nuestro aprendizaje, el electrón es también una partícula atómica disociable. [Nota del Autor espiritual].


    - Formación de las algas

    Sustentado por los recursos de la vida que en la bacteria y en la célula se constituyen del líquido protoplasmático, el principio inteligente se nutre ahora con la clorofila, que revela un átomo de magnesio en cada molécula, precediendo a la constitución de la sangre, de que se alimentará en el reino animal.

    El tiempo actúa sin prisa en su lento transcurrir en la cuna de la humanidad, y entonces aparecen las algas acuáticas, casi invisibles, con sus colas sinuosas desplazándose sobre las aguas, revestidas con membranas celulósicas y manteniéndose a costa de residuos minerales, siendo dotadas de una extrema motilidad y sensibilidad, como formas monocelulares en que la mónada ya evolucionada se eleva hacia un plano superior.

    No obstante, son aún plantas que hasta hoy persisten en la Tierra como filtros de evolución primaria de los principios inteligentes en constante expansión, pero plantas superevolucionadas en los dominios de la sensación y del instinto embrionario, conservando el magnesio de la clorofila


    - como testimonio de la especie.

    Sucediéndolas por orden, emergen las algas verdes de constitución pluricelular, con nuevo núcleo e inaugurando la reproducción sexuada y estableciendo vigorosos combates provocadores de la muerte a través de ellos, así como metamorfosis incesantes que perdurarán, en el decurso de las eras, generando así la edificación de las nuevas formas del porvenir.


    - De los artrópodos a los dromaterios y anfiterios

    Registramos el ingreso de la mónada, a que nos referimos, en los dominios de los artrópodos, de exoesqueleto quitinoso, cuya sangre diferenciada acusa un átomo de cobre en su estructura molecular para, seguidamente, sorprenderla elevada a la condición de crisálida de la conciencia en el reino de los animales superiores, en cuya sangre –condensación de las fuerzas que alimentan el vehículo de la inteligencia en el imperio del alma se muestra la hemoglobina como pigmento básico, demostrando el parentesco innegable de las individuaciones del espíritu a través de las mutaciones de la forma, que sigue al progreso incesante de la Creación Divina.

    De las cristalizaciones atómicas y de los minerales, de los virus y del protoplasma, de las bacterias y de las amebas, de las algas y de los vegetales del periodo precámbrico a los fetos y a las licopodiáceas, a los trilobites y las cistáceas, a los cefalópodos, foraminíferos y radiolarios de los terrenos silúricos, el principio espiritual alcanzó los espongiarios y celentéreos de la era paleozoica, esbozando la estructura esquelética.

    Avanzando por los equinodermos y los crustáceos, entre los cuales se ensayaron durante milenios los sistemas vascular y nervioso, marchó en dirección a los ganoideos y teleósteos, arquegosaurios y labirintodontes, para culminar en los grandes lacértidos y en las aves extrañas, descendientes de los pterodáctilos, en el jurásico superior, llegando a la época supracretácea para entrar en la clase de los primeros mamíferos, procedentes de los reptiles teromorfos.

    Progresando siempre, entre los dromaterios y los anfiterios adquiere los rudimentos de las reacciones psicológicas superiores, incorporando las conquistas del instinto y de la inteligencia.


    - Ciclos inaugurales de la razón

    Ejercitándose en los marsupiales y cetáceos del eoceno medio, en los rinoceróntidos, cérvidos, antilópidos, équidos, cánidos, proboscidios y antropoides inferiores del mioceno, extendiéndose en los mamíferos más nobles del plioceno, incorpora adquisiciones de importancia entre los megaterios y mamuts, precursores de la fauna actual de la Tierra, alcanzando a los pitecántropos de la era cuaternaria, que antecedieran a las embrionarias civilizaciones paleolíticas, a la mónada vertida del Plano Espiritual sobre el Plano Físico (2), atravesó las más severas cribas de la adaptación y selección asimilando los valores múltiples de la organización, reproducción, memoria, instinto, sensibilidad, percepción y preservación propia, penetrando, de tal manera, por las vías de la inteligencia más completa y laboriosamente adquirida, en los ciclos inaugurales de la razón.

    (2) Las expresiones Plano Físico y Plano Extrafísico, con frecuencia empleadas en estas páginas, fueron utilizadas por nosotros por la falta de términos más precisos que designen a las esferas de evolución para los Espíritus encarnados y desencarnados pertenecientes al hábitat de nuestro planeta. [Nota del Autor espiritual].

    - Eslabones desconocidos de la evolución

    Comprendiéndose que el principio divino fue aportado a la Tierra como una emanación de la Esfera Espiritual, trayendo en su constitución intrínseca el arquetipo para el cual estaba destinado, así como la bellota de la encina contiene en sí al árbol venerando que será en el futuro, no podemos limitar la experiencia al plano físico, simplemente considerado, dado que, a través del nacimiento y muerte de la forma, sufre constantes modificaciones en los dos planos en que se manifiesta, razón por la cual diversos eslabones de la evolución escapan a la investigación de los naturalistas, por expresar estados de la conciencia fuera del campo carnal, que es el que ven, pues en las regiones extrafísicas esa misma conciencia incompleta prosigue elaborando su vehículo sutil, por lo que puede ser clasificada como protoforma humana correspondiente al grado evolutivo alcanzado.


    - Evolución en el tiempo

    Es así que, de los organismos monocelulares a los organismos complejos, en que la inteligencia disciplina a las células, poniéndolas a su servicio, el espíritu viaja rumbo al elevado destino que le fue trazado por el Plano Superior tejiendo, con los hilos de la experiencia, la túnica de su propia exteriorización, conforme al molde mental que lleva consigo, dentro de las leyes de acción, reacción y renovación con que se mecanizan sus propias adquisiciones, desde el estímulo nervioso hasta las defensas inmunológicas, construyendo el centro coronario en el mismo cerebro a través de la reflexión automática de sensaciones e impresiones, en millones y millones de años, por lo cual con el auxilio de las Potencias Sublimes que orientan su marcha, configura los demás centros energéticos de su mundo íntimo, fijándolos en la naturaleza de su propia alma.

    Sin embargo, para alcanzar la edad de la razón con las condiciones de hombre, dotado de raciocinio y discernimiento, el Ser, automatizado en sus impulsos y en su peregrinar hacia el reino angélico empleó, para llegar a los inicios de la época cuaternaria, en que la civilización elemental de la piedra denuncia algún primor en la técnica, nada menos que un billón y medio de años. Eso es perfectamente verificable con la desintegración natural de ciertos elementos radiactivos en la masa geológica del planeta. Y teniendo en cuenta que la civilización aludida floreció hace más o menos doscientos mil años, tiempo en que el hombre se fue preparando, con la bendición de Cristo, para la responsabilidad, debemos reconocer el carácter reciente de los conocimientos psicológicos destinados a automatizar, en la constitución fisiopsicosomática del Espíritu humano, las adquisiciones morales que han de habilitar su conciencia terrestre para un grado más elevado de ascensión hacia la Conciencia Cósmica (3).

    Uberaba, 22-01-1959.

    (3) Las notas y apreciaciones del Plano Espiritual a pesar de las comprensibles divergencias humanas, coinciden exactamente con las observaciones e ilaciones de numerosos estudiosos encarnados. [Nota del Autor espiritual].


    - AUTOMATISMO Y CUERPO ESPIRITUAL

    - Automatismo fisiológico

    Es comprensible resaltar que el principio inteligente, en el devenir de los tiempos, plasmó en su propio vehículo de exteriorización las conquistas que fundamentan su crecimiento hacia mayores conquistas en los horizontes evolutivos.

    Controlando a las células vivas, de naturaleza física y espiritual, y como utilizándolas ocultamente a su propio servicio, de manera de poder conquistar posibilidades de expansión y progreso más amplio, pasa, en el plano terrestre y en el plano extraterrestre, por las profundas experiencias que le facultarán, con el transcurso del tiempo, el automatismo fisiológico por el cual, sin ningún obstáculo, ejecuta todos los actos primarios de la manutención, preservación y renovación de su propia vida.


    - Actividades reflejas del inconsciente

    Sabemos que, proponiéndonos aprender a leer y escribir, antes que nada nos dedicamos a la empresa difícil de asimilación del alfabeto y de la escritura, consumiendo energía cerebral y coordinando el movimiento de los ojos, de los labios y de las manos en múltiples fases de atención y trabajo, de manera de superar nuestras propias inhibiciones para, después, conseguir leer y escribir mecánicamente sin ningún esfuerzo, a no ser aquel que se refiere a la absorción, comunicación o materialización del pensamiento leído o escrito, dado que la lectura y la grafía se han tornado automáticas en la esfera de nuestra actividad mental.

    Sobre esa base de incesante repetición de los actos indispensables a su propio desarrollo, recubriéndose de materia densa en el plano físico y despojándose de ella con el fenómeno de la muerte, para revestirse de materia sutil en el plano extrafísico y renacer de nuevo en la corteza terrestre, en innumerables estadios de aprendizaje, el principio espiritual incorporó todas las conquistas de la inteligencia que han de brillar en el futuro en su cerebro, a través de las denominadas actividades reflejas del inconsciente.


    - Teoría de Descartes

    Atento a eso y sorprendido ante el gigantesco patrimonio de la mente humana, Descartes, en el siglo XVII, indagando él mismo sobre la complejidad de los nervios, formuló la “teoría de los espíritus animales” que estarían encerrados en el cerebro, recorriendo por la red de nervios para atender a los movimientos de la respiración, de los humores y de la defensa del organismo sin participación consciente de la voluntad, llegando el filósofo a aseverar que esos “espíritus se conjugaban necesariamente reflejados”, aplicando semejante regla especialmente a los animales, que él clasificaba como máquinas desprovistas de pensamiento.

    Descartes no logró aprehender toda la amplitud de los caminos que se perfilan para la evolución en el surco de los siglos, pero abordó la verdad del acto reflejo que obedece al influjo nervioso, en el automatismo, con el cual el alma evoluciona hacia planos más elevados de conciencia a través del nacimiento, la muerte, la experiencia y el renacimiento en la vida física y extrafísica, avanzando inevitablemente hacia la vida superior.


    - Automatismo y herencia

    Así como en la colectividad humana el individuo trabaja para la comunidad a que pertenece, entregándole el producto de sus propias adquisiciones, y la sociedad opera en favor del individuo que la integra protegiendo su existencia, en obediencia al impositivo del perfeccionamiento constante en los reinos menores, el ser inferior sirve a la especie a que pertenece confiándole, maquinalmente, el fruto de sus propias conquistas, a la vez que la especie colabora en beneficio de él, amparándole con todos los valores por ella asimilados, a efectos de que la ascensión de la vida no sufra ninguna solución de continuidad.

    Si en el círculo humano la inteligencia es seguida por la razón y la razón por la responsabilidad, en las líneas de la civilización, bajo las señales de la cultura observamos que, en las etapas pretéritas del transformismo, el reflejo precede al instinto, así como el instinto precede a la actividad reflexiva, que es base de la inteligencia en los depósitos del conocimiento adquirido por recapitulación y transmisión incesantes en los millares de milenios en que el principio espiritual atraviesa lentamente los círculos elementales de la Naturaleza, cual sustancia viva, de forma en forma, hasta configurarse en el individuo humano, en tránsito hacia la madurez sublimada en la gradación angélica.

    De ese modo, en cualquier estudio acerca del cuerpo espiritual, no podemos olvidar la función preponderante del automatismo y de la herencia en la formación de la individualidad responsable, a efecto de comprender la imposibilidad de cualquier separación entre la fisiología y la psicología, por cuanto en las expresiones de la atracción en el mineral, de la sensación en el vegetal y del instinto en el animal, se muestra la crisálida de la conciencia edificando sus facultades de organización, sensibilidad e inteligencia transformando, gradualmente, toda la actividad nerviosa en vida psíquica.


    - Evolución y principios cosmocinésicos

    Los días de la Creación, registrados en los libros de Moisés, equivalen a ciclos inmensos en el tiempo y en el espacio, y es así como el cuerpo espiritual, que modela al cuerpo físico y éste es la expresión de aquél, constituyen la obra de siglos numerosos, pacientemente elaborada en las esferas diferentes de la vida que se unen en la tumba y en la cuna, bajo la orientación de los Instructores Divinos que supervisan la evolución terrestre.

    Con semejante enunciado no pretendemos, de ningún modo, explicar la génesis del espíritu, dado que eso implicaría, por ahora, una arrogante y pretenciosa definición propia de Dios.

    Nos proponemos resaltar, simplemente, que la ley de evolución rige para todos los seres del Universo, tanto como los principios cosmocinésicos, que determinan el equilibrio de los astros son, desde siempre, los mismos que regulan la vida orgánica en su estructura y en el movimiento de los átomos.

    El vehículo del Espíritu, más allá de la sepultura, en el plano extrafísico o cuando es reconstituido con el renacimiento, es la suma de experiencias infinitamente repetidas que avanza, lentamente, de la oscuridad hacia la luz. En él reconocemos a la individualidad espiritual que se vale, de las vidas menores, que le prestan su servicio, para afirmarse y recoger una preciosa cooperación para crecer, a su vez, mancomunadamente, conforme a los ineludibles objetivos del progreso general.


    - Génesis de los órganos psicosomáticos

    Todos los órganos del cuerpo espiritual y, consecuentemente, del cuerpo físico fueron, por tanto, elaborados con lentitud, atendiendo a la necesidad del campo mental en su condicionamiento y exteriorización en el medio terrestre.

    Es así como el tacto nació en el principio inteligente a través de su paso por las células nucleares con sus impulsos amebianos; que la visión comenzó por la sensibilidad del plasma en los flagelados monocelulares expuestos a la claridad solar; que el olfato tuvo origen en los animales acuáticos de expresión más simple, por excitaciones del ambiente en que evolucionan; que el gusto surgió en las plantas, muchas de ellas provistas de pelos viscosos destilando jugos digestivos, y que las primeras sensaciones del sexo aparecieron en algas marinas que poseían no sólo células masculinas y femeninas que nadan, atraídas unas hacia otras, sino también un esbozo de epidermis sensible que podemos definir como una región secundaria de simpatías genésicas.


    - Trabajo de la inteligencia

    Examinando, pues, el fenómeno de los reflejos sistemáticos generando el automatismo que distingue a la inteligencia de todas las acciones espontáneas del cuerpo espiritual, reconocemos, sin dificultad, que la marcha del principio inteligente hacia el reino humano y que el camino de la conciencia humana hacia el reino angélico simbolizan la expansión multimilenaria de la criatura de Dios que, por fuerza de la Ley Divina, debe merecer, con el trabajo de sí misma, la aureola de la inmortalidad en pleno Cielo.

    Pedro Leopoldo, 26-01-1958. 38



    Extracto de Evolución en dos mundos a través de Chico Xavier



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