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    Chico Xavier
    Células y cuerpo espiritual. Evolución y sexo.


    CÉLULAS Y CUERPO ESPIRITUAL

    Principios inteligentes rudimentarios

    Con el transcurso de los evos, sorprendemos a las células como principios inteligentes de expresión rudimentaria al servicio del principio inteligente, en un grado más noble en los animales superiores y en los seres humanos, renovándose continuamente en el cuerpo físico y en el cuerpo espiritual con modulaciones vibratorias diversas, conforme a la situación de la inteligencia desarrollada, posteriormente a la cuna o a la tumba.


    - Formas de las células

    Animálculos infinitesimales que se revelan domesticados y disciplinados en la colmena orgánica, asumen funciones diferentes, conforme a la situación de los individuos y a la naturaleza de los tejidos en que se agrupan, obedeciendo al pensamiento simple o complejo que comanda su existencia.

    Son cenositos o microorganismos que pueden vivir libremente, como autósitos, o bien como parásitos; sincitios o masa de células que se funden para la ejecución de una actividad particular como, por ejemplo, en la musculatura cardiaca o en la capa epitelial que compone la parte externa de la placenta, con acción histolítica sobre la estructura de la organización materna; células anastomósicas, como las que se coordinan en la formación de los tejidos conjuntivos; células en grupos coloniales, con movimientos perfectamente coordinados, tales como las que se muestran en los volvocídeos; células con matriz intersticial, que elaboran sustancias imprescindibles a la conservación de la vida en el organismo corpóreo, y las células que pueden diversificarse, constituyéndose en elementos libres, como en la preparación de los glóbulos de la corriente sanguínea.

    Estas células se articulan en múltiples formas, adaptándose a las funciones que les competen en el vehículo de manifestación del ser que temporariamente las segrega, a la manera de piezas electromagnéticas inteligentes en máquina electromagnética superinteligente, atendiendo con precisión matemática los requerimientos de la mente y asemejándose, en cierto modo, en el organismo, a los millones de átomos que constituyen armónicamente las cuerdas de un piano impulsadas por los martillos minúsculos de los nervios, al impacto de las teclas que podemos simbolizar en las bases energéticas de la corteza encefálica, accionados y controlados por el Espíritu a través del centro coronario, que sustenta la conjunción de la vida mental con la forma organizada en que ella misma se expresa.


    - Motores eléctricos microscópicos

    Dispuestas en la construcción de la forma, en proceso idéntico al de la superposición de los ladrillos en una obra de albañilería, las células son compelidas a la disciplina por la idea orientadora que las asocia y gobierna, al paso que los ladrillos comunes son obligados a la sumisión a las líneas trazadas por el arquitecto que aprovecha su concurso en la concretización del proyecto preestablecido.

    Y es así como son funcionarias de la reproducción en el centro genésico, trabajadoras de la digestión y absorción en el centro gástrico, operarias de la respiración y fonación en el centro laríngeo, de la circulación en el centro cardíaco, servidoras y custodias fijas o migratorias del tráfico y la distribución, reserva y defensa en el centro esplénico, auxiliares de la inteligencia y elementos de ligazón en el centro cerebral y administradoras y artistas en el centro coronario, amoldándose a las órdenes mentales recibidas y traduciendo, en la función del trabajo que les es propio, la individualidad que las frena e influencia con justas limitaciones en el tiempo y en el espacio.

    Tengámoslas, por tanto –repetimos–, como microscópicos motores eléctricos, con vida propia, subordinándose a las determinaciones del ser que las aglutina y que les imprime la fijación o la movilidad indispensables a las funciones que deban ejercer en el mar interior del mundo orgánico, formado por los líquidos extracelulares e integrándose al líquido que las irriga y que circula lentamente, en la linfa que vierte de los tejidos directamente a la sangre y en el plasma sanguíneo que se moviliza, rápidamente, más allá de los demás líquidos intersticiales, característicos del medio interno.


    - El todo indivisible del organismo

    Es lógico entender, en consecuencia, que, ante el gobierno de la mente, la reunión de las células compone tejidos, así como la asociación de los tejidos esculpe los órganos, partes constituyentes del organismo que pasa a funcionar como un todo indivisible en su integridad, interconectado con el sistema nervioso y controlado por las hormonas o sustancias producidas en un determinado órgano y transportadas a otros sectores de la actividad somática, estimulando las propiedades funcionales para determinados fines; y esas hormonas son generadas por la impulsión mecánica de la mente sobre el imperio celular, conforme a determinados estados emotivos de la conciencia, agrupando cargas de elementos químicos a un nivel ideal, cuando el equilibrio íntimo preside sus manifestaciones, consustanciándose con recursos de manutención y preservación de la vida normal, perfectamente reconocidos por la ciencia común, como ya sucede con la adrenalina de los suprarrenales, con la insulina del páncreas, la testosterona de los testículos y otras secreciones glandulares del cosmos orgánico.


    - Automatismo celular

    Es propio de la doctrina celular, corriente en el mundo, que las células toman aspectos diferentes, conforme a la naturaleza de las organizaciones a que sirven, correspondiéndonos desarrollar más ampliamente este aserto para aseverar que la inteligencia, influyendo en el citoplasma, que es, fundamentalmente, el elemento intersticial de vinculación de las fuerzas fisiopsicosomáticas, obliga a las células al trabajo de que necesita para expresarse, el cual, a costa de repeticiones casi infinitas, se torna perfectamente automático para las unidades celulares que se renuevan, de un modo incesante, para la ejecución de las tareas que la vida les ha asignado.


    - Efectos del automatismo

    Son perfectamente comprensibles, sobre esa base, los estudios científicos que reconocen los agrupamientos solidarios de las células especializadas a través de los cultivos artificiales de los tejidos orgánicos, mediante los cuales, un fragmento cualquiera de esos mismos tejidos, sea de epidermis o del cerebro, permanece vivo por mucho Tiempo, cuando es conservado en suero, cuidadosamente inmunizado y mantenido a una temperatura correspondiente a la del cuerpo físico, acusando una vida intensa. Transcurridas algunas horas, los elementos excretorios intoxican al suero, impidiendo el desarrollo celular; mas, si el líquido fuese renovado, las células continuarían creciendo al mismo ritmo de movimiento y expansión que les señala el plan de acción en el edificio corpóreo.

    Sin embargo, fuera del gobierno mental que las dirigía, no se muestran iguales a sus hermanas en función orgánica.

    Las células nerviosas, por ejemplo, con sus fibrillas especiales, no producen células con fibrillas análogas, y las que atienden en los músculos en los servicios de contracción se diferencian, retrocediendo al tipo conjuntivo.

    Todas las que se apartan del conjunto estructural del tejido se inclinan hacia el tipo morfológico de la ameba, conforme a las observaciones científicamente verificadas.

    Eso ocurre porque las células, estando en su ambiente orgánico, demuestran el comportamiento natural del trabajador movilizado en servicio bajo las órdenes de la inteligencia, comunicándose unas y otras bajo el influjo espiritual que mantiene su cohesión, procediendo en el suero como las amebas en libertad, satisfaciendo sus propios impulsos.


    - Fenómenos explicables

    Dentro del mismo principio de sumisión de las células al estímulo nervioso, la experiencia de trasplante de tejidos de embriones entre sí, con algunos días de formación, puede ofrecer resultados sorprendentes, toda vez que las células orientadas en un determinado sentido, cuando son injertadas en otros tejidos in vivo, logran generar órganos-extras, de un género de monstruosidades, obedeciendo a determinaciones especializadas resultantes de las órdenes magnéticas de origen que saturaban a esas mismas células.

    Y es incluso ahí, por el mismo tenor de semejante saturación, que vamos a entender las demostraciones de faquirismo y otras más verificadas en las sesiones experimentales de Espiritismo en las cuales la mente, súper concentrada, puede irradiar fluidos de impulsión sobre vidas inferiores, tal como la de las plantas, imprimiéndoles un desarrollo anormal, así como explicar los fenómenos de materialización médiumnica. En este caso, bajo condiciones excepcionales y con el auxilio de inteligencias desencarnadas, el organismo del médium libera el ectoplasma, o plasma exteriorizado, en el cual las células, en tonalidad vibratoria diferente, se elastizan y renuevan, conforme a los moldes mentales que les sean presentados, produciendo los más significativos fenómenos en obediencia al comando de las inteligencias, por intermedio de las cuales la Esfera Superior sugiere al plano físico la inmortalidad del alma, en camino hacia la Vida Superior.

    Uberaba, 29-01-1958.



    EVOLUCIÓN Y SEXO

    - Aparición del sexo

    Transcurrido un prolongado tiempo, en que bacterias y células son experimentadas en reproducción asexuada, un determinado grupo presenta, en lo más recóndito de su constitución, cualidades magnéticas positivas y negativas que son liberadas por los Orientadores Espirituales encargados del progreso correspondiente del planeta.

    De tal manera, la evolución animal está en vísperas de comenzar…


    - Bacteria diferenciada

    De todas las especies de bacterias ya formadas, una de ellas se destaca en los inmensos depósitos de agua dulce sobre el lecho pétreo del período algonquino.

    Es diferenciada de cuantas se hallan sobre la corteza terrestre.

    No tiene ninguna de las características de las amebas.

    Muestra una configuración elipsoidal, como si fuera un microscópico bastonete o girino, al que no le falta una leve radícula semejando una cola.

    Es el leptótrix que, en miríadas de individuaciones permanece, por millares de siglos, en las piedras antiquísimas nutriéndose simplemente de hierro. Cuando se libera del minúsculo caparazón ferroso en que se esconde, es instintivamente obligado a nadar, hasta que otro caparazón semejante lo recubre.

    Los Instructores Espirituales se valen de estos medios para impulsarlos a la transformación.

    Perdiendo los diminutos envoltorios metálicos y obligados a edificar abrigos idénticos que sirvan a sus necesidades de protección, esas bacterias, que cumplen una labor importante de conjunción en el trabajo evolutivo de la Naturaleza, son compelidas al movimiento, en que no sólo se atraen unas a otras en los preludios iniciales de la reproducción sexuada, sino que conocen, por accidente, la muerte en masa, de la cual resurgen en los mismos terrenos de vida en que se encuentran bajo la cuidadosa atención de los Conductores de la Tierra, para renacer, después de un largo tiempo de nuevas experimentaciones, con la forma de las algas verdes, inaugurando la comunión sexual en el mundo.


    - Las algas verdes

    Los biólogos de los últimos tiempos suelen preguntarse, sin responderse, si las algas verdes, dueñas de una estructura particular, descienden de las primitivas cianofíceas, de conformación más simple, en las cuales la ficocianina, asociada a la clorofila, es el pigmento azulado de su composición fundamental. El hiato existente, de que da cuenta Hugo De Vries al desarrollar la teoría de las mutaciones, fue llenado por las actividades de los Servidores de la Organogénesis Terrestre, que sometieran a la familia de los leptótrix las profundas alteraciones en el campo del espíritu, transmutándole los individuos más completos, reapareciendo metamorfoseados en las algas referidas, que invadieran lujuriosamente las aguas, instaurando de tal manera un nuevo ciclo de progreso y renovación...


    - Concentraciones fluidicomagnéticas

    Al toque de los Operarios Divinos, la materia elemental fue en el principio transustanciada en masa astronómica de electrones y protones, que tejieron la amplia cuna de la vida humana en plena Vida Cósmica. E incluso bajo la inteligencia de ellos, y con la supervisión del Cristo de Dios, tales recursos fueron la base para la formación de los átomos en elementos, los cuales, combinándose, formaron compuestos químicos, abriéndose éstos y dando lugar a los coloides, mezclándose así y generando combinados sustanciales y ofreciendo, de tal modo, al principio inteligente, oriundo de la amplitud celeste, el nido propicio para su desarrollo.

    Eras innumerables transcurrieron, y ese principio, destinado a crecer para gloria de la vida, en dos planos distintos de experiencia, cuando se muestra activado en una constitución más evolucionada recibe, de esos mismos Arquitectos de la Sabiduría Divina, los dones de la reproducción más compleja en los cromosomas, o concentraciones fluidomagnéticas especiales, para retratarse, a través del tiempo, mediante su reflejo constante en el campo celular, concentraciones ésas que, por falta de una terminología adecuada en los diccionarios humanos, comparamos, burdamente, con los moldes fabricados para los trabajos de impresión en los talleres tipográficos.

    Los cromosomas, estructurados en gránulos infinitesimales de naturaleza fisiopsicosomática participan, del cuerpo físico, por el núcleo de la célula en que se conservan y del cuerpo espiritual por el citoplasma en que se implantan.

    Y como sucede con los moldes tipográficos, que forman textos para expresar su sentido, también ellos, los cromosomas, están constituidos por los elementos llamados genes, lo que les da, al igual que lo que ocurre con el alfabeto humano, la característica de inmortalidad a las células, que se renuevan transmitiendo a las sucesoras sus particulares disposiciones, en similares circunstancias a las que, en un texto tipográfico, las letras y las matrices pueden perdurar, indefinidamente, en el material destructible y renovable, por intermedio del cual se conservan y se expresan en la memoria de las generaciones.

    Con el tiempo, los cromosomas se diferencian en los sectores de la evolución, conforme a las especies, como varían las creaciones del pensamiento impreso de acuerdo con las matrices tipográficas en la esfera de la cultura.

    Los elementos germinativos son minuciosamente analizados y verificados en las plantas, hasta que sufren transformaciones esenciales en la química de las algas verdes, cuya complexión física las hará andar con rumbo hacia más amplios desdoblamientos.


    - Filtros del transformismo

    El principio inteligente es experimentado de múltiples maneras en el laboratorio de la Naturaleza, constituyéndose en él, poco a poco, su organización físicoespiritual y trazándosele, de tal modo, su destino final entre el Cielo y la Tierra.

    Con el amparo de los Trabajadores Divinos fija, en sí mismo, los caracteres vivos de la reproductividad, que se definen y perfeccionan en el regazo de los milenios, dejando en la retaguardia, como filtros del transformismo, no sólo el reino mineral y vegetal –institutos de recepción y expansión de la onda creadora de la vida con su flujo incesante–, sino también ciertas clases de organismos en proceso de ascensión, cual sucede aún hoy, cuando observamos, junto a la inteligencia humana, relativamente perfeccionada, plantas y gusanos que ya existían en el periodo precámbrico inferior.

    Los tejidos germinales sufren, por millares de años, pruebas continuas para que se les pueda apreciar su valor y se logre su adiestramiento.

    Formas monstruosas aparecen y desaparecen, desde los anélidos a los animales de gran porte, por siglos y siglos, hasta que las especies lograsen su estabilidad en los distintos tipos.

    Entre las que llegan a la luz y las que se diluyen en las sombras, existen parentescos pronunciados.

    Los cromosomas permanecen inmortales a través de los centros genésicos de todos los seres, encarnados y desencarnados, plasmando los cimientos preciosos para los estudios filogenéticos del futuro.


    - Descendencia y selección

    Es justo recordar, sin embargo, que los trabajos graduales sobre la descendencia y la selección, que hallarían en Darwin y Lamarck a sus expositores más valiosos, se operaban en dos planos.

    Las crisálidas de conciencia de los reinos inferiores, inmersas en un campo vibratorio diferente por el fenómeno de la muerte, yuxtaponiéndose a las células renacientes, a las cuales continuaban sirviendo, recogiendo además elementos de transmutación para su regreso a la esfera física por la reencarnación compulsoria, bajo la orientación de las Inteligencias Sublimes que sustentan nuestro peregrinar, circunstancia que nos lleva a considerar que el transformismo de las especies, al igual que la constitución de especies nuevas, al ajustarse a funciones fisiológicas, expansión y herencia, se basa en el mecanismo y en la química del núcleo del citoplasma, en que las energías fisiopsicosomáticas se sintetizan.


    - Genealogía del espíritu

    Los naturalistas situados sobre el suelo del mundo, desde los sacerdotes egipcios que estudiaban el origen de la vida planetaria en conchas fósiles, hasta los más eminentes biólogos modernos, propensos a la unilateralidad de la observación, no han logrado suplir, comprensiblemente, las lagunas existentes en el cuadro de la evolución, no obstante Cuvier, con la anatomía comparada, ha establecido una forma básica a la sistemática de la paleontología.

    En realidad, y para no caer en recapitulaciones incesantes en torno de apreciaciones y conclusiones que la ciencia del mundo ha repetido hasta la saciedad, agregaremos simplemente que las leyes de la reproducción animal orientadas por los Instructores Divinos, desde el caparazón ferruginoso del leptótrix, a través de la retracción y expansión de la energía en los sucesos del nacimiento y la muerte de la forma, recapitulan, aún hoy, sobre la organización de cualquier vehículo humano, en la fase embriogénica y la evolución filogenética de todo el reino animal demostrando ello que más allá de la ciencia que estudia la génesis de las formas, existe también una genealogía del espíritu. Con la Supervisión Celeste, el principio inteligente demoró, desde el virus y las bacterias de las primeras horas del protoplasma en la Tierra, más o menos quince millones de siglos a fin de que pudiese, como ser pensante, aunque en la fase embrionaria de la razón, emitir las primeras trasmisiones de su pensamiento hacia los Espacios Cósmicos.

    Pedro Leopoldo, 02-02-1958.




    Extracto de Evolución en dos mundos a través de Chico Xavier



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