La perseverancia positiva produce hijos positivos

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Todos los hombres y todas las mujeres de éxito a quienes he conocido, hicieron muchas cosas cuando no se sentían en su mejor momento. Lo interesante es que a menudo cuando uno empieza a hacer algo que no quería hacer, acaba por hacerlo con gusto. El mensaje es simple y profundo. La lógica no cambiará una emoción (o sentimiento), pero la acción sí. Esta es una lección valiosa aun cuando difícil de enseñar a nuestros hijos, y requiere amorosa perseverancia de nuestra parte.

El que utiliza sus habilidades al máximo lo hace porque comprende que un individuo disciplinado y perseverante es el que al fin logra realizar las cosas. Es inevitable que todos suframos frustraciones, derrotas y rechazos. Aprendamos la lección del gran inventor Charles Kettering, quien dice que debemos aprender a fracasar inteligentemente.

La lógica no cambiará una emoción, pero la acción sí.

Observa que cuando uno fracasa, debe analizar el problema a fin de descubrir por qué fracasó. Cree que cada fracaso es un peldaño que lleva a la catedral del éxito, y agrega: “La única vez que uno no debe fracasar es la última vez que ensaya”. Cuando usted fracase, debe hacer frente honradamente a la derrota.

Nunca finja éxito. Cuando fracase, no desperdicie el fracaso. Aprenda de él todo lo que pueda porque cada experiencia le deja alguna enseñanza, y si se la deja, entonces en realidad no ha fracasado. Pero sobre todo, nunca utilice el fracaso como un pretexto para no volver a probar. Al fin y al cabo, la primera vez que su niño que empieza a hacer pacitos se cae, usted no le dice: “Basta ya, no más. Quédate sentado el resto de tu vida”.

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