Conócete a tí mismo.

Varios/Otros


Cultura del pensamiento y de la voluntad.

Conforme se ha manifestado en capítulos anteriores, la base de toda enseñanza esotérica, encaminada hacia el logro de la superación personal, radica, enteramente, en el fortalecimiento de la voluntad y su aplicación al control o dominio del pensamiento, para que no seamos juguetes de una mente indisciplinada y loca, sino los dueños absolutos de ella. Y esto no puede lograrse tan fácilmente como pudieran suponer los neófitos. El profano se imagina que es muy sencillo gobernar su pensamiento. Pero, en la práctica, tan fútil, como ligera creencia, resulta equivocada, ante los escollos que hay que sortear y las dificultades que surgen desde los primeros ensayos.

No hay nada más difícil que dominar el pensamiento, para quienes no están entrenados. La mayoría de las personas piensa ligera y frívolamente. Sus ideas se suceden unas a otras, muchas veces sin la menor hilación de unas con otras. Juegan como niños en recreo, saltando de uno a otro asunto, y no se fijan en algo sino cuando una preocupación mayor acomete al sujeto.

Así, la mayoría de la gente pierde un tiempo de valor inestimable; pero, también, desconoce cuánto podría ganar, en todo sentido, si pudiera fijar su atención en motivos de cierta importancia, en temas de indiscutible utilidad, en fines benéficos y positivos, en vez de malgastar horas, días y años en futilezas, cuando no en negativas metas y perniciosos propósitos. Ya se ha dicho que seremos según pensemos. Que el pensamiento moldea la acción, y que ninguna acción mala puede provenir de un pensamiento bueno, como ningún acto bueno puede ser fruto de una mala idea.

En los más diversos campos de la actividad humana, es primero el pensamiento el que planea los hechos, y las acciones de todos son el reflejo directo de su modo de pensar. Y si se piensa mal, se actúa mal. No podemos imaginar una idea deforme, incompleta o malévola, generando una acción armónica, eficaz y buena. El pensamiento alocado no puede lograr consecuencias equilibradas y firmes. El planteamiento ideológico de algo, ha de producir hechos o fenómenos directamente relacionados con el motivo de ese mismo plan y estrictamente vinculados al mismo.

Todo lo contrario sería absurdo.

Pero cuando tratamos de mantener nuestro pensamiento enfocando hacia determinado punto o tema, si no estamos acostumbrados a concentrarnos y retener la atención en un sólo sentido, en una sola dirección, vemos que el pensamiento vuela como una mariposa de flor en flor... Hagamos la prueba. Tratemos de fijar la mente, durante cierto -tiempo, en un motivo cualquiera. Comprobaremos que, a los pocos segundos o minutos, el pensamiento se nos escapa, salta de un asunto a otro, corre en una serie dé antojadizas imágenes, de una a otra cosa, como un niño travieso a quien quisiéramos mantener junto a nosotros, y que nos burla a cada instante... Por lo tanto, si queremos prosperar en el camino de nuestra propia superación, debemos aprender a dominar nuestro modo de pensar, a fijar todo el tiempo que se nos antoje nuestro pensamiento y obligarlo a ser nuestro fiel servidor, en vez de ser él quien nos maneje como títeres.

Y esto no se consigue sino a costa de un largo entrenamiento, para lo que hace falta una firme voluntad; pues si no tenemos voluntad no podemos realizar gran cosa, y una voluntad fuerte y capaz de vencer cualquier tropiezo, requiere de ejercicios continuados como la gimnasia de los deportistas necesita de continuos ejercicios para el desarrollo de sus músculos.

Cuando la voluntad se ha fortalecido, encauzándola hacia el trabajo mental, los resultados se benefician recíprocamente: la energía volitiva crece y ayuda a fijar y gobernar al pensamiento, y la energía mental fortalecida y multiplicada en su acción, contribuye a desarrollar, cada vez más, la voluntad y carácter. Así puede llegarse a niveles tan grandes, tan elevados, que los resultados, en el tiempo y en el espacio, alcancen a realizar prodigios...

Todos conocemos el ejemplo de los fakires de la India. En la mayoría de los casos, por no decir en la totalidad, los fenómenos prodigiosos que realizan vienen a ser fruto de una voluntad y de una mente ejercitado y dominado en forma absoluta por su poseedor. Y en los casos en que intervengan el hipnotismo, también ese poder se ha logrado gracias al dominio de la voluntad y de la mente.

Más arriba hemos dicho que el trabajo conjunto de esas dos facultades modifica y desarrolla voluntad y carácter. Debemos aclarar qué se entiende por carácter, o que significa "el carácter", pues muchas personas, la mayoría quizás, confunden carácter con mal genio, con humor desagradable y violento, con temperamento irritable y explosivo. Esto es un craso error. Las personas de mal genio, de temperamento impulsivo y duro, propensas a dejarse arrastrar por la ira, fáciles de explotar, a cada instante, con dureza y groseros o autoritarios modales, no son personas de carácter, sino todo lo contrario: pobres débiles mentales, sin ningún dominio sobre su pensamiento ni sobre su voluntad, que se dejan arrastrar por los impulsos sin control, y pueden llegar a cometer actos de los cuales tengan, más tarde, que arrepentirse.

A esta clase de seres pertenece gran parte de nuestra humanidad, y entre ellos se cuentan los representantes de los más bajos fondos de la sociedad, que no son, por cierto, ni dechados de virtud ni exponentes de una esmerada cultura. Y si se trata de personas que hayan recibido una buena o esmerada educación, y que, sin embargo, hacen alarde de su irascibilidad y su violencia en el trato con los demás, sólo demuestran que no saben lo que es el carácter ni tienen el menor dominio de sí mismos, porque el verdadero carácter es esto último: el dominio absoluto de sí mismo...

Y cuando un hombre ha logrado ese dominio, jamás puede ser impulsivo ni violento, pues se supone que al alcanzar el triunfo sobre su YO INTERNO, ha logrado superar la influencia de todos los agentes del desequilibrio y la desarmonía... y un hombre así ha de ser un exponente de la serenidad y cordura en todos sus actos...

Veamos, entonces, cómo trabajar por obtener tan bellos resultados: Y sepamos, de antemano, que al llegar al dominio de uno mismo, estaremos abriendo las puertas al dominio de facultades superiores del alma, que nos pondrán, a su vez, ante las puertas doradas de los planos superiores de la VIDA.

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Lo primero que tenemos que hacer, para iniciar este entrenamiento, es disponer de un sitio en el que podamos estar solos, con toda tranquilidad. Un lugar en donde nadie nos moleste ni nos interrumpa cuando nos dediquemos a los ejercicios que habrá que realizar. Esto no significa el que tengamos que alquilar o buscar un local alejado de nuestra vida diaria, no. Puede ser nuestra misma alcoba, si en ella podemos pasar momentos de soledad sin exponernos a que nos molesten cuándo estemos estudiando o practicando algún ejercita-miento, pues lo único indispensable es contar con un aposento en que podamos retirarnos a trabajar cuando nos venga en gana, sin interrupciones.

Y cuando contemos con ese requisito, emprenderemos los primeros pasos hacia nuestra educación y disciplina internas. Ya hemos dicho que lo fundamental es cultivar y desarrollar la voluntad, que es la palanca sin la cual no podemos hacer nada. Los ejercicios para ello son de una variedad infinita. Pero vamos a ir recomendando muchos, que en forma gradual han de proporcionarnos lo que buscamos.

Para comenzar a ejercitar la voluntad hemos de formarnos un concepto claro de lo que esa fuerza significa, para que no cometamos el error de elegir motivos gratos y acciones o pensamientos que dé antemano nos agraden. Es obvio que si vamos a echar mano de lo que nos gusta, para ejercitar esa fuerza, no ganamos nada, porque estamos haciendo lo que nos satisface, o sea que seguimos practicando lo que toda la vida hicimos... no adelantamos nada pues en nada obligamos a nuestra voluntad a actuar.

Pero si nos proponemos realizar cosas o actos contrarios a nuestras costumbres y hábitos, si queremos que nuestra voluntad se fortalezca, hemos de elegir motivos que nos cuesten determinado esfuerzo; que puedan causarnos alguna dificultad al principio, e incluso que sean en apariencia molestos para nuestra manera de ser. Si por ejemplo, estamos acostumbrados a levantarnos tarde en las mañanas, a reposar algún tiempo antes de abandonar la cania, nos propondremos hacer lo contrario: nos levantáremos temprano y saltaremos del lecho en cuanto nos hayamos despertado. Si nuestro sueño es pesado, consíganlos un despertador y nos ayudaremos con él hasta que su uso deje de ser necesario por habernos habituado a despertar temprano.

Sepamos que los seres adiestrados en esto no necesitan despertadores mecánicos, porque en su cerebro han adecuado el mecanismo propio que les permita despertar a la hora que, voluntariamente, elijan. Y este nuevo hábito nos será de mucho provecho, pues dispondremos de más tiempo en nuestra diaria labor. Si no se requiere de esas horas para el tipo de ocupaciones que tenemos, no importa. Podremos emplearlas en adquirir nuevos conocimientos o en este mismo entrenamiento.

Y al levantarnos más temprano, dediquemos por lo menos un cuarto de hora, todos los días, a meditar, con entera tranquilidad, sobre la imperiosa necesidad de fortalecer nuestra voluntad y de dominar nuestro pensamiento. Al principio nos ayudaremos escribiendo en ese cuarto de hora, una frase corta alusiva a dicho propósito, por ejemplo: "Quiero fortalecer mi voluntad" o "Debo dominar mi pensamiento". Repitamos la escritura de la frase elegida, que debe ser concisa, breve, para impresionar con mayor fuerza nuestra mente. Y su repetición constante, en el papel y en nuestra mente, ayudará a grabarla, aunque, al principio se nos antoje este ejercicio como una niñería. Es la necesidad de impactar nuestro subconsciente que, poco a poco irá haciendo suya esta idea hasta que ya no necesitemos escribirla.

Si somos fumadores, nos propondremos dejar el vicio. Y lo haremos de inmediato, no cigarrillo por cigarrillo; así jamás podríamos lograrlo. Hay qué pensar: "No debo fumar más", y no volver a fumar uno solo desde ese momento. El vicio nos causará una constante inquietud por encender un pitillo; pero si nos mantenemos firmes, al poco tiempo ya no nos será necesario y habremos ganado en fuerza de voluntad y en salud. Así debemos proceder con infinidad de cosas de las que nos rodeen y que no sean indispensables a nuestra existencia.

Otra disciplina a la que debemos someternos será la de dedicar las noches, antes de dormirnos, un cuarto de hora, también, para meditar en el mismo ejercicio de la mañana, pero esta vez no escribiremos nada. Nos contentaremos con encender una lamparita de aceite como las que se usaban antiguamente para alumbrar las imágenes de santos. Si no la tenemos a la mano, por ser de poco uso en estos tiempos, es posible improvisarla muy fácilmente con un vaso o copa no muy grandes, en que se ponga el aceite de comer, y en el que colocaremos el flotador y la mecha, improvisados, así mismo, con un pedazo de corcho al que le abriremos un agujero central para que pase una mecha de pabilo hasta el aceite. Para evitar que la llama queme el corcho, la mecha debe llevar un pedacito muy pequeño de lata agujereado con un clavo para pasarla y así colocado sobre el corchó.

Todo este trabajo no debe parecer ridículo ni infantil, pues si no empezamos con estas pequeñeces, menos podremos tener voluntad dispuesta a vencer en otras pruebas mayores, como veremos más adelante. Y ahora comprenderemos, paso a paso, por qué debemos estar solos y tener un sitio, por muy reducido que sea, en donde trabajar y guardar nuestros actos fuera de la curiosidad y burla de quienes no estén preparados para comprender lo que nos estamos proponiendo. De lo contrario, la incomprensión y el ridículo se cebarían en el principiante y lo desanimarían...

Los profanos se preguntarán ¿qué tonterías son éstas?... Precisamente, el que nos parezca tonto comenzar con ejercicios así nos va preparando a nuevas y mayores pruebas, pues si no nos decidimos a comenzar por lo más simple, nunca llegaremos a vencer en disciplinas que exijan mayor fuerza de voluntad. Recordemos que para aprender a caminar tuvimos que gatear, como animalitos, primero... Y en estos primeros pasos, la fuerza volitiva será más fácilmente ejercitada, ayudando a la realización de posteriores pruebas. En cuanto al ejercicio nocturno, el no escribir como en la mañana, nos obliga a un mayor esfuerzo por mantenernos despiertos durante ese cuarto de hora, venciendo a la fatiga por un lado, y acostumbrando a fijar nuestra atención en un sólo pensamiento: la frase que hayamos elegido.

Para ello, también, es de gran importancia el mantener fija nuestra mirada en la luz de la lamparita, que nos impide dormirnos mientras ejecutamos dicha gimnasia y que nos ayudará, subconscientemente, después, a grabar la idea que ha de imprimirse en nuestra mente hasta hacerla indeleble...

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Cuando hayamos logrado realizar estos primeros ejercicios con toda facilidad, y estemos acostumbrados a cumplirlos sin faltar ni una mañana ni una noche, es llegada la oportunidad para adelantar algo más. Teniendo grabada en nuestra mente la certeza de lo que nos ha sugerido la frase elegida, y siéndonos ya fácil repetir día a día esa gimnasia mental, elijamos un nuevo motivo para fijar el pensamiento sobre él: éste puede ser alguno de nuestros defectos más notables. Nadie está exento de debilidades y errores naturales, peculiares a su personalidad, y debe buscar entre ellos los más saltantes. Supongamos que somos irascibles o violentos. O que nos dejamos dominar por algún vicio o por determinado hábito. No busquemos comenzar por lo más arraigado, Nos expondríamos a fallar y a desanimarnos prontamente.

Aquí podemos aplicar lo que antes dijimos del vicio de fumar. O si somos tímidos y nos cuesta trabajo hacer algo en nuestra diaria actividad, concentremos nuestra atención del ejercicio matinal y nocturno en eso. Pensemos en la noche que hemos de ser fuertes, desechar esa timidez, o esa violencia que nos acompaña en todas las actividades de costumbre, y por4a mañana escribamos, tantas veces como sea posible, dentro del cuarto de hora, una frase corta sobre el fenómeno que queremos cambiar; por ejemplo: "Debo dominar mi timidez y ser audaz"... No construyamos frases largas, pues complican su retención y su efectividad. Y así, con cualquier defecto menor o hábito no saludable. Cuando se haya uno acostumbrado a aceptar como necesaria la modificación de ese hábito, viene la obligación de ejecutar, en la práctica, lo que nos hemos fijado mentalmente conseguir... Al principio nos parecerá difícil o imposible, pero si nos esforzamos, lo conseguiremos.

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Los que hayan leído el libro anterior, "YO VISITE GANIMEDES..." estarán enterados de que nunca estamos solos. Que siempre está juntó a nosotros aquel hermano Invisible a quien la religión menciona como "el ángel guardián" y que en Cosmología se conoce como el "protector". Por muy escépticos que seamos sobre estas cosas, no debemos desecharlas. Precisamente, si queremos adelantar en este camino, debemos llegar a comprobarlas.

El que no quiera creer en esto, que se olvide de pretender ahora estos entrenamientos... Pero al aceptar este axioma, debe poner desde el principio, su fe en la ayuda del Hermano Invisible, del "protector". Diariamente debe dedicar, unos minutos, ya sea en la mañana o en la noche, a establecer como una visita o diálogo con "El"... Basta con pensar en un ser que nos acompaña amorosamente a todas partes y pedirle que nos ayude a conseguir el triunfo de nuestros propósitos. Pronto nos daremos cuenta de que, en verdad, hemos sido escuchados y que vamos avanzando en lo que antes pudo parecemos ridículo o imposible.

Esta es una de las formas como el ser humano puede llegar hasta DIOS....

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En cuanto nos hayamos convencido acerca de la positiva realidad de todo ello, habrá llegado el momento de adelantar un paso más. El de procurar iniciar el propio examen... Recordemos que todas las escuelas antiguas, muy particularmente las de Sócrates y Platón, pedían a sus discípulos: "Conócete a ti mismo"... Esto puede parecer muy fácil; pero es lo más difícil, porque, quien más quien menos, todos tenemos un concepto incompleto de nosotros mismos. El amor propio, ese ególatra retrato que nos formamos sobre nuestra personalidad, sobre nuestro verdadero "YO", es, casi siempre, una disimulada falsedad. Todos creen ser superiores a cómo son, cuando no se consideran "perfectos", en los tristes casos de los orgullosos y soberbios.

La soberbia, al cegar al hombre sobre sus propios defectos, lo lleva, muchas veces, a juzgarse, estúpidamente, perfecto... Para un ser de tal naturaleza, será muy poco o nada lo que pueda hacerse en este terreno...

Y si somos sinceros con nosotros mismos, si anhelamos conocer nuestros verdaderos errores y defectos, el Hermano Invisible nos lo facilitará, descubriendo a nuestro YO interno las fallas que debemos eliminar, y ayudándonos, con amor, a reemplazarlas por las cualidades contrarias. Porque a los bien intencionados se les facilita la tarea desde la Cuarta Dimensión o Mundo Astral. Y al comprobar cómo es cierto que existe esa cooperación invisible pero positiva, nuestra fe se fortalecerá y podremos avanzar, cada día, con mayor rapidez y seguridad.

Cuando sepamos cuáles son los defectos más notables de nuestra personalidad, aplicaremos a su eliminación el mismo método que venimos describiendo. No pretendamos atacar de un golpe todas las debilidades y vicios de nuestro YO. Sería demasiado.

Vayamos por partes, comenzando por transformar, poco a poco, lo menos grave que, al lograrlo, habremos fortalecido cada vez más nuestra voluntad y habremos demostrado con hechos nuestra sinceridad a las entidades superiores a través de la diaria vigilancia de nuestro "Protector"... Así no trabajaremos solos, y nuestra labor se hará más fácil y llevadera; pues el descubrir nuestros defectos, en aquellos que están muy atrasados, es una obra de gran envergadura, para la que hará falta ayuda externa, y si no contamos con un consejero eficiente y sabio que nos pueda guiar en esa parte de nuestro adiestramiento, no nos quedará más remedio que confiamos a la protección interna de los guías espirituales invisibles que, por intermedio del Protector, acuden inmediatamente en auxilio de los seres que demuestran una firme y honrada disposición de enmendar sus yerros y procurar su elevación moral y espiritual...

Más adelante volveremos a ocuparnos del método progresivo que estamos describiendo, pues ahora conviene tratar, en un próximo capítulo, de otras facetas muy interesantes, del mismo proceso.


Extracto de Mi preparación para Ganímedes
de Yosip Ibrahim

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