Dar desde vuestra esencia

Jesús ~ Jeshua


Queridos amigos,

Soy Jeshua. Estoy aquí como amigo y compañero. Os doy la mano de igual a igual. No estoy por encima de vosotros, soy uno más. Me arrodillo ante vosotros porque sois los que abrís camino en la Tierra. Estáis haciendo sitio para que una nueva consciencia descienda a la Tierra, por tanto, haced sitio también para vosotros. No temáis quienes sois. Reconoced vuestra propia magnificencia; lleváis en vuestro interior valiosos recursos que traéis de un pasado lejano.

Esta no es la primera vez que estáis en la Tierra. Habéis estado aquí muchas veces y también habéis viajado a otros lugares del Universo, en donde habéis adquirido experiencia. Conectad con la sabiduría que habéis acumulado en vuestro corazón, fruto de todas esas experiencias. El corazón es el punto en el que todas las corrientes confluyen y desembocan, como una sola, en una luz a la par suave y brillante. Conectaos ahora con vuestro corazón; llevad vuestra consciencia a la zona del pecho y sentid la luz que allí palpita. Es antigua, es madura, y sin embargo, es cada vez más fuerte y vital. Sentid el poder de vuestra luz bajo el miedo y el dolor que allí anidan, y a los que también les está permitido estar ahí.

Estáis aquí, en la Tierra, en esta vida, para sanaros a vosotros mismos; para liberaros. Tal es el significado más profundo de vuestra vida en la Tierra: hacer un viaje a través del miedo y llegar al otro lado. Saborear la libertad de quienes realmente sois, sin las trabas del tiempo, el espacio o el cuerpo. La única forma de lograr verdaderamente esa libertad es afrontando el miedo, atreviéndoos a permanecer en él y allí dejar que vuestro amor se muestre. Esa es también vuestra tarea en este mundo: no huir del miedo ni del mundo ni de vosotros mismos, sino permanecer firmes y presentes desde vuestro corazón, aunque el miedo os embargue.

El miedo es la raíz de toda la negatividad que veis en el mundo. El miedo lleva a la gente a vivir en tensión y con la sensación de que hay una amenaza de la que deben defenderse. De ahí que las personas se aíslen unas de otras. El miedo lleva también a una falta de confianza en uno mismo y, cuando en vuestro interior hay una sensación constante de inseguridad, no podéis realizar vuestro potencial. Levantáis barreras y muros que os dan un falso sentido de seguridad, pero esa seguridad es una ilusión. Y por mucho que contéis con esos muros y barreras, antes o después la vida termina derribándolos.

La auténtica seguridad proviene de estar conectados con vuestra esencia, con vuestra divinidad. Es ahí donde sabéis, donde sentís que sois libres. Dejáis de necesitar convertiros en algo porque ya sois. Sois libres de viajar de vida en vida. No estáis atados a una forma ni a una personalidad ni a una determinada máscara o cualquier otro mecanismo de defensa.

Sentid esa libertad en las profundidades de vuestro ser. Esto es lo que anheláis y lo que os resulta adecuado y natural. Cada uno de vosotros está aquí para alcanzar esa libertad para sí mismo. Y cada vez que uno de vosotros lo consigue, que atraviesa sus temores humanos y permanece fiel al amor, entonces irradia una luz en este mundo que conmueve el corazón de los demás. Por eso os llamamos trabajadores de la luz: porque sois quienes difundís una nueva consciencia, quienes traéis luz a un mundo de miedo y de todos los excesos a que da lugar.

Ahora bien, ser un trabajador de la luz significa que el trabajo fundamental hay que hacerlo con uno mismo. Si hay luz en vuestro corazón, si os anima la llama de la compasión, si podéis afrontar vuestro propio miedo, vuestra propia oscuridad, entonces la luz irradia hacia el mundo desde vuestra mirada y las palabras que pronunciáis. Os convertís en una luz viviente simplemente por vuestra forma de hablar y de actuar. En eso consiste también y de verdad ser un canal. En transmitir vuestra esencia, la cual es independiente de toda forma, del tiempo y el espacio; está libre de miedo y desconfianza.

El objetivo de toda canalización es liberar la propia esencia. Todos los guías que os acompañan desean contribuir a ese propósito; sentid su presencia. Sentid los ángeles o energías de apoyo que tenéis a vuestra disposición, las que os son favorables y quieren trabajar con vosotros, pues se trata de una colaboración entre iguales. Esas energías de luz están aquí reunidas y os envuelven. Sentid que sois plenamente merecedores de su energía, de su sabiduría, porque sois sus traductores, sois quienes tendéis un puente. Tejéis una conexión entre su vibración y la de la Tierra, y podéis hacerlo porque sois sabios. Comprendéis la esencia de su mensaje y, al mismo tiempo, estáis conectados con la manera en que funciona el mundo humano. Sabéis cómo piensa y siente la gente, y donde radican sus dudas y temores, y es por eso por lo que podéis traducir y tender un puente. Comprendéis las vivencias de otras personas porque conocéis de primera mano el miedo, la oscuridad y las dudas de los seres humanos.

Los mensajes de sabiduría cobran vida y realmente prenden en el corazón de las personas cuando estas se sienten comprendidas y sustentadas por una corriente de amor y compasión. Una sabiduría que consista únicamente en palabras o principios no arraiga lo suficiente. Es por eso por lo que vuestro trabajo es sagrado; porque no consiste en meras palabras. No solo proporcionáis conocimiento, sino que conmovéis el corazón de otras personas. Queréis que recuerden su propia divinidad, su santidad. Y cuando os amáis a vosotros mismos con humanidad y amabilidad, creáis un espacio sagrado en vuestro interior —os hacéis una reverencia. No intentáis cambiaros ni os dejáis moldear en función de algún ideal o elevado principio. No, os limitáis a ser quienes sois desde ese silencio, un silencio que no está vacío, sino lleno de comprensión.

Cuando alguien te escucha de verdad, sientes que realmente entiende todas las palabras que estás diciendo. En ese espacio compartido, íntimo, te sientes visible y, por tanto, vas a valorarte más. Es como si la otra persona pusiera un foco de luz sobre ti y entonces estuviera permitido que todo sea tal y como es, incluyendo todo lo que es ordinario y natural. Esa luz tranquiliza la mente y genera esperanza y optimismo en el corazón. La vida cobra sentido nuevamente; el canal está abierto y el alma puede fluir sin trabas. Esto es lo que tiene lugar en un encuentro entre dos personas cuando ambas reconocen abiertamente su más profundo dolor, sus emociones más densas y sus dudas, y ambas las escuchan de verdad. No se trata de desear que se disuelvan inmediatamente ni de ignorarlas ni de superarlas, sino de prestarles realmente atención, como si fueran el otro interlocutor en un diálogo entre iguales.

Estáis aquí, en la Tierra, en esta vida, para trabajar con esas partes vuestras más oscuras y transitar con ellas hacia la luz. Es precisamente en ese viaje hacia la luz cuando se transforman: el miedo, la ira o la resistencia se convierten en las joyas más hermosas, en sabiduría madura, en alegría, buen humor y auténtico conocimiento. Por tanto, honrad esas partes más oscuras que os habitan. Cuando las tratáis como a un amigo, vuestro corazón también se convierte en un espacio abierto para los demás. Ya no os dejáis llevar tanto por la tendencia a juzgar lo que hacen o no. Los observáis y, a veces, sonreís porque todo os resulta muy familiar. Y esa familiaridad genera la capacidad de escuchar y de hacer de puente para la otra persona.

Es lo mismo que caracteriza la relación que tenéis con un guía, un maestro o un ángel del otro lado. Todos desean ser ese amigo que os escucha, y no de manera pasiva, sino viéndoos tal y como sois e iluminándoos con un intenso foco de luz. Eso es lo que vuestros guías os proporcionan: quieren que os deis cuenta de quiénes sois realmente y que podáis ser tal y como sois, cada uno con sus propios talentos únicos. Un guía os hace más grandes, no más pequeños. Están a vuestro servicio y desean ayudaros a alcanzar vuestro núcleo divino. Huelga decir que, al tiempo que lo vais logrando, vuestra luz se difunde por la Tierra.

Quisiera, para terminar, pediros a cada uno que estéis receptivos y conectéis con un guía o un maestro que sintáis energéticamente presente junto a vosotros. Pero hacedlo relajadamente; no os esforcéis demasiado en sentir esa conexión; observad lo que sentís, sin más. Reconciliaos con vosotros mismos. Lo que sois está muy bien; no necesitáis hacer nada para merecer aprobación. Imaginad que vuestro guía particular desea deciros lo maravillosos que sois y lo puras que son vuestras intenciones. Sentid la energía de aceptación y alivio. Si hay algo que vuestros guías quieren daros es eso: alivio. Que no os estéis juzgando constantemente, que no tengáis un millón de dudas, sino que tengáis la certeza de que está muy bien ser tal y como sois —por tanto, relajaos, aflojad.

Recibid la energía de vuestro guía. Puede que percibáis un nombre, una imagen o un color. Permaneced receptivos. No descartéis lo que sintáis como si fueran meras imaginaciones. Atreveos a confiar en vuestra intuición y en lo que se os presenta de la nada sin cuestionarlo. Vuestra intuición habla el idioma de vuestra alma. Confiad nuevamente en lo que sentís.

Os saludo a todos con respeto y amor en mi corazón.



Pamela Kribbe canaliza a Jeshua
Traducción de Laura Fernández

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