Perseverancia y seriedad

Allan Kardec


Agreguemos que el estudio de una doctrina tal como la Doctrina Espírita, que nos lanza de súbito a un orden de cosas tan nuevo y grande, sólo puede ser realizado con provecho por hombres serios y perseverantes, libres de preconceptos y animados por una firme y sincera voluntad de alcanzar un resultado. No podríamos aplicar esa calificación a quienes juzgan a priori, superficialmente y sin haberlo visto todo. Que no llevan a cabo sus estudios con la continuidad, regularidad y recogimiento necesarios. Menos aún podríamos calificar así a ciertos hombres que, para no faltar a su reputación de ingeniosos, se esfuerzan por encontrar un lado burlesco a las cosas más verdaderas o juzgadas como tales por personas cuyo saber, carácter y convicciones las hacen acreedoras a la consideración de quienquiera se precie de saber vivir en sociedad. Absténgase, pues, quienes no crean que tales hechos son dignos de ellos y de ocupar su atención. Nadie piensa en violentar su creencia, pero sírvanse respetar la de los demás…

Lo que caracteriza a un estudio serio es la continuidad con que se lo hace. ¿Nos extrañaremos de no obtener muchas veces ninguna respuesta sensata a preguntas serias de por sí, cuando se las formula al azar y a quemarropa, entremezcladas con una multitud de otras que son absurdas?

Por otra parte, alguna pregunta suele ser compleja y requiere, para que se la aclare, otras preguntas adicionales, preliminares y complementarias.

Quienquiera desee aprender una ciencia debe realizar un estudio metódico de ella, empezando por el principio y siguiendo el encadenamiento y el desarrollo de las ideas. El que por casualidad hace a un sabio una pregunta acerca de una ciencia cuyos rudimentos ni siquiera conoce, ¿qué puede sacar en limpio? ¿Podrá el sabio interrogado, aun con la mejor voluntad, darle una respuesta satisfactoria? Esa respuesta, aislada, ha de ser por fuerza incompleta, y por lo mismo contradictoria. Exactamente lo mismo ocurre en las relaciones que con los Espíritus establecemos: si queremos instruirnos en su escuela, deberemos seguir el curso con ellos. Pero, como entre nosotros sucede, tenemos que escoger nuestros profesores y trabajar con asiduidad.

Hemos dicho ya que los Espíritus superiores sólo acuden a las reuniones serias, sobre todo a aquellas entre cuyos miembros reina una perfecta comunión de pensamientos y sentimientos hacia el bien. La superficialidad y las preguntas ociosas los alejan, del mismo modo que entre los hombres tales preguntas hacen que se aparten las personas razonables. Entonces queda el campo libre para la turba de los Espíritus embusteros y frívolos, los cuales están siempre al acecho de la ocasión propicia para burlarse y divertirse a expensas de nosotros. En semejante reunión, ¿qué pasa con una pregunta seria? Será contestada, pero ¿por quién? Es como si en una reunión de personas frívolas empezarais a preguntar: ¿Qué es el alma?, ¿qué es la muerte?, y otras cuestiones del tenor de ésas. Si queréis respuestas serias, sed serios vosotros mismos, en la cabal significación de la palabra, y poneos en las condiciones requeridas.

Sólo entonces obtendréis grandes cosas. Además, sed laboriosos y perseverantes en vuestros estudios. Sin esto, los Espíritus superiores os desamparan, de la manera que lo hace un profesor con aquellos de sus alumnos que son negligentes.


ALLAN KARDEC
Extracto de EL LIBRO DE LOS ESPIRITUS

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