Os estáis convirtiendo en maestros.

Jesús ~ Jeshua


Queridos amigos,

Soy Jeshua. Mi corazón se llena de alegría al compartir esta jornada con vosotros. Es como encontrarse con viejos amigos. Estamos conectados desde el corazón y tenemos una misión en común. Mi deseo es que me consideréis como un hermano, un igual y un amigo.

Estoy aquí para celebrar con vosotros el hecho de que os estáis convirtiendo en maestros. Estáis en una fase de transición, abordando una nueva etapa del camino de vuestra alma. Sentidlo en vuestro corazón, estáis preparados para seguir adelante. Os saludo como a iguales, no como a discípulos. Estoy aquí para entregaros la antorcha de luz que os corresponde difundir por el mundo entero. Habéis estado viniendo a mí y a otros maestros a la búsqueda de orientación, de respuestas, pero cada uno de vosotros lleva ahora esa antorcha de luz y sabiduría en su propio corazón. Naturalmente, todavía tenéis preguntas, aún tenéis asuntos que resolver. Sois seres humanos y seguiréis experimentando altibajos durante toda vuestra vida. Pero hay una parte vuestra que ya ha ido más allá de esos altibajos. Hay una parte de vosotros que conoce todos los altibajos que derivan de vivir como un ser humano en la Tierra. Y os pido que conectéis ahora con esa parte, con mayor consciencia. Es una parte de vosotros silenciosa y sabia.
Os pido que entréis en ella imaginando que sois un anciano o una anciana. Mirad a los ojos de ese hombre o esa mujer. Son ojos insondables, pues han visto infinidad de cosas. Sentid el corazón de esa anciana o ese anciano rebosante de sabiduría que sois. Sois compasivos, sabéis cómo contemplar las cosas desde ambos lados, y sois capaces de soltar y perdonar. Por tanto, reconoced esa parte vuestra. Y reconoced, así mismo, que los que hoy estamos aquí reunidos somos almas afines, personas afines. Estáis todos en el mismo camino y, aunque lo recorréis solos, en el sentido de cada uno de vosotros es único e individual, también lo recorréis en compañía. Sentid la fuerza de vuestra familia álmica. Cada uno de vosotros está conectado con un grupo de almas que están pasando por la misma fase de transición que la vuestra. Nunca estáis solos.

Una cosa os pido. Quiero que imaginéis que lleváis en la mano esa antorcha de luz que sois y que dais un paso al frente. Os estoy pidiendo que os hagáis más visibles en este mundo. Sé que muchos estáis lidiando con viejos miedos relacionados con esto. Compartir vuestra luz, vuestro auténtico conocimiento y sabiduría no os resulta nada fácil. ¡Exige mucho valor! A veces os identificáis demasiado con el papel de la víctima, del sufridor. Os sentís abrumados por las energías más densas del mundo y preferiríais más bien escapar de aquí y dejarlo todo atrás. Pero estáis aquí para traer luz, para traer cambio y una nueva consciencia a la Tierra.

Tenéis una misión que cumplir y, aunque entiendo vuestro miedo, os pido, como un acto de compasión, que deis un paso al frente y le mostréis al mundo quiénes sois, pese a que, en cierto modo, no estéis obligados a hacerlo. Podéis seguir centrados en vosotros, sanando y viviendo vuestra propia vida. No existe ninguna obligación kármica de salir al mundo, pero yo apelo a vuestro amor y compasión hacia la humanidad. Hay mucho dolor en este mundo. Hay mucha gente perdida en sus aflicciones, ahogándose en sus sufrimientos e incapaz de ver una salida. Y si bien todos vosotros lleváis vuestras propias cargas, es el caso que, en vuestro interior, habéis entrado en otro nivel de consciencia: sois capaces de aliviar el sufrimiento ajeno.

Es precisamente porque sois conscientes de vuestro propio dolor por lo que vuestra compasión es mayor y no enjuiciáis a nadie. Vuestro propio dolor puede servir de puente entre vosotros y los demás. Y cada vez que os entregáis, que compartís vuestra luz y la energía de vuestra alma, vosotros también sanáis. A medida que compartáis vuestra energía y deis lo mejor de vosotros mismos a la humanidad, os iréis sintiendo más profundamente conectados que nunca con ella.

Así pues, os estoy pidiendo que hagáis lo que yo intenté hacer hace más de 2000 años, porque somos iguales. Os ruego que soltéis vuestras dudas e inseguridades acerca de quiénes sois realmente y de vuestras capacidades. Imaginaos en vuestra vida cotidiana llevando esa antorcha en vuestro corazón y dejando que arda sin velar ni ocultar su luz. Sentid cada uno por sí mismo qué cambiaría si lo hicierais.

También quiero deciros que no hay peligro en que dejéis brillar vuestra luz ni en que los demás la vean. El mundo está en transición. Cuando yo viví en la Tierra, apenas despuntaban algunas señales de cambio, pero la consciencia ha ido expandiéndose desde entonces y tanto el mundo como la humanidad están ahora preparados para cambiar. Hoy sois bienvenidos aquí como los maestros que sois; no se os volverá a castigar ni a crucificar por ello.

Por otra parte, también estáis aquí, en esta vida actual, para completar vuestro propio viaje en la Tierra. Para experimentar en qué consiste vivir en paz y serena alegría en ella. Por tanto, cuando os pido que os entreguéis y que dejéis brillar vuestra luz en el mundo, no os estoy pidiendo que os convirtáis en guerreros. No tenéis que convencer a nadie de nada. Lo que genera cambio es vuestra vibración, vuestra energía, siempre y cuando no la ocultéis. Lo que marca la diferencia es vuestra compasión, vuestro corazón amable, vuestro cariño.

A veces, dejar que vuestra luz irradie implicará tomar decisiones firmes en vuestra vida. Quizás tengáis que abandonar una relación o un trabajo, o mudaros. Permitir que la energía de vuestra alma fluya en vuestra vida pueda provocar grandes cambios. Pero si confiáis en ese flujo, comprobaréis que el Universo y la vida os apoyan, os ayudan. En esta vida ya no se trata de luchar y pelear, sino de recibir la gracia de vivir en sintonía con vuestra alma.

Así que, para terminar, conectad de nuevo con ese anciano o esa anciana que vive en vosotros y percibid la energía de Cristo en sus ojos. Percibid también que esos ojos reflejan la eternidad; no son viejos, son eternos.

Gracias por estar aquí.


Pamela Kribbe canaliza a Jeshua
Traducción de Laura Fernández

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