La llama de vuestro mundo interior.

Jesús ~ Jeshua


Soy Jeshua, vuestro hermano y semejante. Sentid mi presencia entre vosotros; no soy un extraño. Estamos profundamente conectados. El hecho de que viváis dentro de un cuerpo terrenal y yo no no crea ninguna distancia infranqueable entre nosotros. Sentidlo en vuestro corazón. La distancia que se genera entre las personas deriva más del miedo y la desconfianza que de estar o no juntos presencialmente. Sentid la conexión interna que tenéis con la consciencia de Cristo, la consciencia de amor y conexión mutua.

Un paso atrás, un paso hacia dentro, prepara casi siempre para la llegada de algo nuevo. Esto es lo que ahora mismo está sucediendo a nivel global. Y es un requisito que también se os plantea en vuestra vida individual cada vez que dais un paso hacia dentro, venga o no impuesto por una crisis, por una situación que parece venir de fuera. Esa situación cumple una función, no es un obstáculo, sino una puerta que se abre hacia el mundo interior.

Sentid vuestro propio mundo interior por un momento. Id hacia dentro. Imaginad que dentro de vosotros hay un espacio vivo y transparente que recorre todo vuestro cuerpo, pero es mucho más grande que él. Se trata de vuestro campo energético. Es como una gran casa en la que vivís, solo que está en continuo movimiento. En ella os envuelven corrientes que fluyen, estados de ánimo y vibraciones. Es vuestra casa, vuestro hogar energético. E incluye vuestro cuerpo. De hecho, vuestro estado energético constituye el fundamento, la base de vuestro cuerpo, el cual, a su vez, responde a ese estado, fluye y se mueve con él. Es, por así decir, un cuerpo secundario, en el sentido de que se rige por las leyes de la energía. La materia sigue a la energía.

Descended con vuestra consciencia hacia vuestro propio campo energético. Id hacia dentro. Apartaos por un momento de los muchos estímulos exteriores. Llevad vuestra atención a vuestra columna vertebral, pero empezad un poquito más arriba, en la base de la cabeza o, incluso, más arriba, allí donde se localiza una especie de canal que os conecta con una esfera superior, la esfera de vuestra alma; que os conecta con vuestro saber interior, el cual transciende el tiempo y el espacio, y va más allá de lo físico. Simplemente, dejaos percibir ese espacio que os rodea desde fuera del cuerpo, pero que está íntimamente conectado con él. Luego, id bajando lentamente por el cuerpo con vuestra atención. Sentid la energía detrás de vuestro cuello y entre las escápulas. Deslizad, por así decir, vuestra atención a lo largo de la columna vertebral. Sentid la zona posterior del estómago, también denominada plexo solar, y la de la parte baja de la espalda, es decir, el coxis. Sentid ese canal, ese campo energético, fluyendo hacia la Tierra.

Sentid que estáis conectados con la Tierra y sentid su poder. Estáis aquí para traer algo a la Tierra. Todos experimentáis la urgencia interna de compartir algo, de dar algo o de expresaros. Esa urgencia proviene de vuestra alma, pertenece a vuestro ser. Percibid con esa misma intensidad el canal que os recorre y que conecta el Paraíso con la Tierra. Sois un puente entre ambos mundos. Reconoced lo que tenéis para dar.

Para visualizarlo, imaginad que estáis sobre un escenario, sentados o de pie. Os sentís tranquilos y fuertes, no tenéis miedo. Estáis en contacto con ese canal interno, estáis conectados. Estáis a salvo. Sentid esa seguridad. Cada uno de vosotros está en su propio espacio interior y allí se siente a salvo y a gusto. Ahora, fijaos en lo que tenéis delante. Es un lugar, algún tipo de local lleno de gente que ha acudido allí por vosotros. Pero eso no os asusta ni os pone nerviosos. No, porque percibís que hay en ello un hondo significado. No estáis ahí para actuar ni para obtener reconocimiento. Estáis ahí para compartir algo esencial con esas personas. Tampoco es que seáis superiores ni inferiores a ellas. Estáis allí para desempeñar un papel o una función que os resulta natural.

Cada uno va a fijarse ahora en lo que está haciendo: ¿qué es lo que pasa por tu mente? ¿Qué es lo que tienes que hacer o decir desde ese escenario? Quizás veas personas que se te acercan espontáneamente y te piden algo. ¿Qué es lo que te piden? ¿Qué es lo que les das? ¿Qué es lo que compartes con ellos cuando atiendes esa urgencia interna? Fíjate muy especialmente en cómo te sientes. ¿Compartes conocimiento, sabiduría, amabilidad, comprensión o aliento? Siente lo que instintivamente sale de ti. Siente lo natural que te resulta, tan fácil como respirar.

Todos vosotros estáis aquí para compartir alguna cualidad única de vuestra alma con los demás. Esto implica que vais a haceros notar porque ya no seguís el camino trillado, sino la voz de vuestro corazón. Y eso puede generar temor. Por otra parte, fluir con esa corriente interna os acerca a vosotros mismos y os produce una sensación de plenitud y alegría. El temor que puede que sintáis es el temor a la exclusión. En cuanto empezáis a vivir desde vuestra alma, comenzáis a actuar, a pensar y a sentir desde una energía que deja de estar anclada en las viejas pautas de pensamiento, en viejos hábitos y miedos. Estáis, por así decir, introduciendo un nuevo sonido.

Os pido que creáis en ello. Ese nuevo sonido es necesario, es indispensable, pues la consciencia solo podrá cambiar y evolucionar en la Tierra cuando esté conectada con el alma, con el espacio interior.

Os doy las gracias por estar en la Tierra aquí y ahora. Sois muy valientes. Ser diferente y seguir la voz del propio corazón requiere valor. Pero tenéis ayuda. Esta ayuda no proviene de la energía colectiva, que aún está atascada en muchas partes en la vieja energía, sino que proviene del campo de luminosidad y disponibilidad que actualmente se abre paso en la Tierra. Podéis llamarlo consciencia de Cristo o, simplemente, luz, claridad, conexión, amor. La integración de este campo se está realizando en parte gracias a vosotros. Hoy por hoy está teniendo lugar un nuevo nacimiento. No os dejéis engañar por la negatividad que oís. Sentid la llama prendida de lo nuevo y dejad que arda en vuestro propio corazón.



Pamela Kribbe canaliza a Jeshua
Traducción de Laura Fernández

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