Ser un trabajador de la luz.

Jesús ~ Jeshua


Queridos amigos,

Soy Jeshua. Os saludo a todos desde mi corazón. Me alegra profundamente conectar con cada uno de vosotros en el aquí y ahora. Sentid que se disipan el tiempo y el espacio, y que nos encontramos, como almas, en una dimensión que está más allá de lo material, más allá de los conceptos de espacio y tiempo. Nos reunimos a nivel de nuestra interioridad y os invito a que estéis aquí, conmigo.

Sois infinitamente valiosos, cada uno de vosotros: por la manera en la que estáis aquí y ahora, con las cualidades particulares que tenéis, el cuerpo en el que moráis y la personalidad que os es propia. Pero dentro de ese «yo» hay algo más, algo que trasciende todo eso: vuestra alma. Sentid vuestra alma: aunque participa simultáneamente en otras realidades y su consciencia se extiende mucho más lejos de lo terrestre, desea estar aquí, en la Tierra, por mediación vuestra. Tomad consciencia por un momento de vuestra alma como de un campo que os envuelve y percibid ese campo.

Entre lo terrenal y lo divino existen varios y variados tipos de capas —de niveles de materialidad—, algunas muy sutiles y etéreas, otras muy visibles y tangibles. Sentid vuestro cuerpo desde dentro. El cuerpo está constituido de elementos materiales de la Tierra, por tanto, notad su solidez y consistencia; sentid su inmediatez física.

Es importante que consideréis vuestro cuerpo como un refugio, como un lugar en el que vuestra alma puede vivir y donde os sentís a salvo. Recibid vuestro cuerpo con alegría y sin juzgarlo en términos de salud o enfermedad, belleza o apariencia; recibidlo meramente como el refugio desde el cual fluye y se arraiga la energía de vuestra alma. Consideradlo como parte de vuestra alma. No como una cosa separada de vosotros, sino como algo iluminado e impulsado por vuestra alma. Cuando experimentáis vuestro cuerpo de forma consciente, os sentís más ligeros y tenéis una impresión de mayor fluidez. No sois solamente vuestro cuerpo, pero es una parte de vosotros.

Al aceptar con talante afectuoso y admirativo aquello que vuestro cuerpo manifiesta, y al apreciar todo lo que hace por vosotros por medio de sensaciones y energías, eleváis el cuerpo de algo meramente material a un nivel más etéreo. ¡Y eso hace que vuestro cuerpo se sienta feliz! La materia desea ser iluminada por la consciencia, por el amor. Imaginad que percibís todas las células de vuestro cuerpo y que las acogéis cariñosamente.

A continuación, daos cuenta de quién está haciendo eso, quién está observando el cuerpo y recibiéndolo con cariño y aprecio. Percibid esa consciencia —es vuestra alma. Sentid vuestra alma como algo mucho más grande que el cuerpo. ¿Veis algún color o notáis alguna energía mientras lo hacéis? Desviad vuestra atención del cuerpo —sin dejar de abrazarlo amorosamente— y convertíos en vuestra alma. Percibid esas otras dimensiones que sois, esas que vibran en un nivel de existencia distinto del físico. Quizás os veáis aparecer en forma de silueta luminosa o de ángel. Dejad que surja una forma que para vosotros tenga sentido, una forma que represente vuestra alma, ese amplio campo rebosante de experiencias de otras vidas, la sabiduría que lleváis en vosotros, la intensidad de vuestro sentimiento. Evocad todo ello, dejad que la imagen de vuestra alma aparezca ante vosotros… y deleitaos en ella.

Recordad quiénes sois, vuestra grandeza. Reconoced esa imagen, traedla energéticamente aquí y ahora, y dejad que su energía fluya a través de vuestro corazón. Desde un punto de vista energético, el corazón es el portal de entrada del alma en el cuerpo y, si dejáis que la energía del alma penetre en vuestra aura o vuestro campo energético, tendréis la sensación de estar más expandidos y de ocupar más espacio. Dejad que ocurra. Y no os preocupe limitar a nadie cuando lo hacéis, al contrario: cuando vuestro campo energético —cuerpo y ser— se llena con la luz del alma, os convertís en deleite e inspiración para los demás. No es una energía competitiva, sino una que desea inspirar y despertar, una energía que disfruta cuando otros también lo hacen.

Cuando el alma se une con el cuerpo y esa dimensión tan sutil y etérea conecta con la terrenal, observaréis que esa conexión puede traducirse en cuestiones prácticas. Sabed que es muy importante que, en vuestra vida cotidiana, mantengáis el contacto con esa realidad, esa vibración, esa parte vuestra superior, y que permitáis que su energía baje, literalmente, y se funda con vuestro cuerpo y con la dimensión física, terrenal.

El paso siguiente es permitir que esa inspiración, esa conexión con vuestro ser superior, se manifieste de forma práctica en vuestras acciones y vuestro mundo exterior. No obstante, cuando intentáis hacer esto, a la mayoría os ocurre lo siguiente: una parte vuestra desea conectar con el alma, es esa parte altamente evolucionada que desea sintonizar con la vibración del campo celestial; pero otra parte se siente temerosa de anclar esa energía en la Tierra y entre la gente. Porque en el mundo que os rodea veis que no hay apenas disposición para aceptar la energía extraordinaria y excepcional del alma.

Observad los ámbitos del trabajo, la educación y la medicina en la Tierra, y veréis que los conceptos que en ellos prevalecen aún tienen que ver con estructuras organizadas y teorías desarrolladas a partir de lo mental y lo racional. Casi siempre, lo único que se toma en consideración es la dimensión material, que constituye una noción muy pobre y limitada de lo que significa ser humano. En ella todo se reduce a lo peligrosa que es la vida, a la supervivencia, a la lucha y al reparto de recursos como el dinero, el poder y la abundancia. Las enfermedades se consideran peligrosas y deben, por tanto, mantenerse a raya; hasta el mismo fluir de la vida debe ser controlado —por tanto, en esa dimensión hay conflicto. Todo lo que son emociones y sentimientos intensos, o intuiciones y visiones inspiradas, a menudo se descarta y se tilda de extraño, raro o histérico.

En vuestra sociedad hay, empezando por abajo, una enorme necesidad de inspiración por parte de individuos excepcionales que vivan desde un fuego interior y que ya no puedan adaptarse al orden existente porque dicho orden ha dejado de satisfacer sus necesidades. Cada vez hay más individuos que se sienten asfixiados, literalmente, por el sistema predominante y que ya no lo soportan. Esto es algo que se aprecia, sobre todo, en las generaciones de niños que actualmente llegan a la Tierra. Les es imposible seguir tolerando ese tipo de existencia asfixiante, incluso en el plano físico. Contrariamente a lo que las generaciones anteriores aceptaron, a esta no se la puede trabar con una camisa de fuerza.

Así es como el cambio va teniendo lugar en la Tierra, donde es más necesario que nunca integrar la energía del alma en la vida diaria. Ahondar en esa energía mediante la meditación o llevando una vida espiritual ya no es un lujo. No, la misión y la vocación de todo ser humano es conectar con su alma y empezar a vivir desde su verdad interior, pues la alternativa ya no es viable. A nivel individual, la gente se siente quemada, frustrada, descontenta o deprimida; y a nivel general, a nivel de la sociedad, la consecuencia se refleja en los graves problemas relacionados con el medioambiente y los recursos de la Madre Tierra. En todos los frentes es ahora evidente la urgencia de empezar a vivir de otra manera, desde un principio que no puede definirse en términos meramente materiales.

La materia y lo material son algo muy valioso: son el medio en el que el alma desea expresarse. Pero si se limita la vida únicamente a lo material, a las formas —a lo externo—, esas formas se empobrecen y la vida se convierte en una lucha en la que nadie encuentra sentido ni significado. Es por eso por lo que recibir al alma en vuestra vida no puede ser un acto extraordinario, sino que debe convertirse en un acto ordinario: en una parte cotidiana y normal de vuestra educación y vuestra vida. El alma se convierte entonces en esa fuente de infinita creatividad y abundancia que hoy implora cada vez más gente en todos los niveles.

Cada uno de vosotros se convierte en un trabajador de la luz cuando siente la urgencia de actuar y de vivir desde su propia alma, desde su corazón y lo que realmente le inspira. Os convertís en trabajadores de la luz cuando vivís desde aquello que os eleva por encima de la trivialidad de tener que luchar y sobrevivir, en vez de desde el miedo y de tener que fingir ser alguien que no sois. A eso podéis llamarlo ser un trabajador de la luz o darle cualquier otro nombre que prefiráis, lo que importa es que, como seres humanos, os sentís llamados con tal intensidad a responder a la voz de vuestra alma que ya no os es posible no hacerlo —sabéis que ya no podéis adaptaros a la vieja forma de ser. Esto quiere decir que hacéis la transición hacia una consciencia del corazón; que dais un paso adelante decisivo hacia un punto del que no podréis retornar.

La vida de quien se deja propulsar por una consciencia proveniente del corazón va acompañada de altibajos, pues hay momentos en los que afrontáis un miedo intenso a soltar lo viejo. Y es que, aunque lo viejo puede ser extremadamente desagradable, sigue habiendo un temor a lo nuevo, a lo indefinido, a lo incierto. A veces parece que la inspiración, los pensamientos y las ideas que recibís desde la esencia de vuestra alma quedan aplastados por la vieja manera de ser y de razonar que aún prevalece en muchos ámbitos de la sociedad.

¿Cómo dar forma a la voz del alma y serle fiel en vuestra vida diaria? Sintiendo su poder; sintiéndola, literalmente, fluir a través de vosotros. Sentid cómo imploran inspiración la Tierra y la vida en la Tierra. A partir del momento en que elegís ese camino interior de conexión con vuestra alma, empezáis realmente a seros fieles y os atrevéis a ser diferentes en un entorno donde aún no se escucha la voz del alma. Sentir que habéis escuchado la voz de vuestra alma no significa que seáis mejores que los demás. Tan solo sabéis que habéis emprendido un camino que, para vosotros, constituye una auténtica vocación, un camino del que no podéis desviaros. Es un camino en el que no podéis dejar de creer, pese a la crítica y el rechazo de factores externos o de las voces interiorizadas de vuestros padres o de la gente que os rodea.

Os pido que sintáis el poder de vuestra alma y que os deis cuenta de la fragilidad de una vida basada en el miedo y la lucha, así como en la tendencia a ocultaros. Esconderos del fulgor y la creatividad de vuestra alma os hace infelices. Además, ya no podéis volver a lo viejo porque no encajáis en ello, así que solo podéis avanzar hacia delante. Recordad esa voz una y otra vez, y atreveos a dejar que vuestra luz brille. Esto es algo que hacéis sin mayor complicación: está en lo que decís, en lo que sois, en lo que emana de vosotros.

Todo tiene una vibración. Un cuerpo que contacta regularmente con el alma, con el origen que le da vida y anima, tiene una vibración distinta de un cuerpo infestado por el miedo o sentimientos negativos. Cuando os sentís a gusto con vosotros mismos y os valoráis por lo que sois —vuestra fuente, vuestra singularidad—, lo irradiáis a los demás aunque no les digáis nada. Lo que sois y lo que transmiten vuestros ojos y campo energético se percibe de todas formas, estéis donde estéis. De hecho, nunca podéis ser del todo invisibles, pues vuestra energía está siempre presente, no puede deshacerse.

Cuanto más os atreváis a dejar que vuestra alma roce vuestro ser terrenal, mayor será su impacto exterior. Además, viviréis vuestra vida de forma distinta, al no estar ya sujetos a cosas que ni os nutren ni son adecuadas para vosotros. Os hacéis más poderosos tanto en lo que queréis como en lo que no queréis. Vuestra alma se hace más visible para el mundo exterior y, a raíz de ello, vuestra luz brilla con mayor intensidad. Sed siempre conscientes de que esa luz invita a otras personas a creer en sí mismas y a empezar también a irradiar su singularidad. La luz de vuestra alma no es competitiva ni combativa.

Por último, pensad en alguna situación de vuestra vida cotidiana en la que sintáis que estáis reteniendo vuestra luz interior, una en la que os mantenéis en segundo plano, evitando dejar que se os vea. ¿Qué ocurriría si dejarais que se viera vuestra luz? ¿Si no la retuvierais y estuvierais del todo relajados en esa situación? ¿Si no os contuvierais, sino que os permitierais ser más espontáneos? ¿Qué es lo que haríais y diríais? Tened en cuenta que, si permitís que la energía de vuestra alma impregne vuestra humanidad, expresaréis vuestros sentimientos en un lenguaje llano y sincero que no siempre se adecuará a eso denominado «políticamente correcto».

A veces la sentiréis muy espontáneamente: «No, no me apetece; no, no quiero hacerlo». También es importante que expreséis esos sentimientos a los demás y que tengáis muy claro dónde están vuestros límites. La energía del alma se rige por su naturaleza auténtica, al igual que ese niño interior vuestro, que tiene muy claro lo que quiere y lo que no. Al permitir que se manifieste esa vibración más alta, esa energía más sutil, es cuando os hacéis profundamente humanos, cuando recurrís al lenguaje de vuestras emociones, de vuestro niño interior.

¿Confiáis en ella? Esa energía proviene de dentro, ¡es real! Os hace espontáneos en el sentido más puro de la palabra, porque significa que estáis escuchando vuestros sentimientos y dándoles expresión. Y cuando hacéis eso, dejáis espacio para que los demás expresen sus sentimientos, mientras permanecéis fieles a vosotros mismos. Ya no aceptáis encajar en un molde que no se ajusta a vosotros.

El mayor deseo del alma es estar aquí y ahora por medio de vuestro cuerpo físico y expresarse y hacerse visible en la materia. El alma desea envolverse en la vida terrenal, hacer de ella algo placentero y nuevo, y prender chispas de consciencia en la Tierra. Esto puede ser fuente de alegría, así pues, aunque también atravesáis miedos que os lo ponen difícil, dad siempre un paso hacia adelante —atreveos a hacerlo. En realidad, no podéis volver atrás. Lo que sentís cuando experimentáis el poder del alma en vuestra vida diaria es, fundamentalmente, que algo os lleva hacia adelante. La luz desea expresarse y sabe cómo hacerlo, siempre y cuando os atreváis a decirle «sí».

Gracias por vuestra presencia y por este estar juntos que colma profundamente mi corazón.


Pamela Kribbe canaliza a Jeshua
Traducción de Laura Fernández

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