El silencio y la palabra.

V.B. Anglada


Nos hallamos, como verán, al principio de un nuevo orden de cosas y al borde de unos grandes y profundos cambios en el orden social y humano, debidos a la presión ejercida por la Constelación de Acuario sobre la totalidad del planeta. Pero, no olvidemos en ningún momento que tales transformaciones individuales y sociales no adquirirán aspectos positivos de identidad planetaria si no entrevemos en una cierta medida la influencia de los Ángeles, de los Devas o de las Energías Individualizadas de la Naturaleza en la vida de la humanidad.

Deberán ser verificados grandes intentos en tal sentido, singularmente en lo que respecta a los aspirantes espirituales del mundo, algunos de los cuales, profundamente impresionados por los grandes avances científicos y tecnológicos de los últimos tiempos, han dejado un poco de lado quizá la Regla de Oro de los discípulos en no importa qué edad de la historia planetaria, cuyo objetivo era y ha sido siempre crear "Magia Blanca” en sí mismos y a su alrededor, una tarea de la más elevada trascendencia, imposible de ser realizada si no ha sido establecido un previo y consciente contacto con los augustos Devas que desde el principio de las edades estuvieron entrañablemente vinculados al karma de los hijos de los hombres.

Hay que reconocer, por tanto, ya que de no hacerlo avanzaremos muy lentamente por el Sendero de la Evolución, que los Ashramas de la Jerarquía, a los que todos sin excepción deberemos acceder algún día, han seguido fielmente aquella Sagrada Regla de Oro, la cual está basada en la comprensión del significado intimo y profundo del SILENCIO DEL CORAZÓN que permite a los verdaderos discípulos "ver y oír" en los mundos invisibles y, más adelante, cuando la palabra haya perdido para siempre la posibilidad de herir, adquirir el poder de "invocar a los dioses inmortales", es decir, a los Ángeles o Devas que realizan su evolución paralelamente a la de los seres humanos. Podríamos decir al respecto que algunas de sus esplendentes Jerarquías están tan íntima y estrechamente unidas a la vida de la humanidad que pueden intercambiar sus experiencias angélicas con aquellos hijos de los hombres que posean sensibilidad espiritual y hayan desarrollado en una cierta medida el amor a la Raza.

Según se nos dice esotéricamente, algunos de estos Ángeles pasaron anteriormente por la evolución humana y son "tan extraordinariamente conocedores de la psicología del hombre" que saben de sus más ocultos y profundos deseos y de sus más elevadas aspiraciones. No es en vano, pues, que en literatura esotérica se les denomine con justicia "Ángeles Familiares".

Podríamos afirmar, dentro de este orden de ideas, que un trabajo preliminar de "captación consciente de energías celestes", tal como profusamente nos las ofrece la Constelación de Acuario, está siendo realizado en los niveles ocultos, allí en donde trabajan los verdaderos discípulos espirituales, a fin de adquirir las capacidades íntimas de comunicación con diversas categorías de Devas, altamente evolucionados, cuya principal misión es enseñar a los seres humanos "el Secreto de la Voz". Esta revelación ha de ser conquistada para poder dominar plenamente los niveles psíquicos de la humanidad que condicionan mayormente los ambientes sociales del mundo. Esta VOZ, como habrán podido ustedes imaginar, es el Nombre o Sonido oculto del alma humana, cuyas vibraciones afectando el éter pueden determinar los siguientes resultados:


1. Destruir la multiplicidad de Formas Psíquicas de carácter indeseable que polucionan el mundo astral y encadenan la mente humana a las nocivas influencias de Kama Manas.

2. Permitir "horadar", esotéricamente hablando, las compactas nubes psíquicas a fin de que a través de sus amplias aberturas puedan filtrarse los luminosos rayos del entendimiento superior en la mente de los seres humanos.

3. Dar razón de una corriente de vida procedente del Reino Dévico, cuyas elevadas Jerarquías deberán penetrar en un próximo futuro en los ambientes sociales de la humanidad, determinando potentísimos cambios en sus limitadas y condicionantes estructuras.


Lógicamente, el secreto de la Voz sólo será descubierto inicialmente por un grupo muy selecto de discípulos entrenados desde hace muchos años en el difícil arte del Silencio aunque le seguirán progresivamente muchos otros aspirantes espirituales, surgidos como la blanca espuma del agua, entre el incontable número de hombres y mujeres de buena voluntad del mundo. La Jerarquía Espiritual del planeta tiene la esperanza de que dentro de unos pocos lustros la actividad de la Voz del Alma sea tan intensa en la vida de la humanidad que permita a muchos "hijos de los hombres" desarrollar facultades auditivas y visuales en los niveles ocultos y puedan establecer contacto con los Devas Familiares más cercanos a sus particulares e íntimas evoluciones.

Consideramos muy necesarias, por tanto, las explicaciones anteriores acerca del lenguaje de los Devas, teniendo en cuenta que la interpretación de sus mágicos significados permitirá adueñarse progresivamente de los secretos del tiempo y desviar, ocultamente hablando, el curso de los acontecimientos que crean la historia del mundo, encauzándolos hacia aquellas infinitas tierras de promisión y de justicia social que constituyen actualmente sólo unas utópicas ideas y unas muy remotas esperanzas.

La Voz o la Palabra de Invocación Dévica surge misteriosamente del Corazón, cuando el místico Silencio que constituye su Sonido haya sido convenientemente descubierto y conquistado. Esta Voz no puede venir contaminada por los ensordecedores ruidos mundanales, por el espantoso clamor de los seres que sufren o por los estruendosos gritos de las personas altamente ambiciosas de poder que "olvidaron", en alas de sus locas fantasías, que "las posesiones del mundo" nada tienen que ver con "los Tesoros del Reino". Hay que llegar poco a poco al Silencio del Corazón, sin el cual será imposible obtener la Paz del Espíritu, a fuerza de simplificar nuestra vida lo más que nos sea posible y estableciendo una inteligente distinción entre las cosas realmente necesarias y las que son innecesarias o de carácter muy superficial.

En el dorado camino de esta distinción deberemos tener cuidado de no caer en los vanos extremismos y darnos cuenta de que aquello cuya renuncia exige a veces los más grandes sacrificios no es siempre lo que realmente precisamos abandonar para poder calmar las ansias de simplicidad de motivos que nuestra alma exige imperativamente en determinados estadios del Sendero. Los grandes impedimentos de la Paz del ánimo y del Silencio del Corazón son frecuentemente las pequeñas cosas a las que no asignamos apenas importancia, como, por ejemplo, el recto comportamiento en el hogar, en el trabajo o en nuestras relaciones sociales. La mayoría de los aspirantes espirituales están tan profundamente "embebidos" en sus meditaciones y en sus personales ejercicios o técnicas de entrenamiento espiritual que son "incapaces de percibir" el grado de infelicidad que crean en el seno de sus familias o el desconcierto que producen a su alrededor en el devenir de sus relaciones sociales.

Así, el término "simplificación” que es la antesala del Silencio del Corazón, tiene mucho que ver con el comportamiento humano frente a la vida y a los acontecimientos que se producen en el seno de la sociedad. No basta, en definitiva, ser lo que socialmente hablando llamamos “una buena persona” ya que esta frase se presta a multiplicidad de significados, a menudo extraordinariamente limitados desde el ángulo oculto. Pero si deseamos ardientemente llegar al alma oculta del Silencio y experimentar la extraordinaria dulzura de un contacto dévico, deberemos empezar por lo más sencillo, que es al propio tiempo lo verdaderamente ESENCIAL: la buena voluntad y la correcta relación en el trato social.

Bien, ustedes quizá dirán ahora que estas cosas son sabidas desde siempre, y ello es cierto, pero cierto es también que el Amor, como principio de Vida y como Alma del Silencio, es totalmente desconocido para la inmensa mayoría de las personas y constituye solamente una muy ingeniosa palabra mediante la cual tratamos de encubrir un sinfín de infidelidades al recto ejercicio de la razón natural y al recto comportamiento en relación con los demás.


- Los Ángeles del Silencio.

Hay un tipo de sensibilidad dévica proveniente de los más elevados subplanos del plano astral, cuyas repercusiones en la vida mística de la humanidad pueden ser medidas en términos de paz, quietud y recogimiento. De ahí que los Ángeles que viven, se mueven y tienen su razón de ser en tales niveles son denominados esotéricamente "Los Ángeles del Silencio".

Esta realidad será difícil de ser aceptada por nuestra mente concreta, sujeta constantemente a la presión de las cosas objetivas y tangibles de la Naturaleza, pero cuando la vida psicológica del ser humano ha desarrollado en una cierta e importante medida "el amor de Dios", muy distinto en verdad de lo que llamamos “amor humano", la idea anteriormente expuesta empieza a tener un pleno y absoluto significado y se llega a la comprensión clara y concluyente de que las "meditaciones" y aun las llamadas "prácticas de silencio mental" sólo tendrán valor y eficacia reconocida si el corazón está libre y desapegado no sólo de las cosas del mundo, sino también de las ansias de crecimiento espiritual.

El Silencio del Corazón, mediante el cual son invocados los Ángeles del Silencio, exige aquello que en lenguaje muy esotérico definimos como "desapasionamiento", el cual sólo puede ser logrado cuando en el intento, a veces desesperado, de la Búsqueda dejamos en cada repliegue de la mente o en cada recodo del Sendero “jirones de nuestro yo vencido". Y, sin embargo, el Silencio del Corazón no es el resultado de una lucha o de una resistencia a la vida en cualquiera de sus motivos condicionantes, sino un impulso de sagrada comprensión que nos lleva adelante, triunfando de todos los obstáculos que se oponen a nuestro camino. La lucha, tal como humanamente la entendemos, es decir, como una reacción contra algo o contra alguien, jamás nos acercará a la Morada de los Ángeles del Silencio...

Lo que realmente precisamos es darnos cuenta, “sin lucha ni resistencia alguna” de las cosas que sobran en nuestra vida no para sofocarlas ni para destruirlas, sino para que nos revelen, frente al drama kármico de nuestra vida, "sus verdaderas razones y motivos”. Descubierto el verdadero sentido de una cosa, ésta desaparece sin lucha ni conflicto alguno del campo conceptual de la conciencia y deja virtualmente de atarnos a la rueda kármica de las caprichosas veleidades y de la futilidad de los motivos.

Sobreviene entonces una acción maravillosa de carácter dévico, la cual “operando desde el éter” ayuda a disolver aquellos residuos que nuestra atenta observación había arrojado a la periferia de nuestra aura magnética. El Silencio natural implica “nitidez áurica”, y nadie podrá realmente gozar de sus impersonales y extraordinarios beneficios, cuyo carácter es iniciático, si su aura etérica se halla llena de residuos kármicos, los cuales, en sus profundas motivaciones, no son sino deseos posesivos cristalizados que condicionan y empobrecen la conducta.

La Psicología esotérica, que será utilizada en un futuro no muy lejano, se basará en la profunda y sostenida observación individual de las propias e íntimas reacciones frente a la vida y a los acontecimientos y no, tal como se hace ahora, siguiendo todavía el método pisceano de “hacer conciencia” de los recuerdos del pasado, es decir, de las incontables memorias acumuladas en el tiempo y que en su totalidad constituyen lo que técnicamente llamamos “subconsciencia” el elemento sobre cuya base se crean todos los traumas y complejos psicológicos del ser. La verdadera curación psicológica se halla precisamente en “la disociación” de dichas memorias, no en hacer conciencia de las mismas tras el ordinario proceso de “volver al pasado” para hallar las causas productoras de un hecho que crea perturbaciones en la conciencia.

Esotéricamente hablando, la verdadera salvación psicológica del ser consiste en aprehender el sentido de la vida afrontando serenamente, pero con indomable energía, el presente inmediato. Esto exigirá naturalmente una gran dosis de atención y de observación, pero en la intensidad de las mismas se comprobará que el “yo acumulativo” creador de los problemas humanos, va dejando progresivamente de actuar y finalmente por desaparecer del campo de la conciencia.

Al llegar a este punto es cuando se produce el hecho, anteriormente descrito, de rechace de deshechos psíquicos hacia la periferia del aura magnética o etérica del ser humano, con la consiguiente actividad de los Ángeles del Silencio, cuya virtualidad principal es limpiar dicho campo magnético con el fin de propiciar la precipitación sobre el planeta Tierra de aquellas esplendentes energías, desconocidas todavía para la inmensa mayoría de las gentes que han de producir “redención etérica” y la introducción de un nuevo orden social en la vida de la humanidad, más en armonía con las sagradas leyes de la Jerarquía y con el santo Propósito de SHAMBALLA.


VICENTE BELTRAN ANGLADA

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