Sustanciación del Éter y Estructuración de las Formas.

V.B. Anglada


Cómo y de qué manera trabajan los devas en sus innumerables huestes, jerarquías y funciones es un Misterio de carácter iniciático, pero la comprensión del mismo puede hallarse quizá en la debida interpretación del proceso técnico de SUBSTANCIACIÓN, mediante el cual las cualidades etéricas de la naturaleza sensible de Dios sufren tremendas modificaciones, ya que por sucesivas fases de compresión, el Éter del Espacio llega a convertirse en una especie de materia gelatinosa de cuyas cualidades maravillosas se nutren todas las Galaxias para producir el milagro permanente de creación de los infinitos Universos, cualidades cuya expresión más técnicamente conocida es la Nebulosa, una increíble masa de materia etérica condensada y cuya forma geométrica en espiral constituye el centro de la atención de no importa qué Logos creador en proceso de manifestación cíclica.

Alrededor de dicho centro de atención logoica, los grandes Ángeles Sustanciadores van agregando cada vez más contenido etérico sustanciado o ectoplásmico -utilizando aquí un conocido término parapsicológico- hasta llegar a aquel supremo grado de saturación en el que el centro de gravedad de la atención divina ha logrado atraer la suficiente cantidad de materia etérica condensada como para poder iniciar el proceso creador de las Formas, máxima preocupación o Necesidad de su Vida radiante.

Como anunciábamos en el prefacio de este libro, este es el principio de actividad del proceso de FORMACIÓN. Se trata de un proceso cualificativo mediante el cual las unidades de vida "mantenidas en expectante espera" en el omniabarcante seno de la Intencionalidad de Dios empiezan a vibrar exigiendo una Forma adecuada que sea representativa de todos los poderes y facultades adquiridas en un proceso anterior de vida o en otra fase de existencia.

En respuesta a tales vibraciones, las cuales no son más que simples modificaciones del Mántram solar A.U.M., surgen de las oquedades infinitas del espacio aquellas misteriosas Entidades dévicas cuya misión es construir todas las formas posibles de la Naturaleza, y utilizando los dos poderes mágicos de la Vida divina: la Voluntad de Ser y el Deseo de Existir, dinamizan la sustancia etérica condensada y, actuando posteriormente "a manera de hábiles alfareros", modelan y construyen todas las formas imaginables, desde la del simple átomo químico hasta aquellas soberbias e indescriptibles estructuras que constituyen los Cuerpos o Moradas de los Logos planetarios y aun del propio Logos solar, es decir, los planetas y el Sol, centro del Universo. Se trata de un proceso que habrá de seguirse teniendo en cuenta la regla exacta de la analogía hermética, sin cuya reconocida clave sería imposible aprehender el significado oculto de estas trascendentes ideas.

Tenemos frente a nosotros una panorámica de extraordinarias perspectivas que deberemos tratar de abarcar lo más ampliamente que nos sea posible, pero teniendo en cuenta de que al llegar a cierto elevado punto de tensión espiritual deberemos dejar a un lado nuestra mente intelectual y avanzar en mística soledad, completamente desnudos, por estas fértiles tierras de prodigalidad angélica en las que sólo la intuición espiritual puede brindarnos algunos leves indicios de Verdad y de reconocimiento.

Todas las grandes obras de construcción se inician en sus bases o cimientos, debiendo ser estas bases tanto más sólidas cuanto más potente sea la estructura que ha de sostener su mole arquitectónica. Pero, con respecto al trabajo de construcción que realizan los Devas en cada uno de los niveles de la Naturaleza, tales bases se fundamentan en la simplicidad del átomo, el cual, pese a su aparente insignificancia, es la pieza fundamental de la arquitectura cósmica y constituye la pieza clave del proceso básico de la Creación.

Así, los puntos de luz y de actividad creadora latentes en el interior del gran océano de la sustancia etérica condensada, al vibrar, hacen "un hueco" dentro de dicha sustancia y crean una especie de oquedad en su interior en donde un deva o un grupo de devas, según los casos, empiezan a trabajar, ya sea con respecto al insignificante vacío creado por la vibración del punto de luz o de conciencia que ha de habitar dentro de la estructura geométrica de un átomo o de cualquier elemento de materia química, o aquellos tremendos vacíos abismales dentro del infinito espacio molecular del Cosmos donde debe habitar un trascendente Logos, teniendo en cuenta, sin embargo, que las más elevadas y complejas estructuras universales o planetarias son el resultado de la unión de un infinito número de elementos químicos dotados del poder de elegir sus propios campos de expansión y círculos magnéticos de acuerdo con determinados sonidos vibratorios.

Si analizamos profundamente esta idea quizá lleguemos a la conclusión de que el espacio es mucho más denso de lo que nuestra mente tridimensional pueda llegar a figurarse y reconocer que los cuerpos sólidos conocidos, incluido el del propio Universo, con todos sus planetas, satélites y demás cuerpos celestes, no son sino ESPACIOS VACÍOS en el interior de una materia más sólida todavía que en su esencia es ÉTER sustanciado por la vida de los Ángeles. No hay que extrañarse, pues, al leer en algunos de los más viejos tratados esotéricos de la Jerarquía acerca de la Creación del Universo estas enigmáticas y misteriosas palabras: "DIOS CAVA AGUJEROS EN EL ÉTER". Tal es asimismo el significado místico del "GRAN KOYLON" esotérico, el cual, siendo virtualmente Espacio, es de tal naturaleza que para habitarlo hay que introducirse en su interior "cavando agujeros", hechos a la medida de nuestra intencionalidad creadora o a nuestro grado de evolución.

El trabajo de los Ángeles es adaptar el Espacio molecular creado por la sustanciación del Éter a las necesidades universales de construcción, hasta que "el agujero" cavado por cualquier centro de vida contenga todas las condiciones requeridas para poder emitir ondas vibratorias de acuerdo con su naturaleza peculiar y recibir recíprocamente ondas vibratorias de respuesta por parte de todas las demás vidas evolucionantes. Hay aquí, en este punto, un delicado motivo de atención, pues la correcta interpretación del mismo puede orientar nuestras pesquisas a lo más profundo y secreto de nuestro ser.

Somos esencialmente puntos de conciencia sumergidos en un espacio intermolecular en donde aparentemente tiene lugar el drama kármico de nuestra vida, el dilatado escenario en donde los devas, utilizando cada uno de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, construyen panoramas, ambientes y circunstancias cada vez más apropiados para que nuestras particulares motivaciones, ideales o sueños, hallen en todo momento la posibilidad infinita de manifestarse.


VICENTE BELTRAN ANGLADA

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