Acoged la nueva Tierra en Vosotros.

Gaia ~ Madre Tierra


Queridos amigos,

Soy la voz de la Madre Tierra. Os doy la bienvenida a todos desde mi corazón. Sentid mi presencia viva entre vosotros; estoy aquí, con todos vosotros. Estoy presente, literalmente, en las células de vuestro cuerpo. Fluyo en cada diminuta célula: en vuestra sangre, vuestros órganos, vuestros músculos —estoy en todas partes. Comparto mi consciencia con la vuestra y comparto esta vida con vosotros.

Abríos a mí y experimentad mi poder sanador —y tomaos el tiempo que necesitéis para ello. Dejad que mi poder fluya desde abajo, desde el suelo que pisáis, y recorra todo vuestro ser, subiendo desde los pies. Imaginad el sonido del chapoteo de un arroyo y dejad que esa agua limpia fluya a través de vosotros, refrescando y renovando vuestro ser.

Sentid mi energía fluyendo por vuestros pies, tobillos y piernas. Tened la certeza de que os sustento, de que os cuido. Conozco los ritmos y la cadencia de la naturaleza. Yo vivo según esos ritmos naturales y no según los que los humanos han inventado a partir del reloj. Yo siento el tiempo y los ritmos que nacen desde dentro.

Antes de hablaros acerca de esta nueva era y de la llegada de la nueva Tierra, quisiera pediros que, primero, recibáis mi amor. Que, con cada respiración, me permitáis adentrarme más y más profundamente en vosotros. Que dejéis que mi energía fluya desde vuestras piernas hacia la cintura, y que sintáis que podéis descansar y dejaros llevar. Que podéis relajaros completamente, al igual que un niño que aún no vive del todo en función del tiempo del reloj y de los criterios de la sociedad. Al principio de su vida, un bebé es más hijo de la Tierra; actúa según sus estados de ánimo y emociones naturales, según los ritmos del día y de la noche, del juego y del descanso.

Dejad que mi energía fluya hacia vuestro corazón y que llene vuestro pecho, vuestros hombros y brazos con la benevolencia de lo natural, del ritmo y la relajación. Y luego, dejad que la energía suba hasta esa pobre cabeza vuestra —tan saturada y sobrecargada. Pensáis demasiado y, como seres naturales que sois, organismos conectados a la Tierra, pensar os oprime. Observad vuestros pensamientos: son como descargas eléctricas en la cabeza. Y esa constante agitación mental constriñe vuestra consciencia, en el sentido de que consume gran parte de la misma. Pensar, preocuparse, razonar; querer pensar en el futuro: planear, prepararse, controlar. Todas esas descargas de vuestra cabeza son a menudo provocadas por el miedo: una sensación de amenaza que os dice que las cosas irán mal si no os esforzáis continuamente por controlarlas.

Ahora, imaginad mi energía, la energía amable de la Madre Tierra, los ritmos naturales de este planeta, de los animales y de las plantas. Visualizad esta energía alcanzando la parte superior de vuestra cabeza, la coronilla, para llevar descanso a toda esa zona. Dejad que el exceso de pensamientos se drene y daos cuenta de que no sois esa parte de vosotros que a menudo se identifica con el pensamiento excesivo. Si queréis saber quiénes sois de verdad, id —literalmente— con vuestra atención y consciencia al corazón, y sentid el espacio que hay allí. En vuestro corazón palpita el deseo de una mayor facilidad, mayor fluidez, mayor entrega. Al mismo tiempo, lo que ocurre es que habéis quedado atrapados en las garras del miedo, ese motor que mueve buena parte de los pensamientos de vuestra cabeza.

Así pues, en vosotros fluyen dos corrientes: los pensamientos machacones creados por el miedo al futuro, miedo a quienes os rodean y miedo a peligros desconocidos; y simultáneamente, esa preciosa corriente que fluye en vuestro corazón y que os lleva a desear estar en el presente y a dejaros llevar por la vida. Estad presentes aquí y ahora, con toda vuestra consciencia, y sentid el silencio.

Vuestro corazón ya está listo para lo nuevo. En lo más profundo de vuestro ser hay ya un intenso deseo de dar el paso siguiente, de soltar ese miedo que os tiraniza. En eso consiste la llamada de la nueva Tierra. Es mi llamada, pues yo también siento ese deseo. A mí también me gustaría experimentar más paz y armonía. Yo misma me hallo en un proceso de evolución hacia mi plenitud, lo que significa que también aprendo y progreso a partir de todo lo que experimento por medio de la vida que en mí se desarrolla: la de los reinos animal, vegetal y mineral, y la de la humanidad. Yo vivo y aprendo a través de vosotros y siento el fuerte impulso de ir hacia una consciencia mucho más amplia e inclusiva —este impulso es imparable.

Yo estoy a punto de dar un cambio y siento que queréis venir conmigo, pues ha llegado el momento de cambiar. En la Tierra ha habido demasiado dolor, demasiado sufrimiento; la humanidad ha vivido inmersa en una lucha feroz, sobre todo consigo misma. El miedo y la autocrítica os han perjudicado muchísimo internamente. Es como si ya no supierais cómo vivir; como si vuestra naturaleza original hubiera desaparecido. Tenéis que buscar en lo más hondo de vosotros para dar con vuestros impulsos más espontáneos, con vuestra auténtica inspiración, pues habéis aprendido a vivir en la periferia, en los márgenes exteriores de quienes sois.

Esto es algo verdaderamente triste y observo que es lo que más le duele a la gente: haber aprendido a ignorar sus impulsos únicos, sus impulsos genuinos. No podéis ser fieles a aquello que os habita en lo más recóndito de vosotros mismos, vuestro ser original, el cual brilla de forma única en cada uno, porque todos sois diferentes.

Forma parte de mi misión interna combinar las muchas y variadas formas de vida de este planeta de una manera armoniosa. Mi mayor ideal es que cada ser deje que su luz brille a su manera y que, entonces, todas esas formas de luz únicas se agrupen en un todo precioso, una joya de múltiples colores. La promesa de la nueva Tierra es que cada ser vivo alcance su propio potencial y que todos sean perfectos, exactamente a su manera. Este es el paso imprescindible para que el todo sea más completo.

Mi mayor inspiración es hacer realidad dicha promesa, de ahí que os haga ese llamamiento a creer en quienes sois y a regresar a vuestro propio centro. Esto es lo que deseáis con todo vuestro corazón, nada más que esto. Sin embargo, las voces de lo viejo y del miedo hacen que os resistáis. Son voces que os dicen que no deberíais ser de tal o cual manera, que las cosas no funcionan así; que tenéis que encajar y adaptaros; que no podéis ser distintos.

Sentid por un momento la voz del miedo, esa energía que quiere reteneros y manteneros alejados de vuestro yo radiante. No analicéis ese impulso desde la cabeza; sentidlo más bien en el espacio sereno de vuestro corazón. No intentéis analizar de dónde viene esa voz; mejor, daos unos instantes para notar, desde dentro, qué sensación os produce esa energía y cómo os afecta. Numerosas emociones tienen su origen en el miedo. Por ejemplo, la necesidad de control, poder o lucha, o esa sensación de infelicidad o tensión que hace que nunca podáis estar realmente relajados. En la raíz de casi todas las emociones más oscuras suele estar el miedo. Intentad considerarlo con benevolencia como un rasgo que existe y que ha caracterizado la Tierra y todas sus formas de vida.

Observad el miedo. Quizás lo veáis envuelto en un determinado color o sintáis que de ese flujo de temor mana una vibración específica. Al observarlo conscientemente, os desapegáis de él, lo trascendéis. El miedo lo podéis notar en vuestro propio cuerpo, agarrotando vuestros músculos, el corazón, el estómago o el abdomen. No obstante, cuando lo observáis conscientemente, algo lo transforma. Decís: «Te veo, miedo, pero no voy contigo». El miedo solo se hace permanente cuando lo alimentáis con, por ejemplo, vuestros pensamientos.

Cuando observáis el miedo desde un corazón abierto, sin querer intervenir, dejáis de alimentarlo. Seguirá aflorando, puesto que los viejos hábitos no desaparecen de inmediato; el miedo seguirá presentándose una y otra vez. Sin embargo, al reconocer su energía y no dejar que os arrastre, hacéis que esta disminuya gradualmente y os domine cada vez menos. Este es la auténtica tarea que tenéis que acometer, la disciplina que se os pide. No la disciplina del enorme esfuerzo que requiere adaptarse, sino, más bien, la de desarrollar una consciencia lúcida, la de permanecer alerta cuando el miedo embiste, la de ir más allá de ese miedo y la de centrarse más en el corazón que en la cabeza.

Regresad nuevamente al silencio de vuestro corazón. Os voy a pedir que conectéis con vuestra inspiración, con vuestra luz interior, con esa parte única de cada uno de vosotros que habéis venido a traer a la Tierra, porque sabéis que os dará alegría expresarla en el mundo terrenal. Sentid el poder de esa luz que viene directamente de vuestra alma. Mientras que la energía de la Tierra, el poder sanador de la Tierra, fluye de abajo arriba, sentid ahora también la energía celeste, la cual fluye de arriba abajo. Esa es la luz de vuestra alma. Y si no sentís nada, permaneced en silencio, sin más; no pasa nada si no la sentís con claridad.

Estar presente en el corazón, con una actitud abierta, es la clave: es entonces cuando puede haber cambio. El alma viene a vosotros y se da a conocer de múltiples maneras. En algunas personas, lo hace mediante la meditación; en otras, cuando están practicando algún arte o haciendo algo que les gusta mucho. Esa energía llega a vosotros porque os pertenece; no tenéis que crearla. Ya está ahí, bailando a vuestro alrededor.

Ahora, imaginad que esa energía llega a vosotros y que la acogéis, sea cual sea la manera en la que se presente. Si se os da bien visualizar, podéis imaginar que vuestro niño interior se acerca radiante a vosotros y os entrega un precioso regalo que representa vuestra luz interior. Dejad que las energías del Cielo y la Tierra se mezclen en vosotros. Vuestra alma está cordialmente invitada a estar aquí y a fluir en todas las células de vuestro cuerpo, de modo que mi consciencia, la de la Tierra, y la vuestra, la de vuestra alma, puedan bailar juntas.

Cuando vuestra consciencia se adentra en el mundo físico, lo conmueve todo: la gente que os rodea y, también, los seres vivos que no pueden hablar ni comunicar en un nivel consciente, pero que aun así lo sienten todo. Cuando la luz de vuestra alma fluye a través de vosotros, traéis aquí una vibración angélica y bendecís la vida que os rodea.

Como seres humanos que sois, lleváis en vosotros una consciencia sumamente valiosa. Tenéis, más que cualquier otra criatura de la Tierra, libre albedrío, una consciencia capaz de elegir. Y es el poder de esa consciencia —cuando está equilibrada— lo que conmueve a los demás seres vivos de la Tierra, lo que los inspira y acelera su propia evolución. Sabed que, al igual que vosotros me necesitáis, yo también os necesito, pues vuestra consciencia me inspira. La nueva Tierra está naciendo gracias a nuestra cooperación. Yo os invito y acojo; yo creo alegría en nosotros.

Muchas gracias.


Pamela Kribbe canaliza a la Tierra
Traducción de Laura Fernández
https://jeshua.net/

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