Formas astrales. 1

V.B. Anglada


Clasificaremos estas Formas por orden de evolución o de sutilidad psíquica, tal como lo hicimos anteriormente:

-> a) Las Formas Astrales minerales, vegetales, animales y humanas que pueden ser percibidas en determinados subplanos del Plano Astral.

-> b) Las Formas Astrales o Psíquicas creadas por la humanidad. Veamos algunas de las más corrientes y conocidas:
-> Larvas.
-> Cascarones Astrales.
-> Incubos y Súcubos.
-> Lemures.
-> Las Formas Psíquicas de las Enfermedades.
-> Las Formas Psíquicas de los Vicios Humanos (Los Pecados Capitales).
- La Forma Psíquica del "Guardián del Umbral".
- La Forma Psíquica del "Ángel de la Presencia

c) Las Formas Astrales de los Devas que dirigen el proceso de incorporación de energía sensible a cada uno de los cuerpos físicos creados por la Naturaleza.

d) Las Formas Astrales de los Devas cuya misión es construir el Cuerpo Astral de los seres humanos.

e) Las Formas Astrales de los Ángeles Regentes de cada uno de los Siete Subplanos del Plano Astral.

f) La gloriosa Forma Astral del Gran Arcángel VARUNA, el Señor de las Aguas.

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# a) Las Formas Astrales minerales, vegetales, animales y humanas que pueden ser percibidas en determinados subplanos del Plano Astral.

Todos los niveles de conciencia en la vida de la Naturaleza son complementarios y obedecen a la ley misteriosa de los Ritmos. Podríamos decir así que existen muy estrechas vinculaciones entre los Reinos, las Razas, las especies y el contenido químico que constituye el complejo celular de todos los cuerpos de la Naturaleza. Habrá, pues, indudablemente una definida relación entre el Reino mineral que constituye el aspecto más denso del Plano físico y el primer subplano del Plano astral y, por analogía, todas las demás relaciones que a través del principio de Ritmo pueden ser establecidas por los demás Reinos. Así, el Reino vegetal estará en íntima sintonía con el segundo nivel astral, el Reino animal con el tercer subplano y el Reino humano con el cuarto.

Estas relaciones de orden vibratorio actúan notablemente en el mundo de las Formas que el investigador esotérico puede observar en los niveles astrales y que condicionan por "gravedad" las reacciones de dichas formas al estímulo de los estados de conciencia que "irradian" de todos los seres de la Creación, sea cual sea el Reino o la especie dentro de la cual se manifiestan. No es de extrañar, pues, que existan formas minerales, vegetales, animales y humanas en los cuatro primeros niveles o subplanos del Plano Astral. Hay otros tipos de formas que pueden ser apreciadas en cada uno de tales niveles, como, por ejemplo, las de los devas, cuya vida suministra la energía sensible necesaria para la producción de las formas astrales, así como aquellas otras formas "elementarias" sostenidas en aquellos niveles por la actividad emocional, correcta o incorrecta, de los seres humanos.

Todos los Reinos de la Naturaleza emiten radiaciones magnéticas. Tales radiaciones, al transformarse en impulsos astrales, se convierten en formas definidas bajo la experta dirección de unos Devas, llamados de la Sensibilidad, y de los innumerables agentes astrales a sus órdenes. Existe así "un universo paralelo" al físico, un duplicado perfecto del mismo. Para el hombre corriente, situado en el plano astral, sin tener allí una evolución autoconsciente, las formas de este plano se le manifiestan como realidades físicas, tal como ocurre, por ejemplo, en el fenómeno del “sueño” mediante el cual el alma del hombre funciona en el campo astral y percibe allí, aún a través de las limitaciones propias de su estado semiconsciente, todas las formas que corrientemente percibe por medio de los sentidos corporales en el plano físico. Desde este punto de vista podría ser admitido, sin que careciese de lógica, que se realiza un fenómeno sincrónico de percepción físico-astral.

En los seres humanos de elevada integración espiritual este fenómeno aparecerá perfectamente desglosado en su doble vertiente astral o física. Él sabe perfectamente lo que es físico y lo que es astral por cuanto posee autoconciencia en ambos mundos y puede provocar a voluntad el requerido desglose para funcionar inteligentemente sin ser condicionado en su acción por la multiplicidad de formas astrales que aparecen ante su atenta y profunda percepción. Sabe también en todo momento si las formas que percibe son físicas o astrales y no esta confusa mezcolanza psicofísica en la que se ve envuelto sin cesar el hombre común por medio de nuestra humanidad terrestre y que aparece normalmente ante el campo de sus percepciones habituales, ya sea por medio de la imaginación o en el estado de sueño cuando abandona su cuerpo físico durante el tiempo dedicado al descanso corporal.

Las formas astrales percibidas así dependerán, por tanto, de la evolución espiritual de los seres humanos. Un hombre poco evolucionado percibirá las formas astrales que sean afines a su especial naturaleza y lógicamente "soñará" o imaginará las cosas que tal naturaleza exige como fuente de su propia e íntima integración espiritual. El hombre muy evolucionado elevará la sintonía de sus cualidades astrales hasta alcanzar las fronteras de la sensibilidad búdica y su cuerpo astral será un centro de proyección o un recipiente de las energías universales que producen y determinan la UNIDAD de conciencia con todo lo creado, con lo cual se pondrá en contacto con los Ángeles de la Paz, unos extraordinarios Devas cuya misión es llevar la Paz Universal del Logos Solar a todas las humanidades de nuestro Sistema planetario.

De acuerdo con esta Ley de sintonía el Plano astral de la humanidad constituye un verdadero universo paralelo del universo físico y de todo ser humano y cuanto existe en la Naturaleza tendrán allí un "duplicado perfecto", aunque en materia sensible o psíquica, de su contenido físico o molecular. Este cuerpo psíquico, en lo que al ser humano se refiere, estará situado en orden a la calidad de su vida espiritual o evolución personal en el nivel o subplano que por ley o principio de vibración le corresponda entre los siete que constituyen el Plano Astral.

Las unidades de vida en los demás Reinos tendrán también allí su duplicado psíquico, siendo apreciadas así en el plano astral formas minerales, vegetales o animales en el subplano correspondiente. El fenómeno del "sueño" -que viene a ser como una muerte aparente en lo que al Plano físico respecta- muestra todo este conglomerado de fuerzas y de formas, y de acuerdo con la riqueza de la imaginación y la facultad de recuerdo que posee el hombre, así serán los "cuadros" e imágenes que fabricará durante el tiempo en que su conciencia funcione en el plano astral y que posteriormente trasladará al cerebro físico, utilizando el hilo misterioso del SUTRATMA, o hilo de la Vida, a fin de registrar y "archivar" todos aquellos hechos y experiencias vividas en el cuerpo astral.


# b) Formas Astrales o Psíquicas creadas por la Humanidad.

Otros tipos de formas astrales en infinidad de modificaciones, categorías y grados de sutilidad se ofrecen a la consideración del observador en el mundo astral. Se trata de todas aquellas que en lenguaje esotérico llamamos "formas elementales", y habrá que distinguirlas de las demás en el sentido de que no constituyen un duplicado de las formas físicas existentes, sino que son construcciones en materia astral que los devas de la sensibilidad en grandes grupos y en distintos niveles realizan, tomando como base y centro de su poder aglutinante los deseos, emociones y sentimientos que los seres humanos emiten durante el proceso kármico de sus particulares existencias. Estas formas se condensarán de acuerdo con la ley de vibración y el principio de selectividad natural, pudiendo ser apreciables en todos los niveles y subniveles del plano astral en donde las reacciones psíquicas de los hombres pueden hallar una adecuada respuesta.

Las habrá, pues, de todas las vibraciones posibles dentro de la esfera de proyección del cuerpo astral de los seres humanos, desde las más densas, repulsivas e indeseables hasta las más sutiles, agradables y apetecibles, constituyendo una verdadera escala de valores cualitativos que informarán al hábil investigador de la situación psíquica o emocional de la humanidad o de cualquier hombre en particular en un momento dado o histórico del tiempo, es decir, de su grado de evolución espiritual. Tal como anunciamos al principio de este capítulo, vamos a presentarles a ustedes algunas de las formas psíquicas de "carácter elementario" que pueden ser percibidas en el Plano astral:


- Larvas.

Las larvas son pequeñas concentraciones de materia astral provocadas por los deseos insanos y materialistas de los seres humanos y mantenidas coherentemente en el aura astral o proyección magnética astral por cierto tipo de devas inferiores, constituyendo puertas de entrada a entidades elementales mayores... Adoptan frecuentemente la forma de gusanos y de pequeños reptiles y su presencia en el aura de una persona indica evidentemente un grado inferior de evolución espiritual.


- Cascarones Astrales.

Constituyen las envolturas psíquicas de un determinado tipo de devas inferiores, utilizando para su expresión los "cuerpos astrales" de las personas o animales que dejaron el cuerpo físico en el fenómeno de la muerte y que normalmente deberían haber sido "desintegrados" de acuerdo con el proceso redentor de la sustancia material que la Naturaleza realiza normalmente cuando un cuerpo o una forma ha dejado de ser utilizado por un determinado centro de conciencia. Vemos, desde el ángulo oculto, que este proceso natural de redención de la sustancia viene enormemente dificultado por la proyección en el aura astral o psíquica del mundo, de las "formas objetivas" de las personas fallecidas y de toda especie de animales que dejaron el cuerpo físico siguiendo el proceso kármico de sus existencias particulares, pero que no fueron debidamente desintegradas.

En lo que a los seres humanos se refiere, la permanencia de las formas objetivas de los difuntos o de sus "cascarones astrales" es motivada por las potentes vibraciones que se elevan del plano físico, constituyendo sólidas invocaciones que atraen la atención del alma del difunto, prolongando su existencia astral en el mundo psíquico durante tiempos superiores a los normales y naturales hasta que, finalmente, su alma se libera y penetra en el Devachán.

Pero, si las invocaciones de los deudos, de los amigos o de las personas interesadas en establecer comunicación psíquica con el difunto persisten, a pesar de que el alma del mismo se halla funcionando ya en niveles superiores, operan entonces negativamente en el éter astral(*) y posibilitan la actividad de los devas de la sensibilidad inferior, los cuales pasan a "habitar" aquellos cuerpos o cascarones astrales sin conciencia o sin alma y a vitalizarlos con su particular energía e influencia, creándoles una apariencia de vida y de consistencia que sólo el hábil y entrenado observador oculto es capaz de descubrir e identificar. Tales formas astrales de alta densidad psíquica son las que ordinariamente se manifiestan en las reuniones de carácter espiritista y aparecen a la visión de los clarividentes astrales de orden inferior como pertenecientes realmente a determinadas personas fallecidas.

(*) Utilizamos intencionadamente esta expresión por cuanto el Universo en su totalidad está compuesto por ÉTERES en distintos grados de sutilidad o calidad vibratoria, pudiendo decirse así que cada Plano está compuesto por una especie particular y definida de ÉTER.

El campo científico de la PARAPSICOLOGÍA sería altamente desbrozado y clarificado, singularmente en los fenómenos de "comunicación mediúmnica", si hubiese verdaderos clarividentes en el nivel mental capaces de distinguir la verdad de lo falso en el orden apreciativo de los "cascarones astrales" que con apariencias de "entidades espirituales" penetran falazmente en las reuniones espiritistas o de carácter psíquico. Desde un ángulo de vista rigurosamente esotérico debemos advertir a los investigadores del campo psíquico del peligro que representa para la integridad espiritual de la Raza la presencia en el aura astral de la humanidad de esta increíble cantidad de "cascarones", los cuales, sin que el ser humano se dé cuenta, le succionan la energía psíquica y le hacen receptible a enfermedades físicas, a desequilibrios emocionales y a ilusiones y perturbaciones de carácter mental.


- Íncubos y Súcubos.

Lo mismo podría decirse en orden al proceso de creación de formas astrales con respecto a los ÍNCUBOS (formas astrales con figura masculina) y a los SÚCUBOS (manifestados bajo forma o figura femenina), siendo tales formas "imágenes voluptuosas" del hombre con respecto a la mujer y de la mujer con respecto al hombre. Las hay de todas las categorías imaginables que pueden ser percibidas en los más bajos substratos del plano astral constituyendo agrupaciones por orden vibratorio, aunque siempre de carácter evidentemente inferior. Son formas nefastas que se perpetúan en el plano astral por falta de pureza emocional y física en la vida colectiva de la humanidad. Algunas de ellas pertenecen todavía a la época LEMUR; poseen, pues, una enorme consistencia psíquica y no será fácil extirparlas del aura astral de la humanidad por la presencia de la mismas de los "gérmenes históricos" de lo que místicamente podríamos definir como "pecado original", es decir, el pecado del sexo prostituido.

La imagen de la lujuria, de la lascivia y del goce desenfrenado de los sentidos corporales constituyen los elementos de que se valen cierto tipo de devas inferiores, llamados "los ángeles del deseo", para construir las figuras psíquicas de los ÍNCUBOS y de los SÚCUBOS. Algunas de tales formas o figuras poseen un elevado grado de consistencia física y su invocación por parte de alguna persona desenfrenadamente lujuriosa(*) ha permitido ciertos contactos carnales en el plano físico dando la clara sensación de "poseer" o de ser "poseídas". No consideramos necesarias más amplias informaciones acerca de este desagradable asunto, el cual es más frecuente de lo que ordinariamente creemos, pero sí estimamos oportuno "advertir del peligro" de una imaginación ardiente y lujuriosa en el sentido de que las vibraciones que emite invocan a aquellas fuerzas psíquicas elementarias que construyen las formas de los ÍNCUBOS y de los SÚCUBOS.

El aura astral del mundo está lleno de tales formas condensadoras del deseo sexual de los seres humanos y la corriente desenfrenada de las energías que constituyen el placer sensorial de la humanidad desde tiempos realmente inmemoriales, y de las cuales no se ha liberado todavía, mantiene enrarecida y altamente "contaminada" la atmósfera astral de nuestro mundo impidiendo que se filtren a través de ella las gloriosas formas emocionales puras e incontaminables de una evolución superior a las que debe aspirar constantemente al ser humano.


- Lemures.

Con la denominación esotérica de Lemures quisiéramos describir a tres poderosísimas Formas psíquicas que pueden ser percibidas en el Plano astral por los observadores esotéricos dotados de visión clarividente. Se trata de las Formas psíquicas del Deseo Sexual, del Miedo y del Egoísmo, que fueron engendradas durante las primeras subrazas de la Raza Lemur y que todavía hoy pueden ser observadas en los estratos inferiores de los Planos mental, astral y físico del planeta, constituyendo potentísimas estructuras psíquicas que condicionan la vida psicológica de la humanidad. Sobre algunas expresiones psíquicas del Deseo Sexual ya hicimos referencia en el apartado anterior dedicado a los ÍNCUBOS y SÚCUBOS y no vamos a insistir en las mismas, pero existen una extensa variedad de "formas psíquicas construidas por el poder aglutinante del deseo sexual”, sin tener que ver necesariamente con la figura humana.

Se trata de unas figuras repugnantes de aspecto bestial, a veces de grandes proporciones, que se arrastran pesadamente por los más densos niveles del Plano astral bajo la forma de una especie de pulpos gigantes de aspecto viscoso, color marrón oscuro casi negro y ojos verdosos o rojizos de apariencia vidriosa, extendiendo sus tentáculos hacia el aura astral de las personas desenfrenadamente lujuriosas y penetran en sus vehículos etéricos condicionando la imaginación y el pensamiento a imágenes lúbricas, obscenas y concupiscentes. Tales influencias impiden lógicamente la correcta orientación mental y un adecuado equilibrio de los valores psicológicos del ser humano, lo cual repercute dolorosamente en los ambientes familiares y sociales en donde corrientemente desenvuelven sus existencias kármicas.

Algunos de esos "tentáculos" irrumpen en el vehículo etérico de los seres humanos a través de las larvas astrales que pululan por la extensión de sus auras etéricas o campos magnéticos y llegan a constituir en algunos casos -que podemos llamar desesperados- elementales psíquicos dotados de tal extraordinario poder y consistencia vital que llegan a condicionar a la conciencia individual, utilizándola como "un médium" de aquellas torpes y bajas inclinaciones.

Con respecto a la forma psíquica del MIEDO, deberemos referimos primero a sus remotas causas u orígenes, que se pierden en lo insondable de los tiempos y constituyen el elemento condicionante, total e instintivo que dará lugar "en cierto momento crucial" de la historia humana al instinto de conservación o de preservación, el aspecto primario de la autoconciencia y del libre albedrío. El MIEDO surgió inicialmente por la imposibilidad del hombre primitivo de explicarse racionalmente fenómenos físicos provocados por "las fuerzas desatadas de los elementos de la Naturaleza". Los Rayos, los Truenos, las grandes tormentas, los terribles cataclismos geológicos: volcanes, huracanes, terremotos, inundaciones, etc., marcaron a aquellas incipientes conciencias no dotadas todavía de razón con el sello de un irracional trauma colectivo que dio lugar progresivamente a la espantable Forma Psíquica del MIEDO.

Esta Forma subsiste todavía en nuestros días y el creciente imperio de la tecnología no ha sido suficiente para desterrar del ser humano sus nefastas influencias. Podríamos decir, sin embargo, que el MIEDO ha ido sutilizándose, pasando a actuar en los niveles astral y mental y no constituyendo quizá una forma objetiva o definida para el observador superficial; pero sus efectos continúan siendo desastrosos y altamente perjudiciales para el correcto desarrollo de la personalidad creadora del hombre. La multiplicidad de formas psíquicas que surgen de esta potentísima Entidad Astral gestada por la humanidad desde el principio de los tiempos adoptan la figura humana, aunque bestializada por las expresiones psíquicas del terror y revelando con una nitidez realmente sobrecogedora los claros síntomas del MIEDO.

Algunas de las inseparables expresiones psíquicas del temor son: la inquietud, el desequilibrio nervioso, la tensión emocional y algunas enfermedades físicas de carácter vibratorio, tales como el cáncer y la diabetes. La Forma Psíquica del MIEDO abarca todas las zonas de expresión de la psicología humana y se extiende desde el simple miedo a la oscuridad hasta el invencible temor a la muerte, constituyendo un bagaje humano que deberá ser progresivamente destruido a medida que la mente humana, cansada de extenderse en horizontalidad, busque definitivamente la verticalidad augusta de la conciencia orientada hacia los Bienes inmortales.

La tercera Forma Psíquica es la del EGOÍSMO. El EGOÍSMO es un aspecto fundamental en la creación y desarrollo de la personalidad humana y corresponde a aquella etapa esotéricamente descrita como de "Acumulación de Valores en el tiempo". El ser humano, desde que nace a la vida física hasta que deja el cuerpo en el momento cíclico de la muerte, no ha dejado un sólo momento de "acumular valores", sea en el nivel físico propiamente dicho, en el nivel emocional o en el mental.

Este sentido innato de acumulación es básicamente EGOÍSMO, aunque nuestra sutilidad mental trate de hallarle otras explicaciones a este fenómeno de acumulación que halla su punto culminante en el TEMOR a perder todo cuanto se haya adquirido o acumulado en el devenir del proceso de incorporación de sustancia etérica, astral o mental al equipo kármico de manifestación humana. Como ustedes podrán apreciar, hallamos aquí un punto de coincidencia entre las Formas Psíquicas del EGOÍSMO y del TEMOR, aunque notablemente diferenciadas en sus expresiones normales o corrientes, es decir, las que condicionan la conducta habitual del ser humano.

En la adquisición de nuevos y más estilizados valores y en su correcta aquilatación se halla el sentido esotérico y místico de liberación espiritual del ser humano, la cual se basa esencialmente en el difícil arte del "inteligente rechace de valores", solamente al alcance de los discípulos mundiales, quienes hacen de la sencillez y de la ausencia de todo temor la guía suprema de su conducta.

Crecer en el tiempo es el móvil básico de toda posible forma de EGOÍSMO, hasta llegar el momento cumbre en la vida del ser humano en que se establece dentro de su conciencia una natural e inevitable réplica de carácter espiritual, llena de suaves aunque profundas reflexiones, que hacen que el alma del hombre empiece a "desnudarse" -simbólicamente hablando- de todo cuanto no le es imprescindible o necesario en el orden físico, emocional o mental. Es en este momento de "cíclica reorientación" de actitudes que el ser humano empieza a desvincularse de la potentísima Forma Psíquica del EGOÍSMO y a desarrollar aquella nueva condición humana basada en el olvido de sí mismo y en el servicio activo por toda la humanidad, buscando el bien del conjunto y no la gloria efímera de la autoglorificación individual.

(*) Los sátiros y las ninfómanas son personas esclavizadas por alguno de tales potentes devas inferiores y el deseo de placer sensual de las mismas es realmente inextinguible.


- Las Formas Psíquicas de las Enfermedades.

Es la forma que adoptan en el Plano astral los sufrimientos psíquicos creados por cualquier tipo de enfermedad, desde la que es de orden curable e intrascendente, como puede ser un resfriado o una pequeña lesión orgánica, o aquella otra de carácter aparentemente incurable y que implacable o invariablemente conduce a la destrucción o muerte del cuerpo físico. El sufrimiento, en todas sus infinitas variantes, produce una reacción en los éteres sensibles del Espacio, y la materia astral, que constituye el nivel en donde se manifiesta, se agrupa creando vórtices de energía y atrayendo a su centro de radiación toda clase de sustancia psíquica que entra dentro de su campo vibratorio, hasta adquirir una Forma organizada con carácter propio y entidad independiente que a la vista del cualificado observador aparece como perteneciente a tal o cual tipo de enfermedad o dolencia física.

El dolor moral y el sufrimiento interno producido en el propio nivel astral por los seres humanos adoptan también sus formas características, pudiendo ser catalogadas tales formas en orden a su cualidad e intensidad por el observador e investigador esotérico. La angustia, el temor, el odio, los celos, la vanidad, la insatisfacción, la envidia, etc., aparecen cada cual con el inconfundible sello de sus peculiares características y puede decirse que constituyen avenidas de entrada en el cuerpo físico denso, a través del vehículo etérico, de casi todas las lesiones o enfermedades de tipo orgánico que padece la humanidad.


- Las Formas Psíquicas de los Vicios y de las Virtudes Humanas.

Toda actividad del alma humana constantemente repetida llega a constituir una Entidad psíquica. Tal Entidad, ocultamente observada, responde por su Forma o Figura a las cualidades que se hallan en la base de toda conducta o modo habitual de vivir y de comportarse. Esta es una verdad natural que toda persona realmente analítica podrá comprobar si observa a la personalidad humana desde el ángulo de las virtudes y de los vicios, o de las cualidades y defectos que exprese corrientemente en el devenir de su existencia.

Desde el ángulo esotérico, y tal como es apreciado también místicamente a través de las conocidas tradiciones religiosas de la humanidad, SIETE son las formas psíquicas de los vicios o defectos humanos, prescindiendo aquí del gastado léxico de los Pecados Capitales: SOBERBIA - AVARICIA - LUJURIA - IRA - ENVIDIA - GULA - PEREZA, las cuales, lógicamente, tienen también sus cualidades opuestas, constituyendo, a su vez, Siete Formas Psíquicas que contrarrestan la acción negativa de los vicios y dejan siempre a la humanidad en óptimas condiciones de equilibrio kármico a fin de que las decisiones humanas puedan ser debidamente integradas dentro del proceso inmutable de la evolución espiritual.

Estas cualidades humanas, que normalmente se oponen a los vicios engendrados en las edades primitivas de la humanidad, son en su totalidad la suma de los esfuerzos de los hombres por "resurgir de sus propias cenizas" –tal como ocultamente se dice- y reorientar las energías cíclicas de la evolución hacia los elevados subplanos de cada Plano a fin de establecer allí los anclajes de la voluntad superior o divina que a través del hombre trata de manifestarse. Estas cualidades de carácter espiritual y de orden trascendente, constituyendo tal como esotéricamente se afirma "las Perlas Místicas del Sendero de Retorno", son, como ustedes saben, las siguientes: HUMILDAD - LARGUEZA o PRODIGALIDAD - CASTIDAD - PACIENCIA - CARIDAD - TEMPLANZA - ACTIVIDAD o DILIGENCIA.

Tales cualidades, al igual que los vicios y defectos humanos, constituyen un sólido bloque de materia astral o psíquica y se agrupan, como todas las cosas de la Naturaleza y del Universo, en las antes descritas Siete Divisiones, cada cual con su propia forma o figura característica representativa de las virtudes que encarnan y que pueden ser observadas objetivamente en la vida personal de las personas que las desarrollan y practican. Lo mismo ocurre naturalmente con la Séptuple división de los vicios y defectos humanos, los cuales arrancan asimismo de un sólido bloque de materia psíquica. A estos dos bloques, de naturaleza lunar uno y de ascendencia solar el otro, se los denomina esotéricamente: EL GUARDIÁN DEL UMBRAL y EL ÁNGEL DE LA PRESENCIA.

Son dos poderosísimas Entidades Psíquicas que se expresan utilizando las energías dévicas de los diferentes subplanos de cada Plano en donde el ser humano posee cuerpos o vehículos de expresión y constituyen en su justo y natural equilibrio "la Serena Medida de la Evolución. Tal es el orden en que pueden ser clasificadas todas estas Formas Psíquicas:



Vicente Beltran Anglada

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