Los métodos de la luz.

Omraam M. Aivanhov


Conseguir que la luz sea una preocupación constante.

Hay que buscar la luz, concentrarse en ella, beberla, comerla, colocarla más allá de cualquier tesoro terrenal. Cuando tengáis un instante libre, cerrad los ojos y concentraos en esta imagen de la luz que todo lo penetra y que aporta todas las bendiciones.

Si tenéis que esperar en casa del dentista o en una estación... en lugar de hojear revistas llenas de cosas inútiles o estúpidas, pensad algunos minutos en la luz.

Cuando andéis por la calle, deteneos un momento ante un escaparate haciendo ver que lo miráis, y allí, concentraos algunos segundos intentando introducir la luz en vosotros. Cuando emprendáis la marcha de nuevo, os sentiréis más ligeros, más limpios.

Este ejercicio es válido en todas las circunstancias de la vida: cocinando, escribiendo cartas, lavando, vistiéndose, desvistiéndose, podéis imaginar durante algunos segundos esta luz en la que se baña el universo entero.

Algunos clarividentes la han visto; han visto todas las criaturas, todos los objetos, e incluso las piedras, bañarse en esta luz y emanarla.


La luz que calma y que cura.

Cuando sintáis vuestra alma oscurecida por una pena, por una dificultad, por una duda, id hacia la luz y habladle. Decidle : «Oh luz, tú que eres la más inteligente, entra en mí, ven a iluminar mi corazón y mi cerebro.» Y la luz llegará y os iluminará.

Cuando meditemos en silencio, olvidémonos de las preocupaciones y concentrémonos en esta luz como si nuestra salud dependiera de ello. Pensemos que es nuestro último momento, que vamos a abandonar la tierra y que sólo la luz puede salvarnos... y unámonos a ella. Sólo debe importaros la luz, nada más.

Esta luz os la podéis imaginar blanca, incandescente, y entonces decís como los Iniciados:

«Soy una de las parcelas del alma incandescente...» También os la podéis imaginar violeta, azul, verde, amarilla, naranja, o roja. Pero es preferible que sea blanca, porque la luz blanca resume, reúne a todas las demás. En esta luz blanca tenéis el poder total del violeta... la paz y la verdad del azul.. la riqueza y el rejuvenecimiento eterno del verde... la sabiduría y el conocimiento del amarillo... la salud, el vigor, la vitalidad del anaranjado... la fuerza, la actividad y el dinamismo del rojo. Pero, primeramente, que sea blanca.

Cuando lleguéis a concentraros en la luz y la sintáis como un océano que vibra, que palpita, que se estremece, en donde todo es paz, felicidad, alegría, entonces comenzaréis a sentir que esta luz también es un perfume y una música - esta música cósmica llamada la música de las esferas -, el canto de todo lo que existe en el universo.

No existe trabajo más digno, más glorioso, más poderoso que este trabajo con la luz. Si queréis realmente ocuparos en algo grande, noble, no hay otra cosa.

Si queréis ayudar a alguien que es desdichado, enviadle mediante el pensamiento rayos luminosos, penetradle con estos rayos.

Si sentís un dolor en el cuerpo, llamad a la luz, imaginad que salen de vuestros dedos rayos de todos los colores, y dirigidlos hacia el lugar afectado. Al cabo de cierto tiempo, constataréis una mejora.

El elixir de la vida inmortal es la luz condensada.


La luz que protege.

Si una persona es violenta con vosotros, si os limita y queréis protegeros contra sus maniobras... envolveos en luz y envolvedla también a ella. Entonces ya no podrá ejecutar sus planes.

Si andáis por la calle, de noche, y os sentís intranquilos: pedid que la luz os acompañe, la luz os iluminará y os preservará de los peligros. (Evidentemente también hay que ser razonable y no exponerse sin motivo e imprudentemente al peligro imaginando que el Cielo no tiene otra cosa que hacer que velar por vosotros.) No serán los malhechores quienes sentirán la luz sino los malos espíritus que les acompañan y que, asustados por esta luz, les empujarán a huir.

«Rezad», es decir, enviad hacia el Cielo corrientes de luz. El mundo invisible no quiere ocuparse de quien está apagado, y si queréis atraer su atención, encended vuestras lámparas.


La luz que aporta la armonía y el amor.

Si deseáis que vuestra familia viva en armonía, pensad que vuestra casa está inundada de luz.

Si queréis ser bien recibidos por los amigos que visitáis, recogeos primeramente y enviad luz a la casa adonde vais a ir, después entrad en ella. La mayoría de la gente entra en la casa de sus amigos cuando se encuentran descontentos, irritados, inquietos, en tinieblas. De esta forma, acaban por perder a sus amigos.

Si queréis atraer el amor de alguien, sabed que todos los medios para 10grarIo están prohibidos: el dinero, la seducción o la violencia. El único medio permitido y el único realmente poderoso, consiste en enviar a los seres que queremos atraer, regalos de luz que se esparcen a su alrededor. ¿Queréis que alguien os ame y piense en vosotros?.. Enviadle luz, su alma recibirá estas ondas saludables, os apreciará cada vez más y acabará por ocuparse de vosotros.


Ejercicio colectivo: el sol que ilumina al mundo.

Concentraos e imaginad que estáis rodeados de una luz resplandeciente, y que esta luz irradia con tal resplandor que nuestra reunión se transforma en un inmenso sol que ilumina el mundo entero. Cada cual debe sentirse a sí mismo como luz, como un sol que palpita, que proyecta sus rayos y se une a los demás soles para formar un único sol.

Poned esta luz en vuestro corazón, en vuestra cabeza, contemplad en ellos los rayos multicolores. Irradiad todos juntos, para todo el mundo, y olvidad mientras dura este ejercicio cualquier otra cuestión.


¡Enviad hacia el Cielo señales luminosas!.

El mundo entero representa un océano oscuro. En este océano, vosotros parecéis barcos perdidos en la noche. Para que los espíritus que quieren ayudaros puedan encontraros, hay que emitir señales luminosas en la noche. Estas señales, son la luz que el hombre proyecta a su alrededor a fin de que los espíritus sublimes puedan encontrarIe en medio de las tinieblas. Está dicho:


La luz, imagen de Dios.

Hay que imaginar una luz deslumbrante, en la cual todo vibra, todo palpita, como fundido en el océano infinito: los soles, los Angeles, los Arcángeles... Esta luz en cuyo seno se funden todas las formas es la verdadera imagen de Dios.




Extracto de LA NUEVA TIERRA
OMRAAM MIKHAEL AIVANHOV

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