El valor de experimentar una nueva encarnación.

Ramtha


De modo que cuando estamos listos, regresamos, porque no podemos avanzar a menos que regresemos y terminemos nuestros asuntos inconclusos, hasta que comprendamos completamente que Dios es uno. Cuando somos uno, cuando decidimos ser uno, es cuando hemos elegido el camino espiritual, una vida llena de ello.

Ahora, entiende también que en estos planos hay entidades que, aunque están con el peso de sus cargas, su carga principal es la falta de éxito porque nunca lo lograron, de modo que naturalmente van a proyectar líneas de potenciales para nacer. Nacen en un lugar atrasado, tienen que recorrer esta vida y llegar a tener éxito partiendo de nada. Así se representará su drama. Es muy importante para ellos. Y alguien debe ser el que paga los platos rotos en el drama. ¿Sabes por qué debe ser así? Porque esos son los individuos que en vidas pasadas pisotearon a otros con el fin de obtener el éxito. De modo que para esta gran presentación se juntan las mentes correspondientes.

Entonces hay personas cuya carga es, por ejemplo, la falta de éxito, entonces planean ese potencial para una vida entera, un gran patio de recreos en el cual jugarán a ese juego para un momento fugaz de gloria. Ese momento será lo único que valdrá la pena en toda esa vida. Luego se degenera, porque se reflejará solamente en ese único momento y éste se convertirá en su pasado.

Ahora que comprendes el asunto de las cargas un poco mejor, empiezas a percibir que las entidades que hemos conocido en esta vida no llegaron por accidente, que cada persona que conocimos a lo largo del camino era realmente una parte de la línea de potencial que creamos en el Plano Sublime.

Lo interesante del plan que trazamos en el Plano Sublime es que rara vez funciona en la Tierra como lo hizo en el Plano Sublime. Tenemos tendencia a pintar las cosas muy alegres allí. Se nos olvidó lo que era tener una ampolla en la mano por apretar demasiado. Se nos olvidó lo que era apretar demasiado. No lo sabemos. Por eso, cuando todo empieza a tomar forma en el plano material, tenemos una aventura extraordinaria, porque su maduración es muy diferente a lo que planeamos con anterioridad, y tuvimos entonces el elemento del misterio puro del hechizo del olvido. Esto también juega un papel y se supone que debe ser así.

De modo que todas las vidas que se encuentran en esta encarnación no son necesariamente recuerdos de vidas pasadas. Y no deberías tratar de identificarlas así, pues podrías nublar la escena del potencial que estás tratando de hallar aquí. Estamos tratando de encontrar el Yo con claridad y pureza, sin ninguna contaminación, lo más crudo de nuestra bella naturaleza. Y mientras más lo podamos desmitificar, más real se volverá.

Cuando para conciliar cada situación tratamos de darle un significado cósmico, nublamos la escena. Las relaciones no tienen que ser cósmicas —eso es ridículo— deben ser simplemente relaciones. Y desde ese centro crudo y dinámico nos acercaremos más a nuestro plan en lugar de tratar de sacarlo de contexto y convertirlo en algo que nunca fue. En ese caso creamos la carga de producir fantasmas que sólo empiezan a molestarnos.

Así que en realidad, en cada vida que cumple lo creado en el salón de la contemplación —sin importar cuán largo, complicado o corto—nuestros amigos verdaderos son a menudo los que vienen del futuro, nunca del pasado, porque es en el Plano Sublime donde nace el futuro. ¿Cuántos de vosotros lo entendéis? ¿De verdad?

Muchos individuos empiezan con buenas intenciones, pero su plan nunca se realiza porque se quedan estancados. Este es un mensaje importante sobre el pasado: cuando te quedas atrapado en él, te niegas el potencial del futuro. Por eso es deplorable que te aferres a tu condición de víctima, a tu sufrimiento, a tu angustia, que tus padres hicieron esto y aquello. ¿Por qué sacrificar lo que se creó en el Plano sublime por aferrarse a lo que es temporal en la carne?

Cuando les entregamos nuestro poder a los factores esclavizantes del ayer, diluimos el Yo desde y para el cual creamos un potencial en en cielo. Y cuando ya no tenemos el Yo, porque le hemos arrebatado su poder con la pena, el sufrimiento, la miseria, la ansiedad y todo aquello, detenemos el flujo de nuestro destino verdadero. Lo único que obtenemos es la basura a la que nos asimos para tener una identidad. ¿Y por qué no?

Te ha servido tanto hasta ahora... Ha esclavizado a amantes, ha hecho que la gente te tenga lástima, la has usado para abrirte paso, la has usado contra otras personas, contra ti mismo. Te ha servido. ¿Por qué querrías desecharla? Porque si no lo haces, no alcanzarás el espléndido futuro que has creado para ti mismo y para los magníficos seres que se te unieron en esa creación, y que tocarán tu vida de maneras inconcebibles, que moverán tu alma en olas de fuego nunca antes conocidas, que te inspirarán hacia tu Yo genial, lo que ningún ser de tu pasado ha hecho hasta ahora.

Diseñaste un destino para liberarte de las cargas y en esto participaron mentes fabulosas. Cuando nos entregamos a esto, dejamos el camino libre para que suceda. Nuestra naturaleza de apegarnos al pasado solamente nos hará repetir este proceso, y permaneceremos con la carga de aquello que no hemos alcanzado.

Y por un período de tiempo material vamos a ser menos que la grandeza que creamos en el cielo.

En otras palabras, tantas existencias no son más que la repetición de la repetición. Repiten los mismos movimientos cíclicos que nacen del alma, las mismas experiencias de las cuales se aleja la naturaleza cobarde del elemento humano, lo que no permite que el movimiento prístino del alma concluya, recupere su poder y le abra paso a un destino fabuloso.

Ahora, ¿por qué hacemos esto? Ese "porqué" es un entendimiento muy amplio que requiere de muchas vidas para ser comprendido, pero te lo enseñé en tu primer curso de C&E. Eres un explorador que vino de Punto Cero. Estás haciendo conocido lo desconocido. Lo importante para nosotros es imaginarnos el sueño y realizarlo, ser artífices de su nacimiento en un reino imposible, arduo y difícil. Para que el soñador pueda realizar enteramente su sueño, éste debe existir en los siete niveles. Cuando estamos aquí abajo lanzando sueños en un tiempo denso, lo estamos haciendo en un tiempo espeso al que no estamos acostumbrados.

Somos criaturas de una imaginación eterna, así es como somos; somos conciencia y energía; somos constructores de arquetipos de pensamiento, y la energía se comporta de acuerdo con esto para dar forma a esos pensamientos, se conviete en su movimiento, por así decirlo.

No somos criaturas de la carne; nunca lo hemos sido. Pero cuando le permitimos a la carne que nos traicione y fragmente núestra divinidad en personalidades que alimentan viejos fuegos, antiguas llamas, viejas amarguras inflexibles y sin resolver, estamos fragmentados. Somos —y escúchame con atención— el Yo llamado Dios. Cuando permitimos que nuestros cuerpos nos fragmenten, nuestro poder queda entonces dividido, como hermano contra hermano. Estamos en guerra con nuestra propia esencia. Ya no somos completos ni prístinos. Estamos aquí para hacer conocido lo inimaginable, no para repetir lo que ya se conoce y para falsear su sentido de madurez hasta un estado que nos degrade.

A este Plano Sublime podemos llevar nuestro aspecto más reciente, lo que a menudo es muy útil, porque, como en mi caso, la gran cicatriz en mi pecho y en mi espalda, me ayudó a recordar la traición que me impuse a mí mismo. Llevamos nuestro cuerpo en su forma más reciente para que nos recuerde lo que debemos "descargar". ¿Comprendes? O sencillamente podemos escoger una forma nebulosa. Podemos presentarnos en la forma que deseemos. Pero cuando estamos en el Plano Sublime, estamos en un estado de éxtasis, de comunión con los estados más elevados de la vida. Estamos muy cerca de la fuente de todo, el eterno Punto Cero, como se lo ha llamado, que en ese momento nos es conocido. Presenciamos la unificación total con el Vacío. Disfrutamos de la compañía de todos, de la dicha, la armonía, la magia de una mente. Nosotros somos la mente; somos la revelación más divina de la imaginación. Mientras está frente a nosotros, da vueltas, cambia con cada uno de nuestros pensamientos. Eso es lo que realmente somos y siempre hemos sido.

Entonces, por qué preguntarías: «¿Para que bajar aquí un par de años a resolver algo? ¿Realmente vale la pena?» Por supuesto que vale la pena. Cuando sabes que eres eterno, jugar el papel aunque sea un solo año, vale la pena. ¿Qué es lo que no vale la pena? El Punto es que somos una especie de dioses pequeños que lo intentaron, pero quedaron atrapados. Lo que he estado tratando de enseñarte cada vez, desde que estás conmigo, es que nos quedamos atrapados en una vestimenta cuya naturaleza es totalmente atrasada con respecto a la nuestra y que tiene que vivir en esta existencia que transcurre forzosamente en un movimiento lento, un tiempo lento, que nos ha separado de lo que realmente es nuestra totalidad.

La razón por la cual tenemos que culminar nuestros asuntos no es para poder ir a casa. Tenemos que resolver nuestras cargas para poder librarnos de este embrollo de la naturaleza cobarde de la carne humana.

Tenemos que completar lo que no ha podido resolver la naturaleza humana.


Ramtha
Extracto de El Libro Azul

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