La evolución de las facultados mentales.

Annie Besant


A medida que se acumulan imágenes, el trabajo del conocedor se hace más complicado y su actividad en ellas hace surgir un poder tras otro, inherentes a su naturaleza divina. Ya no acepta el mundo externo, tan sólo en su simple relación con él mismo, como conteniendo objetos que son causa de placer o de dolor para él, sino que dispone unas al lado de otras las imágenes de los mismos, las estudia en sus diversos aspectos, les da vueltas y las vuelve a considerar. También principia a coordinar sus propias observaciones. Observa el orden de sucesión de las imágenes.

Cuando unas dan lugar a otras; cuando una segunda imagen ha seguido a una primera muchas veces, principia a buscar la segunda cuando la primera se presenta, y de este modo las enlaza.

Este es el primer paso hacia el razonamiento, y en este punto también tenemos la llamada hacia afuera de una facultad inherente. Arguye que A y B han aparecido siempre sucesivamente, y que, por tanto, cuando A aparece, B aparecerá también: Esa previsión, al comprobarse constantemente, le hace enlazadas como "causa" y "efecto", y muchos de sus primeros errores son debidos al establecimiento demasiado precipitado de esta relación. Por otra parte, poniendo las imágenes una al lado de la otra, observa su semejanza o desemejanza, y desarrolla la facultad de comparar. Elige una u otra como productora de placer, y mueve su cuerpo en el mundo externo en busca de ellas, desarrollando su juicio por estas selecciones y sus consecuencias.

Desenvuelve un sentido de las proporciones en relación con la semejanza o desemejanza, y agrupa los objetos con arreglo a su mayor igualdad, o los separa según su mayor diferencia; en esto también comete muchos errores; por inducirle fácilmente a ellos las semejanzas superficiales, pero que luego corrige por observaciones posteriores. De este modo la observación, la distinción, la razón, la comparación, el juicio, se desenvuelven uno tras otro; son facultades que se desarrollan con la práctica, y así crece este aspecto del Yo como conocedor, por medio de la actividad de los pensamientos, por la acción y reacción, constantemente repetida y entrelazada entre el Yo y el No-Yo. Para apresurar la evolución de esas facultades, debemos ejercitarlas deliberada y conscientemente, usando las circunstancias de la vida diaria como oportunidades para desarrollarlas.

Del mismo modo, como el poder de observación, según hemos visto ya, puede educarse en esta vida diaria, así también podemos acostumbrarnos a ver los puntos de parecido o de semejanza en los objetos que nos rodean; podemos sacar conclusiones y comprobarlas por medio de los sucesos; podemos comparar y juzgar, y todo esto conscientemente y con un objeto dado. El poder del pensamiento crece rápidamente con este ejercicio deliberado, y se convierte en una cosa que se maneja constantemente, porque se siente como una posesión definida.


Extracto de El poder del pensamiento
Annie Besant

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