Receptividad.

Annie Besant


La mayor parte de las personas son demasiado receptivas, pero esta receptividad es debida a la debilidad y no a la deliberada entrega de si misma a las influencias superiores. Por tanto, es conveniente aprender como nos podamos hacer normalmente positivos, y cómo podamos hacernos negativos cuando lo consideremos conveniente. El hábito de la concentración tiende por si mismo a fortalecer la mente, de suerte que se preste a ejercer dominio y selección respecto de los pensamientos que vienen de afuera, y ya se ha explicado como puede educársela, para que automáticamente rechace los males. Pero bueno será añadir, a lo que se ha dicho, que cuando un mal pensamiento penetra en la mente, es mejor no luchar con él directamente, sino utilizar el hecho de que la mente sólo puede pensar en una cosa a la vez; hacer que la mente se vuelva hacia el pensamiento y el malo será necesariamente expulsado.

Al luchar contra algo, la misma fuerza que emanamos ocasiona una reacción correspondiente, aumentando así nuestro trabajo, al paso que al volver el ojo mental a una imagen desaparezca silenciosamente del campo de visión.

Muchas personas gastan en vano los años en combatir pensamientos impuros, mientras que la ocupación tranquila de la mente con los puros no dejaría lugar para los asaltantes; además, a medida que la mente atrae a si materia que no responde al mal, se convierte gradualmente en positiva, en no receptiva para esa clase de pensamientos. Este es el secreto de la verdadera receptividad; la mente responde con arreglo a su constitución; responde a todo aquello que es de naturaleza semejante a la suya; la hacemos positiva respecto de lo malo, negativa hacia lo bueno, por medio de un pensar habitual bueno, construyendo en su misma fábrica materiales que son receptivos de lo bueno y no receptivos de lo malo. Debemos pensar en lo que deseamos recibir y negarnos a pensar en lo que no queremos admitir.

Una mente semejante, en el océano del pensamiento que la rodea, atrae a si los pensamientos buenos, rechaza los malos, y de este modo se hace más pura y fuerte en medio de las mismas condiciones de pensamiento que hacen a otro más débil e impuro. El método para reemplazar un pensamiento por otro se puede utilizar con gran ventaja de muchos modos. Si un mal pensamiento respecto de otra persona penetra en la mente, debe ser en seguida reemplazado por un pensamiento de alguna virtud que posea, o de alguna buena acción que haya hecho. Si la mente está atormentada por la ansiedad, volvedla hacia el pensamiento del objetivo que la vida implica: la Buena Ley, que "poderosa y dulcemente ordena todas las cosas". Si una clase especial de pensamiento no deseable, importuna persistentemente, entonces conviene usar un arma especial: debe escogerse algún verso o frase que encare la idea opuesta, y siempre que el importuno pensamiento se presente, debe repetirse esta frase y detenerse en ella.

En una semana o dos el pensamiento dejará de turbarnos. Es un buen plan de proporcionar constantemente a la mente algún pensamiento elevado, alguna palabra de ánimo, alguna aspiración de una vida noble. Antes de lanzarnos al tumulto del mundo, dia por dia, debemos dar a la mente este escudo de pensamiento bueno. Unas pocas palabras son bastantes, tomadas de alguna Escritura de la raza, y éstas, fijas en la mente por unas cuantas recitaciones en cada mañana, volverán a la mente una y otra vez durante el día, y se verá que la mente las repite cuando quiera que esté ociosa.


Extracto de El poder del pensamiento
Annie Besant

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