Pensar y cesar de pensar.

Annie Besant


Mucha fuerza puede obtenerse aprendiendo tanto a pensar como a dejar de pensar a voluntad.

Mientras estamos pensando debemos lanzar toda nuestra mente dentro del pensamiento, y pensar lo mejor que podamos; pero cuando ha cesado el trabajo de pensar, debe abandonarse por completo, sin permitir que vague inútilmente, tocando el trabajo y abandonándolo como un bote que choca contra una roca. A una máquina no se la mantiene funcionando cuando no produce trabajo alguno, gastándola inútilmente; pero a la inapreciable máquina del pensamiento se la permite dar vueltas y más vueltas sin objeto, cansándola sin resultado alguno útil. El aprender a cesar de pensar, a dejar reposar la mente, es una adquisición del mayor valor. Así como los fatigados miembros recobran energías gozando en el reposo, así también la mente cansada encuentra alivio en el reposo completo. El pensar constante significa constante vibración, y la vibración constante un gasto continuo.

Este gasto inútil de energía produce el agotamiento y la decadencia prematuras, y un hombre puede preservar el cuerpo mental y el cerebro más tiempo, aprendiendo a dejar de pensar cuando el Pensamiento no se dirige a algún resultado útil. Es verdad que "dejar de pensar" no es en modo alguno una cosa fácil. Es, quizás, aún más difícil que el pensar. Debe practicarse por periodos muy breves hasta que se adquiere el hábito, porque en un principio implica un gasto de fuerza en sostener la mente quieta. Que el estudiante, después de haber pensado firmemente, abandone el pensamiento, y así que cualquier pensamiento aparezca en la mente, aparte su atención del mismo. Que persistentemente rechace a todo intruso; si es necesario, imaginar un vacío como un paso hacia el reposo, y tratar de tener sólo conciencia de la quietud y oscuridad. La práctica en este sentido se hará cada vez más inteligible si se persiste en ella, y una sensación de quietud y paz animará al estudiante a continuar.

Tampoco debe olvidarse de que la cesación del pensamiento, ocupado en actividades externas, es un preliminar necesario para trabajar en planos superiores. Cuando el cerebro ha aprendido a estar en reposo, cuando ya no reproduce sin descanso las truncadas imágenes de actividades pasadas, entonces se presenta la posibilidad de retirar la conciencia de sus vestimentas físicas y de su actividad libre a su mundo propio. Los que esperan dar tal paso adelante en esta vida presente tienen que aprender a cesar de pensar, porque sólo cuando "las modificaciones del principio pensante" son refrenadas en el plano inferior, puede obtenerse la libertad en el superior. Otro modo de dar reposo al cuerpo mental y al cerebro - mucho más fácil que la cesación del pensar- es cambiando de pensamiento.

Un hombre que piense fuerte y persistentemente en un sentido, debe tener otra segunda línea de pensamiento lo más distinta posible de la primera, a la cual pueda dedicar su mente para proporcionarle descanso. La extraordinaria frescura y juventud del pensamiento que caracterizaba a William Ewart Gladstone en su ancianidad, era en gran parte resultado de las actividades intelectuales subsidiarias de la vida. Su pensamiento más fuerte y persistente se dedicaba a la política, pero sus estudios de teología y griego le empleaban muchas horas desocupadas.

Ciertamente que era un mediano teólogo, y lo que sabía de griego no soy competente para afirmarlo; pero aunque el mundo no se encuentre mas rico con sus sentencias teológicas, su propio cerebro se mantenía fresco y receptivo por medio de estos estudios. De otra parte, Charles Darwin se lamentaba en su vejez de que había dejado atrofiar por falta de uso aquellas facultades que podían referirse a asuntos extraños a su propio trabajo especial. La literatura y el arte no tenían para él atracción alguna, y sentía vivamente las limitaciones que se había él mismo impuesto por su completa absorción en una sola línea de estudios.

El hombre necesita cambio de ejercicio en el pensamiento así como el cuerpo, de otro modo puede sufrir el calambre mental, como a algunos sucede con el calambre de escribir. Especialmente, quizás, es importante para los hombres entregados a asuntos mundanos absorbentes, el elegir un asunto que ocupe las facultades mentales, que no se hayan desarrollado en la actividad de los negocios, que se relacione con las artes, ciencias o literatura, en donde pueden encontrar recreo y cultura. Sobre todo los jóvenes debieran adoptar algún método semejante antes de que sus juveniles y activos cerebros lleguen al cansancio y al desaliento, y en la vejez encontrarán entonces en si mismos recursos que alegrarán sus decadentes días. La forma conservará su elasticidad por mucho más tiempo cuando se le proporciona de este modo descanso cambiando de ocupación.


Extracto de El Poder Del Pensamiento
Annie Besant

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