El Rayo.

V.B. Anglada


Es un fenómeno atmosférico relacionado con la actividad de los Señores AGNIS, siendo descritos éstos esotéricamente como “los Descargadores del Fuego”. En dicha actividad no intervienen las salamandras, o devas ígneos en contacto con los fuegos que se originan en la superficie de la tierra. Los Señores AGNIS de las altas zonas de la atmósfera manejan tal tremendo e inconcebible poder que les seria fácil destruir en un momento todas las creaciones humanas y aun las de la propia Naturaleza. Son “la Serpiente Ígnea”, o contraparte de KUNDALINI en el Aire, a la cual se refieren algunos tratados místicos de la más lejana antigüedad, siendo una Fuerza misteriosa controlada por la propia Divinidad y que se muestra creadoramente activa en el proceso de la Iniciación. Su poder es utilizado para descargar el aire de las partículas del Fuego que lo dinamizan y para purificar la atmósfera planetaria en momentos determinados y en regiones especialmente reconocidas como kármicas.

Las descargas eléctricas son el resultado de una polaridad existente en las altas zonas del aire que libera su contenido cuando existen las condiciones apropiadas (por ejemplo, durante el curso de una tempestad en la que intervienen devas acuosos de tipo positivo y otros de tipo negativo). Entonces las descargas eléctricas son inevitables, quedando localizadas en ciertas áreas de la atmósfera o cayendo sobre la tierra, allí en donde exista alguna polaridad lo suficientemente activa como para servir de vehículo para tal terrible fuego. El relámpago es una chispa del Rayo, de la misma manera que el alma es una chispa del Espíritu, siendo el trueno el resultado de la fricción entre las dos fuerzas de la polaridad determinando fenómenos acústicos. En realidad sólo existe el Rayo, la Fuerza liberadora del Fuego existente en cada partícula molecular del aire, por lo que cabe deducir una mancomunada acción de los Devas del Aire y de los Agnis del Fuego en cada uno de los fenómenos eléctricos de la Naturaleza.

En todo caso, siempre resulta terriblemente impresionante contemplar una tormenta de agua con gran aparato eléctrico, tal como corrientemente se dice, desde el ángulo oculto, cuando los Señores del Fuego, portando cada cual su particular cetro de poder, descargan sus energías siguiendo las líneas de una “inducción kármica” (*) señalada por “los Grandes Señores del Viento”, los cuales hacen un vacío en el aire, que es su Vida, para que el Fuego llegue a su destino.
(*) Ahí, en esta locución hay un profundo motivo de interés esotérico y nos muestra un aspecto definido de la actividad dévica o angélica como base de la liberación kármica de nuestro mundo.

Los Señores del Agua vienen a ser los espectadores silenciosos del proceso, limitándose a actuar como mediadores, siendo el elemento Agua que movilizan la garantía de dicha mediación, o elemento “neutro” que facilita la acción coordinada del Aire y del Fuego. En todo proceso fenoménico en la vida de la Naturaleza, y en orden a la actividad de la vida oculta tras los elementos, hay que tratar de ver “constantemente las Manos del Señor”, modelando el destino de la humanidad y de cada uno de los Reinos.

El poder del Rayo está directamente vinculado con las energías del Primer Rayo, una energía que un día será controlada por las mentes de los hombres, constituyendo las bases de una prodigiosa civilización humana que obtendrá la energía eléctrica directamente del aire, de igual manera que se obtienen del aire todas las posibles ondas eléctricas conocidas, como las de la radio, del teléfono, de la televisión, etc., y no habrá así necesidad alguna de alterar el orden ecológico de la Naturaleza tan profundamente afectado hoy día por la combustión de las sustancias energéticas que constituyen la base de la energía eléctrica utilizada por la humanidad. La Fuerza del Rayo, mantenida en “expectante suspensión” en determinados estratos de la atmósfera, puede constituir evidentemente una tremenda Fuente de energía natural al servicio del hombre cuando la humanidad, como un todo, responda a ciertas claves de armonía en su corazón y pueda invocar “cosas más grandes" que las que actualmente conoce, manipula y ejercita.

Así, este Tratado esotérico sobre los Ángeles otea audazmente el porvenir, pero siempre dentro del orden cualificador de las energías que ya de inmediato puede ejercitar el hombre como base de futuras y más esplendentes realizaciones. El reconocimiento de las vidas dévicas o angélicas es el primer paso; siempre insistiremos sobre este “leit motiv”, trabajando constantemente en el sentido oculto del establecimiento de relaciones normales y naturales con los Devas más afines con nuestra particular naturaleza psicológica y tratar, finalmente, de atraer la amistad de algunos de ellos en particular para que Estos, “vencidos por el poder de nuestras plegarias -tal como decía el gran filósofo Porfirio- desciendan a la Tierra y nos enseñen mejores caminos”. Tal es la Ley.


Vicente Beltran Anglada

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