La Aceptación.

Varios/Otros


LA ACEPTACIÓN

La Aceptación es absolutamente necesaria para vuestra evolución, para llegar a comprender y alcanzar los planos de consciencia que os son necesarios para vuestra transformación.

No podéis alcanzar el Amor sin vivir la aceptación, y ésta se vive en cada uno de los segundos de vuestra vida.

La palabra Aceptación tiene una multitud de significados. Vamos a comenzar por la aceptación de vosotros mismos. Vosotros no os aceptáis, no aceptáis lo que sois, lo que vosotros representáis, y eso es precisamente lo más difícil. La Aceptación y el Amor forman parte de la misma energía, salvo que el Amor es una energía mucho más amplificada que la de la aceptación.

Luego viene la aceptación de los demás, que también es muy difícil, ya que siempre proyectáis una imagen sobre vuestro hermano y tenéis una forma muy personal de percibirle, queriendo que él sea como vuestro corazón y vuestros ojos quisieran que él fuese.

Cada ser es él mismo y se transforma al mismo ritmo que vosotros, es decir, a un ritmo excesivamente rápido en la actualidad. No siempre os dais cuenta de ello y eso es lo que provoca una diferencia de apreciación, de comportamiento; es eso lo que produce un desfase que no siempre podéis comprender en vuestras familias.

Pensáis que conocéis y amáis a quienes os rodean por lo que ellos son, pero, a veces, se hacen incomprensibles para vosotros, al igual que vosotros os volvéis incomprensibles para ellos. Eso os perturba e incluso puede angustiaros, pero eso se llama la evolución. Hay que aceptar esta transformación en vosotros y en los demás, pues ese es el camino que conduce directamente a la Luz y al Amor.

Es preciso que comprendáis que el otro, tal como él es, por duro e injusto que sea para con vosotros, es el artesano de vuestra evolución.

Debéis aceptar las experiencias que él os hace vivir en el sentido de la evolución, interrogándoos y haciéndoos la siguiente pregunta: ¿Qué me aporta este ser que me hace sufrir? Cuando tengáis la respuesta, sabréis que estáis en el camino de la evolución, y en ese momento, por muy duro que el otro haya podido ser hacia vosotros, tendréis un inmenso Amor hacia él, un gran respeto por lo que él haya podido desencadenar en vosotros, pues él os habrá permitido impulsaros mucho más lejos en vuestro camino evolutivo.

Aquel que os hace evolucionar de esa manera no siempre es consciente del papel que desempeña para vosotros. Esta es una de las razones por las que nunca debéis desear mal a quien os ha hecho daño.

Es ahora cuando comenzáis a entrever realmente cual es vuestro trabajo evolutivo, cual es vuestro trabajo iniciático. Será necesario trabajar sin descanso para enderezar en vosotros aquello que no está en conformidad con la Verdad Divina, para rectificar en vosotros la aceptación de vosotros mismos, la aceptación del otro tal como él es, incluso si el otro no os gusta en sus actos o en sus palabras.

No olvidéis, queridos hijos de la tierra, que todos los preparativos, todas las confrontaciones que vivís, que nosotros ponemos en vuestro camino, que nosotros provocamos, son necesarias para vuestra transformación, y lo serán más y más.

Si no tenéis el valor para ver cómo ocurren esas transformaciones en vosotros, para aceptar las pruebas, el sufrimiento que a veces os hace renacer, entonces permaneceréis al borde del camino y esperaréis una próxima encarnación para continuar, para terminar este trabajo evolutivo, y nosotros estaremos un poco tristes, ya que sentimos que estáis preparados para acceder a este nuevo nivel de evolución. Sería una pena que no pudieseis alcanzarlo en esta existencia.

Sin embargo, cada ser humano es libre de avanzar según sus posibilidades, según lo que piensa de sí mismo y de los demás, lo que piensa de nuestra enseñanza. Es libre, solo que el momento de la gran transformación y del gran despertar se retrasará un poco para él.

Si vuestro ego no os frena, alcanzaréis la iniciación de la gran apertura. Vuestros únicos y grandes frenos, os lo decimos y os lo repetiremos, son la no-aceptación de vosotros mismos y de los demás y, esencialmente, las heridas del orgullo, las heridas del ego. Son inmensos frenos que podrán impedir que os proyectéis hacia la iniciación que nosotros deseamos para vosotros, y que os dará un gran conocimiento de vosotros mismos y de la vida.

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