La ciencia de los centros. Chacras.

V.B. Anglada


La geometría esotérica tiene que ver mucho, por tanto, con lo que nuestros estudios ocultos llamamos ciencia de los centros, la cual cuida del desarrollo y cumplimiento de los chacras alojados en el doble etérico del ser humano, los cuales son puertas de entrada en el cuerpo físico de todas las posibles energías universales. Habrá así, lógicamente, una geometría particular de los centros de fuerza o chacras, adoptando cada uno visto clarividentemente, una forma geométrica específica de acuerdo con el número de pétalos desarrollados, la cual estará relacionada con ciertos centros cósmicos de los cuales copiará o absorberá aquella definida forma geométrica.

No será en vano pues que el centro MULADHARA de la base de la columna vertebral adopte la forma geométrica de la Cruz con cuatro pétalos desarrollados, que el chacra ANAHATA del corazón tenga la forma geométrica o mística de un loto con doce pétalos o que el centro SAHASRARA, el de la cúspide de la cabeza, aparezca como una montaña de fuego dentro de la cual puede apreciarse un loto indescriptible conteniendo mil pétalos... Las energías cósmicas procedentes de centros estelares más allá de la medida de nuestro entendimiento se proyectan sobre todos los centros vivos de la Naturaleza, condicionando sus expresiones y dotándolos de una forma geométrica determinada, sea la que se refiere a un Plano del Universo, a un Reino de la Naturaleza, a una Raza humana o a una definida especie dentro del insondable marco de la Creación.

Hay que tener en cuenta, por tanto, que toda unidad psicológica condicionante de no importa qué tipo de forma geométrica, viene condicionada a su vez por la posición que ocupe dentro de cualquier estructura molecular o social, la cual es un resultado de la unión y relación de un incalculable número de unidades geométricas -en realidad minúsculas vidas dévicas- cada una de las cuales con su particular idiosincrasia, temperamento y carácter psicológico -si podemos decirlo así- cuyas reacciones totales dan fe de una estructura determinada, sea atómica, molecular, psicológica o espiritual. Variará lógicamente la calidad de los elementos básicos o unidades geométricas de vida definidas esotéricamente como elementales constructores en uno u otro nivel.

Son, en realidad, la vida de Dios en movimiento incesante de traslación, en tanto que la forma geométrica de una determinada estructura tiende, por inercia o por su lento movimiento de asimilación de las energías, a la ley de gravitación, cuya cualidad apreciable desde el ángulo oculto es el movimiento de rotación de los astros. Los dos movimientos antes descritos adoptan también en el espacio una forma geométrica idéntica: la ESPIRAL, lo único que variará en el orden universal es que el movimiento de rotación engendra una espiral que va de la superficie o del espacio hacia adentro, el centro, en tanto que el movimiento de traslación, por el contrario, se proyecta desde el centro hacia el espacio exterior.

La creación de un Universo físico, de un planeta, de un ser humano o de un chacra etérico se inicia siempre con la nebulosa cuya forma ESPIRAL gravita hacia un centro espiritual de síntesis, siguiendo un proceso centrípeta de gravitación y origina con este movimiento circular que va de la superficie al centro la fase de sustanciación del éter, llevada a cabo por los Devas, a la cual ya nos hemos referido varias veces durante el curso de este Tratado y que progresivamente y después que la fuerza gravitatoria del centro, el SOL, se ha escindido en otros varios centros gravitatorios menores, los PLANETAS, con idéntico movimiento en espiral hacia dentro, se convierte en un Sistema solar. Cada uno de los planetas son unos centros, chacras o expresiones geométricas de las cualidades que el Logos solar trata de revelar a través de las mismas.

Hay por tanto en todo Universo -si es que son ciertas para el Cosmos absoluto las leyes de analogía que rigen para nuestro Sistema solar- dos movimientos principales: el de rotación de cada astro alrededor de sí mismo creando un centro gravitatorio particular y con ello un tipo definido de expresión psicológica y singularidad geométrica y otro de traslación alrededor de un centro de atracción mayor, llámesele Sol, Constelación o Galaxia que le crea un sentido más o menos acentuado de dependencia cósmica. En el aspecto psicológico la fuerza centrípeta o de rotación sobre sí crea el sentimiento de separatividad o de egoísmo, por el contrario, la fuerza centrífuga o de expansión hacia un centro mayor fuera de la propia gravitación despierta, promueve y desarrolla el sentimiento de unidad y de altruismo y aproxima íntimamente al astro a su centro de atracción mayor en donde misteriosamente intuye, presiente o adivina el Espíritu de Síntesis que está en la base potencial del Cosmos absoluto.

Parecerá extraño, quizás, que hablemos de cualidades psicológicas al referirnos a los astros que pueblan el infinito firmamento. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en la fase primaria u original de cada cosa se halla una motivación oculta, un tremendo impulso dinámico e inteligente que impele a la manifestación. Ahora bien, considérese que tal impulso dinámico e inteligente no procede de la materia sustanciada mediante la cual todas las cosas fueron hechas, sino de un Espíritu creador que reúne en Sí todas las cualidades psicológicas de voluntad, sabiduría e inteligencia a un grado superlativo de exaltación, al cual no pueden acceder nuestros más elevados sentidos espirituales, pero cuya irresistible tendencia es la MANIFESTACIÓN CÍCLICA. La Forma geométrica se hace eco de tal espíritu de expresión psicológica y surgen así del Espacio absoluto todos los cuerpos universales, desde el más pequeño y humilde asteroide a la más absoluta y trascendente Galaxia.

Bien, esta idea podrá parecer quizás demasiado abstracta. Aplíquese, no obstante, el principio de analogía; analícense los dos movimientos universales conocidos como rotación y traslación; inténtese penetrar en sus remotas causas originales y se tendrá una idea concreta e intelectual de las trascendentes realidades cósmicas, una ventana abierta a las insondables profundidades del infinito Espacio, la cual puede mostrarle al audaz investigador esotérico las causas supremas de la vida manifestada, así como los orígenes psicológicos del ser humano.


Vicente Beltran Anglada
CONVERSACIONES ESOTERICAS
http://www.sabiduriarcana.org/

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