El poder curativo de ayudar a los demás

Varios/Otros


Dr. Harold Bloomfield

El doctor Harold Bloomfield es uno de los principales educadores psico-espirituales de nuestro tiempo. Psiquiatra formado en Vale, es catedrático adjunto de psicología en la Union Graduate School. Desde su primer libro, Meditación trascendental, que fue un éxito de ventas internacional, hasta su obra How to Survive the Loss of a Love [Cómo sobrevivir a la pérdida de un amor], Harold ha demostrado estar a la vanguardia de muchos valiosos movimientos espirituales de autoayuda. Sus libros Making Peace with Your Parents [Hacer las paces con los padres], Making Peace with Yourself [Hacer las paces con uno mismo] y Making Peace in Your Step Family [Hacer las paces en la familia política], brindaron a millones de personas una forma de hacer las paces con la familia. Entre sus últimos libros están Cómo curar la depresión y The Power of 5 [El poder del 5]; de este último, escrito en colaboración con Robert K. Cooper, se ha extraído su contribución a Gratitud.

El hábito regular de ayudar a los demás una vez por semana puede ser tan importante para la salud y la longevidad como el ejercicio regular y una buena alimentación, y ayudar a los demás es también de gran valor para la salud de la comunidad y del mundo. De hecho, podría ser la clave para acabar con el devastador ciclo de miedo, aislamiento y violencia que predomina en nuestra sociedad individualista. Tender una mano amiga a otras personas es bueno para la vitalidad, el corazón y el sistema inmunitario. A quienes hacen trabajos voluntarios con regularidad les aumenta espectacularmente la esperanza de vida, comparados con aquellos que no realizan ningún servicio para los demás. Centrar la atención en los demás puede servir para salir del común estado de bloqueo que se produce cuando nos concentramos en la familia, la profesión y las preocupaciones económicas. Ayudar a los demás suele mejorar el ánimo, aumentar el optimismo y nutrirnos con una sensación de auténtica gratitud.

Ayudar a alguien menos capaz puede hacer que apreciemos más nuestras habilidades, nuestros conocimientos, nuestra competencia y nuestros puntos fuertes. El principal beneficio de ayudar parece hallarse en el proceso más que en los resultados. Con esto quiero decir que los beneficios — de quien ayuda y de la persona a la que ayuda — surgen principalmente de las interacciones que se producen en cada momento mientras la actividad de ayuda tiene lugar, y no de si se «arregla» o no un problema social.

Contrariamente a la opinión popular, ayudar a los demás no exige que se le dedique una enorme cantidad de tiempo. Lo único que se necesita es un plan personal que puede variar desde hacer un trabajo programado en alguna organización de voluntarios hasta actos espontáneos de generosidad y amabilidad durante la semana. Al elegir un tipo de ayuda que intensifique los buenos sentimientos y favorezca que continuemos ayudando cada semana, creamos un contacto personal con las personas a las que ayudamos.

Para mantener vivo el entusiasmo, procuremos que la clase de ayuda que proporcionamos sea algo que esté en consonancia con nuestros intereses o habilidades.

Otra cosa maravillosa que puedes hacer es concertar una entrevista de cinco minutos a solas con tu ser amado y comunicarle muchos de los motivos concretos que tienes para apreciarlo. ¿Qué sentido y estímulo podéis encontrar tu pareja y tú en la historia detallada de vuestra relación? Haz una lista antes para poder «bañar» en aprecio y gratitud a tu ser amado.


Algunas sugerencias:


¿Qué fue lo que te atrajo de tu pareja al principio?

¿Qué cualidades concretas admiras más en él o ella?

¿Cuáles fueron algunos de los momentos culminantes cuando comenzasteis a salir juntos?

¿Y los momentos de risa y diversión?

¿Qué te hizo considerar que valía la pena continuar la relación?

¿Cómo contribuyó tu pareja a que ambos superaseis las diferencias u obstáculos que se presentaron en el camino?

¿Cuáles son tus recuerdos predilectos de tu primer año de relación?

¿Qué esfuerzos de tu pareja han servido para que la relación superase los momentos difíciles?


Una vez que hayas hecho la lista de vuestras experiencias y de las cualidades concretas que aprecias en tu ser amado, hazle partícipe de los resultados. Una regla: La persona que escucha no debe hacer ningún juicio ni negar ninguno de los comentarios elogiosos («Pues, la verdad es que no soy tan considerado», «Nunca he sido tan atractiva; además, ahora tengo que perder cinco kilos»). Después, concertad otra cita para intercambiar los papeles, y concédele a tu pareja cinco minutos para que te diga las cosas concretas que aprecia en ti. Este sencillo ejercicio va bien para sacudirse la indiferencia que crea la rutina y avivar eficazmente la conciencia de las propias cualidades y las de la pareja, conciencia que forma los cimientos compartidos, y a veces ocultos, del amor mutuo.



Extracto de: Gratitud. Louise L. Hay.

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